13.05.2018

El despertar al sexo y al amor multirracial en ‘Una habitación en Lavapiés’

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La escritora Maya G. Vinuesa autora de 'Una habitación en Lavapiés'

La escritora Maya G. Vinuesa autora de ‘Una habitación en Lavapiés’

Nos hablan del despertar al amor y la experimentación sexual en un barrio multirracial como el madrileño de Lavapiés, y de cómo ven la literatura hecha por mujeres, y muy especialmente hecha por mujeres africanas. Una es Maya G. Vinuesa, traductora y profesora de Traducción Literaria en la Universidad de Alcalá, que acaba de publicar ‘Una habitación en Lavapiés’ (Canalla Ediciones), su primera novela, en la que proyecta sus experiencias en Irlanda, Inglaterra y Ghana. La entrevista Isabel Cienfuegos, que compagina su dedicación a la literatura con la medicina, autora del libro de relatos ‘Mañana los amores serán rocas’ (Cuadernos del Vigía). Ambas asisten al Taller de Escritura de Clara Obligado.

Por ISABEL CIENFUEGOS 

‘Una habitación en Lavapiés’ es sin duda una novela sobre la búsqueda de la propia identidad en la juventud. La habitación de tu protagonista no solo está en Lavapiés, sino también en Londres, Guinea, el Bierzo, Lavapiés otra vez… Se diría que Isabel es nómada, que necesita hacerse nómada y visitar todos esos lugares para encontrarse a sí misma. Cuéntanos por qué de tantos lugares, y como los has utilizado en tu narración.

Sí, Isabel es una veinteañera con ganas de conocer el mundo de afuera. La novela arranca cuando ella ha conseguido que la contraten en la editorial donde trabajaba como becaria, lo cual le permite marcharse de casa de sus padres y cambiar de barrio en Madrid. Se va a Lavapiés, donde vive sus primeros encuentros con personas diferentes —senegaleses, bangladesíes, latinoamericanos— a quienes quiere gustar y amar, sin conciencia de raza… En este contexto, su relación con Hari le lleva a tocar con las huellas borrosas de la historia colonial de su propia familia. El Bierzo y Guinea representan los ancestros: Dora, la tía abuela de Isabel, y Enrique, un joven negro de Guinea Ecuatorial, que se la jugaron con un amor peligroso en el Madrid de los cincuenta. Londres, y en particular el barrio de Brixton, representa el contrapunto cosmopolita de un Madrid provinciano y su Lavapiés canalla y pobre.

Este viaje le lleva también a confrontar sus propios paisajes interiores: el exceso de melancolía, su sensación de carencia y su dependencia en las relaciones amorosas. Su crisis con Hari y la experiencia de la precariedad laboral le llevan a un lugar desconocido… En este fracaso aparece mi personaje preferido, Abdullah. Él es quien realmente ve a Isabel, y después de su encuentro es cuando ella se da cuenta de que el viaje exterior ha terminado.

La novela toca muchos más temas. Me ha interesado mucho la forma de tratar lo hedónico, que la hace muy divertida. Se habla mucho de comida, de bebida, de encuentros amorosos a dos y a tres, de pequeños placeres y de pasiones. También de lo multicultural y multirracial… Cuéntanos algo más de todo esto.

Pues elijo la pregunta del hedonismo, que tiene que ver con la época de experimentación sexual propia de la adolescencia, prolongada en la veintena, en este caso ambientada en el Madrid de los noventa, y en Lavapiés en particular. Tiene que ver con vivir de forma anónima en zonas cuyos códigos no se controlan, lo que tiene sus ventajas también. Y aquí entraría lo multirracial en mi novela, enfocado en las relaciones sexuales y amorosas, en la misma búsqueda de identidad de unos y otros, todos en un contexto nuevo donde es necesario improvisar y no se conoce el final…

En esta experiencia y su ficcionalización nos preceden sin duda los autores caribeños (me gusta mucho cómo lo explica Glissant) y latinoamericanos, y unos cuantos británicos contemporáneos. Salsa, la novela que Clara Obligado acaba de re-editar, se adelanta a contar todo esto, pues ella la escribió precisamente en 2002. Ayer, en su presentación en la librería Traficantes de Sueños, me gustaron las palabras de Carmen Valcárcel, al hablar de un “limbo transparente”, para expresar estos contextos. De pronto entra mucha más espontaneidad en la vida, más oportunidad de ensayar…

Es el caso de todos los vividores y artistas en ciernes con los que se topa Isabel en mi novela: Zoran, el periodista de guerras que se gasta su fortuna en cocaína; Angelito el jipi, las poetas de Caliópolis que hacen vestidos de día y recitales de noche, el estudiante libanés que enseña confitería o el intelectual mexicano que da clases de economía, con los que Isabel experimenta. No hay un círculo social que censure comportamientos, como tampoco una red protectora que permita desparramar y a la vez recoja a sus alegres miembros.

