24.07.2014

Jorge Pardo: “Si tienes confianza en tu intuición, eres invencible”

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El músico Jorge Pardo. Foto: M. Naranjo.

El músico Jorge Pardo. Foto: M. Naranjo.

Jorge pardo es uno de los mejores músicos de España y de Europa. Ahora regresa con un nuevo disco, ‘Radha y Krishna’, nada que ver con la fusión con la música hindú, pero inspirada en la fascinante historia de amor de sus dos protagonistas. Pardo actúa en Madrid y Granada. Dos oportunidades para presenciar a todo un genio en acción. Además, estrena videoclip.

Flauta y saxo. Jazz y flamenco. Intuición y espiritualidad. Todo esto (y más) ha hecho de él uno de los artistas más consolidados de nuestro país. Jorge Pardo (Madrid, 1956) recibió en 2013 el Premio al Mejor Músico de Jazz Europeo. Ha trabajado con Paco de Lucía y Camarón y ha volcado su lenguaje musical en discos como Voces flamencas y Huellas, entre otros muchos que no caben aquí. Ahora presenta Historias de Radha y Krishna. Historias en las que habla el corazón, con nuevos ambientes sonoros poniendo luz a su esencia más íntima. Y estrena videoclip.

Un disco con portada y título hindúes pero dentro, en la música, no hay esa referencia. ¿Es para despistar?

Sí, parece que me gusta jugar al despiste sin quererlo (risas). Es la suma de unas cuantas casualidades. Me he inspirado en la historia de Radha y Krishna. El amor es el protagonista, en su más amplio sentido. Se dan una serie de casualidades que aparecen en el disco: la ciudad de Granada, un romance por el que conozco al Niño de las Pinturas, el viaje a la India, mi amor por la música, ese sentido de la música callejera que une a todos los pueblos del planeta, esa gente que vivimos en la calle y trabajamos también en parte en ella. En fin, todo ese cuadro más mi bagaje, mi esencia flamenca, producen un coctel explosivo.

Curioso cómo la sensualidad y la espiritualidad de esa historia se perciben a través de la música…

Cuando nace una idea y la sientes dentro de tu pecho parece que esa esencia primaria se transmite pase lo que pase, por muchos acordes que quieras meter o por muchas melodías que salgan, sea rock and roll o una balada. En efecto, este disco nace con ese sentimiento y se ha rodeado de él a lo largo de toda su producción. Qué bueno que se note en el resultado final cómo ha sido concebido.

Ese arte que se genera en las calles a menudo queda marginado…

En estas cosas de la marginación nunca se sabe si el marginado es el que está a un lado o el otro, el que parece que no está marginado, el que está en el despacho que para mí está más marginado que el que pinta en la calle ejerciendo su libertad para expresarse. El arte en la calle es una cuenta pendiente de la sociedad. No somos gente haciendo ruido, no somos molestos objetos, somos gente haciendo la vida más agradable a los demás y nos entregamos con pasión a nuestra profesión.

En este disco juegas incluso con el hip hop o los sonidos electrónicos. ¿Esto es ya atreverse mucho?

Puede ser que quien no me conozca mucho piense “¿Qué hace este tío ahora haciendo esto?” En los años 70 y 80 mi música era también la música soul de Atlanthic Record. Aretha Franklin, Otis Redding han sido parte de mi educación musical, como la música funky, música Groove… En aquella época no había maquinitas, no tan precisas, ahora podemos jugar con máquinas en casa, hasta en el asiento de un avión tienes acceso a seguir trabajando con la música en tu pequeña cajita, que es también el espejo donde te miras. Eso hace que esos ritmos, esa parte electrónica, se desarrollen más en mi música y haya llegado hasta el hip hop, el rap y otros estilos a los que generacionalmente no estoy tan cercano pero me integro perfectamente porque pertenecen a lo mismo, visto con otra óptica. Mi hermano fue un gran pionero de la informática musical, desde jovencito empecé a trabajar también con ordenadores.

Con tanta mezcla, ¿se puede decir que eres un alquimista musical?

Se podría decir, es un bonito símil. No conozco mucho de la alquimia, nada más que como mero aficionado, pero el hecho de fundir sonidos, vibraciones, poder manejarlas, estar en contacto con ellas y con los grandísimos colaboradores que siempre tengo, es una tarea arriesgada pero fácil. Mezclamos materias para obtener otros campos de sonido diferentes, cosas inverosímiles que de pronto cuadran. Eso para mí es un privilegio.

¿No tener miedo a arriesgar es lo que te ha permitido hacer tanto a lo largo de tu carrera?

