13.12.2019

El diseño frente a la crisis climática: crear objetos honestos

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La sostenibilidad de las ciudades dependerá en buena medida de los avances de un ecodiseño capaz de crear ‘objetos honestos’. Pixabay.

La Cumbre del Clima termina hoy en Madrid. Más allá de los acuerdos oficiales logrados entre las delegaciones de los dos centenares de países, las dos semanas de debate en torno a la crisis climática nos han dejado muchas ideas y proyectos que conviene revisar y no dejar que caigan en saco roto. Entre todo, asistimos a cómo los recientes ganadores del Premio Nacional de Diseño dialogaron en la COP25 sobre el reto más peligroso al que se han enfrentado en su profesión. Hablan de llevar la ética al lenguaje de la rentabilidad y de crear objetos honestos, con conexión emocional con sus usuarios, para dejar atrás los hábitos insostenibles del usar y tirar.

Nacer con el “pecado original” de haber contribuido a la expansión de la sociedad de consumo, en palabras del diseñador César Astudillo, obliga a los profesionales del diseño a asumir el papel fundamental que puede tener su disciplina en el giro de los gobiernos y las empresas hacia una mayor responsabilidad social y ambiental. El encargo, esta vez, es hacer nuestro planeta más resiliente y, al parecer, un buen grupo de diseñadores y empresarios innovadores ya están remangándose para ayudar en esta hora de la emergencia climática y contribuir a mitigar los efectos del calentamiento global. Acerca de esta misión dialogaron, en el marco de la COP25 de Naciones Unidas, dos diseñadores –el propio Astudillo y Xavi Calvo– con tres de los Premios Nacionales de Diseño 2019, que recientemente ha fallado el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España: la diseñadora Marisa Gallén (ganadora de la categoría ‘Profesionales’), el empresario del sector del mueble Vicente Pons (de POINT) y el ingeniero de puentes Juan Rhomo (de Fhecor Ingenieros). He aquí algunos de los puntos calientes del roce entre diseño y la crisis climática:

Objetos honestos. Recalcular en tiempos de crisis

¿Qué es el diseño?, fue la pregunta que le formularon al diseñador Milton Glaser, creador del logo I love NY, y él respondió que era “la aparición de la intención en los asuntos humanos”. Esta anécdota la relata César Astudillo para poner de relieve “el acto deliberado” de llevar las cosas “del estado actual al deseado”. “Algo así como que todo lo que no es hacer la digestión es diseño”, apostilla. Porque incluso las formas de organización social o los mecanismos que nos hemos dado para que funcione el mercado son diseño y, por lo tanto, “aunque nos hayan traído prosperidad” quizá haya llegado la hora de repensarlas y modificarlas.

Xavi Calvo: “En los 80 se frivolizó mucho con el diseño y es lo que ha dado pie a esto del diseño es caro, o inútil. Estamos tratando de cambiar esa visión, para ir hacia lo funcional y, a partir de esa nueva relación forma-función, que el diseño cumpla un objetivo”.

Marisa Gallén: “El diseño en la modernidad ignoró el concepto de crisis. Vivió en un escenario sin límites. En cambio, el diseño postcrisis es consciente de que los recursos son limitados. Frente a un planeta esquilmado, hemos de legitimar aquellos objetos que son honestos. ¿Qué es un objeto honesto? Algo que se ha creado pensando en que sea útil, que dé felicidad al ciudadano, que no sea de usar y tirar, que el usuario ame a ese producto de tal forma que lo quiera conservar y lo vaya a reparar, y que, en su proceso de obtención, no contamine e incluso ahorre recursos… Todo aquello que facilita una relación emocional está contribuyendo a ser honesto. Entonces, debemos crear y legitimar ese tipo de objetos”.

Cuando el paisaje se vuelve cultura

Juan Rhomo: “Transformamos el paisaje y construimos puentes, pero nuestra actividad sirve también para conectar a la gente. Los ingenieros de puentes tomamos prestada una parte del medioambiente y tenemos que devolverlo en cultura. Por supuesto, el tema ambiental forma parte fundamental del proceso. Hay una serie de preguntas que nos hacemos siempre en cuanto a la elección de materiales, sobre si son locales o si podemos o no reutilizar parte de lo existente, o cómo atenuar el impacto con estructuras resilientes frente a la subida de los niveles de agua, a las tormentas… Hay que intentar hacer un diseño que dure”.

Vicente Pons: “Desde el punto de vista empresarial debemos ser energéticamente sostenibles y usar materiales reciclables para conseguir un valor agregado en el diseño. Pero, fundamentalmente, los empresarios debemos creernos que el cambio climático es una realidad, e incorporar y transmitir los postulados de la sostenibilidad”.

Marisa Gallén: “A través de un proyecto expositivo para el mundo de la madera y el mueble, me sensibilicé con las bondades de la madera. Aprendí que, gracias al uso de la madera en bosques con talas controladas, lo que generamos es que los bosques aumenten de dimensión. Y un producto realizado en madera puede ser un producto extraordinariamente honesto y amistoso con el usuario. Asimismo, los árboles, los jardines verticales y las cubiertas vegetales son sumideros de CO2 y una tecnología al alcance de cualquier ciudad, que sirven, además, para producir una bajada térmica”.

