17.03.2014

La ‘grecomanía’ se desata en Toledo

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Detalle de La Anunciación de El Greco. © Museo Thyssen.

Detalle de La Anunciación de El Greco. © Museo Thyssen.

En Toledo hay concentradas en estos momentos 125 de las 300 obras que pintó El Greco. Toda la ciudad es una gran exposición antológica y un hábitat perfecto para que se genere la ‘grecomanía’ más desatada. Julia Luzán ha estado allí y así nos lo cuenta. 

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No era un místico, tampoco sufría de estrabismo, ni fue el catolicón de misa diaria y golpes en el pecho que la tradición nos ha endilgado. Doménikos Theotokópoulos (1541-1614), El Greco, ha roto en el cuarto centenario de su muerte con todas las leyendas forjadas en torno a su figura. La pintura del griego se “mira con ojos nuevos”, en palabras del historiador del arte Fernando Marías, autor de un libro fundamental, El Greco, Historia de un pintor extravagante (editorial Nerea), y comisario de la gran exposición recién inaugurada El Griego de Toledo, en el museo de Santa Cruz de la capital de Castilla La Mancha. Al nacimiento de este nuevo Greco han contribuido también los más de 500 documentos descubiertos y los textos manuscritos donde expresa sus opiniones acerca de la pintura.

Los vecinos de Toledo asisten estupefactos a las largas colas que se forman para contemplar las 76 pinturas reunidas en el antiguo hospital de la Santa Cruz, fundado por el Cardenal Mendoza y convertido en museo en el siglo XIX. Ante la fachada plateresca, ríos de gente aguardan sin desmayo la entrada. Antes, la avalancha humana ha llenado las terrazas de la plaza del Zocodover, y se ha tomado unos churritos en el quiosco Catalino, cerca de la puerta de Bisagra, para aguantar con ánimo las cuestas toledanas.

El 7 de abril de 1614 moría en Toledo El Greco, hoy pasear por sus calles es un homenaje a su figura. La grecomanía se ha instalado entre mazapanes con su nombre, menús del día que anuncian sopa de picadillo con la efigie del caballero de la mano en el pecho; escaparates decorados con Anunciaciones, quesos y galletas Greco. Si hace 400 años sus 62.000 habitantes desconocían su nombre, hoy los 82.000 vecinos dan gracias al cielo por este singular descendimiento de turistas que hacen cola ante la iglesia de Santo Tomé para ver El entierro del señor de Orgaz, o se desplazan en aluvión a la capilla de San José, a Santo Domingo el Antiguo o al Hospital Tavera y discuten si entrar o no en el museo Greco, cerca de donde vivió. En Toledo hay concentradas en este momentos 125 pinturas de las 300 que Theotokópoulos pintó. Toda la ciudad es una gran exposición antológica.

Muestras de grecomanía en colmados de Toledo.

Muestras de ‘grecomanía’ en colmados de Toledo.

La magnífica antológica de El Greco, la primera que se hace en esta ciudad, recibe al visitante con la Vista y plano de Toledo (hacia 1610-1614), propiedad del Metropolitan Museum de Nueva York, un óleo grandioso, que abre la ciudad en nubes transparentes con la leyenda de la Virgen y san Ildefonso. Un puñetazo al ojo para entrar en materia. Las paredes enteladas en amarillo oro, ese tono veneciano que tanto utilizó el pintor; la iluminación suave, dorada, logra destacar los matices de los tonos de las pinturas.

El rostro de un anciano con capa orlada de piel, un autorretrato de 1595 del pintor, y el de su hijo Jorge Manuel  Theotokópoulos, vestido a lo Felipe II, emocionan por la cercanía, y dan paso a las obras de juventud, los cuadros bizantinos, como La adoración de los Magos, o El tríptico de Módena, un pequeño altar portátil (1568-1569), una joya, una orgía de colores. “En la escultura Miguel Ángel es perfección…, pues con los colores no ha hecho nada”, y para demostrarlo el cretense despliega azules, verdes, rosas carmesíes, violetas, amarillos. Bofetones de luz para los castellanos que el siglo XVI preferían la forma al tono.

