21.04.2016

Elena Ramírez, editora de Seix Barral: “Aquí la piratería es salvaje y no se hace nada”

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Elena Ramírez, directora de Seix Barral. Foto: Marc Arias.

Elena Ramírez, directora de Seix Barral. Foto: Marc Arias.

Se acerca la gran fiesta de los libros este fin de semana. Para celebrarlo, en ‘El Asombrario’ hemos preparado una serie de artículos que reivindican el valor de los libros para entender la realidad que nos rodea. Comenzamos con esta entrevista a una de las editoras más importantes de España, Elena Ramírez, al frente de Seix Barral, un sello de larga y prestigiosa trayectoria, y de brillante presente, que cuenta con autores como Vila-Matas, Muñoz Molina y Jesús Carrasco. Una entrevista en profundidad que nos desvela muchas claves del apasionante trabajo de un editor y la trastienda de la literatura.

Ni Seix Barral ni Elena Ramírez necesitan presentación: hoy en día son dos nombres claves del panorama literario español. Y decimos con énfasis literario porque, si bien una tendería a pensar que una novela o es literaria o no es, el actual escenario ha demostrado que lo literario es, para muchos, un elemento del todo prescindible. No, sin embargo, para Elena Ramírez, que, desde que entró en Seix Barral en el año 2000 ha conseguido resituar la editorial, fundada por Carlos Barral y Víctor Seix, en el centro de la producción literaria desde el más inamovible principio de la exigencia. Ramírez ha restituido a Seix Barral la capacidad prescriptora, la confianza lectora y los grandes nombres de la literatura. Con ella volvió a esa casa Muñoz Molina y se incorporaron en el catálogo nombres como Enrique Vila-Matas, Ignacio Martínez de Pisón, Clara Usón y Elvira Lindo; a la vez que se siguió impulsando la consagración de nuevas voces literarias y, gracias a esa constancia, hoy ya nadie titubea frente a Menéndez Salmón, Jesús Carrasco, Laura Fernández o Pablo Gutiérrez. Con Ramírez, asimismo, Seix Barral se ha consolidado como uno de los sellos claves de la literatura internacional, publicando a autores como Salman Rushdie, DeLillo, Safran Foer, Cesare Pavese y Octavio Paz.

Seix Barral es un sello con una extensa historia y, hoy día, para muchos lectores, es difícil pensar en Seix Barral sin evocar el Seix de Carlos Barral. ¿Cómo hacer pervivir la herencia de Barral y, a la vez, afirmar el sello en su personalidad de hoy?

El sello Seix Barral de siempre no ha sido solo y únicamente el de Carlos Barral, en tanto que en la historia de Seix ha habido un gran nombre de editores que trazan una larga trayectoria. Una de las cosas que ha unido entre sí a los distintos proyectos editoriales de Seix Barral, y con esta intención hemos dado continuidad al sello, primero Adolfo y después yo, ha sido el hecho de que siempre se ha mantenido el espíritu que ha definido desde el inicio a la editorial, si bien se ha ido adaptando a los diferentes tiempos, a las nuevas corrientes y, evidentemente, a los gustos personales de cada editor: Seix Barral se ha mantenido siempre fiel a tres principios fundamentales: una vocación muy estricta de calidad literaria, un gusto muy ecléctico y la voluntad de dar paso a voces nuevas de una manera muy proactiva.

Tres principios donde el eje central es la calidad literaria.

Sí, aunque nosotros tenemos la referencia histórica y mental de un Seix Barral muy literario, a mucha gente le sorprendería encontrar en el catálogo desde Joan Baez, Marsé o Martín Santos hasta Dominique Lapierre o desde best-sellers como No sin mi hija hasta veintitantos premios Nobel, es decir, encontrar en un mismo catálogo ejemplos de literatura muy comercial a autores como Junger o Sabato o Neruda. Con esto lo que quiero decir es que Seix Barral siempre ha ofrecido una biblioteca muy variada; en tiempos de Carlos Barral muy volcada, aunque no en exclusiva, en la literatura hispanoamericana, mientras que en tiempos de Mario Lacruz, sin abandonar esta deriva, Seix Barral se hizo tremendamente fuerte en literatura internacional, con autores como Patrick Süskind, autor de El Perfume, o Susanna Tamaro o Kristeva, Queneau, Jane Frame o Hemingway…, por citar sólo unos cuantos.

