18.02.2015

Horas negras para la Ciudad de la Luz, Everest y Planeta

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Una ventana con el lema SalvemosEverest de la cuenta de Twitter de mismo nombre.

Una ventana con el lema SalvemosEverest de la cuenta de Twitter de mismo nombre.

Empresas culturales en el laberinto del Minotauro. Ciudad de la Luz, Everest y Planeta. Horas negras para tres nombres que sugieren altos vuelos. En la misma semana tres sucesos han perfilado el sector empresarial cultural español. Fallece quien transformó Planeta en un monolito empresarial y el gran fracaso de la Ciudad de la Luz se yuxtapone al último ERE de la editorial Everest.

José Manuel Lara, de Planeta, fallecía hace unos días dejando un imperio de difícil réplica. La Generalitat Valenciana pone a subasta La Ciudad de la Luz. La editorial Everest vive pendiente de su muerte o una resurrección después de 50 años de vida. Una industria cultural con nombres propios: José Luis Berlanga, José Antonio López, José Manuel Lara, Eva, Vicente, Ana y Juana. ¿Qué define la industria cultural española, sus consumidores o sus productores? En el año 2004 nacía La Ciudad de la Luz, un complejo audiovisual de 300.000 metros cuadrados. Ridley Scott la ha calificado como el mejor estudio del mundo. Allí se filmó Lo imposible. Cuenta con seis gigantes platós, 12 hectáreas de exteriores y un foso de agua de 8.000 metros cúbicos, almacenes, talleres, edificios de producción.

La alumbró el sueño de José Luis Berlanga. Al cineasta le preocupaba sobre todas las cosas la libertad creativa y quería crear una industria que la permitiera. Ideó un proyecto que generaría múltiples sinergias. Lo consideraba necesario para “ajustar la demanda de nuevos recursos y tecnologías a la industria del cine, la televisión y la publicidad”. Apuntaba que “lo importante es conseguir garantías para ser independientes frente a las subvenciones y el paternalismo estatal”.

En 2004 a Eva nada de esto le importaba. Finalmente se sentía libre y segura. Había pasado de ser auxiliar técnico editorial a trabajar directamente con una editora. Aprendía todo del oficio, ya no era sólo una correctora. Había ingresado en la editorial Everest el 1 de junio de 1999. Fue el día que cambió su vida y por eso llevaba una camiseta de rayas amarilla y unas kickers también amarillas. Estaba llena de luz aquel 1 de junio. Una vecina había avisado a su madre que buscaban gente en la editorial. Eva estudiaba entre Friburgo y Salamanca para acabar un postgrado. Tuvo que hacer pruebas de todo tipo durante tres meses. Y finalmente la admitieron.

En seguida llamó a su madre y a todas y cada una de sus amigas, volvía a casa, a León, podía ser independiente. ¡Y con libros! Tenía 24 años y estaba literalmente loca de alegría. El sol brillaba para ella. Firmó un contrato rápido de seis meses y, luego, otro indefinido. Fue de las afortunadas.

Mientras Eva se sometía a las pruebas de selección para entrar en Everest, su creador y presidente, José Antonio López, se embarcaba en una Sicav con un grupo de banca privada andorrana. En 2004 reclamaba los efectos de la paralización de la LOCE en los libros de texto, lo cual había representado un total de 50 millones de euros de pérdidas para todo el sector. José Antonio López Martínez había crecido en la posguerra en la librería de su madre. En 1957, a sus 30 años, creó La Red Comercial del Noroeste, una distribuidora de libros que en cinco años convirtió en la editorial Everest. Es un negociante y trabajador nato cuyas fórmulas funcionaron muy bien en los 70 y los 80.

La editorial se expandió hasta estar presente en 14 países latinoamericanos, con una planta en México y otra en Portugal. Cinco de sus hijos ocuparon puestos directivos en la empresa familiar. Luego se unió la editorial a una sociedad inmobiliaria. Empezaron los problemas. Y comenzaron los ERE junto a las bajadas salariales. Los trabajadores se organizaron y lucharon. José Antonio López defendía que “los problemas deben resolverse en casa” y no “airearlos” para evitar “debilitar” la empresa “frente a la sociedad, el mercado, las entidades que deben financiarnos y frente a nuestra competencia, quien espera ansiosa poder ocupar nuestra cuota de mercado”.
Hoy los trabajadores se hacen llamar Salvemos Everest. Se encuentran en Twitter y en FaceBook de forma activa. Crear una empresa dedicada al ámbito cultural parece ser muy complicado en España, y que sobreviva, mucho más.

