23.04.2018

Egon Soda: “Nos alegra que la política vuelva a surgir de la calle”

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Los integrantes del grupo Egon Soda.

Los integrantes del grupo Egon Soda.

La banda de pop-rock Egon Soda, formada en 2006 por fusiones de grupos hermanados, vuelve al panorama discográfico nacional con su cuarto álbum, El rojo y el negro. Un disco muy contestatario que revisita viejos asuntos como la lucha de clases y la Transición que, al enfrentarlos con la actualidad, ayudan no sólo a entender mejor el presente, sino también a entenderse mejor a uno mismo en el plano político. “Ha llegado un momento en el que la sociedad ha vuelto a activarse para recuperar la política que nos habían arrebatado los profesionales de la política. Éstos la convirtieron en coto privado, cuando es una condición humana”.

En El rojo y el negro, la voz de Ricky Falkner da vida a las letras más políticas hasta la fecha de Ferrán Pontón, a las cuales aportan equilibrio los ritmos afroamericanos. Hemos hablado con Pontón sobre este último trabajo.

¿Qué simboliza el rojo y qué el negro?

En el nuevo disco se descubre a una banda que busca y explora caminos que no ha transitado antes y marcados por una doble línea. Por un lado el rojo simboliza las letras, una concepción sobre el papel de las personas en la política y el de la política en las personas y, por otro lado, el negro es la parte más musical, y está relacionado con la música afroamericana.

Comencemos con el rojo, las letras. ¿Ha surgido un disco tan contestatario por el clima actual?

Ha sido más cuestión de necesidad personal que de contexto. Aunque por supuesto que el contexto de alguna manera te lleva a reflexionar y a tomar partido a la hora de elegir los temas que luego va a haber en las canciones. Pero por otro lado había una necesidad propia. Yo he nacido en una familia con una educación cultural y política muy marcada dentro del progresismo. Y esto, que sigue siendo mi herencia cultural e intelectual, me ha ido a veces pasando factura, otras ayudando… Eso que me ha ido pasando a lo largo de mi vida que creo que podía ser un buen filón a la hora de hacer un disco.

¿Puede haber sido el disco un ejercicio de introspección?

En cierta manera. Sin embargo son letras mucho más claras a nivel de materia básica. Sí que son introspectivas en el sentido de que se intenta buscar la parte íntima de la política, es decir, aquello que todos y cada uno de nosotros vivimos desde nuestro punto de vista, desde nuestros gustos, en la sociedad. Esto es la política en mayúsculas. Ese ajustarse a vivir con los demás a veces no es fácil. Este sentimiento es muy íntimo, pero a la vez muy universal, aunque el que esté escuchando el disco no piense igual que yo.

Sacáis este disco muy político en un momento en el que la cultura parece que está en un punto más bien reaccionario.

Hay de todo. El otro día reflexionando y hablando con amigos, me di cuenta de que la política va surgiendo cada vez más en las letras de grupos que a lo mejor no las tenían. Ahora te puedes encontrar canciones políticas en bandas como Niños Mutantes o en Mi Capitán. Yo creo que poco a poco van floreciendo más. Es cierto que hay cierta parte más hedonista en el territorio musical, sobre todo lo que funciona en las grandes radiofórmulas, que es igual de legítima ya que en la música cada uno es libre de hacer lo que le apetezca con ella. Pero creo yo que en la escena del rock cada vez va aportando más una carga política porque no se pueden abstraer del entorno en el que viven.

Dentro de estos temas recuperáis viejos mantras como la lucha de clases, la Transición…

Esos temas en concreto pertenecen a mi proceso personal de creación política. Yo nací en el 76 y, por lo tanto, viví la Transición desde el inicio como mi hábitat y sin duda ha forjado mi personalidad. Pero no sólo de la mía, sino la de muchísima gente. La voluntad es también llamar la atención sobre que las herencias políticas y los hechos históricos no están cerradas, sino que mutan y que pueden ir analizándose desde muchos puntos de vista. Que se deben replantear constantemente. Eso es básicamente lo que significa la palabra transición, y creo que no debe pararse nunca. Las cosas deben cambiar y mutar, mejorar.

Por otro lado está el término de la lucha de clases, que es el marco intelectual en el que yo nací. Me parecía interesante porque nos pasa también a muchos que, teniendo la suerte de haber nacido en un hogar que nos dio una buena educación, que nos permitió estudiar y luego trabajar, la conciencia de clase quedaba un poco en la propia lucha. Uno a veces se sentía que no pertenecía a eso; sin embargo, sentía que había que pelearlo. Eso es algo muy clásico dentro del pensamiento marxista y que se ha analizado desde diferentes puntos de vista. Me parecía también que formaba parte de mi cosmos personal.

Son unos clásicos en el terreno de la política, pero aun así el disco es muy actual.

