22.04.2020

Hoy es el Día de la Tierra: ¿acordamos un nuevo ‘contrato’ con el planeta?

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En el Día de la Pachamama, de la Madre Tierra, hemos de pensar en una relación más igualitaria, entre nosotros y con el planeta. Esta imagen formaba parte de la exposición ‘Planeta Tierra: nuestros grandes desafíos’, organizada por la FAO en La Casa Encendida de Madrid, y que debía de haberse podido visitar hasta esta semana.

Hoy, 22 de abril, Día Internacional de la Madre Tierra, nos toca pasarlo en nuestras casas, de una manera muy diferente a la que lo habríamos hecho en cualquier otro año hasta la fecha. Un virus nos ha confinado y ha llegado a darnos una lección de humildad, haciéndonos recordar que somos una especie más en el planeta. Aunque en un primer momento me planteé un artículo que transmitiese positivismo, pues el tema Tierra tiene un corte amable, lo cierto es que cuanto más me documentaba más me reconducía a una perspectiva realista de la situación. En el Día Internacional de la Tierra tiene más sentido que nunca detenernos a pensar en su cuidado, pues la situación que atravesamos está directamente relacionada con el abuso por nuestra parte.

En 2008, Lovelock publicaba La venganza de Gaia, su octavo libro, que venía a hacer referencia a su teoría de Gaia, según la cual la Tierra, la bioesfera, tiene su propio equilibrio y su capacidad de autorregularse. Pero para Lovelock el sutil sistema auto-regulatorio de Gaia ha sido desbordado por una población humana creciente cuyo consumo de energía es también creciente; y Gaia se empieza a vengar, amenazando con la destrucción de nuestra especie. Curiosamente, entre las propuestas de recuperación de la Tierra, Lovelock propone la reducción del consumo de energía y el autosecuestro, el quitarnos de la circulación. Pues confinados estamos, y a corto plazo puede parecer que la Tierra se recupera levemente, aunque esto es solo un espejismo, pues Emilio Cuevas, director del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña, en Tenerife, ya ha advertido que las emisiones de dióxido de carbono (CO2) alcanzarán un nuevo máximo histórico este año; es decir, que la reducción de emisiones por el confinamiento es casi inapreciable en el grueso global de tiempo. Por ahora. Habrá que estar atentos a cómo evoluciona.

Por las redes circulan fotografías de diferentes ciudades a las que han llegado animales salvajes, hemos recuperado sonidos de la naturaleza que antes quedaban ocultos por ruidos de motores, y hemos recuperado imágenes de montañas que antes nublaba la contaminación. Nadie obvia que este confinamiento debido al coronavirus nos ha traído cierta reconciliación temporal con la naturaleza, así que es el momento de insistir en que cuidarla parece más importante que nunca para evitar nuevos episodios como el que estamos sufriendo. Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), declaraba en marzo al periódico inglés The Guardian que la naturaleza nos está enviando un mensaje; advierte que a corto plazo hay que superar esta pandemia pero a largo plazo habrá que invertir en recuperar la biodiversidad perdida. Este mes, medios españoles añadían nuevas declaraciones de Andersen sobre la relación entre la salud y los ecosistemas; se comprueba que es mayor de lo que se esperaba y recalca que deberemos invertir en un futuro más verde.

David Quammen, autor de Spillover: Animal Infections and the Next Human Pandemic, ha escrito: “Cortamos los árboles; matamos a los animales o los enjaulamos y los enviamos a los mercados. Interrumpimos los ecosistemas y liberamos los virus de sus anfitriones naturales. Cuando eso sucede, necesitan un nuevo huésped. A menudo, lo somos».

Así que son múltiples las coincidencias y afirmaciones de expertos que hablan de la relación entre la pérdida de biodiversidad y la vulnerabilidad de la salud humana, como también se ha publicado en El Asombrario, ayer mismo. Aunque solo fuese por luchar contra la autoextinción, quizá sea el momento de empezar a plantearse un nuevo modo de vida que vigile y proteja la Tierra.

Cuando se hace balance sobre la salud de nuestro planeta siempre sale en negativo. El último año hemos asistido a los mayores incendios que arrasaron Australia, a una plaga de langostas en Kenia, a los mayores incendios en el Amazonas. Cada año además adelantamos más el día de sobreexplotación de la Tierra, esa fecha en la que hemos consumido los recursos naturales pertenecientes al año natural y que no deja de adelantarse desde 1970, llegando en 2019 a producirse en el mes de julio, lo que quiere decir que casi medio año hemos vivido a cuenta de los recursos naturales de nuestras hijas e hijos.