Nos insisten en que no se lee y, aun así, el sector editorial aporta el 1% del PIB, seis veces más que la industria del cine. Confluyen editoriales independientes pequeñas, medianas y dos macroeditoriales. José Manuel Lara ha sido identificado como editor cuando en realidad se había convertido en un empresario al frente de un conglomerado con Planeta y AtresMedia al frente y en vicepresidente del Banco de Sabadell.

No hay muchos empresarios de este tipo en nuestro país; se le ha comparado con Amancio Ortega y Polanco repetidamente. Es una generación que entiende la gestión ligada a productos concretos. Sus historias comienzan con un “hace mucho, mucho tiempo había una vez” un libro, una bata de guata, un periódico. En el caso de Prisa sabemos cómo acaban. Y en la mayoría sabemos cómo nos afectan. Se han hecho fuertes a base de crear un sistema de empresas ligadas de múltiples maneras entre sí.

Rodaje de la película 'Lo Imposible' en los estudios La Ciudad de la Luz de Alicante. Foto: Telecinco

Rodaje de la película ‘Lo Imposible’ en los estudios La Ciudad de la Luz de Alicante. Foto: Telecinco

Las portadas de La Razón que tanto nos entretienen, series como Velvet, el programa Salvados o El Intermedio y los libros de Mario Vaquerizo, Belén Esteban, Marta Sánchez, Max Pradera, Rosa Montero, Luis Landero, Almudena Grandes, los premios Planeta, Nadal y delicados libros de poesía española del jazz son algunos pocos de los variados productos nacidos de la factoría de Lara junto a todo lo que el Banco de Sabadell, un tren ultraveloz y los aviones pueden ofrecer.

Vicente tenía una hija de cuatro años cuando empezó a trabajar en Everest. El primer día llegó tarde y casi se quedó dormido cuando lo colocaron en la cinta de manipulado para meter en una carpeta los diferentes libros que componían el método de enseñanza. Siempre ha sido muy dicharachero, no se calla ni debajo del agua, y le extrañó que la gente no hablara.

Fue uno de los días de su vida que bebió más café. Estaba nervioso porque venía de trabajar muchos años sin contrato y allí le habían asegurado que le harían uno. Si no era así, tendría que hacer el servicio militar. Dos días más tarde firmó uno por dos meses. Estaba de suerte, su mujer también consiguió un trabajo aunque no allí, por política de empresa. Esa misma semana, el viernes, asistió al primer concurso de chocolate con churros de muchos de los siguientes 23 años, una costumbre de los trabajadores de la zona de producción.

También aprendió que, a pesar de que la comunicación es necesaria, subyace la idea de que hablar implica no trabajar. En el año 2000, la Generalitat Valenciana encargó los servicios de la Sociedad de Producciones Aguamarga S.A. para poner en marcha La Ciudad de la Luz en Alicante. El presupuesto alcanzó la cifra de 180.303 €. Aguamarga era también el grupo promotor de dicho proyecto. Su presidente era el cineasta García Berlanga y lo acompañaban tres productores. Estaban unidos al proyecto por contrato y obligatoriedad. Solo podían ser destituidos por causas de fuerza mayor.

Arthur Andersen se encargó de verificar la viabilidad según los datos de la industria cinematográfica y audiovisual, tanto española como europea. Price Waterhouse Coopers asumió la valoración del emplazamiento. En 2004, la Generalitat Valenciana compró las acciones de Producciones Aguamarga S.A. y nombró a Berlanga presidente honorífico de los estudios de cine. A la vez, Ciudad de la Luz S.A.U. contrataba a una división de Aguamarga para gestionar los estudios cinematográficos.