¿Y fue en torno al año 2000 que el catálogo fue ampliando su mapa de interés con la incorporación de obras provenientes de Oriente?

No exactamente, puesto que la literatura oriental no llegó de la mano de Adolfo García Ortega, sino de Basilio Baltasar y su equipo. Cuando Adolfo comenzó a dirigir la editorial en el año 2000 se encontró en el catálogo distintos títulos de temática budista-oriental, temáticas a las que en principio ni él ni yo dimos continuidad más que cuando predominaba el estricto criterio de calidad: incorporamos o mantuvimos autores orientales solo si la calidad literaria lo exigía, pero era la calidad aquello que justificaba su inclusión y no su origen o corriente de pensamiento.

La ampliación geográfica del catálogo y la pérdida de centralizad en Hispanoamérica a favor, entre otros, de la literatura anglosajona, ¿a qué crees que se debe?

Creo que fue un cambio de interés creciente de la sociedad en general, cegada por lo anglosajón en todas las disciplinas culturales. Afortunadamente, ahora mismo volvemos a encontrarnos con un interés creciente por Hispanoamérica a través de autores como Samanta Schweblin, Selma Almada, Andrea Stefanoni o Juan Manuel Robles. No sé si hay una razón concreta que explique ese movimiento que comentas y tampoco creo que la cuestión sea poner en confrontación España e Hispanoamérica; más bien creo que se trata de un fenómeno de permeabilidad entre literaturas y voces literarias, un fenómeno que es general y que no tiene solamente que ver con España versus Hispanoamérica. Es perfectamente equiparable la relación de permeabilidad entre la literatura de Colombia con la de México o la de Argentina con la de México a la relación de España con cualquiera de estos países: la permeabilidad es un fenómeno variable que se enfrenta a momentos de menor receptividad y, por tanto, de menor permeabilidad, y a momentos más fructíferos. Yo creo que de alguna manera, durante un tiempo, la literatura hispanoamericana posterior al boom estuvo tremendamente perjudicada y tocada, en parte por la resaca de aquella ola y porque nosotros, a finales de los noventa e inicios del 2000, vivimos una suerte de pelotazo entusiasta por todo lo que no fuera castellano.

Un cambio de entusiasmo que parece que se fue mitigando con el tiempo.

Durante algunos años las editoriales apostaron menos por autores de allí a la vez que allí también disminuyeron las publicaciones de autores de aquí, instaurándose una suerte de barrera psicológica: peor acogida, peor receptividad por parte de medios, peor venta…. Ahora, por lo contrario, cada vez es más frecuente encontrar autores hispanoamericanos que publican directamente aquí o autores que no tienen una amplia comercialización en distintos países hispanoamericanos, pero que son contratados por editoriales de aquí o incluso en Estados Unidos. Yo misma acabo de contratar a Paulina Flores, una joven e impactante autora chilena que ha publicado en una editorial pequeña en Chile y que no es conocida en el resto de Hispanoamérica.

Durante años publicar en España era sinónimo de consolidación literaria, como se observa, por ejemplo, en parte de la correspondencia entre Gimferrer y Octavio Paz. ¿Han cambiado las cosas?

Creo que de alguna manera sigue siendo así en el imaginario colectivo; no puedo decir que ya no sea así por completo, aunque es evidente que cada vez hay más excepciones que apuntan a que ya no hay autopistas unidireccionales. Fíjate en cuántos autores, antes de haber sido publicados aquí y, por tanto, antes de haber obtenido ningún éxito en España, pasan directamente de Hispanoamérica a ser publicados en Estados Unidos y, solo posteriormente, llegan a España; o cuántos han logrado mayor éxito crítico en Estados Unidos que en España; pienso, por ejemplo, en Juan Gabriel Vásquez o en Santiago Roncagliolo. Dicho esto, sí es cierto que en el imaginario de muchos autores del otro lado del charco sigue estando la idea de que la consolidación literaria pasa exclusivamente por España. La proliferación de editoriales independientes (pienso en Argentina, por ejemplo, o México) literarias ha servido de plataforma de despegue para muchos de estos autores.

Y, en relación a la consolidación, varios editores me han comentado que uno de los retos más complicados es la implantación en el mercado de autores jóvenes españoles todavía no conocidos por los lectores.

Yo no puedo decir lo mismo.

¿No tienes la misma experiencia?

