03.08.2013

La Caja de Urías

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Foto: MANUEL CUÉLLAR

CUENTOS DE VERANO

ALBERTO CHIMAL

Puedes seguir al autor en twitter 

 

—¿Señor Nava?

—Encantado. Qué bueno que vino. Le explico, señor Kustos: siempre que hablo de esto pienso en Jorge Acevedo, aquel que escribió ese testimonio tan famoso…

—¿Cuál?

—¿No lo conoce? Seguro que sí. Seguramente recuerda aquella frase de que “El dinero en verdad vuelve loca a la gente”…

—Suena a libro de autoayuda.

—¡Qué dice! El testimonio del señor Acevedo gira alrededor de una moneda que literalmente vuelve loco al que la ve. ¿Realmente no lo ha leído?

—¿El autor se llama Acevedo?

—¡Sí, claro! ¿no lo conoce?

—¿No se llama así uno que escribe novelas de narcos?

(Pausa muy incómoda.)

—No, no tiene nada que ver. Mire…, en resumen: Acevedo vio la moneda fatal una sola vez: diez segundos escasos. Y eso bastó. Pobre hombre. En menos de un año murió. Y estaba en un hospital psiquiátrico. Ya no comía. No hablaba. Era como un vegetal.

—Conozco casos así.

—¡Pero éste se debe, se debe específicamente, a la moneda! Eso es lo que lo hace especial. Una moneda… mágica, digamos, que ocasiona eso. La fijación total y la locura. En su escrito, Acevedo cuenta cómo poco a poco le va siendo más difícil pensar en nada que no sea la moneda. Se come la mente de quien la ha visto, dice…

—Eso suena como un cuento de Lovecraft.

—Bueno, mire, vamos al grano.

Nava se levanta. Todos en el café voltean a mirarlo. Se sonroja y vuelve a sentarse.

Agradece, en silencio, que Kustos no esté sonriendo.

—Lo interesante de mi colección, que se llama la Caja de Urías, que me encantaría que usted conociese…, es que contiene 34 monedas mágicas, todas distintas entre sí.

—¡34 monedas!

Lo que sucede entonces es (o así lo piensa el señor Nava) es un milagro:

La cara de Horacio Kustos deja de ser una de duda y se convierte en otra, de asombro. De maravilla.

—Y todas diferentes a la moneda que destruyó a Acevedo. Está la moneda de un centavo de dólar canadiense que colorea de azul la piel de quien la toca, por ejemplo. El efecto es temporal…, pero también está la moneda de una lira italiana que da lepra.

—¡Lepra!

—Y la moneda de diez pesos mexicanos que cambia de sexo a quien la oye tintinear. La de un euro que hace avanzar exactamente un año a quien la gasta…

—¿Un año en el tiempo?

—Quien la gasta desaparece durante un año entero y reaparece entonces exactamente en el mismo sitio, sin conciencia alguna del tiempo transcurrido…

Y así sucesivamente, por monedas que modifican la materia, las convicciones, los árboles genealógicos; que provocan relámpagos y emanaciones fétidas; que cosquillean en lugares recónditos del cuerpo; que cantan y tiemblan y cuentan historias…

—La última de todas es la más rara de todas. Otra de esas que no deben ser vistas… Pero escuche, escuche, señor Kustos: su valor es un número imaginario, y el nombre de su divisa no puede ser pronunciado por bocas humanas…

—Lovecraft otra vez.

—¡No, no! Escuche. Su facultad es que a quien la mira se le cumple un deseo: el texto de Urías, el dueño original de la colección, dice “el anhelo más profundo de su corazón”… Pero no está claro como sucede. De hecho, lo más probable, según se dice, es que  ese deseo se cumple sólo en la mente, sólo de modo ¿subjetivo, digamos? Es algo similar a lo que le pasó a Acevedo. El que la mira se hunde en un sueño: cree que el sueño se cumplió. Pero en realidad está convertido en un vegetal en su casa, en una calle, en un hospital…

Kustos lo mira, ahora, con inquietud.

—Tiene que escribir de esto, señor Kustos. Tiene que preservar la historia de estas monedas. Las he cuidado durante tanto tiempo… Y realmente el conocerlo a usted es un sueño hecho…, hecho…

Ahora los dos se miran con inquietud: con gran inquietud, mientras la gente a su alrededor toma café, y ríe, y pasa un rato tan agradable que no parece posible.

Alberto Chimal es autor de las novelas La torre y el jardín (2012, finalista del Premio Rómulo Gallegos 2013) y Los esclavos (2009), así como de las colecciones de cuentos Siete (publicado en España con Salto de Página), El último explorador (2012), El Viajero del Tiempo (2011), La ciudad imaginada(2009), Grey (2006) y Éstos son los días (2004), entre un total de más de treinta obras. Ha recibido los premios San Luis Potosí y Benemérito de América de cuento. Es profesor de narrativa y literatura desde 1993 (también ha escrito un manual básico de narrativa: Cómo empezar a escribir historias) y se le considera una autoridad en el campo de la escritura digital a partir de sus estudios del tema y de su propia práctica de escritura mediante nuevas tecnologías. Mantiene un sitio muy interactivo, Las historias, con su  bitácora, donde publica mensualmente un cuento de algún autor novel o consagrado y realiza convocatorias de concurso de  microrrelato. Alberto Chimal ha estado presente en el Asombrario & Co. en el artículo Cuatro autores marcados por poderosas lecturas adolescentes.

Puedes leer las anteriores entregas aquí:

‘Explicación no pedida’ de Ovidio Ríos 

‘Palabras y sonrisas’ de Andrés Barrero  

‘El recado’ de Raquel Castro 

‘La puerta blindada’ de Rafa Ruiz 

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Sobre el autor

5 comentarios

  • El 05.08.2013 , Maria Cañal Barrera ha comentado:

    Me ha encantado! Me he quedado con ganas de que fuera más largo, una idea original, genial.

    Chao!

  • El 11.12.2013 , Ana Karen ha comentado:

    Muy interesante, me gustó.

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