26.06.2013

Juan Zelada: “Ante la incertidumbre nunca hay que quedarse quieto y vencido”

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El músico madrileño Juan Zelada triunfa desde Londres. Teloneó a Amy Winehouse y logró que su primer larga duración se convirtiera en disco de la semana en la BBC Radio. Ahora vuelve con energía renovada con la fórmula del ‘crowdfunding’ y una total complicidad con sus seguidores. Nos cuenta su pasado como pianista en cruceros y nos dedica un acústico, a la vez que subraya que, ante las dificultades, lo más importante es no parar, seguir inventando y aportando ideas.

Juan Zelada. Acústico para EL ASOMBRARIO & Co. ‘Follow the river’ from Manuel Cuellar on Vimeo.

El músico madrileño Juan Zelada se apunta a la tendencia de la independencia y lo hace por medio de una iniciativa de crowdfunding, a través de la plataforma Pledge Music, que convierte a los fans en una pieza activa en la grabación y el lanzamiento de cada uno de los trabajos que financian. Zelada, que vive y trabaja en Londres desde 2006, logró un altavoz sin precedentes a principios de 2012 con su primer disco, High Ceilings & Collar Bones, al convertirse en disco de la semana de la BBC Radio, lo que le permitió realizar una gira por más de 39 festivales en Europa.

Ahora vuelve con un EP titulado Follow the river, en el que continúa con sus canciones optimistas y energéticas, a medio camino entre el soul, el pop y con ciertos toques jazzísticos. El jueves 27 de junio presenta este nuevo trabajo en Madrid, en la Sala Orange Café. Juan Zelada ha tenido la amabilidad de grabar un acústico del tema que da título a su nuevo disco para El Asombrario & Co. y charlar para sus lectores.

Tu anterior trabajo lo grabaste con Decca, un sello de los grandes en Reino Unido. ¿Qué ha pasado para que ahora elijas el ‘crowdfunding’?

Teníamos la limitación de que Decca ya había gastado mucho dinero el año anterior y tenía problemas financieros. Estaban echando a gente cada dos por tres y congelando y recortando por todas partes. Nosotros, mi banda y yo, no quisimos paralizarnos y esperar a que la gran discográfica se movilizara. Había gente en Inglaterra que nos pedía nuevas canciones y nosotros teníamos el afán de seguir adelante.

¿Pero lo del ‘crowdfunding’ fue la primera opción? ¿No pensaste primero en la autoedición?

En un concierto en Londres se nos acercó un tipo de Pledge Music, que es una de estas plataformas crowdfunding en Inglaterra a las que les va muy bien. Hacen un proceso un poco diferente al resto: durante tres meses te has de involucrar con tus fans proporcionándoles todo tipo de contenidos a cambio de su colaboración. La idea, cuando nos la propusieron, me pareció muy apetecible. Significaba volver a entrar en un estudio en condiciones y con una calidad a la que ya teníamos acostumbrados a nuestros seguidores.

¿Cuáles eran esos contenidos que debías dar a los fans?

Los contenidos los proporcionábamos nosotros. Por ejemplo, que la gente viniera a los ensayos de la banda… También monté un concurso para que diseñadores propusieran ideas para la portada del disco (finalmente la realizó un estudiante de diseño fan de Zelada que se llama Rhys Lowry). Dejé una etiqueta #followtheriver y mi nombre en las redes sociales, y el resto quedó en manos de la creatividad de los seguidores. Desde el estudio grabamos vídeos… Se trataba de dar contenido en primicia a los fans a cambio de su aportación. Se podía hacer desde la aportación mínima de cinco eurillos por tener una reserva anticipada del disco, hasta aportaciones que significaban que mi grupo y yo teníamos que dar un concierto para alguien…

¿Cuánto dinero conseguiste?

El objetivo era poder finalizar la grabación, masterizar y empezar a promocionar, y llegamos a casi 10.000 libras esterlinas. Yo de antemano puse una parte para la grabación de ahorros que tenía del disco anterior. Pero pudimos grabar en un estudio estupendo al norte de Londres. Es una especie de Abbey Road, pero desconocido. Queríamos una grabación con un sonido muy de directo y muy orgánico. Pero sin el corsé de que tuviera que haber nada impuesto por una discográfica.

Aparte del concierto del 27, ¿vas a estar en algún festival español?

El domingo 30 toco un acústico en el Mulafest. Pero la cosa de los festivales está más complicada, no por falta de invitaciones, sino por falta de recursos. Allí donde vamos dejamos huella, pero el problema es siempre barajar presupuestos…

Topamos otra vez con el problema de una industria, la musical, casi herida de muerte. ¿Cómo ves todo lo que está ocurriendo en tu sector?

Siempre con optimismo. La música puede ser algo muy egoísta entre tu mismo, tu propia isla y tu propio proyecto… Si tienes motivación y estás convencido de lo que haces, siempre puedes tirar para adelante. El contexto ya es otra cosa. La situación y la industria. Ahí es donde el problema se nota y sobre todo en España. Creo que hay que adaptarse a los tiempos y a las oportunidades que hay aunque sean pocas. Conozco músicos que trabajan en sesiones solo por la posibilidad de trabajar con otro músico determinado. Hay que mirar más a largo plazo. Si eres un yesman, como dicen los ingleses, y te tiras a todas las piscinas, la suerte te persigue y creo que esa es la actitud. Ante la incertidumbre, lo que hay que hacer es estar activo. Nunca quedarte quieto y vencido. Las carambolas al final llegan, ocurren.