Apostar por un autor desconocido es siempre más arriesgado que apostar por un valor seguro, y pongo las comillas porque no me creo nada estas etiquetas. Yo soy más bien de la idea de que se hace y se trabaja cada libro independientemente, y creo que aquello que puede resultar más difícil es el posicionamiento del libro que no lleva un autor reconocido detrás. Yo siempre digo que trabajo con autores antes que con libros: cuando publiqué por primera vez a Jesús Carrasco tenía muy claro que lo publicaba porque la novela me parecía una maravilla, pero también sabía que si Intemperie no funcionaba, yo iba a seguir publicando igualmente a Jesús. Algo parecido sucedió con Ricardo Menéndez Salmón; La ofensa funcionó muy bien, mientras que alguna novela posterior no tuvo ese mismo éxito; sin embargo, yo tenía muy claro que era un autor al que yo iba a seguir apoyando mientras él confiara en nosotros. Muchas veces, cuando miramos a esos valores seguros, nos olvidamos, ante todo, de que hubo un tiempo que estos autores no estaban en absoluto consolidados y también que no toda su carrera fue homogéneamente estable. Por eso creo que la labor del editor, entre otras cosas, no es solo la de publicar libros, sino la de consolidar trayectorias.

Es decir, el editor como alguien que acompaña al autor a lo largo de su carrera y no solo en la publicación de un libro.

Efectivamente. La labor del editor es la de compartir experiencias con su autor y la de tutelar su carrera. Pero, volviendo a lo que comentabas antes acerca de los autores jóvenes, por un lado entiendo lo que dicen mis compañeros de que quizás sea más complicado posicionar a un autor desconocido y, por otro lado, creo que cada editorial encuentra su especialización y su credibilidad en determinados ámbitos y, por tanto, les puede resultar más fácil determinados proyectos y más complicados otros. Cuando yo me saqué un ratón de la manga [se refiere a la novela Firmin de Sam Savage, publicada en 2007], los lectores me creyeron; cuando yo publiqué La elegancia del erizo, antes de que tuviera el éxito que tuvo luego, me creyeron, como también me creyeron con Carrasco. Es verdad que ha habido muchos otros casos en los que la apuesta no me salió bien, pero no he encontrado particular facilidad apostando por autores ya consolidados. Menos hoy en día en que no puede darse nada for granted.

Supongo que se trata de obtener la credibilidad por parte del lector, es decir, que el lector, aun no conociendo ni el autor ni el título, apueste por un libro porque se fía en cuanto es avalado por un determinado sello.

Se trata de credibilidad y se trata de una cierta fortaleza para posicionar una determinada recomendación por parte del sello. Cuando yo llegué a Seix Barral contratada por Adolfo García Ortega, la editorial tenía evidentemente prestigio histórico del sello, pero el público se había hecho mayor, Seix Barral se veía antiguo, llevaba muchos años de cambios e inestabilidad, necesitaba, por tanto, conectar con un público nuevo y recuperar esa capacidad de prescripción que había tenido. Cuando después de muchos años de trabajo, muchos años, escuché en una librería: “Si es un libro de Seix Barral me fío” y algunos libreros y la red comercial me confirmaron que habíamos recuperado la labor de prescripción, me sentí muy contenta porque para una editorial literaria esto significa vida: significa más tiempo de vida para los libros y significa tener la posibilidad de crear catálogo nuevo dando continuidad al anterior.

Y en relación a la vida de los libros, con un ritmo tan frenético de publicación, con un elevado número de publicaciones y con los breves tiempos de promoción, ¿cómo hacer que los libros no caduquen y mantener vigente el catálogo?

Cada libro tiene su historia, cada libro su particularidad y, por tanto, su particular vida dentro del catálogo de una editorial. Asimismo, cuando se dice que actualmente el ciclo de vida de los libros es muy corto es una realidad que en un 80% implica más radicalmente a la literatura comercial: un libro de un sello muy comercial que sale a la calle con la intención de ser todo un éxito, si en un mes no se ha movido entre los más vendidos es muy difícil que se mueva (siempre hay excepciones). En el caso de Seix Barral, pero también en el caso otras editoriales literarias, los libros tienen una vida más larga en las librerías. Y hablando en concreto de nuestro catálogo, cada libro tiene su propia trayectoria: cuando elaboramos el catálogo, somos conscientes de que hay libros con vocación de long-sellers y otros quizá más efímeros por tratar, por ejemplo, un tema de actualidad. A la pregunta de cómo mantener vivos los libros, hay un elemento que ha sido clave y nos ha ayudado mucho: la velocidad de las reimpresiones.