Háblanos de ti como escritora. Qué te inició en la escritura, cuáles son tus lecturas de referencia, qué papel juegan los talleres de escritura, en los que participas.

Mi inicio en la escritura es más tardío que mi inicio en la lectura, un amor inseparable de él. Recuerdo los libros ilustrados de Guillermo el Travieso, y las ediciones juveniles del Miguel Strogoff de Julio Verne, el Sandokan de Salgari, el David Copperfield de Dickens, El fantasma de Canterville de Oscar Wilde y otros clásicos adaptados. Más tarde, en la adolescencia empecé a coger libros de la biblioteca de mi madre. Ella fue quien me transmitió su pasión por la narrativa. Ella, Ángeles de la Concha, comenzó a estudiar la literatura judía norteamericana, sobre la que escribió su tesis doctoral, y después se dedicó al feminismo y la literatura de mujeres. Fue un modelo muy poderoso. A los 15 años, con las hormonas disparadas, yo entraba de noche en el salón y cogía libros de Philip Roth o de John Updike, que ella colocaba en una segunda fila más escondida, en los que lo único que me interesaba eran las escenas eróticas. Más adelante leí sus libros de Mary Wollstonecraft, Mary Shelley, George Elliot y Virginia Woolf. Esos fueron los libros que me marcaron en mi juventud.

Y los talleres de escritura son espacios distintos a las tertulias literarias o las clases de literatura, por no hablar del ámbito académico que sólo en algunos lugares se vincula a lo creativo. Valoro muchísimo los talleres. El primero fue hace años, cuando viví en Inglaterra, en mi treintena, que financiaba un ayuntamiento. En él me encontré con gente mayor, gente en paro y algún que otro loco… La profesora era una irlandesa delgada de pelo canoso y expresión seria, que nos hacía leer a todos por turno lo que habíamos escrito. Había que llevar algo trabajado cada semana, y eso me inició en la disciplina de escribir, con cansancio o sin él, casi todos los días (en mi caso las noches).

Y en el taller de Escritura Creativa de Clara Obligado he aprendido otras cosas, la más importante quizá sea aceptar la crítica y ejercerla tranquilamente con los textos de mis compañeros escritores. De Clara aprendo constantemente, cosas muy distintas: a poner oído en las palabras, a mantener la atención en las cuestiones formales y mucho más.

Aprovechando tu biografía y fascinante currículo como traductora, me gustaría que nos hablases de tu experiencia en este sentido, y de tu opinión sobre la literatura africana.

Si hablamos de literatura africana, te diré que una de mis autoras preferidas es la ghanesa Ama Ata Aidoo, cuya novela Nuestra hermana la aguafiestas tradujo Marta Sofía López Rodríguez hace tres años, y se va a reeditar muy pronto. Y la otra escritora que me encanta es Agnès Agboton, que escribe en su gun natal, en castellano y en catalán, y es narradora oral. Su libro Más allá del mar de arena, sobre su vida en Barcelona desde que llegó de Benín con 17 años, es una joya por la riqueza de su visión y su sentido del humor tan rico, de la ironía a la risa. Nombraría también Na Miton (cuentos de mujeres), y su Zemi Kede, Eros en las narraciones africanas de tradición oral. Para mí es una de las escritoras que mejor ha contado la experiencia de pertenecer a varias culturas. Y para conocer voces nuevas, además de la celebradísima Chimamanda Ngozi Adichie, que me encanta, recomendaría la antología Ellas [también] cuentan, de Federico Vivancos. Sigo, y recomiendo seguir a quien le interese estar al día, el blog de Sonia Fernández, Literáfricas: imprescindible para conocer todo lo traducido a las lenguas de nuestro país.

Como traductora creo que lo más interesante y hermoso que he hecho ha sido traducir dos novelas de Achebe (La flecha del dios y Un hombre del pueblo), ambas para Random House en 2010. Son novelas con multitud de voces y por tanto heteroglósicas, con variedades del inglés como el estándar británico, el estándar nigeriano, el inglés igboizado o el denominado inglés pidgin nigeriano. ¿Cómo traducirlas al español sin neutralizar esta polifonía? ¿A qué variedades de nuestra lengua? Este es mi tema de investigación, la traducción del habla viva, y de estas variedades ficticias de una lengua a otra.

¿Qué influencia ejerce la literatura africana en tu escritura?