No hay que tener miedo a nada. El miedo se nos inculca desde niños, se nos dice no hagas esto, se nos enseña a no obedecer a nuestra intuición pero sí a las certezas de otros para que tengan el máximo peso en nuestra vida, se nos dice que lo incógnito y lo aventurado es peligroso o indeseable. Sin embargo, yo me he educado en ese lado más intrépido y para mí la aventura, la intuición y el rumbo a lo desconocido siempre han sido mucho más excitantes que cualquier otra cosa y la verdad es que aquí estoy, todavía vivo…

¿La intuición es lo que más guía en la creación?

Es todo. Pero no sólo en la creación musical. Me da mucha rabia que en esta sociedad premiamos mucho la experiencia, cuando la experiencia habla de lo pasado, de acumular un conocimiento que muchas veces no te sirve para la siguiente vez porque es una situación nueva y la experiencia habla de la situación vieja, por lo que vas a tomar una decisión errónea. La intuición habla de tu ser vivo, de tu olfato, de tu cazador. Si tienes confianza en tu intuición, eres invencible.

Hoy hablamos mucho de fusión y mezcla pero siempre se ha hecho…

Música y fusión han ido de la mano a lo largo de la Historia. La fusión se produce en cuanto dos músicos se juntan y empiezan a tocar. No hace falta que sea uno de Afganistán y otro de Perú, pueden ser de dos barrios cercanos. Ahí ya se crea un tercer conocimiento que puede ser  colectivo para una comunidad o puede quedarse en el ámbito de lo privado. Ha ocurrido siempre, los músicos no sólo viajamos ahora en avión. Antes también viajaban, aunque tardaban más y se mojaban los pies. Pasaban más penurias pero llegaban a otros sitios y se encontraban con otras gentes que tocaban otros instrumentos.

Si no tenemos muy claro qué es el flamenco y qué es el jazz, ¿cómo nos explicas, entonces, que es el flamenco-jazz?

(Risas) Pues supongo que es más de lo mismo que lo que acabo de contar. Mi amigo Faustino Núñez o cualquier otro estudioso del flamenco podría hablar mucho de esto, tienen grandes escritos y alucinarías de las conclusiones a las que llegan, como que el fandango puede tener un origen americano. Parte de los ritmos que usamos en el flamenco son de origen bereber. Están los cantos sefarditas, por supuesto los gitanos… ¿Pues por qué no seguir y decir que Charlie Parker o Miles Davis también han puesto algo dentro? Es todo el mismo lío.

Hacías antes referencia a los colaboradores que te rodean. En este disco hay muchos, pero es imposible no hablar de la guitarra de Raimundo Amador.

Hay muchas maneras de disfrutar de Raimundo, un músico tan interminable. Nos conocimos en la grabación de La leyenda del tiempo de Camarón. Ha llovido desde entonces. Pasan los años, podría meter en este potaje también a Tomatito, y son dos personajes que están intactos en cuanto a ilusión. En los ojos está la misma mirada. En las apuestas musicales que hacen, la misma aventura que hace 20 años. Hemos evolucionado por caminos diferentes pero de una forma muy similar. Cada vez que veo a Raimundo veo el reflejo de mí mismo. Me encanta su corazón, su generosidad, su grandeza en todos los sentidos, también en su discurso musical.

¿Qué huella han dejado Paco de Lucía y Camarón en tu vida?

Con Paco he compartido mucho tiempo y mucha música. Hemos hecho durante 16 años muchas giras. Hemos compartido viajes de autobús, desayunos, comidas, cenas, fiestas, gustos y disgustos. Es como un hermano mayor. Somos familia. Su impronta musical, su forma de ver la música y la vida para mí ha sido un Norte, una brújula por donde mirar yo la mía. Con Camarón pasé menos tiempo pero encuentros muy intensos. Ahora se ha convertido en un icono del flamenco, pero me acuerdo de la época en que paseábamos los dos por la Gran Vía en Madrid y nadie nos paraba, era incluso muy criticado por los propios flamencos, por su libertad. Me quedo con su oído de músico. No sabía música, pero era un auténtico músico, no sólo flamenco. Se le veía ese brillo en los ojos cuando escuchaba cualquier cosa que le emocionara. Podría ser Bach o John Coltrane.Era capaz de asimilarlo a su manera, por eso quizá tenía tanta música con los medios que tenía, con su intuición. Vivió como le dio la gana, como un auténtico flamenco.

¿Cómo se conquista ese grado de libertad en lo que uno hace?

