‘Una historia de la mentira’: existió siempre, pero ahora es más compleja

‘Una historia de la mentira’: existió siempre, pero ahora es más compleja

El escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel. Foto: Isabel Wagemann.

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¿La mentira es consustancial a nuestra época o a todas? Esta cuestión planea por el libro ‘Una historia de la mentira’, de Juan Jacinto Muñoz Rengel, editado por Alianza Editorial. En su rastreo a través de la historia entronca la mentira con la naturaleza humana. Hemos hablado con él de la mentira en la Grecia clásica, en la Edad Media, en el siglo XXI…: “Los medios de comunicación no están siendo capaces de hacer de filtro y contrarrestar las noticias falsas, los bulos o los datos falsos”, “los medios deben recuperar su autoridad para que la gente pueda respirar un poco más tranquila”.

Para este doctor en Filosofía los planteamientos del libro están más cerca de la epistemología y la antropología que de un manual de ética, y elogia la capacidad de ficción del ser humano, como no podía ser de otra manera al ser también novelista. Nuestras facultades cognitivas se sujetan en la metáfora y disponemos de un gran pensamiento simbólico que necesitamos para producir conocimiento, dice el autor. Para Muñoz Rengel todo es mentira, pero hay mentiras y mentiras, por ello hay que entenderlas desde distintos planos y perspectivas, lo que lleva a la necesidad de poner orden en nuestras creencias, dudas e hipótesis. Entre sus novelas, El gran imaginador, El sueño del otro y El asesino hipocondríaco. Actualmente también es director de la Escuela de Imaginadores.

Para contextualizar su libro ha comentado que ha preferido hablar de la mentira en un sentido extramoral, ¿qué significa esto para un lector?

Casi todo el mundo le da al término mentira una connotación negativa. No hablo de esa mentira intencionada que va destinada a conseguir un beneficio o un perjuicio del contrario, sino que hablo de la ficción. Desde que comenzamos a producir la mínima unidad de conocimiento, ya necesitamos sustituir lo real por una imagen mental que ya de por sí es un poco mentirosa. A partir de ahí voy construyendo. Es verdad que en algunos casos obviamente tiene una connotación moral, pero yo he tratado de mantenerlo al margen, ya que, si no, tendría que haber escrito un tratado de ética bastante más complicado, pero quería hablar de la naturaleza humana a un nivel casi cognitivo, epistemológico y desde todos los ámbitos de nuestra actividad.

Dice que la historia del ser humano no es otra que la historia de la ficción. ¿Conceptos como ficción, ilusión, sueño o simulacro significan lo mismo o semánticamente cada uno tiene sus diferencias?

He intentado hablar de manera amplia, pero cuando entro en cuestiones concretas hay que diferenciar; no es lo mismo una novela que una hipótesis científica o una mentira política. Son cosas muy distintas y todos estos conceptos incluidos eluden la metáfora y el simulacro que necesitamos para el más mínimo razonamiento. Al final hay algo común en nuestra forma de estar en el mundo, y cuando yo hablo de realidad como simulacro es por esta razón. En el fondo, dada nuestras muchas limitaciones, nunca vamos a alcanzar la cosa en sí, la verdad, lo que haya al otro lado; nosotros solo sabemos lo que nos dicen nuestros sentidos, que son limitados, lo que nos dice nuestra inteligencia, que es limitadísima, y en esa percepción del mundo nos movemos y construimos nuestra realidad, que no deja de ser artificial, ya que mi realidad no es la misma que la de cualquier otro ser vivo. Por lo tanto, lo que construimos es un artificio, y esto sucede porque somos incapaces de ver las cosas tal y como son. Ahora los científicos nos hablan de muchas dimensiones, de la teoría de cuerdas, que escapan a nuestra capacidad sensorial, incluso a nuestro intelecto.

Volviendo a nuestro mundo, se dice que hay mentiras malas y otras que son piadosas. ¿Lo último las justifica?

