22.05.2013

El CD como arte (en vías de extinción)

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Pearl Jam

CARLOS PÉREZ CRUZ

Pásate por el fantástico club del autor: El club de jazz radio. 

En la actualidad el cedé parece casi finiquitado como formato de almacenaje y difusión del registro musical. Su declive, en beneficio de la distribución digital, ofrece una buena ocasión para evaluar la naturaleza artística de su embalaje y su importancia para el disfrute de la experiencia musical. Enrique Turpin, profesor de literatura española y crítico literario y musical, ha recopilado algunas de las joyas de su colección personal y ha dado forma a la exposición Ceedeephilia – El arte del ‘packaging’ musical contemporáneo, una muestra de obras de arte discográficas con ediciones de lujo de cedés de The Rolling Stones, Pearl Jam, Charlie Parker y Radiohead, entre otros.

Ceedeephilia, una exposición dedicada al envoltorio del CD en las últimas tres décadas. Mi cabeza hace una relación inmediata a partir del nombre de la exposición: de Ceedeephilia, necrofilia. ¿En esas estamos? ¿En la exposición de un objeto muerto?

Es un réquiem, en realidad. Más que un objeto muerto, está en vías de un cambio definitivo, en un final de etapa. Al igual que los vinilos se van a mantener por diversos motivos, el cedé no perdurará, entre otras cosas porque las nuevas generaciones lo escuchan todo en streaming, con Spotify o con Youtube directamente, y no compran el formato. El aspecto físico de la música  les interesa poco. Y además están muriendo las unidades donde eso se compra. Con los móviles, los iPad y demás, la música es algo de muy rápido acceso, casi inmediato. El formato está tocado de muerte.

Así que convendría que me vaya comprando todos los reproductores de cedé posibles para poder seguir escuchando en el futuro mi discoteca particular.

No, yo creo que siempre habrá forma de escucharlos. El cedé es un producto que nació imperfecto y que, con el tiempo, se ha ido acercando a cierto grado de perfección. Al mismo tiempo, ha ido perdiendo la capacidad de asimilar el mundo que le rodeaba. La posibilidad de tener acceso a una gran discoteca lo ofrece directamente lo digital, sin necesidad de acercarte a una tienda de discos. Y eso hace que el envoltorio también desaparezca. Por eso Ceedeephilia es una forma de entender que se está agotando y que es el momento de reflexionar sobre ello. El cedé tristemente desaparece.

Puede parecer una paradoja. El contenedor no deja de ser un envoltorio y lo verdaderamente relevante está en el contenido que el disco ampara(ba). Y, sin embargo, ¿no se ha devaluado el contenido en ausencia del continente?

Lo importante es la música, por supuesto. Pero el artista que presenta su música en diferido tiene que pensar en cómo ofrecerla, en la vestimenta de esa música, que es algo que cuesta mucho. Muchos músicos están detrás del juego de diseño, de vestir eso tan etéreo que es la música. ¿Cómo darle forma? ¿Cómo vestirla? ¿Cómo decidir la carta de presentación de lo que el oyente escuchará? Es una parte importantísima porque te permite vivir la música mientras la escuchas. Te permite acceder a cierta información, tener en cuenta cuál va a ser el hogar permanente de la música, que es el embalaje. Lo que es estúpido es renunciar a esa información tan valiosa, sobre todo cuando el propio músico ha intervenido en ella para darle un sentido extra, si no alternativo, a lo que no te puede contar de primera mano. El contenido es lo más importante, por supuesto, pero esto no es el marco de un cuadro.

Me llama la atención esa comparación con el marco de un cuadro.

Porque tú le cambias el marco a una pintura y la información que te ofrece es muy escasa, pero en el disco están los créditos -que te dicen si ese disco va a ser o no importante-, el productor, los músicos, dónde se ha grabado… En un disco de pop, las letras. Pero también es importante el modo en que se viste, qué paisajes han inspirado al músico. Si en una edición aparecen tres fotos y en otra no, se está perdiendo información. La forma en que el envoltorio permite el acceso a la música está también relacionada con el placer, con la espera, con la paciencia y, sobre todo, con tener un objeto bello en las manos, que sea palpable. Porque la música es algo difícil de describir. Si el objeto que la contiene te da una descripción, te ayuda. Eso se está perdiendo.

“Los ojos son lo primero”, es una cita de Giancarlo Piretti que refleja el catálogo. Los libros que aspiran a best seller suelen tener una ilustración llamativa (hortera, por regla general) y un formato de tamaño estándar. ¿Con qué ha tratado de atraer la industria musical al comprador de cedés y en qué medida el cuidado y el detalle en la presentación van ligados al descenso drástico de ventas”.

