12.03.2018

Joshua Cohen, una novela sobre los desahucios y mudanzas del capitalismo

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El escritor Joshua Cohen fotografiado en el espacio SOLO.

El escritor Joshua Cohen, fotografiado en el espacio SOLO, en Madrid.

El escritor estadounidense Joshua Cohen acaba de publicar en español ‘Los reyes de la mudanza’, en un nuevo sello editorial, De Conatus, con traducción de Javier Calvo. Una nueva voz de 37 años, distinta, de narrativa dislocada, de personajes confusos, para abordar temas como la situación en Israel, el capitalismo, los desahucios, la gentrificación, Nueva York. Hemos hablado con él en su primera visita a España.

La contraportada del libro resume bien su argumento: Yoav y Uri, jóvenes veteranos de la última guerra de Gaza, llegan a Nueva York tras completar el servicio militar israelí obligatorio para trabajar en una empresa de mudanzas. “A través del absurdo trabajo de vaciar casas y desahuciar, Joshua Cohen muestra una sociedad interracial y desestructurada en la que sus miembros pueden terminar estallando”.

Y la esencia de la novela: “¿Cómo podemos guardar lo que no usamos y pagar por ello? ¿Cómo podemos comprender el desahucio? ¿Cómo es posible que vivamos en una ocupación constante?”. Y por ese término, ocupación, debemos entender muchas cosas. “El capitalismo aparece en este libro como un supra-personaje que necesita demoler lo humano para sobrevivir”.

Su primera vez en España y su primer libro en español. ¿Qué es lo que más le suena de nuestro país?

He tenido una educación tradicional judía, así que lo primero que aprendí sobre España era la cultura de Al Andalus; por ejemplo, el filósofo y escritor Maimónides; la relación entre judíos, cristianos y musulmanes; la escuela de traductores de Toledo, y los poetas hebreos. Todo eso lo aprendí en mi educación más temprana. La literatura española también ha sido importante en mi vida; uno de mis escritores favoritos ha sido Juan Goytisolo, que ha fallecido hace poco (el pasado verano).

La dedicatoria del libro es un extracto del Salmo 32: “Como no hablé, los huesos se me desgastaron de tanto gemir todo el día”. ¿Quiere subrayar desde el inicio la importancia de hablar, de expresarse?

Es un fragmento de uno de los salmos del Rey David, que escribió para pedir perdón, porque tenía las manos manchadas de sangre, pues se deshizo de Urías, el marido de Betsabé, la mujer de la que se enamoró; por eso no le fue permitido construir el templo en Jerusalén. Por otra parte, la dedicatoria también es una referencia a mi compromiso con la política israelí y con la idea de que, si no denuncio lo que está pasando en Palestina, cómo se está tratando a los palestinos, entonces mis huesos estarán desgastados. Y eso no se aplica sólo al conflicto entre Israel y Palestina, sino a todos los ámbitos de la vida: si ves una injusticia y no la denuncias, eres culpable con tu silencio y eso acaba destruyéndote.

¿Cómo ve la situación en Israel y Palestina tras el reconocimiento de Trump de Jerusalén como capital de Israel?, ¿cuál es la salida a tanta tensión?

Si tuviera la solución al conflicto de Próximo Oriente no sería novelista… Creo que el comportamiento de Trump es simplemente una provocación estúpida e innecesaria, que no tiene ningún sentido. Israel está estableciendo alianzas muy fuertes con países que antes eran sus enemigos, como Jordania, Egipto o Líbano, relaciones para combatir al Estado Islámico en el Sinaí, porque es ahora la mayor amenaza. Por ese reforzamiento de estas alianzas, los palestinos cada vez están más olvidados. Por otra parte, el Gobierno de Netanyahu es un gobierno inepto y corrupto, aunque menos que el gobierno estadounidense. La solución sólo puede venir en clave regional, porque Egipto y Líbano han hecho grandes concesiones para poder beneficiarse de la seguridad que proporciona Israel, y de este modo se han convertido en cómplices del destino de los palestinos y de la situación de olvido en que se encuentran.

Enlazando Israel y la libertad de expresión, ¿puede usted decir lo que realmente siente en EE UU, o se ve coartado, censurado, autocensurado por no crearse muchos enemigos que le pueden perjudicar en su carrera?

El problema no es el Gobierno; existen dos tipos de libertad de expresión, la que está protegida por la ley y la que depende de la aprobación de la sociedad. La libertad de expresión está garantizada, está protegida en el Derecho, pero no por el contrato social. Son vías que se aprovechan de distinta forma para hacer política. La derecha en Estados Unidos quiere erosionar la libertad de expresión; pero es que la izquierda, o supuesta izquierda, también, y lo hace a través de la presión social.

¿Cómo influye en esta libertad de expresión Internet y las redes sociales?… Por cierto, usted ha escrito una novela en ‘streaming’?, ¿cómo fue esa experiencia?

La experiencia de escribir una novela on line fue terrible, trajo un montón de odio a mi vida. Me parece que cuanto más te alejas de la cara de una persona, de su presencia física, más fácil te resulta odiarla, porque no tienes nada que temer; estás sentado tranquilamente en casa con el ordenador, no es lo mismo que si estuvieras cara a cara con esa persona… Y así, de una forma un tanto perversa, asocio esta idea con la escritura, porque escribiendo puedo decir cosas que jamás me atrevería a decir en una sala con otras personas. Ése es el lado bueno de las redes; el lado malo es que hay cosas que decimos en privado que no deberían mostrarse al mundo, comunicarse al resto del mundo; en ese sentido, Internet incentiva y monetiza los peores impulsos, la peor cara de la comunicación privada.