En el año 2000, Eva se apuntó en uno de los primeros máster de edición europeos de la Oxford Brookes University y durante un año se aplicó cada día a hacerlo después de salir del trabajo. Seguía aprendiendo y tenía mesa propia. En 2008, pasó a ser responsable de proyectos editoriales. Eva se da cuenta de que hace tiempo que viste de negro y, a veces, de fucsia para animarse. Han pasado 15 años y medio desde aquel día de amarillo. Cree que ahora tiene más seguridad en sí misma, en sus actitudes y aptitudes. Ha decidido que quiere trabajar siempre entre libros. Se ha vuelto a enamorar. Su madre sobrevivió a un cáncer. Coordina los libros que solicitan los clientes, empresas o instituciones. Busca al autor, el fotógrafo o el ilustrador, formatos y materiales, presupuestos, etc… Ahora, de los cinco días que está en la empresa, cuatro son sin cobrar. Así que para poder sobrevivir, diseñó un curso de edición profesional en línea y lo hace con Cálamo y Cran, después de comunicarlo oficialmente en Everest.

Sede del Grupo Planeta en Barcelona. Foto: Creative Commons.

Sede del Grupo Planeta en Barcelona. Foto: Creative Commons.

Ana trabaja desde hace diez años como colaboradora externa en una macroeditorial. Aún recuerda los nervios del comienzo. Estaba tan contenta que alguna vez, cuando se pasaba a por los manuscritos, llevaba caramelos para las secretarias. Siempre había sido una lectora voraz y de repente trabajaba con libros. Se sentía tocada por una varita mágica. Hasta entonces no había encontrado lo que aunara la satisfacción personal y el trabajo diario. Aprendería, se formaría, sería todo tan interesante, pensaba. Nunca ha recibido ni una felicitación de navidad o un saludo del editor. Hay una secretaria que le envía el trabajo y que afirma no saber nada cuando una factura se retrasa.

Aunque siempre elogiaron su trabajo, eso no evitó que al no poder hacer uno y avisar, recibiera una línea sin más en la que le señalaban: “pues llamo a otra”. Juana trabajó como externa para tres editoriales independientes en uno de los peores años de su vida, en el que una nunca le pagó, otra le exigía ser autónomo por no más de 300 € al mes sin regularidad de trabajo y una tercera decidió cancelar el proyecto a los seis meses, porque al director ya no le apetecía seguir con algo que imaginaba más sencillo.

Juana ha evitado en lo posible volver a trabajar para editoriales hasta alejarse. Ahora vende productos de cosmética. Ymelda Navajo es una de las editoras de referencia en el mundo editorial sin lugar a dudas. Llegó a ser la mujer con más poder en la editorial Planeta, fue directora general de ediciones del grupo y sólo respondía de forma directa ante Lara. Pero ella también se marchó y para dar aliento y crear Esfera de los Libros en solitario hace 10 años y sigue creciendo.

En estos 23 años, Vicente ha visto crecer a su niña que ahora vive en pareja, su padre falleció, su madre volvió a casarse, a su mujer empezó a fallarle el trabajo. Vicente nunca fue un buen candidato para una hipoteca por el sueldo que recibía. Tuvieron que cambiar de casa dos veces hasta conseguir una que podían permitirse algo alejada de León. Vicente no volvió a llegar tarde. Ahora forma parte de control de producción y presupuestos. Hace ocho años que no ve a nuevos “Vicentes” llegar tarde. La empresa dejó de contratar y empezó a externalizar los trabajos. Ahora hace meses que nadie cobra. Los viernes solía acabar la jornada y se iba a tomar algo y cenar con compañeros. Muchos han suspendido vacaciones, trabajado sábados y domingos por las urgencias de entrega, han hecho turnos dobles. Se han sucedido más concursos de churros y cenas con regalos sorpresa. Cada una de sus jornadas empieza a las 07:00 encendiendo un programa de gestión integral para analizar producción y costes.
Pero ahora no hay ni materias primas. Aun así, hay que analizar el día anterior, sacar de donde no hay y poner en marcha los presupuestos. “De vez en cuando te entra un correo de despedida de alguien que se va a otros lares a buscarse los garbanzos. Pasan las horas, te tomas un café y hasta que alguien te llama para subir a RR HH para preguntar cuándo vamos a cobrar. Siempre recibes la misma respuesta: ‘no sé nada, pero hablo con financiera y os digo”.