Las literaturas africanas son muy ricas y complejas. Es imposible resumir en un párrafo, como muy bien sabes, pues hay muchísimos autores contemporáneos y diversos. Pero sí hay algo que muchos escritores africanos tienen en cuenta, un aspecto derivado de la oralidad, y es la intención de enseñar a convivir. Antes de la escuela formal tal y como la conocemos, estos saberes se transmitían mediante la palabra hablada, y a través de la narrativa y otros géneros. Y creo que en muchos de los libros que he leído hay una intención de iniciar al lector en un saber necesario, para la vida.

Me fascina la imbricación entre la forma poética o narrativa y el deseo de comunicar un saber, un secreto o un principio…, y de algún modo quiero también escribir sobre errores y aprendizajes vitales, sobre modos de atravesar determinadas situaciones. La vida es esto, y me interesa la literatura que lo aborda.

En Una habitación en Lavapiés trato la iniciación de una mujer a los 20 años, esa edad en la que se abandona definitivamente la casa paterna, se forjan uniones de pareja, se tienen hijos o no, y se busca trabajo para la independencia económica. Y pienso qué he querido regalar a su protagonista, Isabel, y te diría que tiene que ver con la posibilidad de atravesar el fracaso laboral y afectivo con el que se encuentra, y mirar(se) imaginativamente y aprender a mirar las cosas de otra manera.

¿Crees que las mujeres tenemos temas distintos o nuevas cosas que narrar en este momento? ¿Y crees que es interesante, o puede aportar algo más, ejercer otra profesión cuando se escribe?  

Sí, claro, hay temas indiscutiblemente vinculados a la experiencia de las mujeres, y tenemos la posibilidad de ficcionalizarlos con una perspectiva propia. Están las experiencias más básicas como el tema del parto, complicado ahora por los vientres de alquiler, la menstruación y sus variadas interpretaciones en cada cultura, el aspecto externo y el mito de la belleza, la salud (tener un cáncer de pecho, etc…), el acoso y la violencia en todas sus formas. Y pienso en otras situaciones más sutiles, por supuesto, como la de ser una niña lista y envidiada en una escuela —este tipo de personaje lo he leído en dos novelas de Marta Sanz—, pertenecer a una raza que no es la dominante a nivel de clase social —como he leído en las novelas de las británicas Zadie Smith, Bernardine Evaristo y Andrea Levy—, o recibir presión para cuidar a un padre o una madre ancianos, que pueden afectar también a hombres, aunque no siempre con la misma carga. Me interesan las exploraciones sobre nuestras relaciones de amistad y solidaridad —tan plagadas de competitividad y envidia como las de los hombres—, nuestras experiencias, sexualidades y deseos. En este sentido estoy leyendo a una escritora británica de mi generación, Leone Ross, cuyo libro de relatos Come Let Us Sing Anyway trata con humor y frescura estos últimos temas.

*Isabel Cienfuegos (Madrid 1954) se ha formado como escritora en el Taller de Clara Obligado. Compagina su dedicación a la literatura con la medicina. Es autora del libro de relatos Mañana los amores serán rocas (Cuadernos del Vigía).

Taller de Escritura de Clara Obligado

Nuestro taller literario acompaña de manera personalizada los procesos de escritura creativa, tomando en cuenta tus intereses, tu poética, tus posibilidades. Te ofrecemos una puerta de entrada al mundo de la literatura, con talleres de escritura creativa en distintos niveles, desde la iniciación total hasta la profesionalización, para los más jóvenes y para los más maduros, talleres de lectura, opciones online y en directo, un cuidado servicio de corrección literaria con distintas opciones de trabajo, charlas con autores, editores y profesionales del libro y, sobre todo, un equipo con muchísima experiencia en la formación de escritores y ganas de seguir aprendiendo contigo.

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Sobre el autor

Taller de Escritura
Pionero en España, el Taller de Escritura Creativa de Clara Obligado nació en 1980 en Madrid. Desde entonces, ha acompañado el proceso creativo de personas interesadas en la literatura a todos los niveles. En esta sección el lector encontrará recursos para la escritura, entrevistas, reseñas, historias sobre el mundo clásico y otras herramientas que facilitan un primer acercamiento a la creación literaria. Podrás encontrarnos los domingos, cada quince días, aquí, en El Asombrario.

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Un comentario

  • El 14.05.2018 , Ernesto Calabuig ha comentado:

    Una gran entrevista, llena de inteligencia y lucidez acerca de la introspección personal (de la autora y de la protagonista) y de las relaciones en este complejo mundo contemporáneo. Ganas de emprender ya el viaje de este libro. Enhorabuena a Maya, a Isabel Cienfuegos y al Asombrario.

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