¿Qué hace un hombre como tú en las manifestaciones del 8M?

¿Qué hace un hombre como tú en las manifestaciones del 8M?

Manifestación del 8M en Granada. Foto: JM Grimaldi.

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Manifestación del 8M en Granada. Foto: JM Grimaldi.

Los últimos 8 de marzo me han maravillado. Además, cada año, en paralelo a las manifestaciones del 8M, se abren muchísimas discusiones. Algunas sobre los temas que mencionaba Analía en su último artículo. Otras, sobre la presencia de los hombres en dichos eventos. Un espacio de encuentro, empoderamiento y creatividad entre mujeres vuelve a gastar energías en reflexionar sobre la actuación de los hombres.

Y no nos equivoquemos, no es por la presencia. Al margen del debate sobre si los tíos deben estar o no, las quejas que he ido recibiendo vienen más bien ligadas al tipo de presencia.

En mi Instagram (@lio.delg) suelo preguntar mucho y generar interesantes debates. Hace unos días, pregunté por los problemas ligados a la presencia de los hombres en las manifestaciones del 8M y el montón de respuestas reflejaba un problema claro.

Todas sabemos que hay casos puntuales de tíos que brillan por su capacidad de ser desubicados: tíos subidos a farolas esgrimiendo carteles, tíos encabezando bloques e incluso sosteniendo pancartas. Grupos de tíos militantes de algún partido portando las únicas banderas de toda la manifestación. Tíos que arrancan los cánticos con más fuerza que ninguna. Tíos, tíos, tíos…

Estos casos puntuales, afortunadamente, no son representativos. Por suerte, la gran mayoría de hombres no se suben a farolas ni encabezan manifestaciones. Sin embargo, no implica que no debamos reflexionar sobre ello, ya que en muchos casos son un enigma: ¿saben que están acaparando atención? ¿Es voluntario? ¿Tienen un objetivo más inocente, como el de querer ayudar, y no acertar en el cómo, o esconden alguna intención más truculenta, como la de ganar sex appeal, capital erótico activista y atraer más en plan “soy aliado, ¿a que te gusto?”.

El hombre invasor

Hay otro tipo de comportamiento que implica a una cantidad mayor de hombres: en cada manifestación, no son ni uno ni dos los tíos que respetan más bien poco los espacios no-mixtos que se estipulan. Muchas amigas me comentaban con indignación cómo muchos tíos, aun sabiendo que se trataba de bloques no mixtos, ahí estaban. Varios se negaban a salir cuando se les apelaba. Hubo incluso alguno que vaciló como respuesta…

No quiero entrar en los debates sobre los espacios no mixtos, pero es un asunto que merece ser mencionado. Mi colega Eva Serós tiene unas geniales historias de Instagram sobre el tema, explicando las razones de estos espacios. Pero, más allá de los (muchos) argumentos para que estos espacios existan, hay algunos debates potentes, como el que mencionaba alguna colega hace un tiempo en torno a la invisibilización lésbica que supone pensar que en espacios donde no hay tíos no hay agresores, cuando algunas mujeres tienen en los espacios no mixtos a las exparejas (o parejas) con las que tienen problemas.

Otros debates se centran en los criterios que se usan para decidir la entrada/no entrada en los bloques no mixtos: normalmente se basan en una lectura estética del género que puede dar lugar a problemas, en casos de personas no binarias o algunas personas trans, como bien se apunta en esta brutal reflexión de Ricky G. Robles. Por último, cabe mencionar la problemática con el mundo marika. Si hemos entendido que las lesbianas no son mujeres, ¿qué pasa con el mundo marika que se reivindica como no hombre?

Pero, bueno, no creo que los tíos que aparecen en esos espacios pretendan hilar fino en estos debates. Quizás solo se trata de querer estar donde el ambiente está más cargado, quizás por formar parte del ambiente más interesante, la cuestión es que terminan tensando una de las pocas manifestaciones del año donde los protagonistas no son los hombres.

A la masculinidad se le da mal enfrentarse a los límites. Tradicionalmente, los relatos culturales del héroe se basan en un individuo que lucha con capa y espada contra lo que le limita. “Vence tus límites” es una máxima muy amplia, y esos límites pueden ser fácilmente los espacios no mixtos de mujeres.

No obstante, quiero creer (al final la gente mala, como la gente buena, son abstracciones moralistas) que no es tanto por mala voluntad (salvo algunos casos bastante odiosos) sino por desconocimiento y confusión.

Y es que el hombre, en estos espacios, vive una posición rara. Me explico:

La confusión

En una conversación sobre el tema, un colega me comentaba que, en las manifestaciones del 8M, él sobre todo había sentido una mezcla de alegría y confusión. Alegría porque le encanta ver esa energía y a tantas generaciones de mujeres nutriéndose del movimiento. Pero, a la vez, sentía confusión. Es bastante confuso estar ahí y sentir que uno no puede ser el cuerpo que se manifiesta. Otro amigo me lo concretaba en varios retos: “¿Se supone que tenemos que saltar cuando se grita “machista el que no bote”?”. ¿Puedo corear las consignas? ¿Todas? ¿Solo las que son genéricas? Una amiga suya le dijo que solamente se sentía cómoda si cantaba los cánticos generales, pero no los específicos (como el de “volver a casa borracha y sola”).

