24.05.2016

La precarización laboral y emocional de nuestras vidas, según Javier Morales

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Javier Morales. Foto: Sole González.

Javier Morales. Foto: Sole González.

Escritor, periodista –colaborador de ‘El Asombrario’- y profesor de narrativa. Así se define Javier Morales, que tras publicar un libro de relatos de felliniano título, ‘Ocho cuentos y medio’, vuelve a confiar en la editorial canaria Baile del sol para presentar ‘Trabajar cansa’. Una novela breve en la que se narra la crisis personal y vital de cuatro personajes que, aunque situados en los polos opuestos de la escala social, se enfrentan a la insatisfacción en el ámbito laboral y en sus relaciones personales. El sexo se convierte en el asidero donde aferrarse en una huida que parece no llevar a ninguna parte.

El sentimiento de pérdida y de desorientación que define a los personajes viene acompañado de la conciencia de la traición a los valores y a los proyectos de juventud y, a la vez, a la traición amorosa.

En ‘Esterno’, uno de los poemas de ‘Lavorare Stanca’, Pavese concluye que “todos esperamos el trabajo como un rebaño apático”. ¿No crees que, en parte, estos versos podrían definir a los personajes de ‘Trabajar cansa’?

Creo que sí. Los personajes de la novela aceptan el destino, sin más, tanto en su vida laboral como en sus relaciones personales, viven con una insatisfacción permanente. Tanto quienes tienen una posición laboral privilegiada en lo profesional, como quienes están a punto de perder su empleo. Una buena amiga me dijo hace poco que son personajes nihilistas, maldicen sus vidas, pero no hacen nada o muy poco por cambiarlas. En cierta forma, son un reflejo de nuestra época.

Recurres a los versos de Pavese para dar título a tu ‘nouvelle’, como dirían los franceses, impregnando ese ‘Trabajar cansa’ de un carácter político y de denuncia que, en el caso del poeta italiano, no encontramos. ¿Estarías de acuerdo?

En realidad, aunque guarde puntos de conexión, la novela no nace del libro de Pavese. Tomé prestado el título como un pequeño homenaje a un autor que me influyó mucho cuando era joven. Cuando lo leí por primera vez, me sedujeron la sobriedad y claridad con la que escribía sus historias de seres solitarios, sin porvenir. Gracias a Pavese, traductor de la editorial Einaudi, empecé a leer de otra forma a los grandes autores de la literatura norteamericana. Cuando terminé la novela estuve barajando varios títulos, que no acababan de encajar con la idea que tenía. Hasta que me di cuenta de que uno de los personajes, Daniel, cita a Pavese y su poemario Trabajar cansa.

Tu ‘nouvelle’ refleja dos realidades: la precarización del mundo laboral y, a la vez, la riqueza que rodea aquellos que favorecen y legitiman dicha precarización. ¿’Trabajar cansa’ puede, por tanto definirse, como una ‘nouvelle’ sobre la actual lucha de clases?

Las relaciones laborales han desaparecido del discurso político y social, cuando son un eje de nuestra vida. Se da la paradoja de que quien tiene trabajo se siente cada vez más insatisfecho porque las condiciones se han endurecido mucho. Por otro lado, está la legión de parados a quienes han expulsado del mercado laboral o ni siquiera han llegado a entrar en él. En este contexto, tener un trabajo, aunque sea casi en régimen de semiesclavitud, ha dejado de ser un derecho para convertirse en un privilegio que alguien nos otorga. Son muy ilustrativas las recientes declaraciones del presidente de la CEOE, Juan Rosell, cuando decía que debemos olvidarnos del empleo fijo, que eso es propio del siglo XIX, algo anticuado. Curiosamente, es justo en esa época cuando nace el movimiento obrero, para luchar por unas condiciones laborales más dignas. Todos hemos leído a Dickens y sabemos cómo era el trabajo entonces. Y es el neoliberalismo, y no las conquistas sociales que se materializaron en el siglo pasado, el que nos lleva de vuelta al siglo XIX.

El personaje de Silvia representa el éxito social y económico y, a la vez, la traición de sus ideales al convertirse en abogada encargada de gestionar los ERE promovidos por las empresas. ¿El éxito económico viene irremediablemente acompañado de cinismo y de traición a unos determinados principios políticos?

Silvia tiene éxito económico y profesional, pero siente que ha traicionado sus principios, las razones por las que estudió y empezó a ejercer como abogada. De ahí que se sienta atormentada. El problema es que el sistema es como una gran rueda de la que es muy difícil bajarse cuando estás montado, sentimos vértigo, y acabamos entregando nuestras vidas a un trabajo en el que no creemos. En cualquier caso, no siempre el éxito económico y profesional van acompañados de cinismo o traición de unos ideales.

