Helena de Troya, reescrita: mala madre, mala esposa y mala hija

La historia reescrita de Helena de Troya, mala madre, mala esposa y mala hija

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La escritora Loreta Minutilli.

La italiana Loreta Minutilli reescribe la historia de Helena de Troya como si fuese ella quien la cuenta, un relato cien por cien diferente al que hemos escuchado. Minutilli se mete en la piel de ‘Helena de Esparta’, una protagonista bella y contradictoria, una mujer sabedora de su belleza y víctima de ella, una niña educada para dar placer y jamás recibirlo, una joven rodeada de poder pero esclava… para dar su versión de los hechos. Y convertirla, ahora sí, en una heroína alejada de los estereotipos narrados siempre por hombres.

Una de las charlas TED más vistas es la de Chimamanda Ngozi Adiche: El peligro de las historias únicas: “Las historias importan. Importan muchas historias. Las historias se han utilizado para desposeer y calumniar, pero también pueden usarse para facultar y humanizar. Pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden restaurarla”, dice en impecable discurso, el más visto en la historia de este popular sitio, descargado por más de 12 millones de personas. Eso mismo hace la joven escritora Loreta Minutilli (1995) con la historia de Helena de Troya, a quien ella se empeña en llamar de Esparta, su ciudad natal y el lugar al que retorna tras buscar el espejismo de la libertad.

Helena de Esparta (editado en España por Alianza Editorial) más que una novela parece un libro de historia narrado como una biografía. Pero no, no lo es, porque lógicamente la autora italiana se reinventa la fábula mitológica para narrar, desde la perspectiva de Helena, el relato de una mujer utilizada como objeto, una mujer secuestrada, una mujer violada y vendida a unos y otros reyes como si fuera un cántaro noble y bonito. Minutilli se mete en la piel de Helena, una protagonista bella y contradictoria, una mujer sabedora de su belleza y víctima de ella, una niña educada para dar placer y jamás recibirlo, una joven rodeada de poder pero esclava… para dar su versión de los hechos. “Lo escribí como si fuese un diario”. Eso sí, confiesa que evitó caer en sentimentalismos, porque su historia oficial, la narrada hasta ahora, por hombres, jamás los tuvo.

La escritora, física de formación y experta en Astrofísica, dice que siempre ha escrito y que le apasiona la literatura griega. “Empecé a pensar en Helena en primero de carrera, que es cuando empecé a escribir el libro. Yo siempre había estado rodeada de mujeres, en casa, en el instituto… y al entrar en la Universidad me vi envuelta en un mundo exclusivo de hombres. Pensaba en ella y la veía protagonista, sí, pero muda y como el “chico malo” de la historia. Nunca me sentí satisfecha con los poemas, ensayos y cuentos que había leído sobre ella. De ahí la idea de que ella contara”, apunta por vídeoconferencia.

La belleza es uno de los temas, ese don por el que –eso se ha dicho- las mujeres atrapan hombres. Loreta Minutilli entra en él sin problemas, y su Helena disfruta de ser la mujer más guapa de su universo, poco importa el pecado de la vanidad. Pero además, la escritora la exime también de cualquier culpa. Le viene dictado y como mujer ha de ser lista pero tonta; lo contrario sería peligroso. En ese sentido, la italiana se indigna cuando ve hoy a las chicas obsesionadas con la belleza: “Me ofende esa actitud. Porque entre otras cosas ni yo ni ellas vamos a ser nunca las más bellas. No somos objetos, pero, claro, resulta mejor alimentar la propaganda de la belleza sin cerebro, más maleable y menos peligrosa. Así ha funcionado durante siglos”, afirma.

No obstante, esa bendita belleza de la heroína es también su maldición. Helena se siente atrapada por ella y en contradicción. Porque ella quiere viajar, hablar, opinar, contar… Por eso huye, y no tras los brazos de un hombre, Paris, a quien no ama, sino en busca de participar en la vida política, de pasear por las calles, de hablar y salir de las paredes de palacio, algo que se permite en Troya (en teoría). Y cómo no va estar confundida si le han contado que es hija de Zeus, que un día se transformó en cisne para incubar dos huevos en su madre, de los que nace ella, entre otros tres hermanos. Su pecado no es entonces la vanidad, sino quererlo todo, como ellos, que guerrean y matan. A fin de cuentas, es reina de Esparta. Pero ha nacido mujer y se enfrenta al problema de no sentir la necesidad de atarse a un hombre y depender de él.

La física y escritora italiana también le perdona cualquier tipo de culpa. “El rapto de Teseo en la flor de mi adolescencia me había impedido adquirir el menor sentido de la moralidad… ¿Adúltera yo?”, se pregunta su protagonista. Su violación tampoco le hace sentirse impura. “Que sientan culpa ellos”, dice su protagonista en el libro. Pero Minutilli va más allá y desculpabiliza a “la mala del cuento” de ser mala madre, mala esposa y mala hija. Porque Helena abandona a su hija, marido y progenitora en busca de ser ella. “Quería hacer algo diferente. Y por eso Helena no quiere ser perdonada. No lo necesita. Ése es el gran paso”, apunta la millennial que dice haber aprendido todo de su madre. De nuevo el contexto, a Helena no le queda otra: su única vía para ser pasa por romper con la norma y lo que se espera de ella. “Las mujeres no realizan actos gloriosos y geniales. Para realizar algo grande, una mujer tiene que desobecer”, relata la, aquí sí, heroína.

Y sin decirlo, Helena de Esparta habla de sororidad. Incluso,en algún momento, entre sus páginas se le intuye una atracción física hacia las mujeres. Minutilli simplemente lanza la idea para explicar lo difícil que le hubiera sido a Helena tener amigas, algo que ansía. “Nunca las tuvo. Solo fueron sus rivales. Nadie jamás la da la bienvenida y acoge. ¿Cómo iba a saber relacionarse con otra mujeres?”, señala vía Skype.

Pero Helena fracasa –no la dejan ser- y vuelve a Esparta con el estigma de haber hecho lo que le venía en gana y haber provocado una guerra. La salva la autora, cuando –de nuevo en casa- preguntan a la protagonista por qué ha actuado así. La respuesta es sencilla: era el único modo de demostrar mi existencia, de ser escuchada en un mundo dominado por los hombres. “Cuenta, pues”, le responde Menelao. Y Loreta Minutilli comienza un relato muy lejos de esa historia única contada hasta ahora.

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Comentarios

  • Cristina

    Por Cristina, el 02 mayo 2020

    En la literatura gallega tenemos dos estupendas novelas de hace unos años que recrean las figuras míticas de Morgana y Circe. Ambas de Begoña Caamaño. Muy recomendables.

  • cocose

    Por cocose, el 03 mayo 2020

    Esta breve reseña indica que la autora tiene una idea distorsionada del papel de la mujer en la transferencia y validación del poder en aquella sociedad.

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