Elige tu propia aventura gay, siempre con final feliz

Elige tu propia aventura gay, siempre con final feliz

El escritor Donacio Cejas presenta su novela ‘El verano sin final’.

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Donacio Cejas ha escrito ‘El verano sin final’ porque es el libro que le hubiera gustado leer cuando era joven. “En aquellos años echaba mucho de menos que no hubiera literatura marica”. Una necesidad que le ha convertido en el autor de este libro-juguete, donde quiere que los lectores se diviertan, se lo pasen bien y tomen decisiones rápidas sin necesidad de tener que juzgarlas. Un poco harto de tanto libro LGTBI dramático, Cejas lo tenía muy claro: “Quería una novela de entretenimiento, en la que la homosexualidad del personaje esté ahí como una celebración. Los personajes de ‘Un verano sin final’ en ningún momento tienen que justificarse, son como son y disfrutan de una aventura donde su homosexualidad forma parte de lo positivo”.

Sus referentes son Terence Moix y Pedro Almodóvar y algo de ellos hay en algunas de las múltiples aventuras que te propone al leer el libro. Cejas ha mezclado la cultura pop con la diversión, los musicales y con aquellas novelas de adolescentes de los ochenta de ‘elige tu propia aventura’.

En mi último día de vacaciones, al abrir el buzón, solo esperaba encontrarme catálogos de productos que anunciaran la vuelta al cole porque ya nadie envía postales. Pero allí, entre los catálogos y la ausencia de postales, encontré un sobre con un libro. Ese libro era El verano sin final, de un tal Donacio Cejas, publicado por Ediciones Hidroavión.

El volumen parecía sacado de una librería de segunda mano, o de esos quioscos que en los ochenta poblaban España y donde se intercambiaban novelas de vaqueros, de romances imposibles y de erotismo dudoso. Incluso el nombre del autor del libro más que un nombre propio, parecía un pseudónimo, al estilo de aquellas novelas baratas.

Pero el libro estaba demasiado nuevo, no estaba especialmente manoseado, olía a nuevo y no a esa mezcla de humedad y polvo que atesoraban aquellas novelas de quiosco. Para resolver el misterio no me quedó otra que mirar el año de edición: 2020. Así comenzó para mí la aventura de entrar en El verano sin final. Leerlo fue descubrir 25 aventuras distintas donde el lector se convierte en el protagonista y donde cada poco tiempo te ves en la obligación de decidir cómo quieres vivir tu propia historia. Y contar con la opción de volverte atrás si, por lo que sea (en este libro no se busca juzgar), tu decisión no ha sido la correcta.

Y resultó ser que Donacio Cejas no es un pseudónimo sino un nombre propio, al que gracias a las redes sociales fue muy fácil localizar y al que enseguida le propuse esta entrevista. Porque con El verano sin final te sumerges en una historia donde todo puede pasar y donde todo es tan inesperado como la propia vida.

Estamos ante un autor con nombre que parece un pseudónimo.

Donacio Cejas es mi nombre real y lamento mucho no haberme quedado desde mi primer libro de ilustraciones con solo el Donacio. Mi padre se llama igual que yo y mucha gente le pregunta: Donacio, ¿has escrito un libro sobre travestis? Mi nombre real me ha creado muchos problemas.

Todo el libro tiene una estética como de novela de quiosco, pero hecho con mucha intención, ¿no es así?

Todo esta hecho aposta, desde el principio fue una decisión deliberada. Yo también hice la portada y el diseño. Sabía que este libro tenía alma de folletín. De novela de baratillo, de novela de Corín Tellado, de ese tipo de novelas que uno se lleva a la playa y la lees como sin darte cuenta, sin darle mayor importancia. Además, le dije a la editorial que quería que este libro fuera muy barato, muy pequeño, y que la portada fuera la que yo les presenté. Para hacer este libro me he inspirado en las novelitas pulp americanas, novelas eróticas de bolsillo americanas de los años 50, que en español serían las novelas de porno de baratillo, que tienen una imagen como de cartel de western, que la portada revela el alma de la novela. Hice esta ilustración que, aunque parece que es un cuadro pintado, es en realidad una composición de muchísimos cuadros. Porque quería que tuviera un aire añejo y que no hubiera carne, como pasaba en muchas novelas LGTBI de aquella época. Quería hacer un libro que pareciera escrito y reeditado muchas veces desde los años 70.

