28.02.2014

Iguales y ¿asexuados?: conflictos de la pareja moderna

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Foto: © Manuel Cuéllar

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Cuanta más comunicación hombre/mujer, menos libido; cuanto más igualitario el reparto de tareas domésticas, menos actividad sexual. Esa es la conclusión a la que llegan los estudiosos de la pareja moderna, según un informe publicado por ‘The New York Times’. El debate está servido. Se admiten teorías, interpretaciones, ejercicios exaltados de asombro.

***

Ella pone la mesa mientras él corta las zanahorias para la ensalada de la cena. Si la niña se despierta en mitad de la reunión que tienen con varios amigos esa noche, es él quien se levanta a consolarla, mientras ella se ocupará de sacar las bebidas de la sobremesa. Son una pareja moderna: sin papeles asignados (al menos, sin los papeles tradicionales), ambos ganan más o menos lo mismo (o al menos, alternativamente), los dos tienen claro que el trabajo de cada uno es importante, y los dos comparten al 50% las tareas del hogar, las gestiones bancarias y fiscales y las visitas al pediatra o a los profesores del colegio, según su agenda. Nada es propio de ninguno de los dos en función de su género, ambos se reparten las obligaciones de la vida diaria por igual o, en todo caso, dependiendo de sus habilidades, de su tiempo o sus querencias, en ningún caso por ser hombre o mujer.

Sigue sin ser lo mayoritario en la sociedad española, aunque cada vez más frecuente y deseable entre las parejas jóvenes o (al menos) las más progresistas. ¿Quién podría criticar este reparto perfecto sin ser tachado de convencional, conservador, machista o retrógrado?

Pues bien, resulta que las cosas no son tan sencillas. Por si los debates en torno a qué es ser feminista hoy o cuál es la verdadera batalla de la igualdad en la sociedad del siglo XXI fueran poco confusos y manipulables, la sociología (al menos la investigación que se desarrolla bajo esa rúbrica) viene a complicar todavía más el análisis. Un estudio reciente, realizado en Estados Unidos, y del que se hacía eco hace unas semanas The New York Times sostiene algo increíble: las parejas más igualitarias en la vida diaria tienen una menor actividad sexual. Son relaciones muy satisfactorias desde el punto de vista personal y emocional, pero no así desde el punto de vista sexual.

El estudio apareció en The American Sociological Review el pasado año y se llama Egalitarianism, Housework and Sexual Frequency in Marriage. El sentido común indica que las relaciones igualitarias deberían también tener un impacto positivo en la vida sexual, que tendería a ser más abierta, más comunicativa, menos sujeta a convencionalismos y tabúes. Pues resulta que este estudio afirma que, cuantas más tareas domésticas consideradas tradicionalmente femeninas (como pasar el aspirador, cocinar o tender la colada) realizan los hombres, menos frecuentes son las relaciones sexuales en la pareja. En concreto, las parejas en las que los hombres hacen un montón de tareas supuestamente masculinas (bajar la basura, hacer bricolaje, arreglar el coche) realizan el coito al mes 17, 5 veces más que en aquellas en las que esto no ocurre. Y no solo eso, sino que las mujeres entrevistadas refieren tener una menor satisfacción sexual cuando ellos hacen esas tareas consideradas femeninas. O sea: cuanto más masculinas son las tareas que realizan los hombres, mejor es la vida sexual de la pareja, según este estudio. ¿Raro, no?

Los datos son de los años noventa, pero pocas cosas han cambiado en los últimos 15 años sobre lo que llamamos corresponsabilidad doméstica. La propia autora del reportaje, la psicoterapeuta de pareja Lori Gottlieb, entiende el escepticismo que pueda causar semejante estudio, pero afirma que ella misma lo ha constatado en su consulta. Parece que estamos viajando a otro planeta o asistiendo a una reunión vecinal del Tea Party. Pero no. Cuanta más comunicación, menos libido: esa es la conclusión a la que llegan los estudiosos de la pareja moderna.

Una de las tesis que avanza la autora del estudio, la socióloga Julie Brines, es que compartir las tareas de la casa, sin diferenciar si son propias de un sexo o de otro, conlleva precisamente una falta de diferenciación sexual. Y cuanto menor es la diferenciación, menor es la atracción sexual: la neutralidad de género nos está convirtiendo en seres sexualmente neutros, concluye Brines. Según sus investigaciones, las parejas homosexuales tienden a escoger compañeros muy distintos, lo que mantiene viva su conexión sexual, mientras que las parejas de mujeres lesbianas suelen guiarse por los mismos patrones a la hora de escoger pareja que las mujeres heterosexuales (¿tenemos los mismos valores, los mismos gustos, los mismos objetivos en la vida?) lo que hace que su vida sexual sea menos frecuente e intensa, igual que en las parejas heterosexuales estables, a medida que pasa el tiempo. Esta menor actividad sexual, sin embargo, no quiere decir que estas parejas sean menos felices: de hecho son muy felices y registran un menor número de divorcios.

