13.06.2019

El drama de los niños que viajan en busca de ‘la buena vida’

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“Me colé en uno de los contenedores de mercancías del puerto pensando que saldría a la península, al llevar 24 horas dentro y parado me puse nervioso, no podía respirar y empecé a dar golpes para que me salvaran. Me abrieron el contenedor dos camioneros y mientras la luz me deslumbraba noté un golpe muy fuerte en la boca”. Foto: Tarek Ananou.

La exposición fotográfica ‘La Buena Vida’, del fotógrafo madrileño Tarek Ananou, acerca a la capital el drama de los menores migrantes en la frontera sur. “La sociedad cosmopolita los convierte en simples números. Pero los protagonistas de sus imágenes tienen nombres y apellidos. Tienen historias, dramas y complejos”. Hasta el 19 de junio en el patio del Centro Cultural Conde Duque, dentro del festival Noches de Ramadán.

Tarek Ananou creció entre las cámaras de su padre. Apenas tenía 11 años cuando ya acompañaba al también fotógrafo Hamadi Ananou a recorrer las calles de Tánger. Escuchaba estremecedoras historias de niños como él que se colaban en los bajos de un camión jugándose la vida, de escolares como él que eran violados, que vivían sin familia. Aquellas imágenes de nuestra frontera sur no sólo quedaban grabadas en los negativos de Hamadi, también, y con la misma crudeza, en los recuerdos infantiles de su hijo. Años después, Tarek recuperó esa mirada y -¿casualidad o causalidad?- lo hizo junto al reportero gráfico Lucas de la Cal, cuyo padre había acompañado también a su padre. Fue el embrión de la exposición La Bonne Vie (La Buena Vida), que hasta el 19 de junio podemos ver en el Patio del Centro Cultural Conde Duque, dentro del Festival Noches de Ramadán, organizado por el Ayuntamiento de Madrid y cuyo calendario principal terminó el pasado domingo.

No son números: son caras, historias, dramas

“Tarek posee una mirada diferente: pausada, limpia, amplia e inteligente. Además, como el ruiseñor de Harper Lee, derrama su corazón delante de aquellos a los que la sociedad cosmopolita convierte en simples números. Los suyos tienen nombres y apellidos. Tienen historias, dramas y complejos”. Así describe Lucas De la Cal las obras que Ananou nos muestra, historias de los suburbios de Ceuta o en Tánger, entre los que no se aprecian diferencias, instantes de vida de migrantes que aún no tienen la mayoría de edad pero sí mayoría de abandono. “Esto es Ceuta, pero verás que no parece Europa”, dice Tarek mientras se detiene ante la foto del entierro de un adolescente al que atropelló y mató un camionero a este lado de la frontera: “En este entierro había niños llevando a otro niño, niños a cargo del duelo. Aquel fue el momento más triste que he vivido. Se asesinan menores y un año después el culpable ya está en la calle, trabajando de nuevo. Cuando veo esto, se me caen los valores que me han enseñado toda mi vida sobre lo que es Europa”.

Tarek explica que ahora Omar o Mohamed ya no son niños, sino MENA (Menores Extranjeros No Acompañados), una nueva terminología oficial que trata de disfrazar que se habla de infancia. “Para acercarse a ellos y hacer este trabajo es fundamental tener su confianza. No vale la rapidez que nos imponen los medios. Por ello, decidí invertir mi dinero en romper la lejanía que sentimos cuando se les retrata en grupo, acercarme a ellos uno a uno para conocer sus historias. La mayoría ya llegan a Ceuta con un impacto psicológico brutal debido al camino recorrido. El tema del impacto de la enfermedad mental es tremendo. Es su gran temor: que se les vaya la cabeza”, va relatando.

Muchos de los protagonistas de las 32 fotografías que componen la muestra son originarios de Camerún. Jóvenes que salen huyendo de una guerra emergente entre anglófonos y francófonos que se recrudece sin que el mundo se entere, mientras China y Turquía expolia sus recursos naturales sin cortapisas. También los hay de Guinea Conakry, otro de los países más pobres de la Tierra.

“Algún día seré como el resto de chavales: estudiaré, vestiré bien y podré hablar con mi madre por videollamada. Ahora me da vergüenza porque sé que no estoy bien”. Foto: Tarek Ananou.