Daniel, el marido de Silvia refleja, además, el cambio ideológico: de los años universitarios marcados por el izquierdismo y las lecturas de Marx y Lenin al conformismo ideológico y al mantenimiento, pese a lo que pese, de un privilegiado estatus social.

Sin duda. Es lo que comentaba antes, que es muy difícil renunciar a una vida acomodada y muy fácil instalarse en el conformismo vital. En este sentido, creo es casi más cínico Daniel, profesor universitario, que Silvia, su mujer, aunque sea ella la que trabaja para una consultora que gestiona expedientes de regulación de empleo. Ella sí que se cuestiona la vida que lleva, pero no así Daniel. Mantiene un discurso de puertas afuera, un sueño un tanto adolescente respecto a lo que le gustaría, pero no está dispuesto a renunciar a lo que tiene.

‘Trabajar cansa’ es, en este sentido, una dura crítica no solo al sistema, sino al individuo que se deja llevar por el acomodo y el beneficio propio.

Intento no juzgar a mis personajes. Hacen lo que pueden en su mundo de ficción, aunque eso nunca sea suficiente. Lo que sí hay en la novela es una crítica al sistema que representan ciertos individuos, amorales, los Díaz Ferrán, los Rosell y compañía, que mantienen el discurso dominante de que hay que trabajar más, cobrar menos, perder derechos, despojar a los trabajadores de su condición de ciudadanos para convertirlos en súbditos, el regreso al feudalismo.

Como contrapunto, está Félix, un hombre de 50 años víctima de un ERE, ¿representa él a los vencidos o a las víctimas del sistema?

Félix es un hombre sin grandes ambiciones, pragmático, apegado a la vida, y quizás sea el más feliz de todos, con su trabajo en la agencia de viajes, su mujer y su hija. Y precisamente por eso la amenaza de perder su trabajo a los 50 desestabiliza su vida, sería como caer en el tobogán de las clases sociales, dice en algún momento. En este sentido, sin duda es una víctima del sistema.

La mujer de Félix, Paula, es además paradigma de la corrupción en el mundo laboral: trabaja sin contrato, pero no puede negarse porque necesita el trabajo. ¿Reflejo del abuso de poder y de cómo la necesidad se convierte en excusa para dichos abusos?

La situación de Paula, como dices, es la de muchos trabajadores de este país. Han de aceptar las condiciones que se les imponen, aunque eso suponga una pérdida total de derechos. Se hace mucho hincapié en el fraude del desempleo y, sin embargo, el Estado apenas vigila el fraude laboral. Faltan inspectores que supervisen las condiciones en las que trabajan muchas personas en este país, sin contratos o con contratos viciados (se paga una parte en negro, se trabajan más horas de las que dice el contrato, con las consiguientes mermas en la Seguridad Social y en el salario), sin apenas protección frente a los accidentes laborales. En el ámbito laboral, a los ciudadanos se nos está chantajeando cada vez más. “O haces lo que yo digo o te vas a la calle porque afuera hay miles de personas dispuestas a aceptar mis condiciones”. Eso es lo que se nos está diciendo.

Junto al tema laboral, abordas el amor y las relaciones de pareja, y las abordas desde la frustración, desde el desamor y la traición.

A los personajes de la novela les va mal en el trabajo, pero también en el amor. En este sentido, podríamos hablar también de una precariedad emocional. Viven atrapados en sus circunstancias y son incapaces de ir más allá. El sexo y la traición se convierten en tristes vía de escape.

El sexo como vía de escape lo planteas en relación a la traición; es decir, como un sexo adúltero convirtiendo la relación de pareja en una jaula de donde escapar.

Efectivamente, así lo viven los personajes de la novela. Son incapaces de tomar una decisión que mejore sus vidas, la ruptura del matrimonio, y prefieren buscar subterfugios, relaciones que tampoco les llevan a ninguna parte. El escritor Elías Moro, en su último libro de aforismos, define el matrimonio como “dos soledades abajo firmantes”. Los personajes de Trabajar cansa se sienten solos en la pareja, pero no son capaces de ir más allá. El matrimonio, la pareja, es también un lugar en el mundo, un lugar en el que no son felices pero tampoco saben dónde ir, dónde buscar.

Afirmas, a partir de Freud, que el amor y el trabajo son los dos pilares del ser humano y, sin embargo, tú los presentas como dos pilares derruidos.

