15.06.2015

El Derecho al Agua y ‘la chispa de la vida’, frente a frente

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21 noviembre 2014.  Miguel Tomás Sebastián fue capturado por vecinos de Santa Cruz de Barillas (Guatemala) acusado de intentar matar a líderes comunitarios que se oponen a la hidroeléctrica española Ecoener. El tuvo que caminar atado por el pueblo antes de ser sometido a un juicio público en el parque. Las leyes mayas determinan que, en caso de conflicto entre comunidades, se puede aplicar su propia justicia.   La llegada de algunas compañías extranjeras a América Latina ha provocado abusos a los derechos de las poblaciones indígenas y represión a su defensa del medio ambiente. En Santa Cruz de Barillas, Guatemala, el proyecto de la hidroeléctrica española Ecoener ha desatado crímenes, violentos disturbios, la declaración del estado de sitio por parte del ejército y la encarcelación de una decena de activistas contrarios a los planes de la empresa. Un grupo de indígenas mayas, en su mayoría mujeres, mantiene cortado un camino y ha instalado un campamento de resistencia para que las máquinas de la empresa no puedan entrar a trabajar. La persecución ha provocado además que algunos ecologistas, con órdenes de busca y captura, hayan tenido que esconderse durante meses en la selva guatemalteca. En Cobán, también en Guatemala, la hidroeléctrica Renace se ha instalado con amenazas a la población y falsas promesas de desarrollo para la zona. Como en Santa Cruz de Barillas, el proyecto ha dividido y provocado enfrentamientos entre la población. La empresa ha cortado el acceso al río para miles de personas y no ha respetado la estrecha relación de los indígenas mayas con la naturaleza. © Calamar2/Pedro ARMESTRE

21 noviembre 2014. Miguel Tomás Sebastián fue capturado por vecinos de Santa Cruz de Barillas (Guatemala) acusado de intentar matar a líderes comunitarios que se oponen a la hidroeléctrica española Ecoener. Tuvo que caminar atado por el pueblo antes de ser sometido a un juicio público en el parque. Las leyes mayas determinan que, en caso de conflicto entre comunidades, se puede aplicar su propia justicia. © Calamar2/Pedro ARMESTRE

La ONG Alianza por la Solidaridad y el fotógrafo Pedro Armestre se han unido para presentar una de las exposiciones más reivindicativas de la edición 2015 de PhotoEspaña. ‘Derecho al Agua’, que puede verse en el centro de fotografía y cine EFTI, en Madrid, denuncia la falta de escrúpulos de muchas empresas, como Coca-Cola, cuando desembarcan en países de Centroamérica y esquilman los recursos naturales, en este caso el agua, haciéndole aún más difícil la vida a las poblaciones locales. Viajamos con ellos a El Salvador, Guatemala y Nicaragua.

Recorremos la exposición con Pedro Armestre. Lo primero que llama la atención es la fuerza de los rostros de los protagonistas de las imágenes y la vivacidad de los colores. Estamos en el corazón de Centroamérica, en paisajes idílicos, ahora a menudo ultrajados por intereses multinacionales; entre comunidades locales que, una vez más, y van muchas en la historia, ven pisoteados sus derechos más elementales.

“La exposición Derecho al Agua, con medio centenar de imágenes tomadas por Pedro Armestre, se enmarca dentro de la campaña TIERRRA para promover un desarrollo sostenible y justo cuando las empresas invierten en el exterior”, subraya Rosa M. Tristán, portavoz de Alianza.

¿Ese detalle de las tres ‘erres’ del nombre de la campaña; por qué añadir una más a Tierra? “Lleva la R de la Responsabilidad, porque es lo que debe exigirse a todas las empresas, en cualquier lugar del mundo, si su actividad impacta en su entorno y en las comunidades. Lleva la R de la Rentabilidad, porque es un concepto inherente a las inversiones privadas, que no tiene por qué ser excluyente del desarrollo sostenible. Y lleva la R de los Recursos, porque es aquello de lo que nos provee el planeta para que todos sus habitantes podamos vivir con dignidad y con derechos”.