¿Los avances técnicos han permitido que la reimpresión sea más rápida y más económica?

Antes, para reimprimir, tenías que tener como mínimo una previsión de ventas de 2.000 ejemplares para imprimir en offset, mientras que ahora cada semana revisamos la novedad y el fondo, y así como hay reimpresiones de 3.000 también las hay de 300, según el libro y su demanda.

Es decir, que lo importante es que el lector tenga siempre disponible el catálogo.

Eso es. De todas formas hay una cosa que, por lo general, la gente no sabe y me gusta explicar: muchas veces mantener los catálogos de las editoriales no depende exclusivamente de la voluntad del editor, sino de los lectores. Si yo tengo un libro, pero tú no lo compras, yo pierdo el contrato y el libro se muere.

Me estás diciendo que en parte, está en manos del lector hacer sobrevivir los catálogos.

Está en manos del editor mantener disponible el catálogo y del lector comprar los libros. Yo he perdido libros por distintos motivos, pero también es cierto que hay muchas joyas de catálogos de estupendas editoriales que sin una venta mínima se han perdido los contratos para siempre. Yo confío que, como sucede en aquellos lugares donde el ebook está consolidado y la piratería no es un tema, los catálogos pervivan gracias a los ebooks. De hecho, en Estados Unidos el fondo lo han mantenido de esta manera.

Aquí todavía estemos muy aferrados al papel y no hay aún una gran tradición lectora de ‘ebooks’…

No se trata tanto de que no hay una tradición lectora de ebooks, porque en verdad la hay, se trata más bien de la piratería, que es el crimen de este país. Tenemos una piratería salvaje y, mientras en otros países abordan este problema de distintas maneras, con leyes, pero también con concienciación, aquí no se hace nada.

Más allá de la cuestión legal, ¿no es también problema de mentalidad, es decir, de falta de respeto por el trabajo intelectual?

Sin duda. El trabajo intelectual o el trabajo creativo no se consideran. Y luego está, cambiando de tema, aunque no tanto, la no consideración del trabajo intelectual de la mujer y la desigualdad frente al hombre. Todavía hoy se da por hecho que las escritoras que tienen hijos se pondrán a escribir solamente cuando hayan terminado todos los quehaceres domésticos; sin embargo, si el marido es escritor, él tendrá su despacho y su tiempo. Esto no es algo propio de tiempos anteriores, esto sigue pasando.

El otro día, Jenn Díaz me decía que a las escritoras se les plantea una serie de preguntas que nunca se plantearían a los escritores.

Totalmente cierto. Y si además de escritora eres guapa y te gusta la moda o hablar de tus hijos, no te va a tener en cuenta nadie, no serás considerada como una escritora literaria, serás otra cosa, pero no literaria. En Estados Unidos se publicó un artículo donde se comparaban portadas de libros escritos por mujeres y portadas de libros escritos por hombres: no tenían nada que ver.

¿Aquí no entra la responsabilidad del editor sobre cómo presentar y sobre cómo no vender a las autoras?

Sin duda, pero creo, al menos por lo que veo, que en España las editoriales literarias tratan a sus autoras de la misma manera que a los autores. Pienso por ejemplo en Lumen, dirigida por Silvia Querini, que ha publicado a Lara Moreno con una portada perfectamente aséptica. Creo que desde el ámbito literario no tiramos tanto de clichés; creo que el abuso de clichés es más frecuente en la literatura comercial, donde es posible que una mujer escritora cuente con una portada mucho más amable y quizá distinta de la que tendría el mismo libro si fuera de un escritor.

Decía Feltrinelli que el texto es lo que debía prevalecer y que, por tanto, no se debía utilizar la portada como mecanismo de seducción o para llamar la atención, dejando así el texto en segundo plano.

Yo ahí no estoy muy de acuerdo o, al menos, no estoy de acuerdo en la manera de explicarlo. Sí estoy de acuerdo en que debe hablar el texto y, de hecho, en Seix Barral las portadas han tendido a ser cada vez más simbólicas y menos narrativas, pero considero que la portada es una puerta de entrada brutal y en aquellos casos en los que no lo es tanto se debe a que el poder de prescripción del sello es muy fuerte.