Contar las personas que hacen parte de una empresa no es nada sencillo en tiempos de colaboradores externos y autónomos forzosos. Más de 500 personas que trabajan directa e indirectamente para la editorial Everest, una empresa creada por un hombre y gestionada por varios de sus seis hijos. Se enfrentan ahora a su semana más decisiva, todo depende de la respuesta de la Junta de Castilla y León, un crédito o el concurso de acreedores. Muchos simplemente esperan que se acabe lo que viven como una muerte lenta. Otros tantos se repiten: “¿Y qué hago yo ahora?”. Por su edad adivinan que no encontrarán trabajo ni en su sector ni en otro. Esta misma semana, la Agencia de Innovación de Castilla y León acaba de aprobar un crédito que está supeditado a garantías que Everest debe demostrar sobre la viabilidad y sostenibilidad de la editorial, que cuenta entre sus libros con los de Disney. Everest ya ha aplicado un nuevo Expediente de Regulación Temporal (ERTE) para 120 trabajadores de los 320 de la plantilla.

La Ciudad de la Luz no opera desde hace dos años. Fue cerrada por la UE por competencia desleal. Acumula una deuda insostenible estimada entre los 80 y 200 millones. Ahora está a la venta. Uno de sus posibles compradores sería Francis Ford Coppola, que representa a un grupo de cineastas de Hollywood y querría transformar el complejo en lo que siempre ha debido ser. Pero también asoman otros pretendientes, un grupo ruso que espera construir un casino, y dos grupos chinos de idea similar aunque con las miras puestas a convertirla en una suerte de Las Vegas del Mediterráneo. Un fondo buitre catarí, los estudios Babelsberg de Alemania y los londinenses Pinewood, que fueron los denunciantes ante la UE, completan el conjunto de aspirantes a ser dueños de Ciudad de la Luz.

Felices lecturas, mares de Ariadnas, olas de Teseos.

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5 comentarios

  • El 18.02.2015 , ESPARTANO de Avilés ha comentado:

    GRANDE EVA, gran compañera y mejor persona. Una gran currante y profesional. Recuerda siempre el valle del tietar.

  • El 18.02.2015 , un trabajador de Everest ha comentado:

    Hace casi 18 años yo estaba trabajando en Madrid. Mi mujer en León. En aquel momento no teníamos hijos. Y aún así, era duro. Sobre todo la tarde del domingo cuando yo me marchaba a Madrid y sabíamos que hasta el viernes no tendríamos más contacto que el teléfono.

    Una llamada telefónica cambió, en aquel momento mi vida. Tenía la oportunidad de volver a casa. De reincorporarme a la vida familiar día a día. Iba a trabajar en Everest.

    Hoy, 18 años después, con dos hijos de por medio me veo abocado a volver a marcharme fuera. Si en aquel momento, sin hijos y con 18 años menos fue duro, no quiero ni imaginar lo que va a ser ahora.

    Y esto, en el mejor de los casos.

  • El 18.02.2015 , Trabajadora de Everest ha comentado:

    Gracias por el articulo!
    SalvemosEverest

  • El 09.09.2015 , Nely García ha comentado:

    Desgraciadamente estos ejemplos son más dramáticos, que el hecho de equivocarse a la hora de escoger la forma adecuada para publicar una obra. Espero y deseo, que sus problemas se resuelvan favorablemente.

    • El 09.09.2015 , Sardiflor ha comentado:

      Hola, Nely,

      Gracias por tomarte tu tiempo para dejar un comentario. 🙂
      Citaba este artículo en mis respuestas al de las editoriales porque estoy convencida de que la información sobre la realidad del sector editorial no suele responder a la imagen idealizada de la mayoría y menos aún de los autores. La información de este artículo menciona tres empresas y un universo empresarial de la cultura en España con una personalidad muy definida y muy común en todo el sector.
      En cuanto a Everest, como era de suponer, acabó cerrando. Mucha gente se quedó en la calle después de haberse sacrificado por la empresa, literalmente. Fue un final lamentable en demasiados aspectos. Solo espero de todo corazón que el cambio traiga algo bueno para sus trabajadores y que cada uno encuentre un futuro generoso. Sé que Vicente está organizando una cooperativa y Eva se marcha a Nueva York.

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