La idea es un poco entender que lo que sucede hoy en cierta manera cada uno lo vivimos con la carga de la mochila que llevamos encima. Yo creo que mucha gente, o al menos a mí y a personas con las que me relaciono, nos pasa; la manera de vivir en el mundo a veces funciona y a veces se ha quedado estrecha. Y es importante reflexionar sobre ella, ser capaces de ver hasta qué punto determinadas ideas nos sirven para entender lo que pasa hoy en el mundo y cuáles ya no. Por eso en el disco se da esta mezcla entre lo que es actual y lo que es de hace 20-30 años en la experiencia personal y mucho más antiguo en la creación intelectual. Esta mezcla entre lo actual y lo antiguo tiene que ver con utilizar las herramientas de ayer para entender el hoy.

Os posicionáis ante la actualidad musicalmente, pero ¿cómo valora Egon Soda el hoy sin melodías de fondo?

En Egon Soda somos seis personas y cada uno piensa más o menos diferente. Yo, que me encargo de las letras, tengo una idea más o menos clara, y creo que podría atreverme a decir que hemos entendido que ha llegado un momento en el que la sociedad ha vuelto a moverse, a activarse para recuperar la política que nos habían arrebatado los profesionales de la política. Éstos la convirtieron en coto privado, cuando es una condición humana. Yo creo que a cualquier miembro de Egon Soda nos alegra cuando vemos que las mujeres salen a la calle a defender sus derechos, como hacen también los jubilados y pensionistas, o cuando la gente defiende eso en lo que cree de una manera pacífica y constructiva. Y la alegría y la esperanza de que la política vuelva a surgir de la calle hacia arriba y no al revés.

Como apuntabas, en Egon Soda sois seis y las letras implican mucho. ¿Es complicado sellar el consenso?

Con el tema de letras, lo primero es decir que yo las escribo pero no las canto. Las canta Ricky. Éste es el primer elemento básico y es fundamental, ya que Ricky Falkner jamás se ha negado a cantar una letra que yo haya escrito. Todas le han parecido bien y todas las ha entendido. En parte porque nos conocemos desde hace 30 años y somos como hermanos. Él entiende de dónde sale todo. Con el resto de miembros hay preguntas y discusiones, pero he de decir que siempre he tratado con muchísimo cuidado el trabajo a nivel de letras y que siempre me han apoyado en todo. Incluso Pablo Garrido, que también se dedica al mundo editorial y de la lengua, que siempre me corrige y me puntualiza…, y yo se lo agradezco muchísimo. Hay una parte de trabajo comunal que a mí me gusta mucho.

La otra vertiente, la musical, la representáis a través del color negro.

En este disco hemos intentado descubrir nuevos caminos. Nos hemos acercado a la música afroamericana que nos interesa, a los ritmos latinos que no habíamos trabajado antes y que nos llamaban la atención. Hemos intentado huir del ejercicio de estilo e intentar descubrir nuevos caminos dentro del funk, del soul, ese respeto por el silencio…

Esta apuesta por nuevos caminos, ¿es debida a que no queríais que la música perdiera fuerza respecto a las potentes letras?

Sabemos que puede pasar esto. Y por ello hemos intentado buscar nuevos espacios musicales que llamen la atención al que ya nos conoce, y al que no. Por ejemplo, como puede suceder en Matanza, que es una canción latina que trata sobre los atentados en Barcelona. Ese contraste yo creo que sirve para que en una escucha te fijes en la letra y en otra en la música. Para que no te pasen desapercibidas la una ni la otra. De alguna manera entendimos que había una ligazón subterránea en el hecho de hacer música negra y que las letras fueran más políticas. Desde luego, hay una larga tradición en la música afroamericana, que siempre ha tenido un alto componente político y reivindicativo. Y de alguna manera yo creo que eso lo teníamos en el cerebro y nos cuadraba.

En este disco tan contestatario, escribes en ‘Lucha de clases’: “Me dices que soy un afortunado, no puedo quejarme y lo sé”. ¿Se ha acabado el tiempo de la queja?

No. La queja debe estar siempre. Pero debe ser siempre constructiva. Tiene que permitir que tú te muevas intelectual, física y socialmente, y tiene que permitir que la otra persona de la que te quejas también se mueva. Para lo que no hay tiempo es para arrancarse los pelos de la barba y no hacer nada. Pero la queja como principio de cambio, de no aceptación, me parece fantástica y debería existir siempre.

Hacia ahí se dirige el nuevo álbum de Egon Soda…

Sí. Sumado al no contentarse con lo que uno tiene. Yo además tengo la suerte de tratar con cinco musicazos de reconocido prestigio que queremos seguir buscando caminos y que no nos quedamos quietos porque nos apasiona la música y no sabemos repetir fórmulas. Si hiciéramos esto, nos aburriríamos y acabaríamos traicionándola y traicionándonos.

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Sobre el autor

Carlos Madrid
Terminé periodismo allá por 2013, pero, no sintiéndome suficientemente formado, me matriculé en lector insaciable, perpetuo viajero, musicodependiente, aprendelenguas... Difundo lo que me agita por dentro en aquellos lugares donde me toleran.

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