Donostia y las realidades con profundidad de campo

Donostia y las realidades con profundidad de campo

Un fotograma de la película Une nouvelle amie de Francoise Ozon

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Un fotograma de la película Une nouvelle amie de Francoise Ozon

El actor Romain Duris en un fotograma de la película ‘Une nouvelle amie’, de François Ozon.

Segunda jornada del 62 Festival internacional de Cine de San Sebastián con varias películas basadas o cimentadas en realidades a las que en muchas ocasiones no prestamos demasiada atención. Nos centramos en algunas de ellas servidas por directores de la talla de Bille August, François Ozon, Xavier Dolan y Zeresnay Berhane Mehari.

Ya lo dijo José Luis Rebordinos, el director del Festival de Cine de San Sebastián, días antes de que el certamen donostiarra empezara a andar: en esta 62 edición “habrá mucho cine comprometido con la realidad”.  Sí, la realidad. Y se refería Rebordinos a asuntos como la corrupción política, los devastadores efectos de la dichosa crisis, la globalización sin alma… Pero también a otras realidades que en ocasiones viven su propia realidad escondidas en el submundo de las realidades menos populares. Por las pantallas de este festival están desfilando asuntos como la eutanasia, los trastornos de la personalidad o la identidad de género, por poner tres ejemplos.

Pues bien. En la todavía soleada y tropical Donostia, sólo perturbada a media tarde por una galerna que no llegó a mayores, no nos dimos ese baño reparador que nos tienta todas las mañanas. Más bien un baño de realidades proyectadas sobre una pantalla blanca. Estas fueron las películas que vimos:

Silent Heart. Bille August. Dinamarca. Sección Oficial.

El oscarizado danés Bille August (Pelle el conquistador, 1987) propone en Silent Heart un vuelo de 98 minutos con destino a lo muy conocido. Una familia se reúne para enfrentar un asunto terriblemente letal en una hermosa casa de campo. Una eutanasia ha sido decidida de mutuo acuerdo por todos sus miembros. Ahí están la futura finada con su marido, las dos hijas con sus parejas y una amiga de la familia. Las circunstancias vitales de cada uno se van revelando en este viaje, pero hay que decir que ninguna de ellas nos resulta ni interesante ni, peor, original. El filme es delicado y está bien filmado, tiene una bella fotografía, aunque todo eso no evite que este pasajero del avión trate de aprovechar el trayecto para echarse una cabezada. Y cuando al final de la película suena la sirena de una ambulancia uno piensa que circula por el barrio de Gros donde se ubican los cines Trueba, donde estamos, para rescatarlo. (L. R. A)

Fotograma de 'Silent Heart' dirigida por August

Fotograma de ‘Silent Heart’, dirigida por Bille August.

Une nouvelle amie. François Ozon. Francia. Sección Oficial.

La identidad sexual no es esa cosa monolítica que algún meapilas nos quiso imponer y eso es lo que también cuenta François Ozon en Une nouvelle amie, su nuevo filme en la Sección Oficial del festival de cine de San Sebastián dos años después de ganar la Concha de Oro con En la casa. A todos nos encantó. En el filme hay evidentes referencias almodovarianas, aparece el mismísimo Norman Bates –o su doble- y en algún momento piensas que todo podría girar hacía el más cruento cuento de terror. Una virtud del filme de Ozon es que te lleva en volandas por una historia impredecible y que en los veinte primeros minutos tienes tantos giros como otras películas en 220. El arranque atrapa. Otra, que mantiene interés y ritmo durante todo el metraje.

No hay duda de que la película de Ozon contiene grandes trazas de comedia y que escarba en obsesiones en las que Almodóvar es ya un experto, pero es de justicia decir que el francés lo hace sin ningún aspaviento y sin recurrir en ningún momento ni al chiste grueso ni a la teoría del absurdo. Y si está tan bien esta película y genera tanta unanimidad es probablemente porque uno de sus ingredientes principales reside en no caer nunca en el estereotipo de lo diferente. No retrata la diferencia y listo. No. Nos recuerda que hay diferentes entre los diferentes y que, si escarbas, también existen diferencias entre los aparentemente convencionales. Pongamos un ejemplo muy ilustrativo y sin ánimo de spoilear: ‘Muchos hombres que se pirran por las mujeres llevan dentro a una gran señora’. Y a más, más; una enseñanza que se saca tras disfrutar de esta película: Queridos amantes del término normal, a la vida suele gustarle mucho jugar a las diferencias y acostumbra a dibujar fundamentalmente con todos los tonos del gris. Y, por cierto, atención a la interpretación del actor principal de esta cinta, Romain Duris (en la foto que encabeza esta crónica). Podría gustarle mucho al jurado. (L. R. A – M. C.)

