17.11.2014

De Tolstoi a Claudia Piñeiro: seis lecturas de película

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Fotograma de la película The Homesman.

Fotograma de la película The Homesman.

Películas a partir de libros, el debate está abierto. Seis películas de 2013 y 2014. Seis adaptaciones muy distintas. ‘Big Sur’, de Kerouac y de Michael Polish. La premiada ‘El capital humano’, de Paolo Virzì. La magnífica ‘Anna Karenina’, de Tolstoi, teatralizada por Joe Wright. Un hecho que conmueve Francia inspira una novela que a su vez impulsa una película. Tommy Lee Jones retoma un best-seller de Glendon Fred Swarthout. Y Miguel Cohan orquesta una película a partir de ‘Betibú’, el best-seller de Claudia Piñeiro.

¿Qué esperamos de una adaptación? En los últimos dos años han proliferado nuevamente las películas basadas en libros. Las seis que presentamos aquí son recientes -algunas están a punto de llegar a la cartelera española- y representan seis acercamientos muy diferentes a la adaptación. Hay muchas posibilidades para versionar un libro. Hay muchas versiones de una misma realidad. Nos concentramos en seis de ellas como arcanos de adaptación. Son también películas que invitan a leer. Devotas, trascendentes, complementarias, tímidas e infieles. Cada adaptación muestra una narración nueva. Una novela puede ser la inspiración para una película, el puntapié que marcará el gol, una base de lanzamiento que nos llevará aún más lejos. También, todo lo contrario. Ojalá hubiera más de nuestra espléndida literatura en el cine, un vacío que parece que nadie eche de menos.

Big Sur (2013) Dirigida por Michael Polish. Traslada el sentir de Kerouac a la pantalla compartiendo sus pulsiones. Transmite la lucha con la eternidad del autor americano en su última novela. No es un libro que facilite su migración a la pantalla en ningún sentido. Pero allí están el alma de Kerouac y la del bosque. También el testimonio de su vida antes de fallecer, sus amistades inalterables, el amor y la necesidad de creer. Todo entre litros de alcohol, de fe perdida y recuperada. Es combate con la vida. Es Kerouac en la fragilidad del instante. Delicadeza íntima.

El capital humano (2013). Una película italiana dirigida y escrita por Paolo Virzì. La historia de dos generaciones de distintas esferas sociales atrapadas en la crisis. Hay padres que han perdido su camino y adolescentes que intentan hacerse sitio. Es la propuesta italiana ya muy premiada que va camino de los Oscar. Una elegía de nuestro sistema actual. Allí estamos todos, víctimas y verdugos, Ratos, Blesas, sus esposas, quienes siempre quieren ser como ellos, sus víctimas y la necesidad de sobrevivir. Y también tiene presencia la cultura. No hay moralina ni prejuicios. Es además un gran ejemplo de adaptación de una novela escrita en 2005, compleja y rica, que ya por entonces anunciaba todo lo que nos sucedería. El autor del libro es Stephen Amidon, aún sin publicar en España. Novela y película son universales. Pura lucidez.

Anna Karenina (2012, estrenada el año pasado en España), de Joe WrightEsta versión enriquece con una nueva visión siendo fiel a Tolstoi al reflejar una sociedad que se muestra natural en su artificiosidad. Nos traslada al mundo de aquella Rusia en la que hasta el lenguaje era una impostura: la clase alta hablaba en francés. El director ha optado por ubicar toda la historia en un escenario teatral porque nos propone que toda aquella sociedad era un juego de representaciones. Es un joyero que guarda una tragedia y que se abre para nosotros ofreciéndonos saborear la Rusia de los zares. Los personajes se ven y son vistos, los reflejos forman un laberinto constante. Algunas actuaciones no acaban de resultar fieles al imaginario del lector. Un espectáculo para la vista y un sueño de sabores imperiales.

