El Roto inspirado en Goya sacude conciencias desde El Prado

El Roto inspirado en Goya sacude conciencias desde El Prado

De aquellos polvos…. Estos lodos. El Roto.

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De aquellos polvos…. Estos lodos. El Roto.

Andrés Rábago, El Roto, lleva al claustro de los Jerónimos del Museo del Prado 36 dibujos fuertemente inspirados en su admirado Goya. Su forma austera y directa de reflejar la violencia machista, la crítica a la iglesia, al abuso de poder… nos sacude y nos abre los ojos a lo esencial como una bofetada. La muestra ‘No se puede mirar’ puede visitarse hasta el 16 de febrero.

Sacarnos una sonrisa para un instante después convertirla en una mueca de horror. Es uno de los logros de Andrés Rábago, El Roto, que no solo consigue remover nuestra conciencia desde hace décadas con sus punzantes viñetas en medios impresos, sino también, y de forma igualmente potente, con los dibujos que se exhiben estos días, en plena celebración de sus 200 años, en el Museo del Prado.

La muestra se compone de 36 dibujos a la aguada que el artista realizó durante 2018 para ser expuestos en la pinacoteca madrileña y está íntimamente unida a la obra de Goya, especialmente a sus dibujos, que se exponen unos pisos más abajo, bajo el título Solo la voluntad me sobra.

Son muchos los lazos que unen la obra de ambos artistas, separados por un lapso temporal de dos siglos. Sin pensarlo mucho brotan las similitudes: el reflejo descarnado de la sociedad del momento, sus vicios, sus lacras más vergonzosas, la miseria moral… Todo ello mostrado con genialidad y sin tapujos, de forma que nos golpea en la cara y nos obliga como espectadores, lo queramos o no, como mínimo a reflexionar.

Curiosamente, la muestra de El Roto lleva por título No se puede mirar, haciendo referencia directa a uno de los dibujos del genio de Fuendetodos, y con un doble juego como significado: lo que los poderosos/abusadores no nos permiten ver, lo que quieren ocultar para que sigamos en la inopia y no podamos denunciarlo (aquella vieja, pero efectiva idea de “pan y circo”); y también lo que no podemos ver porque es tan inmoral y tan real que nuestro primer impulso es retirar la mirada.

Entre estos 36 dibujos de El Roto encontramos, por ejemplo, Nos vigilan, con un enorme ojo con alas de murciélago que escruta el mundo entero y nos lleva a pensar en ese Gran Hermano orwelliano que todo lo ve y que busca el control absoluto. También resulta impactante La contaminación, dibujo inspirado en el Perro semihundido de Goya, en el que El Roto cambia la figura del animal por la caricatura de Goofy, el personaje de Disney.

La última comunión. El Roto.

Estos dibujos toman como referencia obras del genio aragonés y les da una vuelta de tuerca. ¿Tenemos en mente el aguafuerte de Goya titulado Tampoco? En él se ve a un hombre ahorcado en un árbol. El Roto lo reinterpreta y muestra al hombre ahorcándose a sí mismo, porque, tal como indica su título, ahora Tampoco hay árboles.

Otro ejemplo es el satírico Saturno devorando salchichas, en el que vemos al dios mitológico y enloquecido de Goya, pero en la actualidad orondo, no comiéndose a su propio hijo, sino una buena ristra de carne ultraprocesada.

La vida puesta al día.

El humor de esta muestra, cuando lo hay, es siempre negro. Y a veces cuesta encontrarlo y creemos estar ante obras 100% dramáticas, que nos sacuden de la cabeza a los pies, por el dolor y el miedo que reflejan; y principalmente porque esos sentimientos son los nuestros, ya que el artista apunta directamente a la ética, a la moral más profunda, al alma misma. Hay críticas directas e inequívocas al abuso de poder (como en el retrato ecuestre en el que el caballo es el mendigo y el jinete el hombre rico), a la Iglesia y a la violencia machista.

No se puede mirar se encuentra en el claustro del edificio de los Jerónimos, una zona espléndida con luz natural, que contrasta de forma rotunda con el dramatismo de las obras, casi todas ellas en blanco y negro, a las que El Roto añade a veces una puntada de color, principalmente rojo o amarillo, para enaltecer aún más la intensidad de las mismas.

En este claustro del Madrid de los Austrias, hasta el día 16 de febrero de 2020, las esculturas de los artistas italianos Leone y Pompeo Leoni, todas ellas figuras de la familia del emperador Carlos V, contemplan desde su posición de realeza la crítica social que, inspirada en Goya, presenta un artista madrileño en el siglo XXI.

Nos vigilan. El Roto.

Saturno devorando salchichas.

Goya: ‘Solo la voluntad me sobra’

Es cien por cien recomendable (podríamos decir que imprescindible) ir, como siempre, con tiempo al Museo del Prado y visitar primero, en las salas A y B de la planta 0 del mismo edificio, la espectacular exposición de los dibujos de Goya. Afirmamos con conocimiento de causa que no se sale de ella como se entra. El revulsivo al contemplar sus cuadernos (de viejas y brujas, de Burdeos, de Madrid, de Sanlúcar, el cuaderno italiano…), con dibujos preparatorios a lápiz rojo, así como sus grandes series (los Caprichos, los Desastres, Tauromaquia…) es máximo.

La violencia contra la mujer, la falta de compasión, la brujería, la superstición, la crítica a la nobleza que se aferra a valores del pasado o la miseria humana en todas sus facetas son algunos de sus temas más recurrentes. La maravillosa capacidad del artista para titular sus obras es también impagable; solo un ejemplo, El espartero borracho que no acierta a desnudarse y dando buenos consejos a un candil incendia la casa.

El último de los dibujos de esta exposición, que nos prepara para subir a continuación a deleitarnos también con la de El Roto, corresponde a la hoja 54 del Cuaderno de Burdeos de Goya. Está hecho a lápiz negro sobre papel perjurado y muestra un autorretrato del artista ya anciano, sosteniéndose en pie a duras penas, ayudado por dos bastones. Su título, Aún aprendo.

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