Alianza destapa el caso de Coca-Cola, empresa denunciada en este trabajo por sobreexplotar y contaminar un acuífero en El Salvador, que afecta a unas 30.000 personas, mientras en España, por ejemplo, la multinacional del refresco desarrolla un programa de protección ambiental para cuidar acuíferos, como el que abastece de agua al Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. “Hay que decirles que lo hacen mal. Que la Responsabilidad con los recursos naturales y las poblaciones locales debe ser un compromiso global, y no sólo algo a desarrollar en los países desarrollados, porque se lo exija la legislación ambiental o por cuestiones de marketing”, destaca Rosa M. Tristán. Y más en un mundo globalizado como el de hoy, que abre caminos a los negocios de las multinacionales, pero también a que las cosas se sepan y las denuncias trasciendan fronteras. Tanto Rosa M. Tristán como Pedro Armestre, que documentó estos casos junto a la periodista Susana Hidalgo (ambos dan forma a la revista digital Calamar2, centrada en la fotografía social y  medioambiental), reconocen que Coca-Cola en ningún momento se ha dignado a dar ningún tipo de explicaciones.

Pedro Armestre atraviesa un periodo en la cresta de la ola. El año pasado recibió los premios de Periodismo Rey Juan Carlos, Ortega y Gasset y el Nacional de Periodismo Doñana. No sólo por estos reconocimientos ha sido noticia; también porque, como fotógrafo de Greenpeace, que documenta sus campañas desde 1998, ha sido víctima del acoso de la empresa eléctrica Iberdrola, que le llevó a juicio por una acción de protesta de la ONG en la central nuclear de Cofrentes. Estuvo detenido 40 horas y se ha enfrentado a un proceso judicial muy mediático -pedían para los activistas y el fotógrafo penas de cárcel de hasta 3 años-, del que finalmente ha sido absuelto de todos los cargos el pasado mes de mayo. Durante 3,5 años se ha movido “en libertad con cargos”, en un contexto que muchos han puesto como símbolo de la cada vez mayor fragilidad en este país de la libertad de prensa y expresión, más tratándose de un profesional de la fotografía. Es la estrategia de “matar al mensajero”. Pedro Armestre fue también quien convivió durante un mes con los acampados en la Puerta del Sol en el 15-M, y de cuyo trabajo salió un fabuloso libro, Plaza Tomada, que hará historia por documentar el arranque del largo recorrido de aquella protesta ciudadana, al que todos estamos asistiendo.

Alianza por la Solidaridad es una organización nacida hace dos años de la fusión de tres ONG -Solidaridad Internacional, Ipade y Habitáfrica-, que llevaban hasta 25 años trabajando en cooperación y defensa de los derechos humanos; está en 17 países de tres continentes con proyectos a través de organizaciones locales con las que se promueve el desarrollo local sostenible, los derechos humanos -especialmente de las mujeres, las personas migrantes y los desplazados por conflictos- y la acción humanitaria en casos de desastres.

El caso que más nos llama la atención de la exposición en EFTI es el de la chispa de la vida en El Salvador.

Susana Hidalgo lo ha escrito en Calamar2, en un reciente reportaje contando las vivencias de su viaje con Alianza durante casi un mes, el pasado otoño: “La lengua náhuatl relaciona el significado del río Acelhuate con un lugar paradisiaco y donde crece la vida. Pero es un río muerto. Sus aguas recorren 18 municipios de El Salvador y están llenas de basura; cuando bajan bravas la contaminación se transforma en una densa espuma en la que es imposible la supervivencia. Los salvadoreños lo saben, pero hay familias que acuden a diario al cauce del Acelhuate a bañarse, a lavar la ropa, a dar de beber a los animales y a llenar cubos para el consumo propio. No tienen otra opción. Como ellos, muchas familias en Nejapa, a 21 kilómetros de San Salvador, no disponen de agua potable en sus casas y tienen que utilizar la del río Acelhuate o caminar durante horas para llegar a pozos, muchos de ellos sin potabilizar. Las mujeres y los niños son los que se encargan de llevar el peso del bidón de agua sobre las cabezas.

