29.10.2019

La gran gesta del lobo por ampliar horizontes en la península ibérica

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Lobos jugando. Foto: Andoni Canela.

Frente a las obsesiones, miedos y persecuciones humanas que lo llevaron al límite de la extinción a finales del siglo pasado, las manadas de lobo siguen luchando por ampliar horizontes en la península ibérica, y encontrar su sitio en el necesario equilibrio de los ecosistemas y el apoyo a la ganadería extensiva. No es tan difícil. Pero sigue faltando voluntad, como muestran las contradictorias legislaciones autonómicas que lo siguen considerando una especie a cazar. Desde WWF-España trabajan para seguir avanzando en el respeto al lobo ibérico y para garantizar su convivencia con los ganaderos.

 POR BLANCA BERZOSA / WWF-España

Expulsada de la manada, Anselma, como han bautizado a esta joven hembra de lobo los científicos que la siguen, alcanza su mayoría de edad y es momento de buscar su propio territorio. La que ha sido su manada, y que ahora tiene que abandonar, vive en el frente de recolonización entre la meseta castellana y el río Duero. Son los últimos –o los primeros– en esta frontera natural, más allá de la cual no se han visto lobos desde que se exterminaron en los años 70. La continuidad de su especie depende de que ella sea capaz de ampliar horizontes.

Las manadas de lobo, como la de Anselma, tienen una organización social particular formada por un macho y una hembra alfa, que generalmente son los que se reproducen, junto con los cachorros de ese año y otros adultos que participan en la cría de la camada. Entre los 12 y los 24 meses, los juveniles abandonan la manada: empieza entonces su periodo de dispersión en busca de otro individuo con el que emparejarse y formar su propia manada o de otra ya formada que los acepte.

Durante esta etapa, los lobos, machos y hembras, pueden recorrer cientos de kilómetros en su camino por encontrar áreas no ocupadas por otras manadas. Cuánta distancia recorren y el tiempo que tardan en establecerse varía enormemente según dónde hayan nacido. Los lobos norteamericanos, por ejemplo, que disponen de vastas extensiones poco humanizadas exploran grandes áreas eligiendo las más idóneas. Sin embargo, en el centro de la península ibérica, el hábitat está muy fragmentado por la agricultura e infraestructuras humanas y por tanto sus desplazamientos son más cortos.

En cualquier población, las manadas se limitan unas a otras en función de la capacidad del ecosistema. En las zonas donde la densidad de lobos es muy alta, los individuos dispersantes tardan mucho más en encontrar un territorio vacío; se crean así menos manadas nuevas, al tiempo que disminuye la reproducción de las existentes. Es decir, la población de los lobos se autorregula, impidiendo que aumenten indefinidamente.

En la península ibérica, el río Duero marcaba a principios del siglo XXI el frente de dispersión: las poblaciones del norte intentan recolonizar los territorios vacíos del sur, donde el lobo desapareció en el siglo XX. Por eso nuestra loba Anselma tiene un papel tan importante. Fue la primera loba constatada en traspasar esta frontera y establecerse al sur a finales de los 90. Una pionera. Del máximo de 2.500 lobos que se estiman en la península ibérica, menos del 10% lo han conseguido en los últimos 20 años.

Hasta 30 kilómetros en una noche

Que un joven lobo dispersante recorra estas distancias no es nada raro, teniendo en cuenta que pueden recorrer 30 kilómetros en una sola noche en busca de alimento. Por lo general buscan presas más grandes que ellos, como corzos, ciervos o jabalíes, que puedan alimentar a varios miembros de la manada, aunque también cazan presas más pequeñas como roedores. Necesitan, de media, 1 kilo de carne al día, aunque solo comen cuando encuentran una presa y pueden pasar varios días de ayuno hasta encontrar la siguiente.

Invierten mucho esfuerzo en conseguir alimento, por eso cuando encuentran presas fáciles, no suelen cazar solo una. No “matan por matar”, aunque este comportamiento típico de los carnívoros, pero mal entendido por los humanos, les haya adjudicado una injusta fama de “voraces depredadores”.

Las presas salvajes son su principal fuente de alimento, pero en ocasiones también se alimentan de animales domésticos. No obstante, estos ataques apenas representan la gota que colma el vaso de una economía –la de la ganadería extensiva–, que se enfrenta a una grave crisis de rentabilidad provocada por otros factores y de la que habitualmente se responsabiliza únicamente al lobo.