La verdad es que el número de afirmaciones polémicas de este artículo va in crescendo. Presenta esa mezcla de ingredientes –investigación científica, sociología, sexo, igualdad, progresismo, conservadurismo— infalible a la hora de provocar enconadas discusiones sobre el papel de hombres y mujeres en la pareja, sobre lo que nos hace felices, sobre lo que en realidad buscamos y deseamos más allá de lo políticamente correcto.

Las explicaciones son múltiples, y les invito a reflexionar sobre ello y a aportar su propia teoría al respecto. Brines dice, en primer lugar, que seguramente todo esto tiene que ver con los estereotipos de lo que es femenino y masculino, y que nuestra sexualidad, a pesar nuestro, es algo emocional, inconsciente y nuestro deseo funciona por asociaciones aprendidas que no podemos controlar, y que estas asociaciones tienen mucho que ver con lo que llama “el misterio de la otredad”, eso que no podemos definir y que nos atrae porque es lo opuesto a nosotros. La igualdad es buena para la organización de la vida diaria y social, pero sus valores no siempre se pueden trasplantar a la cama, donde juegan las fantasías, los sueños inconscientes y, en ocasiones, inconfesables.

Bueno, dirán ustedes, ya estamos con la teoría de que, en el fondo, a todas las mujeres, por muy feministas que sean, les gusta ser dominadas. Y, en efecto, este tipo de estudios corren el riesgo de acabar con lo que nos ha costado tanto conseguir: una pareja y una familia democráticas.

Mi opinión al respecto es que cuanto mayor es la igualdad en las relaciones personales, cuanto mayor es la presencia de las mujeres en los centros de decisión y de poder, más frecuentes son los intentos de teorizar sobre las desventajas de ese poder y esa igualdad. Antes no había teorías. Simplemente las mujeres hacían lo que tenían que hacer y si disfrutaban o no en sus relaciones sexuales no era considerado relevante, mientras pudieran quedarse embarazadas.

Tampoco pongo en duda que estos resultados sean reales. Pero creo que no son atribuibles tanto a la igualdad en sí como al cansancio que la vida diaria provoca en una pareja de nuestros días en la que ambos trabajan: horarios imposibles, sueldos ajustados, niños a los que hay que llevar o recoger del colegio, estimular y educar. Y la casa, ese lugar que es como una aspiradora de energía: pon, quita, pon de nuevo el lavaplatos, pasa el polvo, haz la cama, recoge la ropa, guárdala, y ahora la cena… Dios ¡y he olvidado que había que hacer la compra! El retrato de la pareja moderna es más bien el de dos personas sobrepasadas por los acontecimientos, exhaustas, que simplemente buscan relajarse un rato (con el ipad o la lectura) antes de apagar la luz. El sexo resulta cansado. Es más una cuestión de energía que de roles. Y su falta tiene que ver más con las imperfecciones de la vida real que con una batalla sobre el adecuado papel de hombres y mujeres en el seno del hogar. En última instancia, dos personas que se relacionan de forma igualitaria tienen siempre la oportunidad de expresar su insatisfacción. Y de construir esa relación sobre nuevas reglas. Al contrario, quizá no hay quejas. Pero simplemente porque uno de los dos nunca dice lo que piensa.

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Sobre el autor

Elena Castelló
Elena Castelló es periodista. Fue redactora jefe en Dunia y directora de Mujer Hoy, TVMás y Hoy Corazón, en Vocento, durante más de 10 años. En la actualidad colabora con Vanity Fair, Telva, XLSemanal, Mujer Hoy y Hola Decoración. Twitter: @ecastello Facebook: Elena Castelló

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36 comentarios

  • El 01.03.2014 , marina ha comentado:

    Hombre y mujeres somos la msma caca borreguil.

    • El 07.03.2014 , marina ha comentado:

      Yo quiero ser montada por un macho que huela a macho

      • El 08.03.2014 , Juan ha comentado:

        Prueba con un animal de compañía, que además te dejará algunos arañazos apasionados. Quién es nadie para criticar un fetichismo ajeno. Ánimo y al ruedo.