Hay viviendas que supuestamente sí que tienen el suministro, pero este no funciona bien y raros son los días en los que no está estropeado. Este panorama de extrema miseria contrasta con la industria que desde hace casi dos décadas supone el mayor beneficio económico de la zona: la comercialización de bebidas carbonatadas. Una enorme botella de Coca-Cola preside las instalaciones de industrias La Constancia en Nejapa. En este lugar pegado a la carretera y del que salen constantemente camiones hacia toda Centroamérica se producen y distribuyen las marcas de refresco Coca-Cola, Fanta, Sprite, Fresca, Club Soda y Powerade, entre otras. La planta, que cuenta on la última tecnología, fue instalada a finales de la década de los años 90. Antes estaba ubicada en la zona de Soyapango, también en El Salvador, y los ecologistas señalan que el traslado se ha debido a que en su primera ubicación la empresa agotó el acuífero. Los temores de la población de Nejapa pasan por que les ocurra lo mismo con las aguas de las que depende todo el municipio, procedentes de los suelos permeables del volcán de San Salvador. Para producir un litro de Coca Cola se gastan 2, 5 litros de agua: Un litro para el producto y el resto para lavar las botellas y la maquinaria”.

Alianza por la Solidaridad ha preparado esta campaña de recogida de firmas para “pedirle a Coca-Cola que no le quite el agua a 30.000 personas en El Salvador“.

De El Salvador, nos vamos a Guatemala, a Santa Cruz de Barillas, donde las comunidades mayas han montado un campamento en el que vecinos y vecinas, adultos y niños se van alternando día y noche, semana tras semana, para impedir que las máquinas de la empresa Ecoener vuelvan a las obras para aprovechar la hidroenergía de tres saltos de agua del río Cambalan, sagrado para los mayas, en mitad de la selva. El conflicto comenzó en 2011 y se encuentra muy enquistado, pues las comunidades lo consideran una profanación de su territorio. Así lo contaba Pedro Armestre en su web el pasado noviembre, en directo, desde allí mismo: “En Santa Cruz de Barillas, el proyecto de la hidroeléctrica española Ecoener ha desatado crímenes, violentos disturbios, la declaración del estado de sitio por parte del ejército y la encarcelación de una decena de activistas contrarios a los planes de la empresa. Un grupo de indígenas mayas, en su mayoría mujeres, mantiene cortado un camino y ha instalado un campamento de resistencia para que las máquinas de la empresa no puedan entrar a trabajar. La persecución ha provocado además que algunos ecologistas, con órdenes de busca y captura, hayan tenido que esconderse durante meses en la selva guatemalteca”.

También en Guatemala, en Cobán, el proyecto Renace ha causado una enorme tensión. Armestre no entiende que las comunidades cuyo territorio ha sido cercenado por el vallado del embalse ni siquiera tengan acceso a una red pública de agua y de electricidad. Así lo contaba el pasado 25 de noviembre el fotógrafo en su blog: “María Dolores Caal, de 50 años, y su marido Ramiro Sierra, de 50, viven en Chacalté (Cobán, Guatemala), una pequeña aldea que está muy cerca de la hidroeléctrica Renace pero no tiene luz ni en calles ni en casas. Este matrimonio tiene que utilizar bombillas solares. Tienen dos hijos: Flor de María, de 5 años, y Essau, de dos. En Cobán (Guatemala), la hidroeléctrica española Renace se ha instalado con amenazas a la población y falsas promesas de desarrollo para la zona. La compañía también ha prohibido el acceso al río Cahabón para miles de personas y no ha respetado la estrecha relación de los indios mayas con el medio ambiente. Renace es una empresa guatemalteca, pero ha dado el contrato de la construcción de la hidroeléctrica a la empresa española Cobra (FCC)”. Aquí Rosa M. Tristán apostilla: “Es un caso flagrante de vulneración de derechos y de engaño. La responsabilidad social no puede consistir en regalar balones a los niños, dar tres becas para que estudien o engalanar los pueblos en fiestas. Debe ser algo más serio y estructurado”. Y fue aquí donde Armestre incluso llegó a sentir miedo a través de la fría mano de la amenaza sibilina, por parte de quienes defienden a la hidroeléctrica. De noche y aislados, el escalofrío se dejó sentir: “Empezaron a repetirnos en voz baja: ‘nos habéis decepcionado, nos habéis decepcionado’; y, claro, cuando te dicen eso en un contexto en el que ha habido varias sospechosas desapariciones de gente en contra del proyecto…, pues has de tomar medidas. Y la medida consistió en estar comunicados continuamente por el móvil con las partes de Alianza que nos habían organizado el viaje, para que en todo momento supieran dónde estábamos y con quién. Por si acaso…”.

