18.02.2020

La ‘e-literatura’: punto de conexión entre tecnología y humanidades

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La escritora y directora del Centro de Cultura Digital de México, Mónica Nepote.

El diálogo entre tecnología y humanidades sigue dando que hablar y su posible encuentro o desencuentro viene de lejos. Sin embargo, para Mónica Nepote (Guadalajara, México, 1970), escritora, editora y gestora del Centro de Cultura Digital de México, su convivencia en el futuro será inevitable. Su proyecto está dedicado a la e-literatura. La escritora cree que el soporte libro en papel no desaparecerá, pero esto no significa que no haya investigación en cuanto al lenguaje en otros soportes como los digitales. Por eso es importante debatir sobre el presente y el futuro de las humanidades dentro de estos entornos, como hizo recientemente en la Fundación Telefónica de Madrid.

En España nos falta un centro de cultura digital; ¿nos puedes contar cómo funciona en el que tú trabajas?

El Centro de Cultura Digital tiene pocos años, se puso en marcha en 2012, coincidiendo con una secretaria de Cultura que tenía interés por la cultura digital, Grace Quintanilla. En México ha habido un entorno favorable desde los años 90, se han dispuesto ciertos presupuestos que ha permitido a los artistas digitales realizar proyectos. Pero era importante tener un espacio no solo para las personas que ya eran conocedoras de sus posibilidades, sino que sirviera también para alfabetizar a los habitantes de la ciudad de México, un hábitat de búsquedas que acogen y promueven nuevas formas de leer y entender la realidad. Lo que caracteriza el espacio es que recibe a gente que está vinculada con los videojuegos, la música, el arte, pero también a personas que quieren adquirir alguna capacitación en el manejo del software o de ciertas tecnologías; también para niños, jóvenes y personas de la tercera edad, incluso para personas que están en situación de vulnerabilidad. Todo gratuito. México tiene una brecha digital importante y para que esta no se agrande nació el centro. Puede haber eventos con artistas con grandes o sofisticados conocimientos digitales, pero los cruzamos con la enseñanza para que no surja un sesgo elitista.

¿Cómo surge la posibilidad de investigar en lo que llamas e-literatura?

Surge a raíz de meditar sobre otro espacio que existe en México que es el centro multimedia. Generalmente los escritores se enmarcan dentro de eso que podíamos llamar el fetiche del libro impreso, lo que está bien. Yo venía de un trabajo, también para el ministerio de Cultura, que era Tierra Adentro con jóvenes escritores emergentes. Trabajé seis años publicando libros y una revista que me permitió tomarle la temperatura a toda una generación, que ya estaba en contacto con distintos softwares e investigaban con nuevos formatos, muchos de ellos con habilidades cruzadas, como narrativas y videojuegos, narrativas y música, narrativas transmedia, como el poeta Horacio Warpola que tiene un libro, Metadrones, que son poemas sobre drones que están ilustrados con gifs animados de drones de Canek Zapata, cuyo uso varía desde los conocidos fines militares hasta la apropiación y la representación del objeto de uso cotidiano. Es un poemario marcado por la ironía, la extrañeza; con prólogo del escritor español José Luis Mora.

Yo llego al centro cuando querían hacer algo y no sabían muy bien qué. Por eso ideamos el proyecto Descargables, que serían incunables digitales. Los llamamos así, ya que nos gusta la ironía, y el juego con la imprenta. Realizados con estas nuevas tecnologías también son primeros experimentos. Al mismo tiempo, conforman un archivo de conocimiento accesible a todo aquel usuario que quiera información sobre la amplia gama de proyectos que caben bajo la nomenclatura de cultura digital.

Tal vez son objetos raros, uno de los libros va ocultando aleatoriamente su contenido, unas veces muestra uno y otras otro, cada vez que lo abres se vuelve a reacomodar. Los textos son de jóvenes escritores que inventan algo nuevo. Piezas, por ejemplo, que ensayan cómo hacer poemas digitales con formato de videojuego. Además, para dar contexto a todo lo que hacemos, tenemos la revista 404, donde analizamos y divulgamos esta nueva cultura mediante artículos y reflexiones sobre la literatura digital y sus conexiones.

¿Cómo definirías la e-literatura?