El formato ha evolucionado. Durante los ochenta vivió de las rentas que ofrecía la novedad. A partir de los noventa desaparece la novedad y empiezan a ofrecer pluses, porque entienden que puede ser también un objeto artístico a través de un trabajo de diseño. Esa no es la edición de luxe de la actualidad, que simplemente ofrece un material extra, tomas alternativas, directos, accesos a internet, etcétera. La edición de luxe valiosa como arte -porque estamos hablando de un arte, el arte del embalaje, del diseño gráfico- no tiene que ver con las actuales, que simplemente ofrecen información añadida y que son una respuesta a la piratería. Las ediciones de la exposición son ediciones que construyen un producto nuevo embalando esa música, que convierten la parte física en una obra de arte. El formato se consideró, en su vertiente artística, en la década de los 90 y hasta el 2002, por dar una fecha. La industria no se puede gastar ahora un duro. Con el declive de la industria hay un declive del embalaje.

En el catálogo de la exposición se nos dice que el jazz fue el género “más poroso a la novedad y el riesgo”, pero que el aterrizaje de rock y pop propició que “gran parte del trabajo de diseño se centrara en estos estilos”. ¿Qué relación hay entre los estilos, entre el contenido musical de un disco, y la expresión artística del envoltorio?

Es una cuestión de volumen de ventas y de capacidad de introducción en el mercado. El jazz fue el pop de los años 30, 40 y principios de los 50. Eso cambió e hizo que la inversión de las discográficas en los músicos de jazz desapareciera. Es muy difícil que un músico de jazz pueda plantear a una discográfica ciertas condiciones a la hora de crear un embalaje. El pop y el rock movieron masas, Miles Davis lo vio clarísimo cuando dio el salto a lo eléctrico y quiso, de alguna forma, competir con ellos. Usó algunas estrategias, que utilizaban ciertas estrellas del pop y del rock, para acceder a públicos mucho más amplios. El estilo es el que te dice si vale la pena invertir en un embalaje.

¿Es menos melómano el que accede a la música digitalmente? Preguntado de otra manera: el desprecio del formato físico, ¿implica un menor disfrute o profundidad en la relación con la música?

No lo creo. Puede ser incluso mayor. Lo que Ceedeephilia defiende es que esa forma de arte, que era tan ordinaria -porque se hacían tiradas grandes y, en el fondo, convivía contigo de una forma muy natural, que casi no parecía que fuera una obra de arte-, había que mirarla con otros ojos. Y en el momento en que la industria musical se viene abajo, hace que la podamos  mirar con otros ojos. Y al darles a los discos una vida conjunta en la exposición, te obliga a pensar que hay cosas que se han hecho muy bien. ¿Por qué un disco de Herbie Hancock se presentaba de determinada manera? ¿Por qué abrías el disco de Coltrane y aparecía el texto del salmo en negro sobre blanco con una ilustración del propio Coltrane? Todo eso es información extramusical, pero que te ayuda a entender lo musical.

El arte del embalaje ha de medirse aquí con lo pragmático. ¿Hay embalajes que son un engorro?

Entonces son malos productos. Un diseño debe estar pensado. Es algo que permite potenciar el contenido. Y hay embalajes que no conducen a nada. Ese es el tipo de embalaje que te saca de quicio. Hay otros en que lo que ocurre es que te cuesta romper con ellos, casi en el sentido literal. Por ejemplo, del disco de Spiritualized yo tengo dos copias. El de Ladies and gentlemen we are floating in space, que, como se ve en la fotografía del catálogo, aparece como si fuera una pastilla junto a un prospecto que se asemeja al de una medicina. Tengo una edición que jamás he abierto y otra que sí. ¿Qué sentido tiene guardar una edición sin abrir? Tal vez le estoy dando demasiado valor al embalaje. Pero sé que si se rompe ese embalaje, desaparece cierto valor. Alguien pensó que esa música era casi medicinal así que, cuando necesitas esa medicina, esa música, tienes que romper el embalaje de aluminio y sacar el cedé.

Una selección de cinco de los discos de la exposición. El Top 5 para Enrique Turpin y por qué.

Aclaro que no es un orden del uno al cinco por preferencia y también que los discos que he comprado no los he comprado sólo por su presentación. Si la música no me resulta placentera, no compro. No soy un coleccionista de embalajes.  Soy un coleccionista de la edición en la que apareció un disco por primera vez. Eso es importantísimo: respetar la idea original, tal y como se concibió su presentación.

 Spiritualized

Spiritualized – Ladies and gentlemen we are floating in space (Dedicated Records, 1997)

Es un disco al que llegué tarde. Si no lo compras en cuanto sale es difícil que encuentres la edición limitada y yo la encontré por casualidad tiempo después. No compro por internet y, por lo tanto, en la exposición no hay ninguno que haya comprado allí. También valoro de este disco que Jason Pierce interviene en el diseño, hace que valore más su trabajo.

Ray Charles Ray Charles – Pure Genius. The Complete Atlantic Recordings (1952-1959) (Atlantic / Rhino, 2005)

Son todas las grabaciones de Atlantic del año 52 al 59. Es un producto que rinde tributo a la forma en la que se escuchaba la música entonces, a los fonógrafos portátiles. Es un maletín que incluye siete cedés, más un DVD y un libro, pero además está presentado de tal forma que es casi un fonógrafo virtual. Al levantar la tapa te encuentras con un disco de Atlantic en relieve que te transmite la sensación de estar escuchando a Ray Charles como se le debía de escuchar entonces.