“Le puse un nombre árabe a mi hija porque ella es marroquí. No queríamos que sufriera lo que nosotros aquí. Anoche perdimos, conseguimos alejarnos de Tánger 30 kilómetros y así poder tener una salida tranquila, pero justo cuando pisamos la arena la niña se puso a llorar y aparecieron los mejaznis. Nos rajaron todo el material y nos quitaron el dinero. Nos salvamos gracias a que llevábamos bebés y no nos detuvieron. Ella es una leona, va a poder con todo”. Foto: Tarek Ananou.

“La Bonne Vie” (La Buena Vida), un estado de alegría y pesadumbre, de salud mental y toxicidad física, de sueños impuestos ante una crudeza contextual que azota sin contemplación a cualquier comunidad migrante. Foto: Tarek Ananou.

“Queremos viajar a la Buena Vida”

¿La Bonne Vie? “Llamé la exposición así por dos razones. Por un lado, porque estos jóvenes migrantes, cuando les preguntan a qué país quieren ir, responden que viajan a ‘la buena vida’, a una vida decente, pero también quería jugar con el cliché que existe de que el inmigrante vive mejor que nadie, que es una falacia”, explica Tarek.

Otras fotos son historias de niños que han sufrido graves abusos sexuales por quienes se aprovechan de su vulnerabilidad. El fotógrafo, insiste, nos habla de situaciones en la llamada Europa de los derechos humanos: “Así lo lo he retratado en el puerto de Ceuta. Allí vimos cómo metían mano a los menores. Tras aquello, fuimos al Fiscal de menores a denunciarlo y lo publicamos. Pero el culpable desapareció”. Otro delito sin castigo social.

Se echan en falta más mujeres en su fotos, aunque reconoce que no es fácil para un hombre entrar en ese mundo en el que ellas suman, a lo anterior, un grado más en la violencia sexual y, al final, se casan con “maridos de conveniencia” para ser protegidas o acaban en redes de prostitución: “He visto habitaciones donde un hombre tenía cinco mujeres encerradas para que lleguen a las redes de trata en ‘buenas condiciones’; pero entrar fue imposible”, comenta.

Desde otra imagen nos sale al encuentro Ismael. El adolescente estaba en tránsito con su hermano en Ceuta, pero un día este último logró cruzar la frontera en los bajos de un camión. Cuando Ismael se vio solo, se prendió fuego. Son claras las señales en su cuerpo: “¿Que por qué se la juegan así? En los años 90 las imágenes de nuestro mundo les llegaban por la televisión parabólica y ya eso les animaba a venir, pero es que ahora les llegan por las redes sociales a sus móviles y pueden ver a los suyos y les envían imágenes en las que se les ve en una situación que no es la real”.

La barriada de ‘El Príncipe’ en Ceuta

Uno de sus últimos proyectos ha sido Barrio, desarrollado en la barriada de El Príncipe de Ceuta, famosa tras la serie en Tele 5, protagonizada por José Coronado, que convirtió la imagen de este lugar en un nido de terrorismo y traficantes. Allí Tarek puso en marcha, hasta febrero de este año, un proyecto para que sus mujeres retrataran la vida real del barrio desde dentro. Gracias a la colaboración de Procesa Ceuta, compró varias cámaras compactas y les enseñó a fotografiar su vida. “Ahora estas fotos se expondrán en Ceuta, pero quiero mover la nueva exposición para que puedan ser expuestas en la Península, porque son excelentes”.

La Bonne Vie, de visita gratuita hasta el próximo día 19, es, en definitiva, un viaje entre dos orillas que nos convierte el presente en pasado y el pasado en presente. Poco o nada ha cambiado en esa frontera desde que su padre recorría las mismas barriadas con otro De la Cal (Juan Carlos), padre de Lucas, hace casi tres décadas.

Merece la pena visitar este aldabonazo a la conciencia , en blanco y negro, a través de los ojos de Tarek Ananou.

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Sobre el autor


Periodista. Ciudadana sin fronteras. En el diario El Mundo durante 22 años. La ciencia y el conocimiento de la Tierra y sus gentes, mis pasiones. Viajera incansable. Puedes seguirme en Twitter en @RosaTristán

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