22.06.2019

Francisco Negrín: “’El Trovador’ nos cuenta cómo el pasado no nos deja vivir»

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El director de escena Francisco Negrín. Foto: Jonathan Hernández.

El Teatro Real de Madrid estrena un nuevo montaje de El Trovador de Verdi para el que ha contado con el director de escena Francisco Negrín, un reconocido regista, biznieto del político republicano Juan Negrín y reclamado no solo por los teatros más importantes del mundo sino también para organizar grandes eventos en estadios. «Vivimos, en todas las épocas, completamente atados a nuestro pasado. Nunca vivimos el presente. ‘El Trovador’ es una historia de fantasmas que nos atormentan». 

La vida del director de escena Francisco Negrín bien podría dar para el argumento de una ópera. Podría ser un personaje de una ópera dentro de una ópera como ese maravilloso La Roche del Capriccio de Strauss que acaba de triunfar en el Teatro Real. Y es que Francisco Negrín, como la ópera, es vehemente, apasionado, eficaz, pulcro y divertido, muy divertido. Nació en Ciudad de México en 1963 y su idilio con la ópera comenzó como empiezan las mejores historias de amor: por casualidad.

De aquella casualidad ha llegado a ser uno de los directores más solicitados por los mejores teatros de todo el mundo y por organizadores de grandes eventos de estadio como, por ejemplo, los Juegos Panamericanos que se celebrarán en Lima el mes que viene y para el que ha sido contratado para dirigir su ceremonia de apertura. El próximo día 3 trae al Teatro Real de Madrid la que es su segunda producción de El Trovador de Verdi. Una puesta en escena que estrenó en la ópera de Montecarlo y más tarde se pudo ver en la Royal Danish Opera de Copenhague, teatros con los que el Real coproduce este espectáculo.

Francisco Miguel es bisnieto del doctor Juan Negrín López, que fue presidente del Gobierno de la República Española entre 1937 y 1939 y más tarde -ya fuera de España y hasta 1945-, presidente en el exilio. Accede a narrar su historia familiar. Lo dice con un acusado acento francés: “No tengo ningún problema en contártelo, aunque tal vez sea un poco anecdótico“. Y comienza el relato: “Mi bisabuelo huyó de España por la guerra y tuvo una casa en el sur de Francia. Más tarde tuvieron que volver a escapar hacia Estados Unidos, porque venían los alemanes. El hijo de Juan Negrín, mi abuelo, fue también médico cirujano y adquirió fama en el mundo de la medicina. Acabó dirigiendo un hospital en Nueva York. Su mujer, mi abuela, era actriz. Tuvo una fructífera carrera en Hollywood, pero también fue muy apreciada en el cine latino. Mi padre y mi madre se conocieron en Nueva York, pero decidieron establecerse en México y montar una pequeña empresa. Mi madre era diseñadora de moda, así que decidieron lanzar una marca de prêt-à-porter para mujeres embarazadas, algo que no había en México. Por eso nací allí. Pero a los nueve años nos volvimos a Europa, a la casa de Francia en la que se había criado mi padre“.

¿Fue un poco cerrar un círculo?

Bueno, a mis padres les pareció que en aquella época culturalmente era más interesante para sus hijos ser criados en Europa.

¿Cómo descubriste el mundo de la ópera?

Más bien fue la ópera la que me descubrió a mí. (Risas). Entré de figurante.

¿Cómo es eso?

Estaba estudiando cine y literatura en la universidad de Aix-en-Provence y a la vez estaba matriculado en voz en el Conservatorio. Siempre me interesó la música. De joven quería ser coreógrafo. Ya sabes que en verano hay un festival de ópera importantísimo allí. Al final de los exámenes me estaba paseando por la ciudad con una camiseta que decía Hawai y un tipo de Hawai que estaba en una terraza me gritó para que me sentara con él. Resulta que era el pianista de Caballé, nada menos.

Un momento del montaje de ‘El Trovador’ que se verá en Madrid. Foto: F. Negrín.

¿Y qué paso?

