07.03.2016

El Chojin: “Hay miedo a que la cultura despierte el sentido crítico”

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El Chojin.

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No sólo hace rap. El Chojin , además de grabar discos, escribe libros, da conferencias y es un gran comunicador. Lo hemos visto contando en verso la actualidad en el informativo La 2 Noticias o presentando el programa ‘Ritmo Urbano’. El rapero madrileño se acerca ahora a su público con un formato de concierto-charla más íntimo (‘Un buen club’) tras ofrecer su último disco (‘Energía’) en exclusiva a quienes le apoyaron en el crowdfunding. La respuesta energética fue inmediata.

Entrevistar a alguien que ya se ha entrevistado a sí mismo es un poco complicado…

(Risas). Lo dices por la entrevista que me hice en Ritmo Urbano… Fue divertido, una idea del director que llevamos a cabo. Nada, básicamente hablo bien de mí (risas).

Ese programa de La 2 de TVE (‘Ritmo Urbano’) es una ventana abierta a un mundo… ¿mal conocido, en general?

Sí, así es. Ése fue el objetivo del programa cuando lo ideamos. Por un lado, dar a conocer el hip hop como cultura a quienes no lo conocen, las expresiones artísticas que están dentro del movimiento y todo lo positivo que aportan. Y por otro lado, ofrecer a quienes sí lo conocen un lugar en el que se sientan identificados y puedan aprender y enriquecerse con otras visiones.

El movimiento hip hop, donde se encuentra el rap, ¿es un espacio endogámico o es más diverso de lo que se piensa?

Históricamente ha sido endogámico, sí. Lo que ocurre es que en los últimos diez años se está dando una apertura bastante importante porque la gente que ahora está en puestos de visibilidad (periodistas, gente de la cultura) ya lo tiene más normalizado. Los artistas somos cada vez más apreciados por gente diversa.

Tres pinceladas de cómo ha evolucionado el rap en España.

El rap tuvo un momento muy importante en 1989 con una serie de discos que lo convirtieron en mainstream. De hecho, Hey, pijo, de MC Randy, sigue siendo el single más vendido. En esos años el rap se puso de moda y estaba en todas partes. Lo bueno es que se normalizó. Lo malo, que dio una imagen negativa. Los estereotipos que hemos llevado con nosotros hasta ahora vienen de ahí, chavales que no dicen nada en sus letras, que se ponen la gorra hacia un lado y mueven mucho las manos. Pasamos al año 94, el primer grupo que hizo un disco publicado fue El Club de los Poetas Violentos. Nos mostró el camino a todos los que veníamos detrás para hacerlo de una forma seria, profesional, respetuosa con la cultura. Y ahora estamos en un momento en el que ya sí nos toman en serio… Incluso Nach hizo un tema para la ACB, hacemos campañas de todo tipo.

Tú mismo has roto las fronteras del rap abriéndolas a otros estilos musicales. ¿Es muy subversivo hacer eso?

Sí, pero es que los artistas por definición tenemos que serlo. El rap es curioso porque tiene una serie de normas. Quizá la primera es que no tiene que haber normas, pero aún así nos las ponemos. Nosotros decimos “rompe las reglas”, pero al mismo tiempo nos encerramos en ellas. Es una pequeña lucha, en la que tiene que salir venciendo siempre la música.

En ‘I.R.A.’ acercaste el rap al flamenco o la ópera, ¿por qué?

Tengo una especie de obsesión desde pequeñito que tiene que ver con igualar nuestra música, nuestra manifestación artística, con otras músicas que siempre se han entendido como más cultas, más elevadas o son más aceptadas. Siento que hemos llegado a un punto de madurez en el que podemos mirar de tú a tú a otros estilos musicales. En ese disco, I.R.A., quise traer a mi casa a artistas reconocidos en sus terrenos y hacer algo juntos desde el respeto mutuo. Hay profesionales de la música africana, lírica, canción de raíz, brasileña… El resultado a nivel artístico fue fantástico.

De las fronteras musicales nos vamos a las otras fronteras, las de la piel. Hiciste el ‘Rap contra el racismo’, uniendo ahí a muchas voces del mundo del rap. ¿Qué estamos haciendo mal como sociedad cuando sigue siendo necesario denunciar la discriminación?

Es una descripción fiel de cómo somos como especie. Queremos más de lo que merecemos muchas veces. Tenemos una estima del ser humano que yo creo que está por encima de lo que merecemos. El ser humano es racista. El racismo no viene de fuera, de otra especie, es la nuestra. Reflejo eso en mis letras e intento luchar contra esa realidad indiscutible por mucho que haya gente que no quiera verla o que la esconda. Hay gente que se siente cómoda diciendo que en España no hay racismo, igual piensan que ser español es una especie de milagro que te convierte en buena persona por el hecho de nacer aquí. El racismo existe, es algo cotidiano, es algo que está mal. Una persona no es más ni menos por tener un poquito más o un poquito menos de melanina.