Es la literatura hecha y pensada desde ordenadores para ser vista, consumida y leída en dispositivos electrónicos. Es un medio donde el formato influye de manera sustancial en el contenido, y donde priman la escritura generativa y, por lo tanto, cobra protagonismo la combinatoria y el azar, la poesía visual y cinética. Une la literatura con hipervínculos que son manejados por el lector. Algunas de estas prácticas son descendientes de las vanguardias históricas, del dadaísmo, del OuLiPo (taller parisino de literatura potencial; las matemáticas son clave dentro de esta corriente literaria), de los Cien mil millones de poemas de Raymond Queneau, de Rayuela de Cortázar. Conceptualmente nada nuevo, pero alimentadas y amplificadas o aumentadas con las posibilidades que ofrecen hoy las tecnologías digitales. Los accesos a estas experimentaciones es abierta.

México acoge una de las ferias del libro más importantes del mundo, la FIL, ¿qué relación tenéis con ella?

La Feria Internacional de Guadalajara nunca nos ha invitado, es completamente renuente a estos formatos, estuve este año en uno de los congresos que dan para profesores, pero fui invitada por otra organización que participaba. Hemos trabajado con otras ferias o con el Hay Festival.

¿Viejos y nuevos formatos siguen sin darse la mano en una reflexión común?

El problema es que ferias como la de Guadalajara tienen una idea muy fija de mercado. 

¿Qué es para ti la literatura sin la e delante?

Pienso en la literatura como la materialización de los lenguajes. La escritura es una forma material de tener algo, es esencial su materialidad, pero también hay escritura oral o caligráfica, también la que está en una interfaz electrónica. La literatura es lenguaje y experimentación.

Afirmas que la tecnología sirve para expandir las prácticas artísticas.

Totalmente. Cuando se empieza a desarrollar el lenguaje de la programación en los años 50, una de las primeras cosas que suceden es que ingenieros y matemáticos comienzan a explorar e investigar con el lenguaje. Así se crean los primeros poemas estocásticos de Theo Lutz o las cartas de amor de Christopher Strachey escritas por una máquina, ¿es esto literatura? Hay una paradoja y es divertido que lo primero que escribiese una máquina fuera sobre sentimientos. Su programa generaba textos con el fin de despertar emoción. La máquina componía las cartas siguiendo reglas gramaticales y usando palabras sacadas al azar de un pequeño léxico. Además, históricamente, las primeras preguntas de la informática eran sobre el lenguaje y la escritura. Si en el cine o la música asumimos naturalmente la tecnología, no sé por qué otros ámbitos están más estigmatizados.

Cuando hablamos de tecnología y humanidades tendemos a unir muchas habilidades y se crea un poco de confusión.

Sí, y hay grandes diferencias entre unas disciplinas y otras, y además ahora te topas con la inteligencia artificial de la manera que menos te imaginas y no de la mejor forma colaborativa posible, como es toda esta cuestión de utilizar nuestros datos. Es un lenguaje tan especializado que siempre parece que no puedes controlarlo, pero justo el trabajo de un espacio como el nuestro es hacernos la pregunta continua de qué hacemos y qué es lo que yo quiero con este dispositivo. La alfabetización digital cada vez es más compleja; mezclada con el mercado, es casi imposible no estar rastreado o que te ofrezcan cosas que tú no quieres.

¿Aquí entrarían las humanidades para ‘humanizar’ toda esta deriva?

La labor importante de las humanidades es subrayar que la parte humana tiene que ver con el pensamiento y la reflexión; si no, me temo que seremos consumidores, y productores de algo que luego será comercializado y vendido como es la tecnología del control y de la vigilancia.

Por ahora, detrás de esos algoritmos hay seres humanos.

Totalmente, y ahí es donde viene la trampa del lenguaje. Sólo ciencia dura, solo humanidades. La una parece que queda fuera de la otra y viceversa, pero no es así aunque se quiera. Lo importante es que haya ingenieros que tengan un pensamiento filosófico y humanista, esos ingenieros tienen que pensar también cuánto le cuesta al planeta tener esos servidores conectados.

No todo es extractivismo y capital. Pero también hay que saber que no se puede volver atrás y hay que plantear soluciones. El libro en papel es obvio que va a sobrevivir y la misma cuestión que se plantea para ellos debe hacerse para lo digital, también hay que saber cuanto CO2 emite un kindle.

¿Crees que el futuro traerá un poco más de entendimiento entre tecnología y letras?

Yo siempre me pregunto a quién le conviene que las disciplinas estén separadas. Además, no seamos maniqueos, la ética y la moral corresponde tanto a la ciencia, la tecnología, como a las humanidades, los sentimientos y los valores también. Todo puede ser compartido.

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Sobre el autor

Pura C. Roy
Periodista y gestora cultural. Estoy a favor de un conocimiento transversal, por eso me apasiona tanto la ciencia y el medio ambiente como la poesía, la literatura y el teatro. Puedes seguirme en Twitter: @cuencapura

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