¿Crees que en España sería viables portadas como las de Gallimard?

Sí, creo que serían viables de la misma manera que en Francia son viables portadas con ilustración, pero es cierto que en Francia hay una mayor tradición de portadas sin ilustración, mientras que en España hay una tradición de portadas más visuales. En ambos países, cuanto más cerrado es el diseño, más literaria es la editorial.

En España, sin embargo, la ilustración impera. ¿Puede que la razón sea que en Francia la tradición lectora es tan amplia que no sea necesario seducir a los lectores?

Puede ser y, de hecho, la tradición lectora en Francia es realmente impresionante.

Has utilizado frecuentemente el término “literario”, que todos hemos asumido como contraposición de lo no literario, pero ¿no es una perversión pensar en novelas no literarias?

Totalmente; es más, yo utilizo la expresión “literaria” a lo largo de esta entrevista para diferenciar con más claridad los tipos de libros, pero tú nunca verás en ninguno de mis libros la distinción entre literario y no literario. Para mí la narrativa es la narrativa. Puestos a hacer distinciones, para mí prima la distinción de calidad sobre cualquier otra consideración vinculada a la potencialidad comercial, es decir: creo que hay muy buenos best-seller y muy malas novelas literarias. No asocio lo comercial con lo malo y lo literario con lo bueno.

Prima, por tanto, el valor literario a la hora de publicar, pero, ¿alguna vez ha primado lo comercial? Es decir, ¿alguna vez la posibilidad de un éxito comercial se ha impuesto al criterio de calidad?

Sí, hay veces que la calidad no ha primado por completo, pese a que te autoimpones siempre el criterio de calidad por el número limitado de posibilidades que tienes. Date cuenta de que un editor tiene muy pocos disparos: publico pocos títulos al año; si meto uno en el que no creo, me quito la posibilidad de meter otro en el que creo más. Lo que sí es verdad es que ha habido veces en las que a la hora de contratar un libro lo que sucede no es tanto que pese más su potencial comercial, pero sí pesan las exigencias del catálogo, que requiere un cierto equilibrio. Intentas que el libro sea siempre literariamente un diez, pero hay veces que el libro es un ocho y lo contratas porque por sus características equilibra el catálogo.

Es decir, hay razones extraliterarias que justifican ciertas publicaciones.

Unas razones que no tienen tanto que ver con la potencialidad comercial, sino con el necesario equilibrio del catálogo.

Además del equilibrio, el catálogo de Seix Barral se define por un concepto de literatura transversal a nivel geográfico y de tradiciones literarias.

Para nosotros, no hay limitaciones geográficas. Durante un tiempo en este país, desde los ochenta hasta el 2000 más o menos, había una fuerte tradición, sobre todo en la literatura de corte más comercial, de publicar aquello que venía del ámbito anglosajón y, en concreto, de Estados Unidos. Y, de repente, se empezaron a publicar libros como La sombra del viento, La elegancia del erizo, La soledad de los números primos…, por citar sólo algunos de distintos países, y los editores europeos nos dimos cuenta de que nuestra literatura tenía un potencial enorme en Europa sin la bendición del mercado norteamericano. En efecto, si ves los datos de publicación, te das cuenta de cómo, desde entonces, ha cambiado el mercado: la literatura anglosajona, que sigue siendo hegemónica, disminuyó en favor de traducciones de Francia, Italia, Alemania… que crecieron muchísimo. Además, todos estos autores de gran potencial de ventas, es decir, todos los best-sellers europeos han sido publicados luego en países de habla inglesa.

Esta idea de reunión y diálogo entre editores europeos era, además, uno de los objetivos de las Conversaciones de Formentor organizadas por Carlos Barral.

Efectivamente, ésa era la idea.

En Seix Barral, publicáis ensayo y pensamiento, ¿siguen siendo minoritarios respecto a la narrativa en número de lectores?

Si tú miras los datos del Nielsen, te das cuenta de que la no ficción ha sido devastada con la crisis; las ventas de no ficción han bajado de una manera radicalmente dramática. Publicamos pocos y los peleamos a muerte.

Sin embargo, se ha difundido la idea de que con la crisis, ha habido un incremento de interés por la no ficción.

