07.05.2019

Jardín Botánico y Thyssen se unen para ofrecer un paseo artístico entre flores

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A la izquierda, 'People's Flowers' de Richard Estes. Ala derecha, 'Lirio blanco, número 7' de Georgia O’Keeffe. Ambos cuadros del Museo Nacional Thyssen Bornemisza.

A la izquierda, ‘People’s Flowers’ de Richard Estes. Ala derecha, ‘Lirio blanco, número 7’ de Georgia O’Keeffe. Ambos cuadros del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y el Real Jardín Botánico (RJB-CSIC), que comparten paseo del Prado y del Arte en Madrid, han decidido unirse esta primavera para ofrecer rutas artísticas en torno a las flores. Primero se realiza un paseo guiado por el Jardín deteniéndose en tulipanes, lirios, calas, acantos, aguileñas…; y luego el paseo continúa por la colección permanente del Thyssen para contemplar quince lienzos, de Carpaccio a Murillo y Renoir, en los que están representadas esas plantas. ‘El Asombrario’ hizo el 2 de mayo, fiesta de la Comunidad de Madrid, la primera de esas rutas.

El siglo XVII vivió toda una burbuja económica en torno a los tulipanes, que llegaron a alcanzar cifras astronómicas. Tan altas que algunos señores acaudalados preferían encargar un cuadro que representase estas flores a adquirir los bulbos, pues les resultaba más barato y rentable.

Es una de las muchas anécdotas que durante esta soleada y festiva mañana de mayo nos van a contar las dos guías que acompañan a una veintena de personas (tres cuartas partes, mujeres) por la ruta preparada en torno a las flores: Arancha Burgaleta en el Jardín Botánico (5.500 especies) y Teresa de la Vega en el Thyssen (un millar de obras).

La burbuja de los tulipanes

Arancha comienza la ruta por los tulipanes –ya apenas quedan, son los últimos del año- para contarnos que son originarios de Asia Central, del territorio que ahora ocupa Kazajistán, que en el siglo X entraron en Turquía y que el XVI llegaron a Viena y Leyden. En el siglo XVII, la Botánica estaba muy de moda entre la aristocracia europea, y se desató una auténtica locura por los bulbos, especialmente en los Países Bajos, tanta que dio lugar a una de las primeras burbujas económicas, con su posterior pinchazo, de Occidente.

Seguimos por el esplendor de las peonías, también de origen asiático, ahora en pleno estallido; por un vistoso cuadro natural de camomila, a la que desde muy antiguo se le atribuyen propiedades rejuvenecedoras, pues se considera que regenera el hígado; pasamos sin detenernos junto a azaleas y rododendros –a punto de traer la fiesta al jardín- y de una fila de acantos que aún no han lanzado sus vistosas florescencias, hasta llegar a los rosales, cuya flor siempre se ha asociado con el amor y la belleza, con especial hincapié en las especies silvestres. Las calas se abren junto a la cicuta, lección tan humana de la complejidad de la naturaleza, de la doble cara de tantísimas plantas, que albergan tanto principios activos curativos como tóxicos. Nada y todo es lo que parece.

Dos visitantes observan la obra 'Muchacho con turbante y ramillete de flores' (hacia 1658-1661), de Michael Sweerts en el Museo Thyssen.

Dos visitantes observan la obra ‘Muchacho con turbante y ramillete de flores’ (hacia 1658-1661), de Michael Sweerts en el Museo Thyssen. Foto: R. R.

Fotografiando lirios en el Jardín Botánico. Foto: R. R.

Fotografiando lirios en el Jardín Botánico. Foto: R. R.

Son constantes las connotaciones religiosas de las flores que nos cuenta Arancha, para que luego nos acerquemos más preparados a las obras del Thyssen. Así, la rosa para la religión cristiana representa a la Virgen; las azucenas simbolizan la pureza de María; los lirios cárdenos, la pasión de Jesucristo; la columbina (o aguileña), el Espíritu Santo, por sus pétalos en forma de paloma; los narcisos, la muerte y resurrección. Son claves para saber interpretar las pinturas, acercarse a ellas con más andamiaje que el de la pura estética o emoción que desprendan. También hay variados significados laicos desplegados a lo largo de los siglos: por ejemplo, los iris son muy empleados en heráldica pues son símbolos de nobleza y lealtad, de lo sublime. La camomila es la salud de cuerpo y alma. El roble, la fortaleza…

Los atributos religiosos y laicos de las flores

Así, casi sin darnos cuenta, con un paseo de 15 minutos que une un punto de otro, pasamos de la naturaleza del Botánico a las salas del Thyssen. Y tras dos bellísimas y diminutas vírgenes del maestro Van der Weyden, y un perfecto florero de Hans Memling de 1485, una de las primeras paradas es, claro, en Joven caballero en paisaje, de Carpaccio (1505), una de las obras maestras y más admiradas y famosas del Thyssen. El gran lienzo resulta ser toda una enciclopedia de flora y fauna: Ahí están el armiño, la rana y la grulla (que representan la vigilancia, la alerta), el halcón, la cigüeña, la garza (la elevación del alma), el pavo real y el caballo (la pasión que debe ser domada, dominada). Y hay violetas y azucenas, aguileña y vincapervinca, que sugiere la lealtad, pues es planta de raíces muy extendidas, y por tanto, difícil de arrancar. Todo un espectáculo natural de cuadro.

Después vienen los narcisos de una Virgen del holandés Jan van Scorel y de El Rapto de Europa de Simon Vouet; la rosa silvestre de una Virgen con Niño de Murillo, y otra de las obras más famosas del Thyssen, Muchacho con turbante y ramillete de flores (hacia 1658-1661), de Michael Sweerts, con esa mirada cándida y provocativa al mismo tiempo, melancólica pero llena de vida, que se presta a mil interpretaciones. En una ruta algo apresurada –en el Botánico nos entretuvimos demasiado-, el grupo se detiene en la sala de maravillosos floreros del siglo XVII, como los de Ambrosius Bosschaert I y Jan Fyt (Jarrón con flores y dos manojos de espárragos llama poderosamente la atención).

Después, damos un salto en el tiempo para acercarnos a Renoir y los iris y amapolas que se adivinan en su Mujer con sombrilla en un jardín –“ya con el impresionismo se pierde el interés por identificar con precisión flores y plantas, no interesa la exactitud, sino lo que pueden aportar a sus osados experimentos cromáticos”, cuenta Teresa de la Vega–; Las flores amarillas de Matisse y el sensual Lirio blanco (el 7) de Georgia O’Keeffe, tan figurativo como abstracto, que sugiere la anatomía humana.

La visita comenzó a las 11; terminamos casi a las 2 ante una obra muy urbana, la hiperrealista floristería pintada por el estadounidense Richard Estes en 1971. Refleja el signo de los tiempos. Puro siglo XX. La guía Teresa traza el círculo para engarzar con el comienzo de la visita: “Los tulipanes se han democratizado, ya no pertenecen solo a los poderosos, sino que están más o menos al alcance de todos”.

Al Thyssen desde el Botánico . Un paseo entre las flores’. Las reservas para las visitas se pueden realizar a través de la web del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Próximas fechas: 11, 12, 15, 18 y 19 de mayo. Precio: 28€ . La visita dura aproximadamente entre las 11 y las 13.30 h.

Henri Matisse. 'Las flores amarillas'. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Henri Matisse. ‘Las flores amarillas’. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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