20.07.2020

La impactante expo que por fin enfoca la violencia machista de otra forma

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Una de las sobrecogedoras fotografías de la exposición ‘Lo que no se ve’ de Jesús Montañana en EFTI. «José Iván D. golpeó a su pareja en la cabeza e incendió la casa con el cadáver».

“Un individuo de nombre desconocido asesinó a la mujer que huía de él y después asesinó al bebé de ambos”. “Imanol Castillo disparó cinco tiros a su ex pareja mientras recogía a su hijo de tres años del colegio”. “Marco Javier Mirás golpeó a su hijo en la cabeza y después intentó enterrar el cadáver en el bosque”. Estos son los escalofriantes pies de foto que acompañan a algunas de las imágenes que componen la exposición ‘Lo que no se ve’, a cargo del fotógrafo Jesús Montañana y que puede visitarse en Efti (Madrid), hasta el 3 de octubre.

Esta presentación tiene como temática la violencia machista y lo hace desde un punto de vista muy peculiar, sin nombrar a la víctima y sí señalando al asesino y mostrando el lugar exacto en el que cometió el crimen.

Para tomar estas instantáneas, Montañana viajó durante 2017 con su furgoneta por toda España siguiendo distintos casos. En ocasiones se puso a sí mismo en peligro, pero siempre tuvo claro cuál era el objetivo y que tenía que sacarlo adelante. Hablamos con él sobre esta impactante muestra, que forma parte de un trabajo que no termina aquí.

¿Cómo surgió la idea de este trabajo?

Después de estudiar la carrera de Comunicación Audiovisual empecé a trabajar en un periódico y como fotógrafo me mandaron cubrir un primer caso de violencia machista. Saqué mi cámara y vi que mis compañeros fotografiaban a la víctima, el cadáver, los familiares y los vecinos llorando… Yo aposté por otro enfoque, pero en la Redacción me dijeron que dónde estaban las fotos ‘buenas’, las que ellos querían publicar, que eran las similares a las de los compañeros. Publicaron fotos de agencia y yo quedé como que no sabía hacer mi trabajo. Los siguientes casos a los que me mandaron fotografié lo que me pedían, el dolor de los familiares, de los vecinos y los cadáveres que se pudieran ver. Cuando hacía esto usaba la cámara como un escudo. Te protege. Te pones detrás de ella y en el momento en que está ocurriendo la acción delante de ti te tapas. Pero al llegar a mi casa y encender el ordenador, descargaba las fotos y le ponía un pie de foto, me encontraba fatal. Yo lloraba por lo que había ocurrido. Además me sentía mal por sacar a esas personas, no creía que estuviera haciendo bien mi trabajo. Yo sentía que no estaba ayudando.

Otra de las imágenes de ‘Lo que no se ve’, del fotógrafo Jesús Montañana en EFTI. «Andrés Hermes Oval golpeó a su novia hasta matarla». Aquí.

¿En qué sentido no ayudabas?

Está demostrado, hay estudios que dicen que si sacas en los medios el dolor de las víctimas lo que provoca es una satisfacción en el asesino, porque ese era su objetivo. Lo que tenemos que hacer es sacarlo de otra manera donde él no vea satisfechas sus intenciones, que es hacer daño.

¿Cómo saliste de ese dilema?

Dejé de trabajar en el periódico. Al poco tiempo fui padre de una nena. Estaba un día viendo la tele y salió una noticia de un hombre que había pegado cinco tiros a su mujer en la puerta de un colegio. Yo pensé que eso lo tenía que fotografiar. Mi pensamiento fue: si fotografío todos los lugares donde ha ocurrido esto y lo cuento de una manera responsable, demostraré que hay muchísimas víctimas y que es una tragedia que sucede todos los días. Ese fue el detonante que me hizo empezar, fue en 2017.

Ese año hubo más de 80 víctimas de violencia machista en España. ¿Cómo decides los diferentes lugares a los que ir y que fotografiar?

Empecé a investigar, aparte de ver en los medios nacionales si había habido algún caso de violencia de género y si lo había habido buscaba en la prensa local, que siempre me daba más datos, a veces hasta el número del portal de la calle. A través de feminicidios.net y de un blog de la Universidad de Navarra iba analizando caso por caso y buscaba los que tenían un componente machista.

Bajo cada fotografía has escrito un pequeño texto que señala al criminal, no a la víctima.

