16.03.2018

‘Grand Canyon’, la necesidad de domar nuestros miedos y fragilidades

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Un fotograma de la película 'Grand Canyon'

Un fotograma de la película ‘ Grand Canyon ‘

‘Viernes de Cine’, la sección de ‘El Asombrario’ que cada 15 días recomienda películas que nunca envejecen, se detiene hoy en Grand Canyon’, de Lawrence Kasdan (1991). Una magistral película, poco convencional e innovadora, de diálogos tremendamente honestos, sobre la soledad y el miedo en sociedades de grandes ciudades cada vez más deshumanizadas. Miedos y fragilidades, el temor al caos, del que tanto provecho saben sacar las jerarquías, los poderes… Y por encima de todo, la búsqueda de la salvación a través de la fraternidad.

Puede que sea cierto que vivimos en el caos, y que la lucha constante en esta vida sea la necesidad de controlar. Controlar el miedo. “Para engañar al mundo, parécete al mundo, lleva la bienvenida en los ojos, las manos, la lengua. Parécete a la cándida flor, pero sé la serpiente que hay debajo” espetaba la ambiciosa Lady Macbeth a su marido marioneta, sin adivinar que tal consejo sólo conlleva más caos. Somos débiles, y eso nos hace humanos, hasta cuando nuestro sistema nos culpa por ello. Sólo hay un método por encima de todos que ayude a consolar la soledad y a controlar el miedo, y ése es la fraternidad, tan denostada desde el principio de los tiempos. Una ciencia que aunque cueste deberemos aprender si no queremos desaparecer.

Existe una película que nos habla de ello, Grand Canyon, de Lawrence Kasdan (1991), a través de seis personajes que en sus diferentes entornos intentan pervivir, resistir ante el temor, ante la violencia y la deshumanización de la gran ciudad de Los Ángeles. Una ciudad que como tantas miles les aprisiona, la mayoría de las veces sin darse casi cuenta, atrapados sin remedio en la labor cotidiana y pesada de controlar el desasosiego que esta colosal madrasta Macbeth susurra a sus habitantes, tan diferentes, tan iguales. Tan solos.

Envuelta en un sutil halo de realismo mágico a la norteamericana, Kasdan nos invita a rozar el alma de una sociedad arrastrada por el racismo, la violencia, la individualidad mal entendida, la necesidad impuesta que aun sin la suficiente consciencia arrastra la costumbre, maldita costumbre. Haciendo creer que lo sabemos todo. Encerrándonos en nuestro bendito microcosmos, sea de la dimensión que sea. Ese espacio que tan horriblemente designan los machacones y opacos nuevos gurús como la “zona de confort” (¿existe alguna marca comercial más horripilante?). Salir de ahí, aunque sea por distracción o por error, conduce ¿a qué?

Esto es lo que Grand Canyon intenta mostrarnos con el encuentro, la casualidad, que confronta la vida y el pensamiento de estas seis personas a las que algo tan cercano como el miedo les cambiará la vida, las responsabilidades. Toparse con alguien que no tiene nada que perder y comprender una lección que, soberbios, creemos aprendida, tan dura y tan hermosa como difícil de apreciar bajo la metáfora de ese Gran Cañón que, invisible a nuestros ojos, sigue y seguirá formándose cuando ninguno de nosotros seamos ya nada, ni siquiera una evocación.

Una película poco convencional e innovadora, que te mantiene alerta para saber qué puede venir detrás de situaciones tan aparentemente corrientes, y que llamémoslo destino o casualidad podrían convertir en algo extraordinario individualmente. A veces incluso la misma sencillez de lo más corriente, lo mínimo.

Siempre he pensado que este director norteamericano tenía la enorme sensibilidad de contar historias sobre el alma humana aun más allá de sus hermosos diálogos, la capacidad de adentrarse en los rostros hasta el pensamiento más recóndito. Siempre ayuda, claro está, contar con estos enormes protagonistas, hoy en día relegados casi miserablemente a series de televisión de segunda o simplemente olvidados. La espléndida Mary McDonnell, Danny Glover, Kevin Kline, Steve Martin, Mary-Louise Parker o Alfre Woodard; bravo por ellos.

Las virtudes del señor Kasdan como cineasta no voy a desentrañarlas; recuerden que es el director y guionista de The big chill (Reencuentro), Fuego en el cuerpo: , El turista accidental o Silverado, además de guionista de Star Wars y creador del personaje de Indiana Jones. Sé que esta película no gustará a todo el mundo, pero les invito a que la vean, aunque sólo sea por quitarme la razón. La visión personal de una película honesta, de diálogos honestos y hermosos, sobre la esperanza del milagro, del que tanto nos hemos alejado. Del sueño infantil de un futuro mejor, un futuro post-racial, un futuro que no necesite de helicópteros permanentes observándonos desde un cielo ruidoso y cada vez menos azul. Un futuro. La Salvación.

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Sobre el autor

Antonio Bazaga
Toño Bazaga. Más de 20 años dedicados al mundo del cine, habiendo tocado casi todos los palos: producción, desarrollo, escritura, financiación… Convencido de que el futuro del cine está aún por llegar. Apasionado de la literatura y la historia, creo que el celuloide es el mejor invento para contar lo que pasa, lo que pasó y lo que puede pasar. En fin, parte indispensable de nuestra vida.

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Un comentario

  • El 17.03.2018 , Carlos ha comentado:

    Identificado completamente con esta temática tan cercana aún en estos tiempos y me ha encantado la visión de la búsqueda de esa Salvación, que tanto está necesitando esta sociedad.

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