Algo que parece que has conseguido. Pero vayamos al principio. ¿Quién es Donacio Cejas?

Me encantaría ser un pseudónimo, porque me encantaría ser como la Amanda Gris de La flor de mi secreto, pero no, es mi nombre real. Supongo que tendría que definirme como autor, me cuesta hablar de mí mismo como escritor. Mi relación con los artefactos literarios que he publicado tiene más que ver con la creación de una pieza en formato libro, por eso no me considero un literato. Este libro es muy diferente a los anteriores; para empezar, quise crear una pieza nueva, una especie de juguete con un formato literario. Pero, bueno, te cuento quién soy yo… Te hago un resumen. Soy arquitecto, canario de la isla más pequeña, y siempre he estado muy cerca del mundo de la ilustración, de la plástica visual. Libro a libro he ido incorporando más palabras a mis libros. El primero fue de ilustración, el segundo fue Travestario, una mini enciclopedia de travestis españoles. Y digamos que en ese camino ya me lancé a crear este juguete, donde ya todo fueran palabras y no abusar tanto de las imágenes. Aunque la imagen de la portada forma parte del juego. Digamos que soy un poco así, polivalente, me dedico en mi día a día al diseño y mis libros son el campo extendido de mi creatividad.

La novela recuerda a aquellas de cuando éramos pequeños de ‘elige tu propia aventura’. Que si elegías mal, te podías caer por un barranco o quedarte encerrado en una cueva… ¿Qué intención tienen las aventuras de este libro?

Exacto, yo leía esos libros de pequeño, y luego todo lo que yo hago viene de una misma obsesión: la de todos aquellos libros que no existían cuando yo era pequeño. Soy un gran consumidor de literatura gay, queer…, llámala como quieras, incluso literatura marica. Mi obsesión es que, aunque cada vez hay más libros LGBTI, todavía hay un gran vacío. Aunque parezca que hay muchas novelas gay, no dejan de ser la misma novela. Siempre es el hecho de aceptar la homosexualidad el lema principal de esos libros.

Y casi siempre con el drama de por medio, ¿no?

Sí, hay una cierta espada de Damocles heredada de que la novela gay ha de tener un final amargo, que el protagonista tiene que pagar un precio por su libertad. Yo con mis amigos siempre comentamos que las novelas heteros no tienen que justificarse de esta manera. Un detective heterosexual no tiene que explicar por qué es heterosexual. Simplemente es un detective. Yo quería una novela de entretenimiento, en la que la homosexualidad del personaje esté ahí como una celebración. Los personajes de Un verano sin final en ningún momento tienen que justificarse, son como son y disfrutan de una aventura donde su homosexualidad forma parte de lo positivo. Por eso quise escribir este libro.

Un juego donde hay que tomar decisiones de una manera muy rápida. Donde no hay que justificar por qué vas por un lado u otro, ¿no?

Hay varias cosas que yo tenía muy claro desde el principio. La primera era que ya que hay tantas novelas gays con un final triste, yo iba a escribir un libro donde todos los finales fueran felices, donde todos fueran una aventura. Este es un libro de aventuras y el aventurero es un chico homosexual que no tiene que justificarse por nada ni con nadie. El libro tenía que ser fácil de leer, tiene una compleja maquinaria de relojería, por la que, en cuanto tomas dos o tres decisiones, el personaje va a vivir aventuras muy diferentes. Quería que el lector sintiera que la acción pudiera cambiar enseguida. No solo es abrir una puerta u otra, es algo más. Además, no quería ser muy evidente en las tramas, sobre todo en aquellas opciones que a priori pudieran parecer que te van a llevar más hacia el aburrimiento o una inacción del personaje; quería que todas las opciones fueran sorprendentes y no quería castigar en ningún momento al personaje por la decisión que tomara el lector. Todas las decisiones que uno toma te llevan a una aventura. No hay error.

Y todas son muy increíbles por muy absurdas que puedan parecer. El lector enseguida se deja llevar por el juego y lo interesante es que te diviertes mucho con cualquiera de las aventuras.