En general, los hombres en las manifestaciones del 8M tenemos un perfil bajo. Parece que la mayoría entendemos que no es nuestro espacio y que pasamos por ahí solamente como espectadores, no como protagonistas. Pero no por eso deja de ser un espacio confuso.

Y esto no debe leerse como un “pobres hombres que también sufrimos”, sino más bien como una realidad interesante (por lo menos para mí), que luego nos afecta en la vida cotidiana. La posición de estar, a la vez, dentro y fuera del movimiento, es difícil de habitar y eso se nota mucho en la manifestación. Cuesta entender durante todo el año que los hombres tenemos un papel en el feminismo, quizá no como feministas pero sí como pro-feministas (prefiero esta palabra a la de aliado ya que no sé en qué consiste esa alianza; mientras que pro-feminista define mejor lo que hago: defender y promover el feminismo y a las feministas); cuesta entender, digo, que podamos ser profeministas durante todo el año pero que el día de la enunciación colectiva que es el 8M no podamos formar parte de eso. Y no creo que sea una cuestión de querer apropiarse o querer tener protagonismo: hay tíos que de verdad se sienten apelados por la lucha feminista y que buscan formar parte de esa alegría colectiva que es la manifestación.

Y, ¡ojo!, hablo de los tíos que tienen perfil bajo en las manis del 8M (la mayoría). No hablo de esos tíos que van robando protagonismo subiéndose a farolas, iniciando cánticos o sujetando pancartas. ¡Para ellos, ningún respeto! Pero sí que me parece interesante la gestión de la confusión en aquellos que, a veces, estamos ahí por alegría, curiosidad y voluntad de sumar.

Conclusión: ninguna

Hablaba con Bea, mi compi, que eso de lo personal y lo político se aplica de manera distinta a hombres y mujeres. Si la lucha política de la mujer es la de llevar lo privado/personal, siempre invisibilizado, a lo público/político; la lucha del hombre se entiende como la de retirarse de lo público/político para redescubrir y gestionar más y mejor lo privado/personal (consigo mismo y también para los demás).

Y esa labor es importantísima, pero a veces eso de “no vayas a la manifestación, encárgate de cuidar” no es tan sencillo. ¿Si no tienes una familia cercana ni tienes pareja con hijos? ¿Y si no es tan fácil presentarse en un trabajo diciendo que quieres trabajar por X amiga? ¿Si no tienes amigas con cargas de cuidado cercanas que confíen en ti para dejarte a sus hijos/dejarte la casa? Queda un poco rarito un hombre ofreciendo hacerse cargo de hijos, mascotas o la casa de gente que no conoce…

En fin. Muchas dudas, pocas soluciones. Me quedo con la pregunta: ¿se puede vivir la alegría desde fuera del movimiento? Quizás esa confusión sea productiva y ayude a aprender sobre cómo ser partícipe sin ser protagonista o, como decía Bea, “estar en el escenario, pero no debajo del foco principal”.

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Comentarios

  • Marcita

    Por Marcita, el 14 marzo 2020

    Siempre me sorprenden los comentarios » exclusivos». Quizás yo tenga la suerte de tener por compañero a una persona razonable e «inclusiva». En cualquier caso si las manifestaciones son una de las formas de identificarse con una reivindicación, ¿que nos hace pensar que no puede acudir voluntariamente cualquier persona, con independencia de raza, sexo…que quiera libre y voluntariamente apoyar una causa?.

  • Fernández Fedd

    Por Fernández Fedd, el 14 marzo 2020

    Pero, por que dices nosotras? Eres varón no? No lo entiendo. Es por ignorancia o un falló?

  • Harpo

    Por Harpo, el 14 marzo 2020

    En el 8 de Marzo como en cualquier manifestación o evento hay todo un trabajo de cuidado y reproducción detrás.

    La experiencia de los grupos de cuidados en los últimos tres años me dice que cada vez que experimentamos nos encontramos con más lugares donde aportar desde la segunda fila.

    Ya sea llevar agua a las marchas como nos enseñó el feminismo en el 15m, hacer comida y llevar bocatas a las concentraciones de barrio, hacer comidas populares, como organizar un espacio colectivo para peques donde dejar niños mientras hay una actividad paralela.

    El secreto es pensar que protagonista de algo no es solo el que se lleva la foto, si no todas aquellas personas que colaboran en ello.

    Yo ahora me siento protagonista de lo que hago y eso me ayuda a pensar que no voy a cantar un cántico que interpele el sentir de las mujeres, porque soy un hombre heterosexual, y yo no puedo expresarme desde ahí, en ese momento escucho y ya.

    También me ayuda a sentir que mi participación en un espacio de cuidados aporta y valoriza la parte invisible de las acciones, y eso a su vez a darme cuenta que ese espacio está organizado para que las mujeres puedan llevar acabo el objetivo de visibilizar el feminismo, no para yo ser el prota de nada más que de mi propia vida.

    Un saludo

  • Style Gent

    Por Style Gent, el 15 marzo 2020

    Casi todas las personas sexualmente activas contraer n el virus del papiloma humano (VPH) en alg n momento de su vida. Pese a que la mayor a de las infecciones por el VPH desaparecen por s solas sin causar problemas, este virus puede causar en los hombres verrugas genitales o algunos tipos de c ncer. Vacunarse contra el VPH puede ayudar a prevenir estos problemas de salud.

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