Sí, porque en el fondo no paramos de mentir, desde que te levantas te estás mintiendo a ti mismo con el autoengaño. Te miras en el espejo y no estás viendo lo mismo que ven otros. Tu propia identidad, personalidad, se construye con un relato que no es fiel a la realidad, sino a tus propios recuerdos. Mientes al vecino no por maldad, sino por lo que llamamos normas de cortesía o educación. Pero es que la propia civilización se erige sobre la mentira. Sería imposible que nos soportáramos si no fuera por eso. Necesitamos, por lo tanto, esa mentira piadosa, pero está sujeta a un relato que defina la unidad del grupo, que otorgue identidad frente a otros para consolidarnos y ser más fuertes. A lo largo de la historia hemos ido creando conceptos como el de nación. Los nacionalismos no dejan de ser las cohesiones de un grupo mayor que solo se sujeta por los relatos que vamos haciendo. Al fin y al cabo, los relatos nos ayudan a organizarnos, desde lo más pequeñito a lo más grande, pero todo pasa por el engaño.

Comienza su libro desde que nos bajamos del árbol, pero ¿qué le parece que empecemos por los griegos y sus famosos dilemas? ¿La filosofía ha ayudado a solventar algunos de ellos, seguimos viendo las sombras dentro de la caverna?

Sí, claro, por ejemplo la paradoja de Epiménides: Los cretenses son todos unos mentirosos. Teniendo en cuenta que Epiménides era cretense, su aseveración encerraba todo un dilema. Es en el siglo XX cuando se resuelve gracias al matemático Kurt Gödel y su teorema de la incompletud y al filósofo Bertrand Russell con su teoría de los tipos. La filosofía siempre ha tenido problemas para avanzar, ya que ha contado con instrumentos muy pobres.

Por eso, Descartes se pone como objetivo dudar de todo menos de que piensa y por lo tanto existe. Pero para mantener ese puntito de luz que es la conciencia única, Descartes recurre a las trampas, recurre a la fe, así que del pozo en el que se ha metido, sale de una manera fraudulenta, y es Kant mucho después quien construye algo más sólido, pero desde la subjetividad, ya que el espacio-tiempo pertenecen al sujeto humano. Él hace de la conciencia de Descartes algo más complejo sin salir de ella, pero la realidad siempre es para el sujeto pensante. Pero volviendo a los griegos, los sofistas ya decían que no existía una verdad y que había que convencer al otro con todas las armas posibles como la retórica y la falsedad. Enseñaban a los hijos de los políticos a utilizar la mentira.

¿Los filósofos actuales siguen debatiendo sobre lo verdadero y lo falso?

Sí, lo que ocurre es que nuestro mundo es más complejo y hemos abandonado la visión platónica de la verdad que durante tantos siglos nos ha acompañado en la búsqueda de la Verdad con mayúscula, es decir que hay una gran Verdad que podemos alcanzar. Esa idea platónica, que también adoptó el cristianismo, ya se ha quedado atrás.

La relatividad se impone en el siglo XXI para ver lo que nos rodea. Lo que pasa es que la relatividad necesita más ingeniería de pensamiento para poder comprender, porque, si no se maneja bien, al final se puede convertir en un todo vale, todo es igual o todo es lo mismo, tan actuales. Con esto los valores empiezan a confundirse.

¿Son ahora las mentiras más complejas?

Tenemos más herramientas que nunca para producirlas. Ahora disponemos de programas y aplicaciones que nos permiten la manipulación de todo y además alcanzar el planeta entero. Todo el mundo tiene voz, pero al no haber filtros se genera mucha confusión y ruido. Los filtros ahora son los de Instagram. La imagen que queremos de nosotros mismos la podemos proyectar más allá de nuestro ámbito personal.

¿Las apariencias que tanto cultivamos en redes sociales no dejan de ser un engaño?

Claro, es difícil saber cuándo nos engañan los sentidos, y ahora le añadimos una gran cantidad de mecanismos, que si ya era todo una farsa o un sueño, como nos dice la literatura, ahora vivimos en un mundo de formas falaces y de apariencias. ¿Qué queda de la verdad?, pues todavía menos, y con múltiples capas que hay que apartar para apreciar lo que se parece a la verdad.

Le dedicas un capítulo entero a esa palabra inventada que es ‘la posverdad’ y, por supuesto, a las ‘fake news’.

A mí me interesaba la banalidad o qué hay de real en este término de posverdad. Todos los días nos inventamos algo y esos neologismos salen en los informativos y continuamente aparece algo nuevo en la redes. Pensamos que esto es algo novedoso, pero siempre ha sido así. Mi conclusión ha sido que no hay un salto cualitativo de la mentira, solo que tenemos más capacidad de aumentar el número. Hay más mentiras, se reproducen más rápido, pero no hay un salto cualitativo, solo cuantitativo. Siempre hubo campañas de difamación, leyendas negras, creadas adrede para derrocar al enemigo. Durante la Edad Media fue la falsificación, entre otras cosas, de reliquias.