  • El 01.03.2014 , S. ha comentado:

    “las parejas homosexuales tienden a escoger compañeros muy distintos, lo que mantiene viva su conexión sexual, mientras que las parejas de mujeres lesbianas suelen guiarse por los mismos patrones”. Diría yo que las mujeres lesbianas también forman parejas homosexuales…
    Tomar la palabra homosexual por sinónimo de gay, obviando la parte femenina, es algo que sucede a menudo y demuestra que aún queda mucho por hacer…

  • El 01.03.2014 , Poeta Miyoto Cado ha comentado:

    No entiendo de dónde surge la supuesta polémica. Si en general son más felices, ¿qué más dará que tengan menos sexo?, ¿el objetivo de formar una pareja es el de buscar se felices juntos o el de tener mucho, mucho sexo?

  • El 01.03.2014 , Salyana ha comentado:

    Obliga a reflexionar.
    Muy de acuerdo con la explicación de la autora: el estrés y el cansancio de la multitarea. Habría que repartir el trabajo: trabajar menos, para trabajar todas. O viceversa.
    Pero se me ocurren otros dos comentarios:
    – En la medida en que haya más igualdad habrá más respeto y la frecuencia sexual tenderá a adaptarse a la persona de menor pulsión.
    – No tiene por qué identificarse convivencia grata con sexo. Ni la una ni, mucho menos, el otro tienen que circunscribirse a la pareja estable.

    • El 03.03.2014 , Elena Castelló ha comentado:

      Gracias Salyana

      Muy interesantes tus sugerencias sobre posibles explicaciones. Lo comparto

  • El 01.03.2014 , Mar ha comentado:

    Una posibilidad: tal vez los hombres con niveles de testosterona más altos están a la vez menos dispuestos a aceptar las tareas del hogar y más deseosos de tener relaciones sexuales más frecuentes.

    • El 01.03.2014 , puredepatata ha comentado:

      testosterona?? ¿¿pero cómo va a ser genética -y no social- la predisposición a realizar tareas del hogar???

      • El 03.03.2014 , Elena Castelló ha comentado:

        Gracias por ambos comentarios. Creo que muestran precisamente el quid de la cuestión: hay una explicación biológica para todo, pero no todo (y menos lo relacionado con los comportamientos sociales) puede explicarse acudiendo a lo biológico.

    • El 02.03.2014 , Juan ha comentado:

      ¿Niveles de testosterona distintos? He aquí otro mito que no deja de aparecer en nuestra pseudo-ciencia cotidiana. Salvo enfermedades muy concretas, los niveles de testosterona en los hombres son similares. No circula más testosterona por el organismo de un violador, de un machista o de insolidario.

  • El 01.03.2014 , May ha comentado:

    Un dinosaurio social es aquel que, incapaz de asimilar que la sociedad ha estado siempre en constante cambio, cree que apartarse de los modelos de su juventud llevará a la Humanidad al declive. Hay dinosaurios sociólogos, pobres.
    Brines necesita coger algo de perspectiva histórica:
    ¿Son las mujeres que amamantan a sus hijos en la actualidad menos femeninas? Durante siglos fue impropio de las “verdaderas” mujeres (las señoras) hacerlo.
    ¿Son los hombres que desarrollan lazos afectivos fuertes con su pareja y sus hijos menos hombres? Lo mismo, una creencia secular; para tener cientos de vidas disponibles para morir en combate el poder los necesitaba sin muchas ganas de vivir. Que fuese sinónimo de hombría carecer de sentimientos demuestra que sólo pensaban en los seres humanos por su utilidad.
    ¿Son los hombres autosuficientes, los que saben coser su ropa y cocinar, como los soldados en la guerra y los exploradores, sinónimos de falta de virilidad para las mujeres? Que opine Brines, ya que es mujer.
    ¿Se ha considerado a los sastres, cocineros y barrenderos, poco hombres? ¿No eran labores impropias de su sexo? ¿Existen lavaplatos varones en los restaurantes sin que nadie piense que se mengua su hombría?
    Todas esas ideas de “tareas femeninas y masculinas” están basadas en una visión machista y degradante para ambos sexos (ej: hombres sucios y descuidados porque no les importa la higiene) que lo más gracioso es que son mucho más recientes de lo que la autora pueda imaginar. Antes del cine de los 60, un hombre desaseado no era nada varonil. Durante siglos el hombre ha cuidado su imagen tanto o más que la mujer. Las pelucas, tacones, trajes de telas exóticas y maquillaje se crearon principalmente para los hombres. Por eso son tan chistosos los roles de género, porque intentan hacer pasar el pasado reciente como el pasado de la Humanidad y la verdadera naturaleza de los sexos. Además de que el cine hollywoodiense somete a continuo revisionismo a todas las épocas pasadas, cambiando sus valores ante la audiencia moderna.