En este libro, no sé si también en su vida, pesa mucho la religión, el judaísmo. A quienes vivimos en un ambiente de cristianismo escéptico y a medio gas, nos sigue llamando la atención cómo puede pesar tanto la religión en el ámbito de judíos, budistas, musulmanes… ¿Por qué?

Yo también me lo pregunto, a mí también me sorprende. Pero en mi caso yo no lo llamaría religión, es más bien algo cultural, las lenguas que hablaban mis padres y mis abuelos, que eran emigrantes que huyeron de Europa porque eran judíos, las lenguas en las que yo me crié, la comida… No es religión, es cultura, y el aspecto religioso que pueda haber ahí me resulta tan ajeno como te pueda resultar a ti. Sin embargo, aunque no entiendo el impulso religioso, sí que reconozco que tengo una especie de sucedáneo a la religión; esa necesidad que tiene la gente de algo más, yo la cubro con el arte, con la escritura.

La religión como refugio para encontrar una señas de identidad en un mundo tan dislocado y falto de referentes, como bien refleja su libro, tanto en el fondo como en la forma…

Desde luego. Pero no es sólo un refugio, sino también un sentido para la vida para quienes no tienen otra cosa. La religión es el camino más efectivo para las personas que no tienen nada. A mí no se me ocurre ninguna otra forma en el Universo, aparte del arte y la religión. Es la única forma de encontrar un sentido. La otra opción es darle una respuesta política a los problemas de la gente que no tiene nada, porque, si no ofrecemos esa respuesta política, la gente seguirá creando dioses y creando mitos.

‘Los reyes de la mudanza’ produce cierta incomodidad y desorientación, tanto por los personajes como por la forma en que está escrito; ¿es algo que busca deliberadamente, es su vida así, por qué esta manera de escribir?

(Risas). En parte quería mostrar la vida en Nueva York; era uno de mis primeros objetivos, mostrar cómo es la vida en un lugar con tantas culturas, idiomas y razas viviendo juntas. Quería hacer un tributo a las novelas con las que me crié; por ejemplo, las novelas de Melville, como ese barco de Benito Cereno, donde conviven hombres de procedencias muy distintas, juntos en una sociedad sin ley, policía ni bomberos, intentando sobrevivir en medio de la naturaleza, que es terrorífica. Sin embargo, como yo vivo en el siglo XXI, no podía escribir una novela como las de Melville, y decidí que en vez de un barco iba a tener un camión de mudanzas. Así que este era el primer objetivo del libro, hacer un homenaje a esos libros que mostraban la multiculturalidad y multilingüismo de la sociedad. Por otra pare, mis personajes están confusos porque atraviesan una etapa de su vida en que no son niños, pero tampoco todavía adultos, y acaban de abandonar un país en el que siempre se les había dicho lo que tenían que hacer, cuando estaban en el Ejército, incluso cuando estaban en su familia; han dejado Israel y ahora están en un país en apariencia libre, EE UU, y tienen que empezar a tomar sus propias decisiones, por lo que están muy confusos. Y yo creo que la prosa tiene que mostrar esa confusión. Siempre puedes elegir una frase que diga: “el personaje estaba confuso”, o puedes elegir una frase con muchos giros y muchas vueltas, que muestren esa confusión. Yo siempre escojo esa segunda opción, porque creo que transmite mejor la emoción al lector.

Junto a la religión, pesa mucho en el libro otra institución, el Ejército, ¿por qué eligió estos personajes?, ¿cuál es su aproximación al Ejército, le resulta algo cercano?

No tengo ninguna relación personal con el Ejército, sí familiar. Un bisabuelo fue héroe del Ejército alemán en la Primera Guerra Mundial; uno de mis abuelos huyó de Europa justo antes de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, y luego regresó para luchar con el Ejercito estadounidense; también primos que han combatido en Israel. Yo lo aplico de una forma metafórica a la hora de escribir: me veo como un general y los personajes son mis soldados. Puedo enviarlos a la batalla, a que hagan una emboscada, les puedo poner en peligro y les puedo llevar hasta un límite en el que ya se amotinan y vienen a por mí. Es una metáfora que me gusta para la escritura. Al principio, cuando comienzas a escribir un libro, te parece que puedes mandar sobre los personajes, darles órdenes, que ellos hagan lo que tú quieras, pero luego llega un punto en que se rebelan y ya no tienes control sobre ellos.

Otro gran personaje de ‘Los reyes de la mudanza’ es la ciudad de Nueva York, con las mudanzas, los desahucios… Sobre ella quiero hacerle la última pregunta. ¿Cómo ve Nueva York ahora? ¿Se está convirtiendo Manhattan, como el centro de Londres, en un parque temático para millonarios?

Millonarios, no. ¡Milmillonarios!, ¡¡¡milmillonarios!!! (Risas). Yo nací en Atlantic City, en New Jersey, y de alguna forma nunca he perdido ese punto de vista provinciano y un tanto romántico. Ojalá pudiera decir que Nueva York es un parque temático; yo creo que más bien es como la caja fuerte de un banco, donde los milmillonarios tienen sus inversiones en forma de propiedades. El libro, además, no es tanto sobre Manhattan como sobre otro barrios de Nueva York: Brooklyn, Queens, el Bronx…

Tengo entendido que usted ahora sí vive en una mudanza permanente, como los personajes del libro.

Ahora estoy ambulante. Nueva Jersey es mi casa, en el sentido de que allí están mis maletas y la mayoría de mi ropa. Pero voy a sacar tres libros en tres países diferentes, así que básicamente estoy viviendo en hoteles. Estaré unos meses en Berlín, luego regresaré a Nueva York, a casa de mi hermano. Puedo decir que ahora mi hogar está en mis calcetines.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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