Claro, claro. Las asociaciones de víctimas de violencia machista dicen que se debería hacer así. Yo en la Universidad aprendí que teníamos que poner el nombre del asesino y no el de la víctima, porque si no el culpable se queda tan tranquilo. No sale ni su foto ni su nombre, a veces como mucho sus iniciales por ser aún presuntos. Entonces, muchos medios se centran en poner el nombre de la mujer, de la mujer y otra vez de la mujer. Esto al final hace mucho daño a las familias, porque esa mujer no para de morir durante un montón de tiempo. Esa es la razón por la que pongo los pies de foto de esta manera.

¿Has tenido alguna reacción de las familias de las víctimas?

Sí, tuve por ejemplo la reacción del cuñado de una víctima. Yo estaba llegando al lugar y me quedaba por ahí bastante tiempo observándolo, porque yo iba a los sitios sin conocer nada, no sabía por dónde me estaba metiendo. En este caso un hombre me dijo que me iba a romper la cámara. Yo le intenté tranquilizar, le dije que estaba trabajando, y me dijo que estaba harto de los periodistas, que ya les habíamos sacado suficientes fotos. Le conté la idea, que era otro tipo de trabajo, que fotografiaba lugares… y al final me acabó abriendo la casa y me dio las gracias.

¿Desde el principio imaginaste el proyecto como una exposición?

Siempre lo pensé así, que sería una exposición y que había que mostrarlo a la gente. Que era un trabajo para que la gente lo conociera, porque sí creo que es impactante. Y se trata también de salir de la rutina de cómo nos informan siempre, que ya nos insensibiliza (no todos, pero un poco sí, al recibir la noticia de la misma manera). Así, a lo mejor te da un poco una vuelta de tuerca a la cabeza y dices ‘ostras’; y lo que se necesita es eso, que te llamen la atención para que te fijes en algo y para eso tienes que hacer algo que sea diferente. Es terrible que estemos un poco insensibilizados a algo tan fuerte.

Ese es el objetivo de una expo tan fuera de lo común, entiendo.

Sí, efectivamente. Yo todos estos lugares no los hubiera fotografiado si no hubieran ocurrido estas cosas. Seguramente mucha gente pasará por ellos tan tranquila, pero si conociera lo que ha ocurrido allí les merecería un respeto, habría una conciencia. Pensar que en cualquier lugar puede haber ocurrido algo así… Pues esa es la realidad.

Impacta también porque muchos son lugares que nos parecerán muy cotidianos: un portal de un barrio cualquiera, un campo de las afueras, la escalera de una comunidad de vecinos…

Esto no entiende ni de condición social ni de nada. Una de las fotos está hecha en una mansión. En ella puede verse una escultura de bronce, libros, enciclopedias… Aquí no vivían personas con dificultades socioculturales. Esto afecta a cualquier clase social, nacionalidad…, nos puede pasar a cualquiera. La violencia machista nos puede afectar a todos, también a los hombres. Como padre o como hijo… Si matan a tu madre te está afectando, ¿verdad?

‘Lo que no se ve’, exposición del fotógrafo Jesús Montañana en EFTI, recoge imágenes con estremecedores pies explicativos de los escenarios del crimen. «Miguel Ángel Guardia mató a su mujer y prendió fuego al coche con el cadáver dentro».

¿Esto te ha supuesto algún problema?

Alguna vez me han dicho: “Es que tú vas en contra de los hombres”. No, perdona, yo voy en contra de la violencia.

¿Hay alguna foto que te haya sobrecogido especialmente?

Sí, fue una de las primeras que hice. Yo acababa de ser padre y el individuo en cuestión degolló a su bebé de 2 años. Cuando llegué al sitio, aparqué la furgoneta delante del portal y había una persona que no paraba de fumar en el portal y se encendía los cigarros con un soplete. Me presenté como periodista, la cámara siempre la llevo guardada, porque si no la gente huye. Le pregunté si sabía algo de un asesinato que se había cometido allí. Contestó que sí y que estaba limpiando la casa él solo y que se estaba volviendo loco. Él era amigo de la madre y conocía a la niña. Le invité a un café en un bar y allí me contó todo con pelos y señales. Al terminar le pregunté si me dejaba subir con él y él estaba deseando, para no estar solo. Hice la foto y en un momento tenía ganas de ir al baño, pedí permiso para ir y el baño ya estaba limpio, pero yo sabía que sus compañeros de piso habían descubierto lo que el asesino había hecho cuando él salía del baño de lavarse las manos. Mientras yo estaba allí y me miré al espejo vi esa escena de él lavándose las manos y me desmayé prácticamente. Al descubrir a este hombre, sus compañeros de piso le pegaron tal paliza que él quiso salir huyendo y se tiró por el balcón. Se tiró del primer piso y cayó sobre un coche, no le ocurrió nada grave.