Con otras palabras, y aunque con un sentido diferente, lo que afirmaba Freud es lo que siempre nos han dicho nuestros abuelos: salud, amor y trabajo son las claves de la vida. El trabajo, y su ausencia, afecta a nuestra vida personal y viceversa. Si estamos sin trabajo o amargados con el que tenemos, nuestro tiempo libre, cada vez más escaso, el que pasamos con nuestra familia y amigos, se ve resentido. Como ciudadano, a mí me da la impresión de que los españoles, en general, cada vez somos menos felices, que se ha instalado una especie de pesadumbre ante el futuro. Un país que no da salida a sus jóvenes, que condena al ostracismo a quienes han perdido su empleo, un país en el que trabajar no te aleja de la pobreza y en el que quienes tienen buenos empleos viven con el miedo a perderlo a la mañana siguiente no es un lugar para ser feliz.

¿Podemos pensar, como dice Aleksiévich, el miedo como un poderoso mecanismo de control y dominio de la gente por parte del poder?

Sin duda. Desde siempre el poder ha utilizado el miedo para manipular a la gente en beneficio propio. El miedo es uno de nuestros sentimientos más primitivos y es lógico que reaccionemos incluso en contra de la razón cuando nos sentimos amenazados. Cuando en una empresa despiden sin justificación a un trabajador, o a varios, los que se quedan tienen miedo de hablar, de decir que les parece injusto, nadie quiere ser el próximo que salga por la puerta. La ultraderecha europea, por ejemplo, está utilizando el éxodo sirio para generar miedo entre la población, que vienen los bárbaros, pongamos vallas y alambradas, gritan, para aplicar después políticas racistas, en contra de los derechos humanos. Es una estrategia muy básica y muy eficaz.

¿Es ‘Trabajar cansa’ un libro acerca de la crisis?

La crisis económica es solo el contexto, el ámbito en el que viven los personajes, digamos que son sus circunstancias históricas. Pero los temas son los mismos que han vertebrado las historias a lo largo de los siglos: la soledad, el deseo, el amor, la envidia, la ambición, el balance de lo que soñábamos que queríamos ser y lo que somos cuando llegamos a una cierta edad, la corrupción del poder.

¿Pero acaso estos temas no se abordan de forma distinta si van enmarcados en un contexto de crisis?

Sí, claro. En las situaciones extremas es cuando la gente muestra su verdadero talante. Personas a quienes aborrecíamos, de repente se muestran solidarias y generosas y, al contrario, el simpático de la oficina se manifiesta como un egoísta. La crisis económica, la reconversión tan brutal que se está produciendo en el ámbito laboral, influye en nuestra nuestra forma de ver el mundo, de comportarnos en él y de gestionar nuestra parcela de privacidad.

¿Concibes la literatura como herramienta de protesta y como expresión de explícito compromiso social y político?

El primer compromiso del escritor es con la página en blanco, escribir bien. Pero el compromiso artístico no es incompatible con un compromiso ético. Como escritor, no soy ajeno a la época en la que me ha tocado vivir. Como dice Chirbes en la cita inicial del libro, la realidad se cuela en la novela, la cerca.

Artículos de Javier Morales en ‘El Asombrario’.

Javier Morales presenta ‘Trabajar cansa’ (Baile del Sol) en la librería Rafael Alberti (Tutor, 57, Madrid), el martes 24 de mayo, a las 19.00 h.

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Sobre el autor

Anna María Iglesia
Anna Maria Iglesia quiso hacer periodismo, pero la literatura la atrapó. Se decidió por la filología, aunque pronto se dio cuenta que aquel estudio todavía tan historicista no era su camino, así que tras licenciarse en filología italiana se adentró en la teoría literaria y en la literatura comparada. Se volvió a licenciar, está vez en teoría de la literatura y literatura comparada y no contenta decidió proseguir con el master, la tesina hasta llegar al doctorado. Desde hace dos años y medios se pelea cada día con una tesis a medio hacer acerca del concepto de espacio público y de espacio privado como construcción narrativa. No soporta que le pregunten, "¿y cuándo la defiendes?". Al mismo tiempo, contrarresta la soledad de la doctoranda, colaborando con distintos medios, como Revista de Letras, Culturamas, El Cotidiano o el Núvol; en todos ellos alterna artículos culturales, desde reseñas de libros, reportajes sobre obras teatrales hasta reflexiones críticas vinculadas al ámbito de la literatura, del teatro o, en ocasiones, del cine, con entrevistas, su verdadera pasión. Y es que nada le agrada más que acrecentar su horizonte a través de largas conversaciones: escribir y hablar la definen. Twitter @AnnaMIglesia

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