27.03.2016

Julia Margaret Cameron: el deseo instintivo de fijar la belleza

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Julia Margaret Cameron Julia Jackson 1867 © Victoria and Albert Museum, London

Julia Margaret Cameron. Julia Jackson, 1867 © Victoria and Albert Museum, London

Vestía a sus amigos como personajes de la Biblia o de los dramas de Shakespeare. Tenía 48 años cuando su hija y su yerno le regalaron una cámara fotográfica. Los retratos que hizo con errores, borrones, rayajos eran puro arte y Julia Margaret Cameron (1815-1879) no se arredró ante su falta de conocimientos ni ante las críticas de quienes veían sus trabajos en una época en que todavía se discutía si la fotografía era arte o ciencia: “Anhelaba fijar cuanta belleza veía ante mí y por fin ese deseo se ha cumplido”. Fue una de las más grandes retratistas del siglo XIX, como podrán comprobar si se acercan a visitar la impresionante retrospectiva que le dedica la Fundación Mapfre en Madrid, procedente del Victoria & Albert de Londres.

Cameron nació con el apellido Pattle hace 201 años en Calcuta y sus fotografías llegaron a un museo hace 150 años. Se casó con un funcionario británico, Charles Hay Cameron, 20 años mayor que ella, con el que tuvo seis hijos y dedicó buena parte de su vida a retratar amigos, familiares y conocidos. Fue una mujer feliz, un rara avis en la estricta sociedad victoriana en la que vivió. Revolucionó la fotografía e inmortalizó a los personajes más eminentes de su época (Alfred Tennyson, Georges Watts, Carlyle, Dante Gabriel Rossetti o Charles Darwin) con su objetivo borroso, desenfocado y su teatral uso de la luz contrapuesto a grandes sombras. Mirando sus fotografías se piensa en las pinturas del prerrafaelista Millais o del simbolista Watts. Además, inmortalizó el rostro de una de las más bellas mujeres de su tiempo, su sobrina Julia Jackson, la madre de la escritora Virginia Woolf, tan parecida a su hija en ese puro perfil que heredó Virginia.

En los retratos de Cameron se ve el grano del papel y los poros, el vello de las barbas de los rostros victorianos. Su objetivo era hacer pinturas con fotos y se sintió muy halagada cuando The Times, en 1873, le hizo una crítica comparando sus retratos con las obras de Giotto, Van Dyck o Reynolds. En Annals of My Glass House (Crónicas de mi invernadero), una especie de diario en el que Cameron escribía sus pensamientos más íntimos, anotó en 1863: “Convertí la carbonera en mi cuarto oscuro y un gallinero acristalado que había regalado a mis hijos se transformó ¡en mi invernadero!”.

En aquel invernadero fotografió a Henry Cole, el que sería director del South Kensington Museum, antecedente del actual Victoria & Albert. Cole fue su mentor, su mecenas y el que le dejó dos salas del museo para que Cameron las utilizara como estudio. En contrapartida, el Victoria & Albert cuenta con la mejor colección de obras de Cameron.

Pero volvamos al momento en que la señora Cameron tuvo su primera cámara. ¿Se la imaginan? Grande, aparatosa con un trípode que la superaba en altura. Trabajaba con placas de cristal en negativo de colodion húmedo que había que revelar antes de que se secara. Su primer retrato, el de la niña Annie Philpot, la llenó de gozo. A partir de ahí echó mano de todos los parientes para que posaran, hasta que logró perfeccionar su estilo inconfundible, esos retratos de perfil con una fuerte iluminación directa. Cuando años más tarde consiguió una cámara aun mayor sus retratos se transformaron en casi esculturas, unos bustos de medio plano potentes y magníficos. Son fotos más posadas, más ambiciosas, retratos “más penetrantes emocionalmente”.

Julia Margaret Cameron, Peace, 1864 © Victoria and Albert Museum, London.

Julia Margaret Cameron, Peace, 1864 © Victoria and Albert Museum, London.

Con el poeta Alfred Tennyson entabló una sólida relación y fue su modelo más asiduo. Le llegó a hacer 32 retratos: “Ignorando el posible temor a que al posar a mi antojo pudiera estar haciendo el rídiculo… Consintió en ser fray Lorenzo con Julieta, Próspero con Miranda o Asuero con la reina Ester, asir mi atizador cual cetro y hacer cuanto yo le pedía que hiciera”. Cameron ilustró también sus poemas sobre el rey Arturo, Los idilios del rey. Retrató a muchas mujeres -la que siempre encarnaba a la Virgen María era una de sus sirvientas, Mary Hilliers, a la que ya llamaban Mary Madonna-, a las que hacía disfrazarse con ropajes de personajes literarios o bíblicos. Sus nietos, y los de sus amigas, eran asimismo sus modelos en esas composiciones almibaradas de rollizos niños jesús.

Agrupó sus obras en Retratos, Madonnas y Fantasías con efecto pictórico, composiciones que hacían referencia a temas literarios y a la dramaturgia. Perteneció a la Photographic Society of London, cuyos miembros la descuartizaban cada vez que les mandaba sus fotos. Así y todo, consiguió establecer acuerdos con Colgnaghi, la galería de Londres líder en la edición y venta de fotografías. Además, en 1865, el South Kensington Museum le compró 63 fotografías.

Marta Weiss, comisaria de la exposición en la Fundación Mapfre y que también lo fue de la celebrada meses atrás en el Victoria & Albert de Londres, tituló la muestra londinense con la frase “Electrizar y sorprender”, haciendo referencia a una de las cartas de Cameron a Cole en la que le dice: “Le escribo para preguntarle si expondría en el South Kensington Museum unas copias de mi última serie de fotografías con las que pretendo electrizarlo de placer y sorprender al mundo. Confío en que no sea una vana imaginación mía decir que ¡nunca se han hecho fotografías como éstas y nunca serán superadas!”.

Decían los especialistas de la época que los errores en las fotografías de Cameron fueron sus éxitos. Desenfocaba a propósito o por error. Sus críticos no se ponían de acuerdo y ella unas veces decía una cosa y otras la contraria. Posiblemente sus delicados borrosos serían al principio un error, una casualidad que ella aprovechó y convirtió en marca Cameron. Sus biógrafos cuentan que murió en Ceylan, donde la familia tenía plantaciones de café, con la palabra belleza en los labios.

Julia Margaret Cameron en la Fundación Mapfre (calle Bárbara de Braganza, 13. Madrid). Hasta el 15 de mayo.

Julia Margaret Cameron. May Day 1866 © Victoria and Albert Museum, London

Julia Margaret Cameron. May Day 1866 © Victoria and Albert Museum, London

Julia Margaret Cameron. Hosanna, 1865. © Victoria and Albert Museum, London

Julia Margaret Cameron. Hosanna, 1865. © Victoria and Albert Museum, London.

Julia Margaret Cameron. Annie, 1864. © Victoria and Albert Museum, London

Julia Margaret Cameron. Annie, 1864. © Victoria and Albert Museum, London

 

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Sobre el autor

Julia Luzán
Julia Luzán Periodista. Observadora de la realidad. En el diario El País durante 27 años. Antes, corredora de fondo en periódicos y revistas. Me gusta el arte, devorar libros y contar como son las cosas y adivinar que hay detrás de ellas. Puedes seguirme en Twitter @jluzan

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Un comentario

  • El 29.03.2016 , Alex Mene ha comentado:

    Estupenda exposición, con todos sus errores.

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