Y sobre todo hay algunas que las tenía muy claras desde el principio. Que son esas decisiones que todos los chicos gays hemos tenido que tomar en algún momento de nuestras vidas. Todos hemos llegado a ese momento de decidir si me pongo el condón o no me lo pongo. Esta es una novela muy marica, y lo más curioso es que muchas chicas la están leyendo. En mi libro no hay moralina, quién soy yo para imponer una moral sobre nada. Algunas son decisiones que todos hemos tomado y que te llevan a la siguiente situación. Ni buenas ni malas, sino que es un paso más en la aventura del personaje y en tu propia aventura.

¿Y qué hay que hacer con la novela? ¿Quedarte con el final que te toca o hacer trampa y seguir leyendo hasta encontrar el final que se adapte más a cada lector?

Ese un tema que se habló mucho con la editorial, ¿cómo va la gente a leerse este libro? Por eso hemos incluido al final del libro un diagrama. Porque con este libro pasa una cosa, que es una delicia para mí: que nunca sabes cuándo lo acabas. Salvo que hagas el esfuerzo de ir tachando en el diagrama lo que ya te has leído. Hay que plantearse que estás ante un juguete que nunca se acaba. Quería que pareciera que este libro no tiene un final. Que no te lo acabas nunca; no solo es que no tenga un final, es que los finales están llenos de posibilidades, de vidas paralelas del mismo personaje. Por eso es muy importante que el libro sea físico, que tenga este tamaño, este color, este papel…, que sea un laberinto, sencillo de leer, con una prosa muy clara, para que el lector se pregunte: ¿cuántas aventuras más me quedan por leer?

Qué difícil es hablar de tu libro sin hacer ‘spoiler’. (Atención, si no quieres que te desvelemos algo del libro, deberás saltarte las dos siguiente preguntas).

Haz spoiler, no pasa nada, si está ya todo en Internet.

Entonces, ¿cuál es tu final favorito?

En todos los finales hay algo de mí, todos los finales para mí son favoritos; obviamente, hay algunos, como el final en la Gran Vía, subido en una carroza, que tiene más que ver con una apoteosis del personaje. Por proximidad a mi corazón y por los años que viví en Madrid. Todos los finales que terminan en Madrid son mis favoritos porque me tocan la fibra sensible.

¿Y entonces por qué París y no Madrid?

Buena pregunta. Viví muchos años en Madrid y luego me tuve que ir de allí por la crisis. Me costó mucho desintoxicarme de Madrid. La ciudad se convirtió para mí en una especie de alcoholismo mal superado, y Londres fue una ciudad más complicada para entrar de lo que yo esperaba. Entonces quedaba París, que está a dos horas de Londres en tren, y que digamos que fue el punto de encuentro con mis amigos. Una ciudad a la que intento ir todo lo que puedo, y que se convirtió en una especie de ciudad donde todo todavía era posible. Cuando Alex llega a París en tren recupera la experiencia que yo tuve cuando llegue a París en tren hace 20 años, en el verano en el que Alex tiene la edad que yo tuve cuando fui a París por primera vez. Quería recuperar esa sensación de llegar a un lugar que te vas a comer, esa sensación no la podía usar ni en Londres ni en Madrid.

¿Te costó tomar decisiones a la hora de escribir las alternativas en el libro?

No, todo el mapa de decisiones salió muy rápido, tenía bastante claras muchas de las aventuras y bastantes de las ramas del árbol. Una vez que empiezas a escribirlo no es una historia lineal, hay mucha orfebrería para que todas las tramas casen entre sí. Tenía que haber una coherencia primero con el mapa de París y con las cosas que hace el personaje, que no hubiera ningún tipo de fisuras.

¿Pero eso no te volvió loco?

A mí me volvió increíblemente feliz. He disfrutado tanto escribiendo este libro que podría seguir escribiendo ramas de este libro durante años.

¿Va a haber entonces una continuación?

Yo siempre pienso las cosas de tres en tres; cuando uno hace una cosa está bien poder ahondar un poco más. Por supuesto que tengo pensados los siguientes dos libros. Pero tiene que ser un tema que a la editorial le apetezca.

¿Fue fácil encontrar editorial?

Ya había publicado dos libros con Hidroavión, una editorial independiente que ha publicado el best-seller de El niño marica; estábamos hablando de otro proyecto, pero les dije: tengo escrito este libro-juego y quiero que lo leáis. Desde que lo leyeron hasta que el libro fue publicado pasaron menos de ocho semanas.

