Una historia de amor gay en una Europa distópica y desertizada

La historia de amor gay en una Europa distópica y desertizada

El escritor David Uclés.

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‘Emilio y Octubre’ cuenta la historia de amor entre dos hombres a lo largo de toda una vida, en un futuro distópico donde Europa se está desertizando y la gente puede introducirse en los cuadros de los museos, en versión tridimensional. Hablamos con su autor, David Uclés, que cree que la presencia de la ultraderecha en las instituciones y los medios de comunicación es muy peligrosa para el colectivo LGTB+: “Con la ultraderecha dormida, el prejuicioso no te soltaba una hostia en un mal día; pero ahora temo que se sienta respaldado para darla de vez en cuando”.

David Uclés (Úbeda, Jaén, 1990) es escritor, músico, dibujante y traductor. Ha estudiado lenguas en cinco universidades europeas y ha trabajado en Alemania y Francia como profesor de español, alemán e inglés. Actualmente reside en París. Como músico, compone al arpa, al piano y la guitarra. Recientemente ha visto la luz en la editorial Dos Bigotes Emilio y Octubre, su primera incursión en el realismo mágico. Una novela que recorre la historia de amor de dos hombres, narrada desde el nacimiento de uno hasta la muerte del otro. En palabras del propio autor: “Emilio y Octubre es una evasión. No busca la empatía con el lector, sino agarrarlo y llevarlo lejos, hacer que olvide su presente y viaje al interior tridimensionalizado de las pinturas de los museos, a través de una veintena de ciudades europeas, en un futuro distópico y acompañado por música clásica. Es una historia de amor pura entre dos chicos, un ejercicio de realismo mágico intenso y lleno de melancolía”.

‘Emilio y Octubre’ sigue la historia de amor entre dos hombres a lo largo de toda una vida, en un futuro donde Europa se está desertizando y la gente puede introducirse en las obras de arte. ¿De dónde surgió la idea de situar esta peculiar historia de amor en un marco distópico, fantástico y casi apocalíptico? ¿Querías trazar algún paralelismo con la actualidad?

Los amores imposibles tienen la atención del lector. Los amores que no son imposibles seguramente sean bellos en la realidad, pero monótonos en la lectura. Buscaba –y siempre busco con la escritura– poder evadir al lector. Por ello, necesitaba ambientar esta historia en un lugar hostil, un espacio-tiempo que me permitiera narrar la misma historia de amor a lo largo de más de cien años sin que decayera la curiosidad. Simplemente diseñé el futuro al que creo que vamos encaminados como sociedad hiperconsumista y globalizada.

Es interesantísimo que la novela haga un recorrido por decenas de obras pictóricas y que incluya una lista de canciones para acompañar los diferentes pasajes del libro. ¿Siempre concebiste el libro como una mezcla de varias disciplinas?

Para mí, la vida se reduce a una búsqueda infatigable de la belleza. Sin ella, me daría todo igual, pues es sólo ante ella que olvido mi mortalidad. Cuando escribo, intento hacer un compendio de las bellezas que me acompañan durante el proceso creativo, para luego transmitirlas a los demás. Quise hacer una historia de amor intensa y regalar al lector imágenes bellas de la historia del arte y de la música clásica.

No solo te dedicas a escribir, sino que también eres músico y pintor. ¿Con qué arte te sientes más cómodo?

Como dije antes, busco la belleza incesablemente y luego intento transmitirla en otros lugares y momentos, ya sea con el acordeón, la cera o la tinta, impregnándola de melancolía. Las tres artes complementan mi forma de ver el mundo: oído, vista y habla interna. Pero si tuviera que quedarme con una, sería la escritura, porque es la que mejor aúna las otras dos.

‘El paso de la laguna Estigia’, pintura de Patinir en el Museo del Prado.

La increíble (y maravillosa) pintura ‘El paso de la laguna Estigia’ de Patinir tiene un papel crucial en tu libro. Aparte de esta enigmática obra, ¿por qué pintores o corrientes pictóricas sientes predilección?