Hablas en tus letras de justicia social, igualdad, temas políticos, campamentos de refugiados saharauis, Palestina… ¿Subyace una visión pesimista del ser humano y del mundo?

Creo que no es pesimista, es realista. Cuando vemos la definición de humano te habla de sensibilidad, candidez, bondad. El ser humano tiene eso, sin duda, pero tiene también lo otro, sin duda. Son humanas todas esas cosas que decimos que son inhumanas. Es un humano el que trata de una forma inhumana a otro. No me gusta ser demasiado negativo ni demasiado positivo. Intento ser descriptivo. Se dice de los raperos que somos cronistas, como los periodistas, pero nosotros no intentamos ser objetivos, damos nuestro punto de vista.

Hemos vivido el episodio de los titiriteros, se han censurado en este país conciertos de Los Chikos del Maíz y Soziedad Alkoholika. ¿Hay un miedo a que desde la música o la cultura se despierte el sentido crítico?

La respuesta es un sí rotundo. ¿Justificado? No. El miedo existe, pero despertar no puede ser malo. No puede haber nada negativo en tener agentes activos en la sociedad, que somos todos, no sólo las élites. Un agente activo se pregunta cosas, tiene curiosidades. Quienes intentan que la cultura suene más bajito o que no le llegue a todo el mundo cometen un error enorme porque no están haciendo daño a un grupo determinado que va contra ellos, están haciendo daño a toda la sociedad, en la que también están ellos incluidos.

“No somos la resistencia, somos el cambio, el que resiste lucha, nosotros ganamos”, rapeas. Entonces, ¿esta oleada del cambio que estamos viviendo ya es imparable?

Sí, lo veo con grandes expectativas. No puedo decir ilusión porque a lo mejor eso es demasiado, pero estoy incluso nervioso por ver hacia dónde camina todo esto. Se ha conseguido que una parte de la sociedad volvamos a sentirnos partícipes de lo que ocurre. Mi generación ha vivido no ser parte de la toma de decisiones de nada. Ahora podemos estar ahí, tomar decisiones, equivocarnos. Haber perdido el miedo a probar es una de las mejores noticias que le ha pasado a la política.

¿Hay también cambio o revolución dentro de la ‘Nación Hip Hop’?

Nosotros estamos más o menos igual desde que se creó. Piensa que partimos de la ventaja de que se crea como una utopía que no tiene por qué ser llevada a la práctica del todo. Esas buenas ideas de “paz, amor y unidad” que se decían en los 70, yo me las compro ahora también en 2016.

¿Y dónde están las mujeres del rap?

En el rap no están donde yo creo que deberían estar. En el hip hop, sí. La madre del hip hop es una mujer, Rosa Parks, aunque nunca hizo rap ni nada de eso, sembró un poco el germen de lo que terminó siendo la cultura hip hop. Pero sí, faltan voces femeninas en el micrófono. En los 90 no había mujeres rapeando, pero tampoco había mujeres en el público y ahora en los conciertos te encuentras que la mitad son mujeres. Francisco Reyes hizo una tesis sobre la historia del hip hop en España y habla del grado de competencia que hay dentro del rap, y la competencia es algo muy relacionado con la testosterona. Sí hay chicas que rapean, aunque no sean tan visibles.

Hay un tema (‘Guapa’) en el que hablas de los cánones de belleza que esclavizan a las mujeres. Desde tu posición de comunicador, ¿sientes que puedes llegar a un público, como las adolescentes, con un potencial transformador?

Sé que lo tengo, lo he aprendido con el tiempo. Al principio rapeas para ti y para tus colegas, no eres consciente de que lo que dices se queda grabado y lo van a estar repitiendo chicas de 15 años. Ahora soy consciente con lo que digo, aun siendo subjetivo. Bajo mi sistema de valores mando mensajes.

Grabas también pequeños vídeos con píldoras reflexivas que son muy inspiradoras para mucha gente, incluso te piden consejo. ¿Cómo te sientes en este papel casi de ‘coach’?

En realidad me hace ver que hay un montón de carencias a nivel social. Recibo muchos mails y a veces sólo necesitan a alguien que les lea, te hablan de todo tipo de problemas y esperan, no sé por qué, que pueda transmitirles algo para superarlo. Yo creo que esto habla muy mal de nuestro sistema educativo. No nos han enseñado a reconocer qué es un problema y qué no, a saber que todo problema tiene una solución, a buscarla y aplicarla. La mayoría de la gente se queda en el problema.

¿Se puede decir que hay un hip hop consciente?

Eso dicen, así lo han nombrado. A mí la etiqueta como tal no es que me vuelva loco, pero tiene que ver con los raperos que hablan de vivencias personales, superación, lo que ven a su alrededor, frente a ese otro rap que habla de cosas más banales, que también está bien hablar de eso, pero no me siento cercano a ese estilo.