Y a España, ¿cómo la ves desde la distancia?

Vine el domingo a hacer una cosa en la Gran Vía y estaban manifestándose los de Sanidad…. Veo todo con muchísima tristeza desde allí. Sobre todo porque no estás aquí para vivirlo con el resto de tus compatriotas. Lo lees, y, al leerlo, notas frustración e impotencia.

Si estuvieras aquí, ¿qué harías?

No creo que fuera de los que me quejara tanto. Hablo del mundo de la música, claro. Creo que muchas veces los llantos, justificados o no, no sirven para mucho. Creo en los que proponen otras cosas. Esos que proponen aunque les vaya mal, aunque los números no les acompañen, al menos están proponiendo algo. En mi mundo lo que más impera son las buenas ideas.

Estudiaste en la escuela de Paul McCartney, en el Liverpool Institute for Performing Arts. ¿Cómo fue la experiencia?

Increíble. Paul McCartney hasta me entregó un premio a mejor cantautor en 2006 por una grabación que hice con unos noruegos buenísimos. La experiencia de la escuela de Paul McCartney es que te mezclas con músicos increíbles de todos los lugares del mundo, gente original, gente joven y, además, luego te empiezas a mover en la escena musical de Liverpool y a tocar en sus garitos míticos como The Cavern o el Zanzibar o el Barfly. Y lo más importante, te ofrece la posibilidad de asentarte en Inglaterra.

¿Cómo fueron las cosas después de la escuela?

Pues me tiré seis meses de cruceros, tocando en piano-bares, restaurantes… Actué en un sitio increíble que se llama el Crazy Pianos en Holanda. Es un garito en el que hay dos pianos de cola y una batería en medio, y te pones a tocar y tocar y tocar delante de 3.000 holandesas. Fui con 500 canciones memorizadas, cosa que me parecía bastante, pero me bajaron los humos unos máquinas que había por allí que controlaban hasta unas 5.000. Una locura.

Eso de los cruceros…. 

Ningún arrepentimiento con lo de los cruceros. Eso sí, mantenía los contratos durante dos semanas. Si paso más tiempo encerrado en un barco, me quiero tirar por la borda en un momento dado. Eran cruceros por el Caribe y por el Mediterráneo. Pero uno de los que más recuerdo fue muy gracioso. Partía de Southampton (Reino Unido) y llegaba hasta Nueva York sin parar. Siete días ininterrumpidos. Fue un crucero de Porcelanosa que contrató el barco Queen Mary II. Imagínate ese barco con miles de estrictas normas a la inglesa lleno de españoles. Se rompieron todas las reglas, claro. Y además estaba toda la jet set (dicho con ironía), gente como Chiquito de la Calzada, Valeria Mazza y ese tipo de famosos… Una experiencia surrealista… Pero me divertí.

Teloneaste a Amy Winehouse. ¿Qué recuerdas de aquella gira?

Estuvimos de teloneros en 2008, mientras ella promocionaba su gira Back to Black. Recuerdo que estaba en la prensa rosa del Reino Unido, una prensa muy difícil de entender, día sí y día también. Los músicos estaban muy tristes porque la discográfica explotaba todo tipo de publicidad, por muy mala y negativa que fuera… Teníamos concretadas 25 fechas y solo hicimos 16. Cuando llegó el concierto número 16, entró el médico en escena y dijo “hasta aquí”.

Y ella, ¿cómo era en la distancia corta?

Era una mujer única. Jugué en varias ocasiones con ella al billar. Jugaba bastante bien. Pero lo que más recuerdo era su capacidad. Una noche en Birmingham estaba fatal, tiraba el micro, insultaba a la gente, se presentó una hora y media tarde…. Todo lo bochornoso que uno se pueda imaginar… Pues al día siguiente apareció en Glasgow y dio la actuación de su vida. Su voz sonaba increíble dentro de ese cuerpito tan delgado. Eso impresionaba mucho. Y no podemos culpabilizar solo a su entorno. Una gran parte de culpa la tuvo ella. Con su terquedad o su enfermedad. No solo era el alcohol, lo peor es que mezclaba muchas cosas, muchas sustancias, y llegó un punto en el que pasó por varios procesos de desintoxicación, pero, al final, no había mucho que hacer.

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Sobre el autor

Manuel Cuéllar
El 12/12/12 decidió poner en marcha esta revista después de una experiencia profesional de 17 años en el diario EL PAÍS, donde se convirtió en un periodista todoterreno. Se licenció en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid y cursó el máster en la Escuela de Periodismo UAM/EL PAÍS. Periodista convencido de las bondades de las nuevas tecnologías, cubrió el 15 M por Twitter y otras redes sociales. Puedes seguirme en mis cuentas personales de Twitter, Facebook e Instagram. Gracias.

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2 comentarios

  • El 27.06.2013 , Alex Mene ha comentado:

    Buenos consejos y entrevista estimulante

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