Y de Guatemala a Nicaragua, a Chinandega, donde tras el abandono de unas minas de oro a cielo abierto por parte de una empresa multinacional, son los propios vecinos quienes explotan, sin absolutamente ninguna medida ni de seguridad ni de aprovechamiento tecnológico, y con resultados miserables, los filones de oro. Impresionan las fotos por las condiciones en que trabajan esos mineros, en chanclas o descalzos, con rudimentarias mazas, sin ni siquiera un triste casco. Además, los trabajadores emplean mercurio, auténtico veneno para el acuífero de la zona. En este caso también se quiere denunciar la irresponsabilidad de quien se marcha y punto, sin tomar medidas para que, por ejemplo, esta mina no se convierta en una trampa para mucha pobre gente.

‘Derecho al agua’, de Pedro Armestre, puede visitarse en EFTI, centro internacional de fotografía y cine, hasta el 10 de julio, dentro de la programación de PhotoEspaña15.

November 09, 2014. Felipe Ruiz, de 65 años, camina todos los días una hora de ida y otra de vuelta desde su casa hasta un lavadero natural donde, entre árboles y matorrales, se asea y limpia sus ropas. (Lavadero El Caballo, Nejapa, El Salvador). ©Calamar2/ Pedro ARMESTRE

09 de noviembre de 2014. Felipe Ruiz, de 65 años, camina todos los días una hora de ida y otra de vuelta desde su casa hasta un lavadero natural donde, entre árboles y matorrales, se asea y limpia sus ropas. (Lavadero El Caballo, Nejapa, El Salvador). ©Calamar2/ Pedro ARMESTRE

10 de noviembre de 2014. Muchas familias acuden al río Acelhuate, a 21 kilómetros de San Salvador, a bañarse, a lavar la ropa, a dar de beber a los animales y a llenar cubos para el consumo propio. La embotelladora de Coca-Cola sobreexplota el acuífero de la zona afectando al abastecimiento de las comunidades vecinas.  ©Calamar2/ Pedro ARMESTRE

10 de noviembre de 2014. Muchas familias acuden al río Acelhuate, a 21 kilómetros de San Salvador, a bañarse, a lavar la ropa, a dar de beber a los animales y a llenar cubos para el consumo propio. La embotelladora de Coca-Cola sobreexplota el acuífero de la zona afectando al abastecimiento de las comunidades vecinas. ©Calamar2/ Pedro ARMESTRE

Para producir un litro de Coca Cola son necesarios 2,5 litros de agua. ©Calamar2/ Pedro ARMESTRE

Para producir un litro de Coca Cola son necesarios 2,5 litros de agua. ©Calamar2 / Pedro ARMESTRE

Siomara Castro, 18 años: “Mi hijo enferma a menudo con diarreas y vómitos por culpa del agua sucia”. (Nueva Esperanza, Nejapa, El Salvador) ©Calamar2/ Pedro ARMESTRE

Siomara Castro, 18 años: “Mi hijo enferma a menudo con diarreas y vómitos por culpa del agua sucia”. (Nueva Esperanza, Nejapa, El Salvador) ©Calamar2/ Pedro ARMESTRE.

La embotelladora de Coca-Cola sobreexplota el acuífero de Nejapa afectando al abastecimiento de las comunidades próximas. Los vecinos deben acudir a los ríos y quebradas para asearse y lavar sus enseres y ropas.  Para producir un litro de Coca-Cola son necesarios 2,5 litros de agua. (Quetzaltepeque, Nejapa, El Salvador).  ©Calamar2/ Pedro ARMESTRE

La embotelladora de Coca-Cola sobreexplota el acuífero de Nejapa afectando al abastecimiento de las comunidades próximas. Los vecinos deben acudir a los ríos y quebradas para asearse y lavar sus enseres y ropas. Para producir un litro de Coca-Cola son necesarios 2,5 litros de agua. (Quetzaltepeque, Nejapa, El Salvador). ©Calamar2/ Pedro ARMESTRE

En 2011 las comunidades mayas iniciaron una fuerte oposición al proyecto de instalación de la hidroeléctrica española Ecoener en la zona e impidieron la entrada de las máquinas. © Calamar2/Pedro ARMESTRE

En 2011 las comunidades mayas iniciaron una fuerte oposición al proyecto de instalación de la hidroeléctrica española Ecoener en la zona e impidieron la entrada de las máquinas. © Calamar2/Pedro ARMESTRE