Billie Holiday

Billie Holiday – The Complete Verve Studio Master Takes (Verve, 2005)

Con Billie Holiday te hablo de un amor musical, de mi cantante favorita. Verve editó una caja metálica, con formato de acordeón, que incluía toda la música que Billie Holiday había producido con ellos. Y además ahí también participa Hollis King, que es un artista que ha trabajado muy bien el packaging, que ha ganado Grammys con ello. Fíjate que en los Grammy hay un premio al mejor embalaje. Tener tan bien editada la música de Billie Holiday me da un placer enorme.

DAVID BYRNE-ENO

David Byrne & Bryan Eno – Everything That Happens Will Happen Today (Todomundo / Opal, 2008)

Es de 2008. Todavía en esta época se hacen cosas interesantes pero se hacen porque Byrne siempre ha entendido el hecho artístico más allá de lo musical. El producto contenía un cedé y muchas más cosas. Tener como diseñador a Stefan Sagmeister, que es quien ha puesto en pie esta casi escultura del disco; tener tan cerca al diseñador y que entienda tan bien tu música, es algo que todo el mundo querría. Hablamos de una caja parecida a una de quesitos, con un diseño de una casa y un paisaje en la que, al abrirla, se pone en marcha un resorte que hace que se oigan unos pasos que conducen al primer piso. Una puerta que se abre, que cruje…  ese es el inicio de lo musical. Sin ni siquiera haber puesto el cedé en el aparato, has accedido a un universo inquietante. Es una pieza muy poco vista y que uno sabe que ahora o nunca.

BECK

Beck – The Information (Interscope Records, 2006)

Es una lectura posmoderna del embalaje. Beck intervino en el proceso de diseño. Un embalaje con todo el material para que tú mismo puedas personalizarlo. Te ofrece mil posibilidades para que en una hoja de retícula puedas diseñar como mejor te plazca el cedé. De este también tengo dos copias. Después de escuchar el cedé, imaginé la parte visual, cómo interpretaba lo musical en lo visual, y creé mi propia carátula. Y tengo otra sin tocar, para que se entienda el concepto. Siempre pensé que algún día le enseñaría a alguien las dos versiones, que existía la edición original pero que se podía convertir en lo que quisieras. Una edición única, porque nadie más tendría una igual. Casi como la Opera aperta de Umberto Eco llevada al terreno del pop.

La exposición Ceedeephilia – El arte del ‘packaging’ musical contemporáneo se puede visitar en el Llar del Llibre de Sabadell, hasta el 1 de junio de 2013. Existe catálogo de la exposición: ISBN 9788493982249

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Sobre el autor

Carlos Pérez Cruz
Carlos Pérez Cruz, músico y periodista. Desde 2001 dirige el programa ‘Club de Jazz’, dedicado al jazz y músicas improvisadas. Colabora con el programa ‘Carne Cruda’ de Javier Gallego (antes en RNE3 y la Cadena SER), donde dirige la sección 'Bienvenidos al club'; con Radio Vitoria (EiTB) y la revista ‘Cuadernos de Jazz’. Desde 2012 mantiene el blog/podcast ‘Todos los caminos están cerrados’, dedicado a los Territorios Ocupados de Palestina.

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4 comentarios

  • El 23.05.2013 , Aaa ha comentado:

    Interesante artículo. Yo he trabajado los últimos años como duplicador de cds en una pequeña empresa (que, por cierto, acaba de quebrar, como tantísimas otras…)

    El principal problema del packaging especial es su alto coste, que sólo se afronta ante tiradas muy grandes. Hoy en día, lo más elaborado que encuentras es un digipack, pero es casi imposible encontrar packagings más especiales si no son de artistas muy conocidos

    Aún recuerdo la época en la que compraba los cds y, casi como un ritual, me lo llevaba a casa, me ponía los auriculares grandes y lo escuchaba de principio a fin mientras examinaba el packaging, leía las letras… incluso leía los agradecimientos, pues muchas veces te descubren bandas amigas de estilo similar.

    Ahí es cuando música y diseño interactuan. El diseño del disco te ayuda a sumergirte en la música y cambia su percepción, enmarcándola en un entorno visual

    Esos discos son los que se me han quedado grabados a fuego, y cada vez que los escucho me retrotraen a esa época, incluso aunque vinieran en una ordinaria “jewelbox standard”.

    Con la llegada de internet, el acceso a la música era mil veces más fácil, y gracias a eso pude explorar e investigar en múltiples estilos, descubriendo cientos de bandas increíbles. Sin embargo, mi ritual de los auriculares dejó de ser algo excepcional y, poco a poco, pierdes el interés por dedicarle tanta atención (con excepciones, por supuesto)

  • El 24.05.2013 , Carlos Pérez Cruz ha comentado:

    Exacto Aaa, “pierdes el interés por dedicarle tanta atención”. Creo que es algo la dispersión de los 1 y 0 genera.

    Gracias Julio por dedicarle una entrada en tu blog.

    Saludos, Carlos.

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