Cambio de conductas frente al ‘greenwashing’

Marisa Gallén: “Obviamente, todos tenemos que implicarnos, aunque no todos tenemos la misma responsabilidad. No es lo mismo lo que causa la industria energética o del automóvil que lo que provoca un ciudadano, aunque millones de personas haciendo pequeñas acciones son importantes. Creo que la batalla ideológica de la ecología la hemos ganado, porque las empresas que no son sostenibles hacen publicidad verde (greenwashing). Entonces, hay que impulsar y acelerar ese cambio, porque está siendo muy lento y porque resulta difícil cambiar de hábitos a una sociedad que está acostumbrada a comprar el último gadget, a tener todo de usar y tirar, a los vuelos low cost… Sin embargo, ya empiezan a ser sexies muchos comportamientos que adoptan los jóvenes como no sacarse carnet de conducir, compartir coche con aplicaciones o ir en bicicleta. En fin, creo en la contrapublicidad para fomentar cambios de hábito y consumo. El pesimismo cínico no sirve de nada”.

Xavi Calvo: “Me considero más honesto porque no tengo obligación de estar vendiendo, pero ayudo a las empresas a comunicar bien, a hacer sexy el lado verde, sin llegar al greenwashing, porque es donde entran en conflicto el diseño y marketing de una gran corporación. Hace algunas semanas, Tesla presentaba el Cybertruck y lo han sabido hacer correctamente. El diseño de este utilitario es muy raro, pero la presentación estuvo muy bien, porque no abundó en temas de amabilidad con el medioambiente, que no llegarían al tipo de consumidor de estas pick ups. Hay que comunicar también con la gente que no está comprometida con el entorno”.

Vicente Pons: “Con la educación se va a conseguir este cambio de mentalidad. Este movimiento de los jóvenes nos va a obligar a engancharnos a la corriente verde”.

César Astudillo: “Decía un ingeniero que las mejores mentes de su generación están pensando cómo lograr que la gente haga clic en anuncios. Así, los comportamientos sociales están moldeados por el diseño, con fines no asociados ni con la responsabilidad social ni con la ambiental, sino ligados al cambio de manos entre los poderosos. El poder va cambiando de manos, de Wall Street al Nasdaq de los cachorros de Silicon Valley. Estamos rodeados de productos tanto físicos como digitales que son persuasivos y que cambian conductas, basados en principios de diseño que tienen mucho en común con tácticas destructivas o con el diseño de las máquinas tragaperras. Y aquí los diseñadores tenemos gran responsabilidad”.

Ética y rentabilidad. La batalla de la desigualdad se está perdiendo

César Astudillo: “En el libro Ruined by design (Echado a perder por el diseño), Mike Monteiro dice que los dos deberes éticos de un diseñador son: preguntar para qué y decir que no. Creo que no hay que limitarse a eso, porque es reduccionista. Cuando nos piden que pongamos bonita la décima capa de pintalabios de algo con lo que no estamos de acuerdo, debemos decir que no, pero para hacernos relevantes en los foros de la toma de decisiones, para descartar las malas ideas y proponer mejores. No debemos ser dóciles en añadir capas superficiales de deseo. Además, tenemos que llevar el tema ético al lenguaje de rentabilidad”.

Vicente Pons: “El diseñador nos ayuda a los empresarios a hacer un producto mejor, a cambiar nuestra visión de producto, a decir ‘no’ cuando queremos usar algo que no es sostenible. Deben advertirnos que cambiemos de material aunque lo que propongan tenga un coste superior”.

Xavi Calvo: “Y tenemos que dotar de segunda vida a los productos, valorar la economía circular, recuperar las partes, conocer nuevos materiales con consciencia del propio territorio, poder utilizar la paja de arroz en lugar de importar bambú desde el otro lado del mundo… Sucede que el diseño en sí es un producto muy nuevo en España”.

Ecofatiga, activismo y cómo influir en la agenda política

César Astudillo: “Los diseñadores nos hemos ganado el derecho a susurrar al oído de la gente que manda, porque se supone que tenemos la varita mágica para hacer más deseable el producto o servicio que ellos quieren vender. Entonces, podemos cambiar de tema, y pasar de lo atractivo a hablar del propósito”.

Marisa Gallén: “Yo quisiera ser activista: actuar. El mundo asociativo me parece que es el método más rápido y eficaz para lograr cambios. Desde las asociaciones profesionales podemos impulsar actividades que generen consciencia crítica sobre cómo el diseño puede mejorar la sociedad. Ahora soy presidenta de la Asociación Valencia Capital Mundial del Diseño 2022 (WDC) y este acontecimiento nos sitúa en una posición de privilegio como interlocutores de los políticos, por lo que tenemos capacidad de influir en su agenda. Debemos comprometernos con el reto del cambio climático que ya tenemos encima, que es el más peligroso, y especialmente los que nos encargamos de configurar el mundo artificial en el que vivimos. Los políticos tienen el poder, ma non troppo: el poder lo tienen las empresas, sobre todo las energéticas, y no con la intención de bajar el impacto. Creo que debe estar en el código deontológico de un diseñador no trabajar con empresas que perpetúen el impacto ambiental de sus acciones. La solución es un cambio de modelo económico. Me produce ecofatiga el mensaje de seguir comprando”.

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Sobre el autor

Analía Iglesias
Analía Iglesias es escritora y periodista en temas de género, derechos humanos, ciencia, medio ambiente y cultura. Coordinó durante cinco años el blog Eros de El País y es coautora de los libros ‘Lo que esconde el agujero: el porno en tiempos obscenos’ y ‘Te puedo: la fantasía del poder en la cama’, ambos publicados por Editorial Catarata. Escribe biografías sobre mujeres en la Historia y difunde la obra documental de realizadoras africanas. Como ensayista, se acerca a la afectividad de la época con la necesidad de indagar en las pulsiones sexuales y en la función que cumplen en la actual sociedad de consumo. En Twitter ‘@analiaigles’

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