¿De qué está hecha la ‘energía’ de la que salió tu último disco?

Está hecha de la energía negativa, de cogerla y reciclarla. Yo creo en el poder curativo de la música, del arte en general. La mejor manera de utilizar los sentimientos malos, los que duelen, es no negarlos, cambiar su forma, redirigirlos para poder salir de ellos con fuerza. Muchas veces, cuando escribo hago una especie de carta de intenciones: sal, trabaja, haz. Me funciona. Me lo acabo creyendo a fuerza de escribirlo y de contárselo a la gente.

“Cuando me quieran ahogar, seré un pez. Cuando me pongan barreras, volaré”. ¿Has tenido tantas dificultades? ¿Viene de ahí ese camino de aprendizaje?

Claro, el mundo de la industria cultural, musical, es muy complicado, lleno de minas, obstáculos, francotiradores. He pasado por mucho y sigo pasando, lo que sucede es que cada vez es más fácil por todo el camino realizado. Por eso puedo decir que cuando me pongan barreras, volaré. Porque ya lo he hecho (risas). Pero la realidad es testaruda, está ahí. Tú tienes sueños, crees que vas a alcanzarlos y no los alcanzas. Y si sigues y luchas, quizá los alcances.

Has hecho un tema de agradecimiento a la gente que te ha acompañado en el camino. ¿Ahí es donde uno se ancla?

Es que eso es lo que te da fuerzas para seguir, aunque suene un poco cursi. No es otra cosa. Lo que me importa de lo que hago no es que me dé de comer, sino que le da un sentido a mi vida. Haces llegar cosas a gente que no conoces y que un día te sonríen por la calle. Eso es lo que me tiene enganchado.

¿De ahí viene este formato que estás haciendo con ‘Un buen club’?

Exacto, me gusta porque llega un momento en el que te acomodas como artista, ya en el escenario lo tienes todo controlado, sabes lo que va a pasar en cada momento, y se puede convertir en algo rutinario. Pero no he firmado para eso, he firmado para sentir que me gano el aplauso de la gente de verdad, que la gente entiende que me importa que estén y me gustaría agradecérselo. Planteé Un buen club con esa idea. A mí me hubiera gustado sentarme así de cerca con artistas a los que he seguido, poder preguntarles y charlar.

¿Ya eras así cuando empezabas a rapear de pequeño en Torrejón de Ardoz?

No, yo era muy normal. Mi autoestima me la ha forjado el rap. El rap me ha demostrado que sí puedo, que sí soy capaz, que merezco lo que me gano. Eso hace que la espalda-cabeza esté un poquito más recta y te sientas con posibilidades de superar casi cualquier cosa.

¿Así que le debes al ejército estadounidense tu conexión con el rap?

(Risas) Así es, pero no sólo yo, todo el país. El rap desembarcó en las bases militares estadounidenses. Ellos escuchaban rap y los niños que vivíamos cerca nos vestíamos como ellos y escuchábamos la música que escuchaban ellos. Y aquí me tienes (risas).

En ‘Ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites’  hablas de sentimientos, inseguridades, cobardías… Va a ser que los raperos no sois tan duros como parece.

No, no somos tan duros. A ver, yo antes era muy duro, cada vez lo soy menos. Soy más resistente, pero menos duro. Creo que funciona muy bien la normalidad. Vender súper héroes puede funcionar un rato, pero no creo que tenga mucho recorrido. La gente se siente identificada con gente, no con súper héroes.

¿De qué color es esta entrevista?

(Risas). Pues mira, la estoy viendo roja.

Explícaselo a los lectores para que lo entiendan…

Soy sinestésico y veo las cosas de color, bueno, más bien siento las cosas en colores. Es mucho más difícil de explicar de lo que parece. Yo me dedico a las palabras y no soy capaz de explicarlo. Por ejemplo, hay veces que sé que tengo que escribir un tema azul y sale azul. (Risas). Es así, pero es que explicarlo es muy complicado.

El Chojin estará con ‘Un buen club’ el 9 y 16 de marzo en el Café La Palma de Madrid. Y próximamente en Gran Canaria, Valladolid, Sevilla, Mallorca y Barcelona, entre otras ciudades. www.elchojin.net

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Sobre el autor

Silvia Melero
Periodista freelance convencida del poder de la comunicación para el cambio social. Hecha de palabras, sueños, músicas y lo vivido en años de radio, prensa y televisión. Trabajó en Radio Ñandutí de Paraguay y ha escrito guiones para videos de ONG y documentales en Humania TV. Colabora en revista 21 y dirige los proyectos Desinstrumentados y Cómo lo Cuento , Luto en Colores Twitter: @SilviaMeleroAba

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