Aunque no siempre se pueda ser 100% libre, por lo menos me escabullo un poco de la presión externa. Creo que la libertad reside más que fuera, dentro de uno mismo. Uno se siente libre cuando puede expresarse con espontaneidad y es capaz de decir de verdad lo que piensa y expresar sus sentimientos. La música para eso es un vehículo genial porque habla en lo abstracto, llega a las sensaciones y los sentimientos, habla al corazón y al alma de las personas, muchas veces sin decir nada, en mi caso, con música instrumental sin un mensaje hablado con una concreción intelectual. Esa “ambigüedad” (que no lo es tal porque es un mensaje claro y directo) en apariencia intelectual, permite ese estado de libertad interno, entrar en trance cuando haces las cosas. Ese trance es tu yo más íntimo. En el caso de un concierto hay conexión con la audiencia y haces de esos momentos, momentos únicos en los que pierdes el sentido del tiempo, del espacio, no sabes a veces ni dónde estás ni qué hora es. Sumergirte en eso te acerca a lo más libre que una persona tiene. También improvisar, como hacemos en la música, es tener la libertad de enlazar palabras. No estás inventando nada, pero expresas con libertad las sensaciones de ese momento. Es una conversación entre varios.

Cuando se habla de jazz, siempre hay una queja con la poca presencia que tiene en los medios, pero ¿crees que va ganando terreno en festivales, atrayendo a más público?

Sí, es verdad que siempre que hablamos de música o arte decimos que no tiene suficiente presencia porque no está suficientemente valorado. Todo va creciendo, la información, los conciertos. Pero últimamente estamos viviendo un periodo en el que parece que la música molesta más que ver el bien que hace. Quieren cortar las alas de los artistas y de la gente que sigue ese tipo de manifestaciones. También es cierto que la información corre por internet, puedes ver en casa a los grandes clásicos del jazz sentado tomando una cerveza, puedes ir a un festival o al club de la esquina, hay varios que ofrecen programas increíbles con grandes músicos. En los grandes medios sí parece que el jazz y el flamenco culturalmente están marginados cuando en este país el flamenco debería recibir atención máxima, estar incluso en la enseñanza en los colegios, es un patrimonio riquísimo que otros países han sabido ver.

¿Qué sociedad nos espera si hasta de las escuelas se saca la música?

Uno de los adalides de la cultura occidental que siempre es nombrado para todo, Pitágoras, y los sabios de la antigua Grecia, equiparaban la música en la enseñanza de una persona con las matemáticas o cualquier otra de las ciencias tan bien consideradas. La enseñanza no puede ser un aprendizaje frío, tiene que haber amor. La música sin duda sería un vehículo para añadir esa carencia. Un niño cuando coge un instrumento también conecta con la espiritualidad, con muchos valores, con todo un mundo que debería ser potenciado. Según Pitágoras.+

Con 14 años empezaste a estudiar música, pero dices que los conservatorios son ‘cárceles musicales’.

Habría que hacer una reforma de la enseñanza muy grande. Sobre todo en este país, en otros lugares de Centroeuropa tienen mayor tradición en la enseñanza musical y han tenido la capacidad de sobreponerse a los grandes cambios y adaptarse a los nuevos tiempos. Aquí han sido instituciones muy clásicas, muy conservadoras, las que han acaparado esa enseñanza y les falta cintura para reaccionar ante los cambios. Un chaval que quiere estudiar guitarra porque escucha una canción que le gusta no debe pasar por la frustración de tener que aprender algo que no le gusta. Hay que dar acogida a todos esos jóvenes que quiten aprender música pero no quieren estudiar a Mozart en ese momento, ya vendrá después. En el comienzo hay que poner dos acordes, La y Mi, para que el muchacho se estimule y disfrute en el aprender.

Recibir el Premio al Mejor Músico de Jazz Europeo, ¿ayuda?

Si te refieres a lo práctico, no. Pero los premios acercan a la población a tu música. Me imagino que hay personas que no me conocían y han escuchado mi música. Bienvenido sea. Pero profesionalmente no me ha pasado nada diferente.

¿Tiene Jorge Pardo el corazón partío entre el saxo y la flauta?

(Risas) No, porque la música está en el espíritu, en el alma, y cuando cojo un instrumento u otro es un vehículo de expresión nada más. Cuando toco el saxo siento de una manera, cuando  toco la flauta de otra, también toco el piano, la guitarra, los ordenadores… Todos aportan.

Recordando al flautista del cuento, ¿a quién te gustaría hipnotizar con tu música?

(Risas) En el fondo cuando vibras con algo bello te paras y te atrapa, te gusta compartirlo. Cuando escucho una música dentro de mí, siento un deseo fuerte de compartirlo. Con esa ilusión o ese fuego es con el que me gustaría hipnotizar a las personas.

Jorge Pardo actúa el 25 de julio en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y el 8 de agosto en el Festival Jazz Alpujarra (Busquístar, Granada).

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Sobre el autor

Silvia Melero
Periodista freelance convencida del poder de la comunicación para el cambio social. Hecha de palabras, sueños, músicas y lo vivido en años de radio, prensa y televisión. Trabajó en Radio Ñandutí de Paraguay y ha escrito guiones para videos de ONG y documentales en Humania TV. Colabora en revista 21 y dirige los proyectos Desinstrumentados y Cómo lo Cuento , Luto en Colores Twitter: @SilviaMeleroAba

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