Se desvirtúan los números: la no ficción que ha crecido mucho en todos los países es la no ficción para gente que no lee libros. Es decir, si dentro de los índices y de las estadísticas de la no ficción están los libros para colorear o los libros de cocina, una dieta milagrosa y un bloguero que enloquece a mi sobrino, entonces hay muchas ventas, pero el ensayo de pensamiento está muy perjudicado. En Seix Barral publicamos muy pocos libros de no ficción, los apoyamos mucho, siempre es no ficción narrativa y creo que hemos conseguido una cierta confianza por parte de los lectores. Podemos abarcar muchos temas, pero el libro que publicamos sobre un determinado asunto queremos que sea de interés garantizado. Yo no tengo libros sobre alimentación, pero si publico un libro sobre vegetarianismo es el de Safran Foer; cuando voy al extranjero me resulta difícil explicar el tipo de no ficción que publicamos y, al final, siempre digo que se trata de no ficción narrativa, literaria y muy personal.

Y, entre la no ficción, tenéis un nicho político representando por Rendueles, Owen Jones y Monedero.

Más que político, aunque lo es, creo que es un nicho que refleja nuestro interés por lo que nos está pasando hoy en día. Me interesa mucho la reflexión sobre el presente y me han llegado cosas muy buenas, como la de Jones, de no ficción, pero si fueran de ficción las habría publicado igualmente. Me interesa la indagación en nuestro presente, independientemente si la indagación se hace desde la ficción o desde la no ficción.

De hecho, ‘El sistema’ de Menéndez Salmón es el reverso narrativo de estos ensayos.

Totalmente, muy bien visto. Y Pablo Gutiérrez o Isaac Rosa.

Para ir terminado, quería preguntarte sobre el Biblioteca Breve y el sistema de premios que tenemos. La desconfianza hacia los premios literarios por su no transparencia e, incluso, manipulación es cada vez mayor.

Yo no conozco la dinámica interna de otros premios literarios, yo conozco la dinámica del Biblioteca Breve y soy testigo de que se premia lo mejor de lo que se presenta y de que todo se criba. Y me imagino que todo premio literario que se precie funciona igual: se criba lo mejor que llega, se pone un número máximo de manuscritos que llegan al jurado por la sencilla razón de que el jurado no puede abarcar una infinidad de textos; se pone a disposición del jurado el listado completo de los manuscritos y los informes de lectura, nos reunimos y decidimos. No tiene demasiada complicación.

Y muchas veces, los ganadores de los premios concedidos por editoriales son autores de la casa…

Lo que sería ilógico es que en las bases del premio se prohibiera a los autores del sello presentarse a concurso; todo ciudadano es libre de presentarse.

Pero, ¿no es mucha coincidencia?

Lo que no se sabe es de todos aquellos años en los que se han presentado autores de la casa y no han ganado. ¿Por qué cuestionamos cuando hay coincidencia y no cuando no hay coincidencia?

¿No se echa en falta más premios como el Llibreter, es decir, premios a obra publicada?

No echo en falta ningún premio, porque creo que es imposible echar de menos uno en un país saturado de ellos. No sólo tenemos un gran número de premios, sino de todos los colores: dados por libreros, dados por editoriales, dados por cajas…. El premio es una forma legítima de reconocer a un autor, sea el premio que sea, pero sí que creo que la forma de premiar tiene que ser la más escrupulosa y la más rigurosa posible. Recuerdo cuando llamé a Mario Mendoza a Bogotá para decirle que había ganado el Biblioteca Breve, casi se cae de la sorpresa y la emoción.

No puedo terminar la entrevista, sin hacerte una pregunta ya como simple lectora: ¿Tendremos pronto nueva novela de Vila-Matas?

Sé que está escribiendo y no puedo decir más. Lo que sí que te puedo decir es que en los próximos meses y el próximo año tendremos títulos y autores verdaderamente espectaculares. Me emociono sólo de pensarlo.

