19.06.2018

José Ovejero: “Somos una acumulación de horrores que ocultamos”

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El escritor José Ovejero. Foto: Lisbeth Salas.

El escritor José Ovejero. Foto: Lisbeth Salas.

“En mis cuentos busco que el lector diga: Esto tan absurdo que acabo de leer tiene que ver conmigo”. José Ovejero regresa a la arena del cuento con ‘Mundo extraño’, una obra en la que el escritor desgrana los pensamientos menos sociales de los humanos, esos que es mejor que cada uno guardemos para no hacer estallar el pacto colectivo. ¿Somos una acumulación de horrores que nadie conoce? “Somos una acumulación que algunas veces ni nosotros mismos queremos saber. Pero también somos mucho más”. 

‘Mundo extraño’ o más bien mundo común, real.

Sí. Yo creo que este mundo extraño en el que entra el lector no es tan ajeno al nuestro. Es más, es nuestro mundo mirado desde una determinada perspectiva. Yo creo que la extrañeza se genera porque hay toda una serie de personajes en situaciones que son muy cotidianas, pero al mismo tiempo se comportan de una manera particular dentro de esas situaciones.

Esa manera particular de la que hablas son esos comportamientos que todos alguna vez hemos albergado dentro de la cabeza: pensamientos que nadie se atreve a presentar socialmente.

Eso es algo que llevo haciendo desde hace mucho tiempo: una buena parte de mi trabajo literario tiene que ver con lo que no mostramos, con escarbar dentro de esos pensamientos, deseos, temores… que no solemos expresar. Es curioso que cuando los leemos en un cuento pueden parecer muy raros, muy disparatados. Yo creo que en general pensamos muy distinto de lo que esperamos nosotros mismos. Pero a menudo no lo aceptamos, lo negamos. Esto me hace pensar en El extranjero de Camus, cuando el protagonista no siente nada por la muerte de su madre. Yo creo que el no sentir lo que se espera le puede suceder a mucha gente, pero no lo diría. El problema de El extranjero es que lo dice. Y le condenan porque es absolutamente inmoral. Pero es que nuestros pensamientos y deseos son inmorales en ese sentido.

Después de indagar en este aspecto del ser humano en la literatura a lo largo de tu obra, ¿por qué crees que se da esta circunstancia?

Es un sistema de protección. Somos seres que vivimos en una sociedad y que tenemos que aceptar toda una serie de normas de convivencia. Estas normas tienen que ver con la represión y con un montón de instintos. Por ejemplo, cuando entro en el metro en hora punta mi instinto es liarme a golpes con todos, hacerme con un espacio vital. Pero como soy una persona civilizada, pido a la gente con buenas formas que me deje pasar. Reprimimos toda una parte nuestra para poder vivir en sociedad. Pero la represión de la que hablo no la tomo en tono negativo: es fundamental para convivir. También en las relaciones de pareja. Cualquier pareja que se dijera todo lo que ha pensado y sentido se disolvería automáticamente.

En este sentido, ¿”somos una acumulación de horrores ocultos que nadie conoce”?

(Risas) ¡Eso se dice en un cuento mío! (Risas) Sí. No sólo somos eso. Hay más cosas. Pero somos también esa acumulación de horrores que nadie sabe y que incluso procuramos no saber nosotros mismos.

¿Qué une más a dos personas: el amor o el odio, la alegría y la tristeza?

Yo creo que todo son formas de mantener vínculos. Cuando odias a alguien, cuando guardas rencor, cuando te quieres vengar. Romper el vínculo es caer en la indiferencia. Yo creo que el amor une, el odio une… Y lo que se plantea en algún relato es qué une más. Yo no sabría qué decir aquí. Porque un dolor muy fuerte une mucho. Uno de los cuentos particularmente perverso del libro plantea esta unión entre una pareja a través del dolor.

¿Cuál crees que es la mejor forma para lidiar con esa otra parte?

Yo creo que ser consciente de ella en buena medida. Porque aunque luego quieras mantener la máscara, estás llevando a cabo una decisión informada. No te estás engañando a ti mismo. También esto te ayuda a ser más tolerante y comprensivo con los demás: si tú sabes los monstruos que albergas, los de los demás no te preocupan tanto, no te dan tanto miedo.

El libro funciona como un artefacto de crítica social.

Cuando yo me siento a escribir, no me planteo nunca un proyecto de crítica social. Sin embargo, como lo que más me interesa es lo que hay a mi alrededor, acabo mirando de forma crítica lo que me rodea. Esto no es más que las relaciones familiares, las sentimentales y las políticas. La familia aparece porque me parece un lugar interesantísimo, que es refugio y cárcel a la vez. Pero también aparecen temas más sociales como la relación con el éxito o la competencia feroz para sobrevivir en el mercado. Eso acaba saliendo sin yo proponérmelo.