Mommy. Xavier Dolan. Canadá. Sección Perlas.

La primera hora de Mommy, el nuevo filme del jovencísimo Xavier Dolan, 25 años, transcurre realmente bien, pero la segunda se hace larga. Son demasiadas las idas y venidas para este filme que nada más es un triángulo entre un hijo con trastornos con los que podría parar un tren, su madre y una vecina tartamuda e infeliz en su matrimonio. La historia contiene algunas lagunas importantes (¿qué pinta la familia de la vecina en todo esto?). El filme del español afincado en Canadá, Premio Especial del Jurado del pasado festival de Cannes, tiene momentos de alta intensidad con interpretaciones de gran altura y, por instantes, Dolan cambia a una puesta en escena entre publicitaria y videoclipera en esa libertad de formatos tan propia de los tiempos. Lo mismo que expresión de máxima libertad es esa decisión de rodar la película en el inusual formato vertical, que Dolan abre en los muy escasos momentos en que respiran estos personajes al límite.

Y llega Mommy al festival con esa tarjeta de presentación tan de moda últimamente de ser la película MODERNA e hipster del certamen. Llega con una legión de veinteañeros y algunos treintañeros dispuestos a situar en la categoría de «mundo viejuno» a todo aquel que ose poner en cuestión el tornado de presunta originalidad de Xavier Dolan. Pero ¿no es al menos sospechoso que para afianzar la sensación de claustrofobia y frustración que se siente conviviendo con un enfermo mental deba recurrirse al formato vertical? Las situaciones tremendas son claustrofóbicas y terriblemente incómodas en vertical, horizontal o con visión panorámica. Vaya, digamos que a un ataque de ansiedad o de pánico suele importarle bastante poco la orientación de la cámara, se las apaña siempre para generar una sensación terriblemente vívida de muerte inminente. No le hace falta que nadie venga a estrecharle las paredes. Es más, contando con esos actores y actrices tan maravillosos y verdaderos a la verticalidad de esta película se le ve, en demasiadas ocasiones, la costura de mero ejercicio de estilo. ¿Tal vez la intención sea otra: dejarle clarito al espectador que estamos ante una cinta perteneciente a la generación de los nativos digitales y que mola muchísimo que pueda dar la sensación de que se podría haber rodado casi en su integridad con un teléfono móvil? Desde luego, si la modernidad es eso, si la modernidad es colar un videoclip del Wonderwall de Oasis como ecuador de la película o si, para guinda del pastel, el epítome de la modernidad consiste en identificar algo tan tremendo, terrible y terrorífico como los trastornos de la personalidad, la hiperactividad y los trastornos de relaciones sociales con un par de canciones de una cantante multimillonaria y un poco pija que declaró muy alegremente a The Guardian en plena promoción de su último disco que «preferiría estar muerta»; si la modernidad es eso, da la impresión de que esta nueva vanguardia se vende muy barata. De que tiene acceso muy rápido e ilimitado a la información, pero muy poca memoria. (L.R.A – M.C.)

Fotograma de la película 'Difret'.

Fotograma de la película ‘Difret’.

Difret. Zeresnay Berhane Mehari. EE UU.

Que Difret, del etíope Zeresnay Berhane Mehari, haya sido la ganadora del Premio del Público en Sundance hace pensar en la credibilidad tanto de este premio como de ese festival norteamericano, supuesta salvaguarda del cine independiente y también en la de los programadores del festival de San Sebastián. Angelina Jolie es su productora ejecutiva. El filme aúna las mejores intenciones, dar visibilidad a las penurias que sufren niñas y mujeres en Etiopía, y el peor cine, pues cuenta la historia con un guión de culebrón y una puesta en escena con una estética a medio camino entre la postal y el documental de National Geographic. Nadie pone en duda la gran labor que realizan asociaciones y heroínas como la que protagoniza la historia, pero esto es un festival de cine, no un evento solidario. ¿Cómo es posible exhibir un cine tan malo en la sección Perlas, dedicada, según reza el catálogo, “a los filmes aclamados por la crítica y/o premiados en otros festivales internacionales»? (L.R.A)

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