Durante el recorrido por la muestra los corrillos de espectadores se congregan expectantes ante dos retratos. Si La dama del armiño (1577-1579), procedente del museo de Glasgow, despierta la máxima admiración, por la belleza de la mujer; El caballero de la mano en el pecho (1580) inspira la confianza de lo conocido, de lo propio. El famoso cuadro, estandarte de la españolidad en tiempos pasados, renació de los emplastes oscuros que le habían vuelto tenebroso y trágico. El restaurador del Museo del Prado que le sanó de sus heridas en 1996, Rafael Alonso, vivió un particular calvario entre compañeros e historiadores por sacarle los colores al Caballero y devolverle a su estado original. Hubo hasta una interpelación parlamentaria del diputado entonces de Nueva Izquierda Felipe Alcaraz acerca de la restauración del cuadro [El País Semanal, 7 de julio de 1999]. Hoy ya nadie discute la labor de Alonso, por cuyas manos han pasado la mayoría de los Grecos que quedan en España.

Contemplar El cardenal Fernando Niño de Guevara (1600-160), hoy en el Metropolitan de Nueva York, es ver el Inocencio X de Velázquez pintado por Bacon de tan moderno que es. El cardenal, sentado en un sillón con su ropa de color rosa tiziano, con un rostro en el que sobresalen las gafas de montura negra redondeada, vale por sí solo la visita a Toledo.

Otra de las joyas de la muestra, procedente del Museo Capodimonte de Nápoles, es Muchacho encendiendo una candela, el soplón (1572), un cuadro de la etapa en Roma de El Greco con la que quiso mostrar probablemente cómo con la luz y el color se puede construir la belleza. Lo logró, pero no así el favor de los poderosos Farnese romanos. Y así, a la búsqueda de un mecenas que sostuviera su arte, llegó El Greco a España en 1577.

Fray José de Sigüenza le recomendó a Felipe II, que por entonces estaba en vías de amueblar El Escorial. “De un Dominico Greco que ahora vive y hace cosas excelentes en Toledo quedó aquí [en el Monasterio de El Escorial] un cuadro de san Mauricio y sus soldados que le hizo para el propio altar de estos santos; no le contentó a su majestad porque contenta a pocos aunque dicen que es de mucho arte”. Y ese cuadro que no gustó a Felipe II aunque se lo pagó generosamente, Adoración del nombre de Jesús -La Gloria de Felipe II- (1579-1582), es una fiesta multitudinaria, un juicio final lleno de almas en el purgatorio, demonios en el Infierno con las fauces de un tiburón que lanza rayos, y la gloria en las nubes, como debe ser.

El Greco se concentró en las obras de devoción. Para la sacristía de la catedral realizó El expolio de Cristo (1579), numerosos retratos de los Apostóles y los grandes retablos para Santo Domingo el Antiguo, el Hospital Tavera, San Nicolás de Bari, la capilla de San José, el Hospital de Caridad de Illescas, las 20 parroquias y los casi 40 conventos de Toledo. Marías, en su obra sobre el pintor, desmonta el mito de la religiosidad del artista que en sus escritos nunca dejó una línea que mostrara fervor católico. Sus obras son realistas, manieristas, “procurese dar a las cosas la proporción perfecta y dejarse de superfluidades”. Lo celestial para El Greco era la luz y el color en movimiento. Hacer lo invisible real a la manera en que un foquista ilumina una escena. La adoración de los pastores de Santo Domingo el Antiguo (1612-1614), hoy en el Museo del Prado, posiblemente uno de los últimos cuadros que tocó con su pincel, capta la mirada por la luminosidad resplandeciente, como lámparas de LED, enfocadas hacia la figura del niño.

Coronaciones de la Virgen, santos y santas que meditan y hacen serena penitencia, Verónicas, Magdalenas abruman al espectador. Son rostros humanos, sensuales a veces. Los Cristos que pinta El Greco no tienen llagas ni heridas. En algún Descendimiento, el naturalismo extremo le lleva a dibujar un surtidor en el costado del que mana sangre aguada.

Después de ver tantos rostros alargados, tantas figuras en escorzo, el visitante sale con los ojos enfebrecidos del Museo de Santa Cruz, buscando con la mirada los rostros de El Greco. No hay que ir muy lejos, allí están, en la barra de un bar ante un botellín de Mahou. Pura realidad.

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Sobre el autor

Julia Luzán
Julia Luzán Periodista. Observadora de la realidad. En el diario El País durante 27 años. Antes, corredora de fondo en periódicos y revistas. Me gusta el arte, devorar libros y contar como son las cosas y adivinar que hay detrás de ellas. Puedes seguirme en Twitter @jluzan

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4 comentarios

  • El 18.03.2014 , CASEFO ha comentado:

    Lástima que con la excusa del Museo de Santa Cruz hayan “añadido” al paquete de entradas unos “espacios Greco” que nadie visitaría por lo insulsos, mínimos (incluso vacios), faltos de explicaciones, etc.
    No olviden visitar el Museo del Greco y el Museo Sefardí, no incluidos en la ruta “oficial”.

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