Recientemente, las televisiones apagaron la emisión de un discurso tras ver las fake news de Trump; esto lo he visto muy pocas veces y me ha sorprendido, porque los medios de comunicación no están siendo capaces de hacer de filtro y contrarrestar las noticias falsas, los bulos o los datos falsos, bien por razones políticas o económicas. Hay tanta información falsa y si un presidente, aunque sea el de Estados Unidos, está dañando la democracia para sus ciudadanos y para el resto del mundo, no hay que admitirlo. Es normal que se diga que este hombre habla sin pensar ni aportar prueba alguna.

Los medios deben recuperar su autoridad para que la gente pueda respirar un poco más tranquila. Con la proliferación de las fake news podríamos pensar que sentimos la necesidad del engaño, pero lo que ocurre es que a la gente le gusta que le den la razón y se eligen las noticias que refuercen su opinión. Los medios buscan un público fiel, pero esto es faltar al propio código ético. Ahora la oferta es tan grande, pero debe haber mecanismos en todas las sociedades y en todos los estamentos para corregir esta situación.

La religión sigue siendo un elemento facilitador de todo tipo de ilusiones, aunque hubo una que dijo que todo esto es Maya y que todo es ilusión.

Hoy la religión ya no tiene el peso que tenía. Pero no creo que nos podamos librar de ella, ya que es inherente al ser humano. Piensa que está la superstición, que todavía es anterior. Las religiones se han organizado y la superstición está en nosotros igual que nuestras inseguridades. Todo el mundo tiene momentos de debilidad donde necesita alguna seguridad. Lévi-Strauss pensaba que cuando la gente tuviera acceso al conocimiento, a la lectura, esto cambiaría; ahora podemos decir que esto no es tan fácil. Habrá siempre humanos que verán en las religiones la solución a los problemas, aunque tengan más reducido su poder.

¿La ciencia ha permitido algún elemento corrector contra la superstición o tiene sus limitaciones?

Yo creo que la ciencia nos hace la vida mejor y nos permite ir dando pasos hacia ese horizonte inalcanzable que es la verdad. Pero no debemos creer que la ciencia es la nueva religión, como a veces se ha vendido, y que tiene en sus manos la verdad, cosa que es inalcanzable. La ciencia no es infalible, necesita unos tiempos, como hemos comprobado con esta pandemia. Su mecanismo sigue siendo ensayo y error, y puede emitir muchas hipótesis falsas. Tampoco tiene una intuición inmediata de la verdad, ni tiene el papel de contrarrestar todas las mentiras (caso pandemia), eso lo tienen que hacer los políticos y los medios de comunicación. 

¿Qué opina de las famosas etiquetas en la literatura de ficción y no ficción?

Hay novelas que son pura ficción y hay libros que no lo son, lo que ocurre es que hay muchos géneros que buscan la hibridación. Borges escribía ensayos que eran cuentos y cuentos que parecían ensayos, pero todas estas formas han permitido gran cantidad de obras nuevas y la auto-ficción, que está a caballo entre la ficción y la no ficción. Mi ensayo tiene un narrador literario, pero está dentro de la etiqueta de no ficción.

Dice que el arte quizá sea nuestra mejor sublimación de la mentira y del engaño.

Creo que es más honesto, porque desde el principio se nos dice que es mentira. Tal vez hubo algún momento en que vendía también la idea de estar tocado por los dioses. Pero los artistas siempre han dicho: esto es una ilusión, o la literatura: esto es ficción. En el momento en que se reconoce que es un intento de iluminar, de avanzar, un intento de conmover, ya nos están engañando menos. El pacto con el lector o el espectador es tácito, me vas a mentir y yo me voy a dejar. Entonces el espectador suspende su incredulidad. Por un rato me voy a creer que hay marcianos en Marte.

¿Qué tal su escuela de Imaginadores?

Muy bien, la verdad. El proyecto surge porque estaba en contacto con personas con mucho talento y tenía ganas de darle una forma sólida y reunir a la gente que tenía ganas de hacer ficción de la manera más sana posible, hablando todo el tiempo de literatura y comprometidos con la creación, sin estar especialmente relacionados con la industria editorial ni con el mundillo literario, sino dedicados a leer y hablar de literatura. Con la pandemia hemos dado las clases on line, tenemos un campus virtual y hoy por hoy tenemos los grupos llenos, somos una gran familia.

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