Una niña descansa en una estantería del campamento de resistencia instalado contra la hidroeléctrica española Ecoener. Las mujeres y los niños vigilan durante el día. Por la noche toman el relevo los hombres más jóvenes. El río Cambalam, donde la hidroeléctrica española pretende instalarse, cruza la selva guatemalteca con varias cascadas y es sagrado para las poblaciones mayas. "La fuerza y la naturaleza del jaguar y el tigre bañado en oro", significa Cambalam en el dialecto kanjobal. Los vecinos que se oponen al proyecto mantienen desde 2011 un campamento las 24 horas para evitar el paso de las máquinas de la empresa. © Calamar2/Pedro ARMESTRE

Una niña descansa en una estantería del campamento de resistencia instalado contra la hidroeléctrica española Ecoener. Las mujeres y los niños vigilan durante el día. Por la noche toman el relevo los hombres más jóvenes.
El río Cambalam, donde la hidroeléctrica española pretende instalarse, cruza la selva guatemalteca con varias cascadas y es sagrado para las poblaciones mayas. “La fuerza y la naturaleza del jaguar y el tigre bañado en oro”, significa Cambalam en el dialecto kanjobal. Los vecinos que se oponen al proyecto mantienen desde 2011 un campamento las 24 horas para evitar el paso de las máquinas de la empresa. © Calamar2/Pedro ARMESTRE

La hidroeléctrica Renace se ha instalado en la zona con amenazas a la población y falsas promesas de desarrollo. La empresa ha cortado el acceso al río para miles de personas y no ha respetado la estrecha relación de los indígenas mayas con la naturaleza.  María Dolores Caal y Ramiro Sierra viven en Chacalté, una aldea que está muy cerca de las instalaciones de Renace, pero no disponen de luz eléctrica. Su única fuente de iluminación es una linterna solar. ©Calamar2/ Pedro ARMESTRE

La hidroeléctrica Renace se ha instalado en la zona con amenazas a la población y falsas promesas de desarrollo. La empresa ha cortado el acceso al río para miles de personas y no ha respetado la estrecha relación de los indígenas mayas con la naturaleza. María Dolores Caal y Ramiro Sierra viven en Chacalté, una aldea que está muy cerca de las instalaciones de Renace, pero no disponen de luz eléctrica. Su única fuente de iluminación es una linterna solar. ©Calamar2/ Pedro ARMESTRE.

En Chinandega (Nicaragua) cientos de hombres se ganan la vida trabajando en las minas de oro sin ningún tipo de protección y expuestos a la muerte. La extracción se realiza en minas de cielo abierto donde el peligro de derrumbe es constante y los accidentes frecuentes. Los inversionistas extranjeros compran después el oro extraído a un precio muy bajo y así evitan hacerse cargo de los gastos que supondría comprar la mina e invertir en seguridad. © Calamar2/ Pedro ARMESTRE

En Chinandega (Nicaragua) cientos de hombres se ganan la vida trabajando en las minas de oro sin ningún tipo de protección y expuestos a la muerte. La extracción se realiza en minas de cielo abierto donde el peligro de derrumbe es constante y los accidentes frecuentes. Los inversionistas extranjeros compran después el oro extraído a un precio muy bajo y así evitan hacerse cargo de los gastos que supondría comprar la mina e invertir en seguridad. © Calamar2/ Pedro ARMESTRE

La pobreza extrema de la zona provoca además que mujeres y niños esperen durante horas y sin dormir a que los mineros les regalen un saco de tierra, con la esperanza de que contenga el metal precioso. Para separar el oro del resto de minerales, los trabajadores utilizan mercurio que termina en los acuíferos. La contaminación de los recursos hídricos aumenta sin control y el mercurio pasa a formar parte de la cadena alimenticia generando graves problemas para las comunidades, así como para la fauna y flora. © Calamar2/ Pedro ARMESTRE

La pobreza extrema de la zona provoca además que mujeres y niños esperen durante horas y sin dormir a que los mineros les regalen un saco de tierra, con la esperanza de que contenga el metal precioso. Para separar el oro del resto de minerales, los trabajadores utilizan mercurio que termina en los acuíferos. La contaminación de los recursos hídricos aumenta sin control y el mercurio pasa a formar parte de la cadena alimenticia generando graves problemas para las comunidades, así como para la fauna y flora. © Calamar2/ Pedro ARMESTRE

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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