Me dijo que estaba metido en el mundillo del festival y me ofreció la posibilidad de ser figurante. Así que terminé siendo extra en una producción de La Flauta Mágica de Mozart dirigida por el rumano Lucian Pintilie, que no hablaba inglés pese a que la mayor parte de su reparto eran cantantes americanos e ingleses. Dependía mucho de su ayudante de dirección para hacerse entender. El ayudante de dirección enfermó y saber idiomas jugó a mi favor. Empecé a hacerme imprescindible y a asumir cada vez más funciones de ayudante y menos de figurante. (Carcajadas). El enfermo no volvió nunca, así que me quedé de ayudante y al año siguiente el festival me contrató como ayudante. Y al siguiente, de regidor.

De película.

Exacto. Una paradoja para alguien que estudió cinematografía, pero que jamás trabajó en el cine. (Vuelve a reír a carcajadas).

¿Cómo has afrontado la puesta en escena de ‘El Trovador’ que podremos ver en el Teatro Real a partir del 3 de julio?

Mi principal problema fue ese dilema conocido de que El Trovador tiene un libreto un poco absurdo. Es difícil de entender porque los sucesos no ocurren, sino que se cuentan. Y, además, las cosas que ocurren son un poquito difíciles de tragar porque o bien son demasiado dramáticas o poco creíbles. La música no tiene esos problemas, la música es muy potente y teatral, así que quise ser muy fiel a la música y un poco infiel al libreto, pero sólo para contarlo mejor. Para llevar al público de la mano por ese laberinto ayudado por la música y por lo que los libretistas querían contar.

¿Darle una ayuda al público?

No todas las obras maestras son obras maestras en todos sus aspectos y tengo claro que no voy a ser yo quien arreglé a Verdi o a Mozart, pero sí creo que es mi deber asegurarme de que el espectáculo que propongo al público funcione. Y no es para nada una cuestión de ego, es más bien lo contrario.

Entonces, ¿cómo es en esencia tu propuesta?

Una vez resueltos esos problemas de dramaturgia de los que hablábamos, lo que quise fue que el público supiera por qué le estamos contando esta historia. Y se la contamos básicamente porque es divertida, es una aventura. Yo creo que se va al Trovador como se va a ver cine negro o una película de acción. Es una película de acción y un melodrama romántico al mismo tiempo.

La música de Verdi nos cuenta cómo el pasado no nos deja vivir. Nos cuenta cómo el pasado mata nuestro presente y nuestro futuro. Vivimos, en todas las épocas, completamente atados a nuestro pasado. A lo que nos enseñaron nuestros padres, a lo que hicieron nuestros antepasados… Las guerras empiezan casi siempre por rencillas del pasado. Todo es venganza o querer recuperar algo que tuvimos. Nunca vivimos el presente. Creo que El Trovador es una historia de fantasmas que nos atormentan. Toda la estructura de la ópera está basada en una venganza del pasado.

Siendo biznieto de Juan Negrín creo que es preciso preguntarte por los fantasmas de tu pasado.

Huí de ese pasado y por eso no me siento atado a él. Quizás por eso no lo había pensado, me interesa tanto ese aspecto de El Trovador… Mira, yo de niño fui el que nunca quiso saber nada. En mi casa se hablaba bastante de historia y política, te podrás imaginar… A mi hermano mayor le interesaba mucho, así que tuve la típica reacción de los hermanos pequeños: si le interesa a él, a mí no.

Pero también creo que el rechazo fue una reacción a toda aquella situación relacionada con el exilio, el miedo, la persecución. Mi familia siempre se acostumbró a no contar cosas o a contar una versión de cómo habían acontecido las cosas. Así que muy pronto supe que no me interesaba nada aquella historia. Mi abuela era actriz y decidí que me interesaba mucho más ese lado artístico de mi familia que la política.

Un momento de la ceremonia de apertura de los ‘Asian Indoor and Martial Arts Games’ que dirigió Francisco Negrín en Ashgabat, Turkmenistan. Foto: Luca Parisse.