En cierta manera, da pánico leerte/escucharte, pero a la vez también es atractivo. Las dos por la claridad.

(Risas). A mí me parece que no estoy diciendo nada terrible, sino más bien algo normal que a menudo no queremos mirar. Desde un punto de vista personal, resulta atractivo plantearse estas cosas; y también desde un punto de vista literario, ya que abre un montón de posibilidades.

Todo esto lo tratas desde un trasfondo irónico y con mucho humor.

El humor tiene esa función que de alguna manera debilita al monstruo. Pero de alguna manera sigue estando ahí. Puedes mirarlo con mayor facilidad a la cara.

¿Funciona el humor negro como vía de escape?

El humor negro funciona porque nos enfrentamos al monstruo, pero desarmándolo. Lo grotesco ha perdido a menudo esa función. Los horrores no nos afectan, no nos atacan. Otra forma es la literatura, ya que es un espacio protegido en el que te puedes enfrentar a los monstruos sin que te den tanto miedo como en la vida real.

Habías aparcado el cuento hace más de 10 años. ¿Por qué retomarlo?

Siempre me ha gustado mucho escribir cuentos, pero sentía que me había estancado. Yo creo que en los últimos años, con novelas como La comedia salvaje o Los ángeles feroces, he crecido literariamente, y en el cuento no veía esa evolución. Yo creo que en los últimos años el cuento se ha liberado de muchas trabas, de cánones, de decálogos… Y yo quería hacer eso también, liberarme, pero no sabía cómo. En cuanto he descubierto por dónde ir, que podía jugar mucho más, me he sentado a escribirlos.

Dices que el cuento se ha liberado. Pero quienes lo habéis liberado habréis sido los cuentistas…

Lo hemos liberado. Eso es mérito nuestro. Estoy pensando en escritores que están haciendo cosas muy distintas. Hay un montón de gente que no sólo está escribiendo muy buenos cuentos, sino que están ampliando los límites.

¿Qué aporta un cuento respecto a una novela?

Un cuento devuelve la honestidad en el trato con el lector. Con la novela, hay un contrato implícito falso que llevamos arrastrando mucho tiempo. Y es que la novela te explica el mundo. El lector se dirige a la novela para que le explique el mundo: no el mundo entero, pero sí por ejemplo el conflicto vasco o las relaciones familiares. La novela, en mi opinión, no puede hacer eso. Pero del cuento no se espera eso, por eso yo creo que no ha tenido tanto éxito como la novela. Ahora yo creo que casi nadie se espera que la novela explique el mundo y por eso cada vez se busca más eso de “basado en hechos reales”. El cuento se muestra honesto, presenta un atisbo, una iluminación de algo que tiene que ver con el lector. Y eso además lo va a tener que adivinar él solito. Yo en mis cuentos lo que intento es que lo que escribo genere un eco en el lector que diga: “Esto tan absurdo que acabo de leer tiene que ver conmigo”. Y lo noto hablando con los lectores en lo que se reconocen, en lo que se asustan, en lo que se divierten…, pero saben que no les voy a explicar la realidad.

En esta línea que planteas está también no cerrar tus cuentos, dejar sobre los hombros del lector la interpretación final.

Esa intuición sólo se genera con un lector activo. Cuando a alguien le dices: te voy a explicar el mundo, se sienta y espera a que se lo expliquen. Pero cuando no le prometes esto, ese lector está activo. Yo además no suelo cerrar los cuentos; sé lo que los lectores normalmente piensan al respecto, pero prefiero no decírselo. Eso genera una intranquilidad que les pone a pensar. Corro el riesgo de que no todos piensen como yo creo. Pero eso tampoco está mal.

¿Por qué buscas este tipo de lector?

Porque lo busco yo como lector. En la literatura yo busco tres cosas: un juego inteligente, la emoción estética y el conocimiento. Mi aspiración es poder dar las tres. Lo conseguiré o no, pero eso es lo que a mí como lector me satisface.

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Sobre el autor

Carlos Madrid
Terminé periodismo allá por 2013, pero, no sintiéndome suficientemente formado, me matriculé en lector insaciable, perpetuo viajero, musicodependiente, aprendelenguas... Difundo lo que me agita por dentro en aquellos lugares donde me toleran.

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Un comentario

  • El 19.06.2018 , c ha comentado:

    La puerta mas grande de la sabiduria es la autocrítica.
    Si no buscamos evolucionar querrermos controlarlo todo y a todos.

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