Gente sin escrúpulos

Nuestro sistema de producción de consumo se aleja mucho de los ciclos de la Tierra; frente a los ciclos naturales circulares, los nuestros son lineales, consisten básicamente en extraer recursos para devolver desperdicios. Sabíamos desde hace tiempo que nuestro sistema de producción y consumo desenfrenado no era sostenible, al igual que sabemos que siempre habrá alguien tratando de hacernos creer que no existe el calentamiento global. El porqué interesa esa desinformación lo sabemos; en todas las crisis siempre hay alguien que saca partido. Y al igual que gente sin escrúpulos sube el precio de las mascarillas y productos sanitarios pensando en su propio rendimiento, otros venden variedades agrícolas “preparadas para el clima”, semillas supuestamente capaces de resistir condiciones meteorológicas extremas. Según Naomi Klein, solo entre 2008 y 2010 se registraron al menos 261 patentes relacionadas con ese tipo de variedades. ¿A quién venderían estas especies si reducimos el impacto del calentamiento global?

Nunca hemos tenido tanto acceso a la información y esto lo saben bien quienes juegan a desinformar sobre el tema que en cada caso convenga; el negacionismo climático ha sido un tema recurrente en dirigentes de corte conservador como Trump o Bolsonaro, los mismos que negaron la importancia del virus. Trump se refirió a él como un “virus chino” cargando el término de connotaciones racistas, y que todo era una trama contra su persona; posteriormente declaró que tenían todo bajo control, y a continuación mintió al afirmar que estaban cerca de encontrar una vacuna. Bolsonaro hizo algo similar: declarar que el virus era una simple gripe y no tomar ninguna medida. Negacionistas.

Por lo tanto, si alguien que se supone que debe proteger a su país, que es el encargado de tomar las decisiones para salvaguardar a la población, puede no solo declarar falsedades, sino no adoptar las medidas más adecuadas para la población teniendo en la mano toda la información, ¿por qué no iban a hacer lo mismo a la hora de hablar del calentamiento global del planeta y las múltiples consecuencias que conlleva en pérdida de biodiversidad y para la protección de la vida? El cambio climático significa negocio para muchos: en la venta de seguros antidesastres naturales, en inversiones en lugares más protegidos, bosques que pasan de ser comunales a manos privadas que quieren disponer de un reducto donde salvaguardarse, etc… Tal y como han actuado muchos agentes en esta crisis sanitaria, podemos entender su hipocresía con el negacionismo climático.

La brecha social se incrementará

Por otro lado, tras la crisis sanitaria se nos echa encima la crisis económica, cuyos datos nos hacen ver un futuro desalentador en cuanto a desigualdades. Aunque todos paguemos la crisis, sabemos que no afecta igual a unos y a otros, y que la brecha social se incrementará. Y, por supuesto, a no ser que se tomen medidas contundentes, se volverá a esquilmar los recursos naturales y a destruir la naturaleza, como ya se atisba en decisiones como las de la Junta de Andalucía, que aprovechando el estado de alarma ha echado por tierra buena parte de la legislación de protección ambiental, con la excusa de reactivar la economía. No aprendemos…

Mientras para limpiar conciencias se ponen en marcha programas de educación y sostenibilidad que se suceden unos a otros: Primero fue el Decenio de Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sostenible (2005-2014), después el Programa de Acción Mundial para la Educación para el Desarrollo Sostenbible (2015-2019), pero la educación no basta, debe ir acompañada de medidas políticas contundentes y apuestas firmes. Desde Europa se atisba algo de esperanza, ya que se ha anunciado una alianza europea para una salida verde de la crisis económica, según la cual, para salir de este monumental atolladero se deben realizar inversiones masivas en torno a “principios ecológicos” y que busquen poner en marcha un nuevo modelo económico europeo.

Quizá esta vez sí se empiecen a hacer las cosas de otro modo, aunque solo sea porque hemos recordado nuestra vulnerabilidad como especie y porque este virus ha venido a enseñarnos que solo priorizando el cuidado de la vida, el cuidado de la Tierra, hoy es su Día, lograremos el equilibrio que mantiene la red de vida.

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Sobre el autor

Miriam Leirós
Maestra de Primaria desde hace 20 años, educadora e intérprete ambiental. Coordinadora del colectivo Teachers for Future en España. Trabajo en la escuela pública, desde donde trato de subrayar los valores de la cultura y la ecología. Con acento gallego.

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Un comentario

  • El 22.04.2020 , N Pad ha comentado:

    Mother earth!!!

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