Magritte es mi pintor favorito, seguido de Delvaux y Chirico, todos surrealistas. También me fascina el neoclasicismo de Ingres y de Alma-Tadema; y los lienzos tortuosos del contemporáneo Nicola Samori. Zabaleta y Maruja Mallo son mis dos españoles favoritos. Y, aunque en el libro sugiero que no me gusta Van Gogh, quedé tan fascinado con la película de Bauby (A las puertas de la eternidad) que ahora me es imposible desapegarme de sus obras.

Es indudable que, aunque mezclas de forma inteligente varios géneros a priori dispares, podemos considerar ‘Emilio y Octubre’ como literatura LGTB+. ¿Cómo te sientes con el uso de esta etiqueta? ¿Crees que es útil seguir usando este tipo de categorías para visibilizar?

Las etiquetas no suelen gustar porque nunca son precisas y generalizan, cuando la realidad es mucho más prismática y contradictoria. Sin embargo, yo sí soy partidario de usarlas, porque si no, nos sería difícil hacernos una idea primera de algo a lo que no sabemos si otorgarle nuestro tiempo o no. Creo que la novela encaja bien bajo la etiqueta LGTB+ porque es libre a la hora de elegir las relaciones de género entre sus personajes. Estoy cansado de leer historias de amor entre un hombre y una mujer.

Es raro encontrar una obra LGTB+ con tintes de realismo mágico o ambientada en una distopía, ¿cuáles dirías que han sido tus principales referentes (culturales, literarios, cinematográficos) a la hora de escribir el libro?

Generalmente consumo literatura diferente a la que escribo (Saramago, Camus, Lucía Berlin, Romain Gary…). No tengo unas influencias muy marcadas. Por ejemplo, el realismo mágico no está entre mis géneros favoritos; ni siquiera leí Cien años de soledad. Sin embargo, hay una película que siempre se me viene a la cabeza cuando pienso en mi novela: Las posibles vidas de Mr. Nobody. Creo que se parecen en estructura, tiempo y fuerza.

Hace un año tuvimos un interesante debate en ‘El Asombrario’ sobre literatura LGTB+, en el que participaron varios escritores y editores españoles. Tú has publicado tu primera novela con Dos Bigotes, una de las editoriales que más está haciendo por la visibilidad del colectivo. ¿Qué es para ti la literatura LGTB+, cómo la definirías?

Es un espejo de nuestra realidad, que es mucho más diversa de lo que nos muestran en casi todos los medios (series de televisión, anuncios televisivos, literatura infantil, películas familiares…). La literatura LGTB+ muestra la realidad tal y como es, plural –muy plural–, y no como uno la ve o desea verla. No se puede realizar un retrato de una sociedad si dejamos a un lado las historias de las minorías. Si la literatura fuera un mapamundi, los escritos LGTB+ serían los nexos entre países; sus istmos y canales; los volcanes activos que, aun siendo más pequeños, piden más visibilidad que los inactivos que hace tiempo tuvieron su gloria, aunque sean más pequeños.

¿Hasta qué punto crees que tener una orientación sexual distinta a la heterosexual afecta al éxito en el mundo literario o artístico? ¿Crees que sigue existiendo una discriminación en relación al género, la identidad o la orientación afectivo-sexual en el mundo artístico?

No creo que afecte de forma negativa, aunque desde la publicación hay una pregunta que de vez en cuando me ha rondado por la cabeza: ¿habrá lectores que cojan el libro con menos ganas por pensar que no podrán empatizar con una historia de amor entre dos hombres? No sería mi caso. Por ejemplo, la historia cinematográfica con la que más me emocioné fue Retrato de una mujer en llamas.

No podía cerrar sin lanzarte una pregunta que siempre hago a todas las personas que entrevisto: con un partido de ultraderecha presente en casi todas las instituciones, y con los medios sirviendo de altavoz, ¿crees que las personas LGTB+ estamos en mayor peligro que antes? ¿Cómo ves la situación en Francia, donde resides?

Sí, estamos más en peligro que antes. ¡Por supuesto! Porque con la ultraderecha dormida, el prejuicioso no te soltaba una hostia en un mal día; pero ahora, temo que se sienta respaldado para darla de vez en cuando. Sobre Francia, creo que es un país con más prejuicios frente al colectivo LGTB+ que España. Quizá el sambenito de “francés seductor heterosexual” no sea tan fácil de desarraigar en el subconsciente colectivo. Pero es sólo una ligera impresión, que llevo poco en el país.

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