La mayoría de los ataques ocurren cuando el ganado no está protegido. Los pastores acostumbrados a trabajar en zona de lobo conocen la importancia de los mastines, de los vallados y pastores eléctricos y de recoger a los animales por la noche. Medidas preventivas que suponen un coste añadido y con las que los ganaderos de la zona donde Anselma ha llegado, tras décadas sin presencia de lobo, no están familiarizados.

Medidas preventivas, como el uso de vallado y perros mastines, para evitar ataques de lobos. Foto: Blanca Berzosa.

A punto de desaparecer

El lobo alcanzó sus mínimos poblacionales en los años 70, llegando a desaparecer en la mayoría de los territorios al sur del Duero. Se crearon Juntas de Extinción de Animales Dañinos que, amparadas por la ley del mismo nombre, buscaban exterminar a los que se consideraban alimañas, como el lobo, el oso, el zorro o el águila imperial. Un destino similar siguieron las poblaciones de carnívoros europeas.

Ante la inminente desaparición de algunas de estas especies, la normativa europea las declaró especies protegidas. En España, el lobo pasó de ser una especie a exterminar a ser cinegética y, por tanto, su caza se reguló. Actualmente se encuentra en una situación compleja a nivel legislativo: es una especie protegida por la Directiva europea Hábitats, pero “gestionable”, es decir, “cazable”, al norte del Duero. Al sur, a pesar de estar considerada “estrictamente protegida”, también está sujeta a controles.

El cambio de legislación consiguió evitar la extinción del lobo y una tímida recuperación de algunas de las poblaciones, no exenta, sin embargo, de conflicto social y que necesita ir acompañada de un cambio en el modelo de gestión que apueste por prevenir los daños sin afectar a la conservación de la especie.

El trabajo de WWF

La protección del lobo ha sido una prioridad para WWF desde los tiempos de Félix Rodríguez de la Fuente como vicepresidente de la organización. Al habitual trabajo de la organización de corte legislativo, velando por la protección legal de la especie, se une el reciente proyecto europeo Life EuroLargeCarnivores, en el que 16 países europeos muestran cómo la coexistencia con los grandes carnívoros es posible con las adecuadas medidas preventivas. WWF trabaja conjuntamente con pastores y ganaderos para elaborar propuestas concretas que fomenten el uso de estas medidas de prevención de daños y para asegurar que la financiación disponible por la Comisión Europea llega a su fin.

Félix Rodríguez de la Fuente con un lobo. Foto: WWFEspaña.

Mastines, rebaños y lobos forman una ecuación inseparable. La coexistencia con el lobo pasa por el uso de esta raza especialmente seleccionada por su tamaño y actitud para defender al rebaño ahuyentando a intrusos y depredadores. La labor de estos canes no siempre es bien conocida por la gente que no está tan en contacto con el medio rural. Así, atendiendo a algunas de las peticiones de los ganaderos, WWF ha creado una guía sobre cómo comportarnos si nos los encontramos en el campo.

Además, en este proyecto los mejores maestros son los propios pastores que coexisten con el lobo. Ellos son los encargados en el proyecto de la organización de compartir su experiencia y conocimiento con otros ganaderos, así como de cederse mastines y asesorarse entre ellos si lo necesitan.

Por su parte, el proyecto Life Lobo Andalucía, del que WWF España es socio, tiene como objetivo el cambio de percepción social de la especie como forma de mitigar su principal amenaza: la falta de aceptación por parte de la sociedad, que desconoce el papel fundamental que juega la especie en los ecosistemas.

Pero el trabajo de WWF va más allá. Los problemas de la ganadería extensiva son mucho más complejos, por eso trabaja en la coalición #PorOtraPAC, por una Política Agraria Comunitaria más justa y equitativa con los agricultores y ganaderos que apuestan por la sostenibilidad y en una estrategia de ganadería extensiva que recoja sus peculiaridades y beneficios a los ecosistemas.

Porque un modelo de gestión basado en una ganadería extensiva sostenible y con medidas preventivas es la mejor garantía para la imprescindible vuelta del lobo a los ecosistemas que dejó huérfanos.

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Sobre el autor

WWF España
WWF España forma parte de la red de WWF, la mayor organización internacional independiente dedicada a la defensa de la naturaleza y el medioambiente. Fundada en 1961, trabaja en un centenar de países y cuenta con el apoyo de unos cinco millones de socios, que trabajan para conservar la naturaleza, sus hábitats y especies, y luchar contra las amenazas sobre la vida en la Tierra.

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