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Sobre el autor

Anna María Iglesia
Anna Maria Iglesia quiso hacer periodismo, pero la literatura la atrapó. Se decidió por la filología, aunque pronto se dio cuenta que aquel estudio todavía tan historicista no era su camino, así que tras licenciarse en filología italiana se adentró en la teoría literaria y en la literatura comparada. Se volvió a licenciar, está vez en teoría de la literatura y literatura comparada y no contenta decidió proseguir con el master, la tesina hasta llegar al doctorado. Desde hace dos años y medios se pelea cada día con una tesis a medio hacer acerca del concepto de espacio público y de espacio privado como construcción narrativa. No soporta que le pregunten, "¿y cuándo la defiendes?". Al mismo tiempo, contrarresta la soledad de la doctoranda, colaborando con distintos medios, como Revista de Letras, Culturamas, El Cotidiano o el Núvol; en todos ellos alterna artículos culturales, desde reseñas de libros, reportajes sobre obras teatrales hasta reflexiones críticas vinculadas al ámbito de la literatura, del teatro o, en ocasiones, del cine, con entrevistas, su verdadera pasión. Y es que nada le agrada más que acrecentar su horizonte a través de largas conversaciones: escribir y hablar la definen. Twitter @AnnaMIglesia

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7 comentarios

  • El 21.04.2016 , Lunatiko ha comentado:

    Otra persona q creo q no entiende el fenomeno llamado “pirateria”.
    Entiendo q desde el punto de vista de su profesion, le parezca q le estan robando dinero, yo personalmente, leo libros q de otra manera no leeria, o tendria q ir a la biblioteca para leer. Tambien compro libros en papel, pero solo aquellos q me apetecen mucho o considero dignos de entrar en mi estanteria, de hecho compro mas q hace 10 años.
    La “pirateria” (en sus palabras, el crimen de este pais) no es mas q un herramienta q tiene q la ciudadania de acercase a la cultura. Desgraciadamente es dificil explicarselo a esta gente, por que creen q les estan tocando el bolsillo, y eso les da mucha rabia. Pero lo q crean y la realidad son dos cosas distintas, pena q un cargo importante de una revista tenga una vision tan limitada de un tema tan importante como es la difusion de la cultura.

    • El 23.04.2016 , jesus ha comentado:

      De acuerdo con tu opinión LUNATIKO. Y de un largo artículo solo destacan esa frase como titular. Lástima.

  • El 21.04.2016 , Satanasio ha comentado:

    Mire señora, la piratería es un problema porque el publico no tiene dinero para comprarse libros, bastante tenemos con comer todos los días. Yo tengo una biblioteca que años y dinero me costo, mi afición es la lectura, pero desde que estamos en crisis o parados no hay ni un euro para estos dispendios; yo prefiero mil veces el papel a leer en una pantalla, pero cuando no hay para gastarse 20 euros en un libro te tienes que adaptar a lo que hay…o bien compras de segunda mano o te lo bajas de Internet aunque sea para leerlo en una pantalla.
    Pero no se preocupe, que ese libro que uno se baja no es posible contabilizarlo como una venta perdida, esa es la gran mentira de las editoriales; quizás haya un 1% que se lo baje y pudiera pagarlo, pero el 99% somos quienes no podríamos pagarlo. Quizás un día los empresarios como usted se den cuenta de que si el populacho no tiene dinero es difícil que se lo gaste en los productos que quieren vendernos, así pasa en todos los sectores, que vas por un polígono industrial donde antes hervía el negocio y ahora dos de cada tres naves tienen el cartel de se vende o se alquila…quizás cuando se den cuenta ya no tenga remedio.

    • El 23.04.2016 , jesus ha comentado:

      Pieso lo mismo Satanasio, porque estoy en la misma situación. Lástima de cultura.

  • El 25.04.2016 , Naomi Watts ha comentado:

    (Pido disculpas por la falta de acentos pero me encuentro en un teclado britanico.)

    Cuesta creer que esta senora defienda el anonimato del Premio Biblioteca Breve. Un editor sabe perfectamente en que estan embarcados sus autores y si preparan una novela o no por cuestiones tan simples como los plazos de entrega. Ademas, un buen editor (y Elena Ramirez lo es), reconoce el estilo de uno de sus autores inmediatamente.

    En serio? Usted se cree que somos imbeciles cuando lo de que las editoriales tengan un premio literario no ocurre en ningun otro sitio mas que en la corrupta Espana?

  • El 15.06.2016 , Lujan ha comentado:

    Y el canon que pagamos todos cada vez que compramos un soporte de almacenamiento electrónico, que???
    Para que luego se lo lleven calentito los gerifaltes de las entidades de gestión de derechos de autor???
    Creo que tienen una serie de privilegios que no tienen el resto de los mortales en este pais..
    Que mas quiere, que pongan una X en la Renta para ellos??

    Lo que hay que ver..

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