En el mundo de la ópera pasa una cosa tremenda. El 90% de los abucheos que he escuchado en teatros van dirigidos a los directores de escena. ¿Te sientes, como parte del colectivo, maltratado en cierto sentido por el público?

No. Para nada. Me parece que ese tipo de vehemencia es algo muy latino. Bueno, es cierto que se da también en otros lugares. Lo que sí creo es que las expectativas del público varían bastante dependiendo del lugar en el que estés. Incluso difiere por teatros: las expectativas en la English National Opera son muy diferentes que en la Royal Opera House, estando en la misma ciudad. A veces hay público que va al teatro a que le sorprendan y le hagan crecer, y si le dan algo muy tradicional pues también se enfada.

Cuando entrevisté a Pablo Heras-Casado le pregunté por su relación con los directores de escena y él me dijo que lo importante para él es que los directores de escena respeten el espíritu de la obra y no su propio ego. ¿Sois un colectivo profesional que tiene fama de tener mucho ego?

Sí, claro. Pero también lo tienen los cantantes. (Ríe a carcajadas). Ahora en serio: depende mucho de la persona y el caso específico, y es horrible que se generalice en cualquier sentido. Se habla mucho del divismo porque es más divertido. Pero, mira, yo creo que la mayoría de los directores están por respetar absolutamente las obras a las que se enfrentan. Respeto absoluto al espíritu de la obra. Es cierto que no puedes seguir muchas veces anotaciones al texto que se hicieron hace siglos y que hoy no tendrían el mínimo sentido, pero respetar el espíritu de la obra sí creo que es fundamental.

Una de las quejas más recurrentes de este tipo de público tan exigente estriba en lo que suelen denominar ‘moderneces’ como situar ‘La bohéme’ en una nave espacial y en la Luna, por poner un ejemplo. ¿Notas esa presión del público a la hora de enfrentarte a un montaje nuevo?

No me parece que esa sea la pregunta correcta.

¿Cuál es la pregunta correcta entonces?

La cuestión no es si se moderniza o no. Es si lo que se hace tiene sentido o no.

Adelante, respóndete. (Risas)

¿Vamos a abuchear a Mozart porque en su época el vestuario era contemporáneo y no vestían a los romanos de romanos cuando montaban La clemenza di Tito, por ejemplo? No. Porque lo que estaba haciendo era algo que tenía sentido para su público y para su tiempo. Él no quería transmitir un documental sobre las togas romanas, sino más bien hablar sobre cómo deben ser los gobernantes. Así que lo importante es que las cosas tengan sentido. En cualquier caso, creo que el abucheo está un poco sobrevalorado. Me parece que el problema es falso. Todo el mundo tiene prejuicios, pero no se puede ir con prejuicios al mundo cultural, para eso ya existe el fútbol.

¿Qué ópera te gustaría montar que no has podido dirigir todavía?

Les Boréades, de Rameau. Creo que he nacido para hacer óperas barrocas francesas y nadie me las pide. Es un llamamiento que ya he hecho tantas veces en persona… Son muy caras de producir, pero estoy convencido de que llegará. A su tiempo, llegará.

El Trovador de Verdi. Teatro Real del 3 al 25 de julio. 

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Sobre el autor

Manuel Cuéllar
El 12/12/12 decidió poner en marcha esta revista después de una experiencia profesional de 17 años en el diario EL PAÍS, donde se convirtió en un periodista todoterreno. Se licenció en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid y cursó el máster en la Escuela de Periodismo UAM/EL PAÍS. Periodista convencido de las bondades de las nuevas tecnologías, cubrió el 15 M por Twitter y otras redes sociales. Puedes seguirme en mis cuentas personales de Twitter, Facebook e Instagram. Gracias.

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2 comentarios

  • El 22.06.2019 , Francisco Carrasco Limón ha comentado:

    Encantado con la entrevista y con el entrevistado. Desconozco su obra pero la entrevista vislumbra un personaje lúcido, humano y artista. Os pongo en mi lista para leer, escuchar y ver… disfrutándoos

    Gracias Manuel Cuéllar, gracias Francisco Negrín

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