Cada historia que muestra una foto es tan terrible como la anterior…

Claro, en muchos casos son familias. En una de las fotos que muestran la entrada a una ‘casa bien’ el asesino había intentado simular un robo, pero lo había premeditado todo, porque había dejado a su hija en casa de unos amigos para asesinar a su mujer. Es un tema muy complicado y leerme todos los casos, toda la información; para conocer por ejemplo el lugar exacto del arroyo donde tiraron una maleta con un cadáver… me tuvo que acompañar un señor que cuidaba los olivos por allí.

¿La gente de la zona te ayudaba?

Siempre me han tenido que ayudar, para entrar en algunas casas o para dar con sitios en un bosque… Las víctimas en numerosos casos intentan huir y si el ataque ha sido en su casa muchas veces mueren en la calle, en la entrada.

Te has implicado mucho en este proyecto…

Muchísimo. He recorrido miles de kilómetros en esos meses, tenía una pulsión, creo que era sacarme eso del fotoperiodismo de batalla, del ‘McDonalds de las noticias’. Esta era una forma de contarlo en la que creía y tiré con ella hasta el final. Y es verdad que por ejemplo a la hora de escribir un pie de foto para añadir a la imagen, la sensación de vahído la he tenido. De estar escribiendo y marearme. He sentido al estar en estos sitios la tensión en el ambiente.

Háblanos de la luz de estas fotografías.

Me preguntaban a menudo por ella, me decían que era muy suave. Pues mira, es una luz de las 9 de la mañana. Por un motivo, porque a esa hora pasaba más desapercibido. Cuando la gente va a trabajar, cuando llevan a los niños al cole… Es más seguro entrar en un barrio peligroso a esa hora que a las 5 de la tarde o por la noche.

¿Has corrido peligro en algún momento?

En una ocasión sí empezaron a perseguirme personas claramente del otro lado de la ley con un bate de béisbol. En otra me dejaron encerrado en una azotea, alguien me encerró en la azotea de una finca y estuve ahí horas. Este es un trabajo muy solitario, pero lo haces por la necesidad personal de sentirte bien con lo que haces, de quitarme la sensación de estar haciendo un trabajo indigno de alguna manera. Yo estaba y estoy convencido de que si tú tratas esta información de cualquier manera no es bueno para la sociedad. Hace falta informar, pero bien, no con el único fin de adormecer o de ganar dinero. Yo aquí sentía que hacía mi trabajo.

Y ahora cómo te sientes al ver tu proyecto realizado.

Me siento orgulloso de haberlo hecho, y no siento la necesidad de que nadie sepa que yo he hecho esto. Simplemente quiero que lo vean. Es un trabajo que hice por necesidad personal, no por gusto. Tanto no fue por gusto que hubo momentos en los que tuve que parar, porque tenía pesadillas y sabía que algo estaba pasando y tenía que tomarme pequeños respiros. Porque cada semana estar leyendo, investigando asesinatos y yendo a los sitios, así durante meses… Creo que fueron ocho meses y además sin parar, porque no trabajaba en nada más. Era mi familia y esto. Organizarme con mi pareja para poder hacer los viajes y ya está.

¿Qué harás a partir de ahora?

Algo diferente, porque ya no hablo de muerte, pero sí de territorio y de paisaje. Y por otra parte este trabajo lo seguiré haciendo cada diez años. Cogeré unos casos y los fotografiaré. Por eso en la exposición hay una foto en blanco, que representa a las víctimas que no están fotografiadas, las que ha habido antes y las que hay después. Dentro de 10 años a lo mejor cojo los casos que tengan un componente machista pero que se salgan de lo que la gente entiende por violencia machista. Igual el caso de un padre que defiende a su hija y acaba asesinado. Iré buscando diferentes aspectos que son violencia machista. Haré tandas cada 10 años, también para explicar que esto no para. Y cuando lleve varias décadas haciendo el trabajo todavía será más inapelable.

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Sobre el autor


Periodista que cree en la cultura como refugio y salvación del loco mundo en que vivimos. Redactora desde hace dos décadas en diversas revistas y periódicos de tirada nacional. Autora del libro de relatos ‘Preferiblemente vivas’ y de la novela ‘Los lugares rotos’, editados por Hidroavión. En Twitter, @SanchezGarciaS

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