Al principio leí un final que me gustó mucho. Durante unos días me quede ahí, antes de tirar por nuevos derroteros. ¿Es una buena forma de proceder para leer tu libro?

Me parece estupendo, porque ya te puedo decir que cada rama, cada aventura, se hace eco de un tipo, de un género de aventura distinto. Hay algunas que tienen más que ver con la literatura erótica, con el porno, otras tienen más que ver con el género de la comedia slapstick (un tipo de comedia basada en carreras, tropezones, caídas…).

El libro también tiene una parte muy reivindicativa a favor de los derechos LGBTI, incluso se alude al acoso infantil que sufrió el personaje y un punto de venganza del personaje cuando este ya ha conseguido construirse como persona.

Este libro está hecho para producir placer en nosotros, es decir entre el público gay. Esas teclas del placer que tienen que ver con pequeñas microvenganzas. Pero la gran venganza del libro no es el odio, es el placer. Este libro reclama el marica que somos y el que fuimos.

¿De ahí que haya mucha libertad a la hora de leer el libro, de poder elegir? El lector tiene apenas un par de segundos para decidir hacia qué aventura quiere lanzarse.

Tiene que ser así, aunque el libro lo he escrito yo que tengo 36 años, el personaje tiene 18-19 años. Los jóvenes de ahora no tienen por qué justificarse tanto, esa pesadilla ya se acabó. Ni Alex ni Oli tienen que justificarse, están de vacaciones pasando un verano juntos. Por eso ejercen la libertad con desenfado, porque ni están enfadados con el mundo ni están envejecidos como puedo estarlo yo. Ellos no tiene perspectiva sobre sí mismos; nosotros a nuestra edad ya sabemos qué puede significar follar sin condón. Ellos no lo tienen porque son adolescentes. Hubiera quedado truculento si pensaran como hombres mayores.

Además, no se pierde en el libro la historia LGTBI; puede que muchos jóvenes desconozcan de donde vienen sus derechos sociales.

Para eso, para recuperar esa cultura marica inabarcable está el personaje de Oli. Cuando el lector complete el libro, se dará cuenta de que, aunque el personaje de Alex es un vehículo para el lector, porque Alex es el lector, Oli, que es el amigo, es el personaje que sí está completamente definido. Es un gran condensador de referencias pop, de divas gays, de películas, es una persona que canta canciones de Melina Mercouri en una sauna. Los jóvenes ahora son un poco así, el acceso a la información que tienen es impresionante.

Y los personajes mayores, ¿cómo aparecen en la novela?

Existen en la historia; de hecho, se encuentran con varios, hay una rama de la novela que les muestra parte de la historia marica. Hay una parte donde Alex (atención, spoiler) recibe una invitación a una fiesta y en esta fiesta se encuentra con personas que tienen que ver con la historia LGTBI; hay una persona en concreto, que es Jacques d’Adelswärd-Fersen, que fue un autor maldito, tipo Oscar Wilde, pero francés, que fue el editor de la primera revista LGBTI, que se llamaba Akademos, y Alex se va a ir encontrando con personajes que le vinculan con diferentes momentos de la historia queer.

Aparte de 25 finales, el libro tiene 25 experiencias LGTBI.

Sí, además de 25 tipos distintos de géneros, y esto lo tenía muy claro, que se puedan saborear. La invitación a la fiesta tiene que ver con el cuento gótico, hay otra parte que transcurre en Madrid que tiene que ver con la zarzuela de teatrillo de Jardiel Poncela. Quería que el libro ofreciera diferentes sabores según las decisiones que el lector vaya tomando.

¿Qué tal la experiencia con los lectores?

Está teniendo muy buena aceptación; la gente lo está compartiendo mucho en redes sociales. La gente enseguida entendió de qué iba el libro y que ha tocado la tecla de esa generación que recordaba los libros de ‘elige tu propia aventura’. Me ha sorprendido mucho el público femenino. El libro es tan meticulosamente gay que pensaba que no podría resonar en otros públicos. Pero ellas tiene mucha curiosidad por saber qué pasa en una sauna y enseguida conectan con los romances. Tengo a los lectores divididos entre los que se enamoran del personaje turco y los del fotógrafo polaco. De los dos, ¿tú de quién te has enamorado?

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