Une histoire d’amour  (2013), de Hélène FillièresParte de la novela Sévère, de Régis Jauffret. El autor defiende con eficacia la idea de que cada historia de amor es un universo en sí mismo para recrear un suceso que conmovió Francia. Cécile Brossard era la exquisita amante de un banquero considerado el 38º hombre más rico de Francia y muy respetado. Lo encontraron muerto vistiendo un traje de látex. Ella fue condenada a ocho años y medio de prisión por matarlo. Jauffret urde una nueva realidad y la pone en boca de una Cécile que se confiesa capítulo a capítulo. La película, a su vez, vuelve a crear una nueva ficción y se distancia del libro. Sexo y poder en una historia real y extrema, fuera de control. Seducción de lo irracional. Es una zambullida en la recreación de la realidad y la ficción.

The homesman (2014) Un best-seller en los 80 que Tommy Lee Jones ha recuperado para suerte de todos. El autor de la novela es Glendon Fred Swarthout, que siempre se ha dedicado a contar la crueldad y el coraje humanos. Inexplicablemente está aún sin traducir al español. La película es bastante fiel a la trama. Y si se ve después de haber leído el libro, se aprecia mejor lo que Meryl Streep es capaz de hacer: condensar en apenas unos minutos el todo. Es uno de esos casos en que el libro nos transporta hacia algo delicado y profundo, mientras la película se queda en el umbral de los hechos. Aparecen ecos de lo que grita el libro. Cada libro es un grito, especialmente aquellos en los que ese sonido juega con los silencios y la eternidad bajo la pluma de un autor como Swarthout. La historia de un destino implacable y de cuán humano puede ser nuestro camino. Simple honestidad.

Betibú (2014, se estrenó el pasado septiembre en España). La apuesta del director Miguel Cohan a partir del libro de Claudia Piñeiro. Es su segunda película y el único estreno de adaptación de una novela en castellano que contamos en la actualidad. Las diferencias entre los personajes de la novela y los de la película son notorias, aunque Brena, ese periodista de vieja escuela, sigue enamorando gracias al actor Daniel Fanego, y Gato, imprescindible en manos de Norman Briski. Se centra en los temas del libro, en el conflicto entre el poder, el periodismo y la policía. Lo demás es ambiente. La novela y la película entretienen de forma muy diferente. Es una de esas adaptaciones en las que el director tiene su propia visión de lo que está escrito cambiando los detalles. Entretenimiento e intriga para una tarde perezosa de invierno.

¿En nuestra cultura somos transigentes con las distintas maneras de ver una realidad? ¿La adaptación es sólo pasar de un formato a otro, transmitir siempre el mismo mensaje? Hay quienes pretenden que dos artes que se vehiculan en dos medios muy diversos, dos maneras de interpretar la vida, se copien sin más. Muchos exigen que cada personaje en la pantalla sea el fiel reflejo del que habita el papel. Así, una película se ocuparía de trasladar lo que otro ya ha volcado en una narración escrita. La copia tan denostada en tantos sectores tendría vía libre si se trata de una novela llevada al cine. Una copia, un proceso que algunos así considerarían puro. Pero es podrido. Y falso. Sobre todo, mediocre. Un libro no es una receta que se sigue al pie de la letra. Y para un creador una receta no es un dogma de fe. El riesgo consiste en que el plato sea incomible o de digestión difícil. Son cuestiones que sólo obedecen a las leyes de la libertad creativa. Hay casos como el de Blade Runner, en el que un libro bastante infumable se transforma en una película singular porque el director supo captar la esencia y el tono del relato. Baz Luhrmann y Julie Taymor son quienes mejor han entendido a Shakespeare. La frescura de Lope de Vega brillaba más en manos de Pilar Miró y de Manuel Iborra. Otras versiones son como la primera entrega de El señor de los anillos, en la que se rinde un gran tributo a un libro gigantesco.

Entre estos ejemplos caben mundos, páginas y mucho metraje. Una adaptación es una interpretación, una nueva creación. La libertad creativa debería ser la ley y el presupuesto, un desafío. Los caminos del arte son insondables.

Felices lecturas, olas de creatividad, mares de versiones.

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