    • El 03.03.2014 , Elena Castelló ha comentado:

      Muchas gracias May por tu comentario. Estoy de acuerdo

  • El 01.03.2014 , Jordi ha comentado:

    Quizás todavía pese en muchas mujeres, sobre todo de los noventa, pero también actualmente, un estereotipo machista de lo que deben desear. El problema no es que quieran ser dominadas, sino que les intentan enseñar desde pequeñas que lo elegante es ser tímida y que el hombre es un tipo rudo. Esto puede provocar que sientan menos atracción, lo que en cierta forma siempre es inconsciente, hacia una pareja que dialoga y que no cumple con el estereotipo con el que creción sin darse cuenta (o dándose cuenta pero sin anularlo, desactivarlo).

  • El 01.03.2014 , Mar ha comentado:

    Totalmente de acuerdo con tu conclusión, Elena

    • El 03.03.2014 , Elena Castelló ha comentado:

      Muchas gracias Mar

      Totalmente de acuerdo contigo, Jordi

  • El 01.03.2014 , Youbcn ha comentado:

    Muy buen interpretación del estudio. Además, en épocas anteriores no tengo nada claro que las mujeres disfrutaran con el sexo. Muchas parejas limitaban el sexo a la procreación y, desde luego, no se realizaban estudios al respecto, así que difícilmente se pueden comparar datos y mucho menos llegar a la conclusión de que la igualdad favorece una bajada de la libido.

  • El 01.03.2014 , criscristalino ha comentado:

    A juzgar por el rosario de señoras imputadas en casos de corrupción y que no sabían nada de números que-son-cosa-de-mi-marido, el feminismo ha perdido, y todo el “estudio” ese (otra estupidez) quizá sea bueno en los eeuu, pero qué co… tiene que ver con España? Aquí, a pesar de que el feminismo, al que apoyo, se ha desgañitado pidiendo los mismos derechos, calla como gallina, cuando sus congéneres imputadas no asumen las mismas responsabilidades y la justicia traga. Y no se les caen las banderas lilas a las feministas que deberían estar reclamando igualdad. Callan. Pues no, señoras feministas, estamos esperando que exijan, por una vez que a iguales derechos mismas responsabilidades y no admitir que por ser mujer, las hagan pasar por imbéciles.

  • El 01.03.2014 , maria jose ha comentado:

    totalmente de acuerdo

  • El 01.03.2014 , Alfa ha comentado:

    Psicoterapeutas y psicólogos sorprendidos mientras redescubren la Naturaleza tras quitarse el velo del correctismo político.

  • El 01.03.2014 , Psicólogo ha comentado:

    Cuanto más poder tiene la mujer, menos se folla.

    No hay más.

  • El 02.03.2014 , Darki85 ha comentado:

    En el título debería poner asexuales en vez de asexuados (asexuado = que no es macho ni hembra; asexual = persona que no siente atracción sexual).

    Por lo demás, me ha gustado el artículo, por ser crítico con el estúp, digoooo… “estudio” al que hace referencia ;P

    Yo le añadiría otra crítica, y es que da por hecho que es deseable tener cuanto más sexo mejor, y en realidad lo deseable es tener la cantidad de sexo que a cada persona le apetezca, sea mucho, poco, regular, o nada ¿qué más da?. Si una pareja es feliz teniendo sexo una vez a la semana (o al mes, o al año, me da igual), ¿cuál es el problema? Que se metan en sus asuntos esos “investigadores” y dejen a la gente decidir lo que es bueno o malo para sí mismxs.

    Qué cansinos esos “estudios” tan interesados en cuestionar que la igualdad sea deseable….

    • El 03.03.2014 , Elena Castelló ha comentado:

      Gracias Darki por tu matización, estoy de acuerdo en que lo deseable no es sólo tener mucho sexo.

  • El 02.03.2014 , Juan ha comentado:

    Últimamente aparece mucha basura pseudo-científica, seguramente bien financiada por aquellas personas, ideologías e industrias que se benefician del sexismo. Su objetivo es claro: que las mujeres vuelvan a cuidar de la casa y salgan del mercado laboral. Así vemos como cada vez más las jugueterías son museos sexistas, con sus colores bien diferenciados. Tienen la zona rosa y la zona multicolor. En la zona rosa, juguetes para desincentivar a las niñas en cualquier otra cosa que no sea su futuro doméstico y domesticado. Lo habíamos superado, pero poco a poco nos van volviendo a colar los estereotipos. Y oyes a padres y madres hablar de cómo las niñas son las que piden esos LEGOs color de rosa (qué horror)… como si no recibieran influencias diarias que fueran sembrando esas preferencias. Hasta los huevos Kinder han sacado sus versión femenina, porque la construcción de un pequeño juguete es cosa de niños. Para ellas, un collar o un anillo.

  • El 02.03.2014 , Amalia San Román ha comentado:

    Estoy de acuerdo con la columnista del artículo; si esas parejas, como dice el estudio, son más felices y sus índices de divorcio son menores… ¿quién ha pagado ese estudio y qué pretende demostrar? Me indigna que ahora nos preguntemos cuál es la frecuencia sexual cuando a lo largo de la carrera patriarcal en la que no ha existido ni un intento igualitario de reparto de tareas no nos ha importado esa respuesta. Debe ser que hacernos elegir entre una vida sexual muy activa en pareja y un reparto de tareas domésticas equitativo es una manera de apoyar el estatus quo del sistema. No hay que elegir nada, esto es control social.

  • El 02.03.2014 , Mer ha comentado:

    Desde mi heterosexualidad.Después de creer que encontraría una pareja de vida gracias a las afinidades, y de frecuentar entornos de ‘crecimiento personal’, me he dado cuenta de que el tipo de hombre ‘sensible’ (espiritual, trascendente, sublimador, igualitarista -léase con cierta sorna, por favor-)que ronda cursillos con títulos variopintos, no me provoca la menor excitación. ¿Quiere decir esto que me ‘pone’ el macho ibérico per se? NO, nada más lejos. Quiere decir que con ciertos hombres no sé a qué atenerme. No tengo claros los códigos. ¿Le gusto?, ¿le apetece follar conmigo?. Nunca he tenido reparos en preguntarlo, pedirlo, sugerirlo…pero ADORO, A-DO-RO que haya signos evidentes de que le gusto. Que hay en la mirada, en los gestos, un síntoma inequívoco de que ME DESEA. Muchos hombres, amigos que me proporcionan estupenda información, me confiesan que están ‘sublimando’ los instintos, en favor de una ‘cooperación’, un ‘comprender, compartir, respetar’ en mi opinión mal entendidos. Si estos términos van a resultar incompatibles con la esencia, con el genuino deseo, con la sexualidad libremente expresada y vivida…mal vamos.

  • El 02.03.2014 , Menudo ha comentado:

    #criscristalino, además de apoyar al feminismo, podrías mojarte un poco más e investigar sobre lo que se está hablando en los círculos feministas en lugar de hablar a la ligera.
    http://www.pikaramagazine.com/2013/07/en-la-sombra-las-mujeres-en-las-tramas-de-corrupcion/
    Por cierto muy acertado el artículo y las conclusiones de los comentarios. Nada que ver con el artículo publicado en El Mundo…Gracias por hacer este tipo de periodismo.

  • El 03.03.2014 , Elena Castelló ha comentado:

    Muchas gracias a todos por vuestras opiniones. Creo que demuestran que el debate tiene muchas ramificaciones y que necesitamos reflexionar mucho todavía sobre cuestiones como el género, la igualdad, la sexualidad, las definiciones de los roles, el deseo, la libertad sexual, etc. me alegro mucho de lo activos que son nuestros lectores (¿quién dijo que ya no está de moda leer, reflexionar y participar educadamente en un debate on-line?)

  • El 01.07.2014 , A.R. ha comentado:

    De acuerdo con tu interpretación. Pero quisiera hacer una reflexión.
    Si es cierto que el cansancio por la vida moderna es mayor, la carga en una pareja heterosexual con reparto de tareas comparada con una pareja con los tradicionales roles, la que aumenta es la del hombre y no la de la mujer. Es más, en este caso en todo caso disminuiría.
    Y cómo decía un comentario anterior, ¿si son felices, por qué alarmarse por la disminución de la actividad sexual?

  • El 27.03.2015 , Farrah ha comentado:

    Yo soy asexual y desde los 19 años comencé a percibir que el sexo no era algo fundamental en mi relación, lamentablemente no entiendo porque aun sigo con pareja, estoy casada y vivo algo frustrada ya que mi esposo quiere tener relaciones con frecuencia, cuando yo con una vez cada dos meses estaría más que bien. Por eso hemos decidido que es mejor divorciarnos, el es joven y merece ser feliz, y del mismo modo, lo seré yo.

  • El 31.07.2016 , teresa ha comentado:

    Buen artículo, habría que diferenciar algunos conceptos, los cuales nos hacen saltar de asombro porque genera confusión.
    Una cosa es mayor frecuencia en relaciones sexuales y otra mayor satisfacción sexual.
    Lo importante es la satisfacción sexual, ya sea con poca o mucha frecuencia de las relaciones.

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