25.07.2013

La medicina y los libros, o el futuro de la farmacia

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España es, junto con Estados Unidos y Francia, el país con mayor gasto farmacéutico por persona. A partir de ahí y fijándose en los diez medicamentos más consumidos, la novelista y periodista Almudena Solana ha construido su cuarta novela, Efectos secundarios, recién publicada por Planeta.

ALMUDENA SOLANA

Hay un mantel secando al aire, y ese vaivén trae el recuerdo de la aldea. El ambiente de fuera pudiera parecer un suspiro que no llega a ser viento, ni tampoco calma. Es aire, sin más que te hace mirar la tela y recordar, por ejemplo, que en verano no hay actualidad porque eso forma parte del descanso.

El pasado es de las cosas blancas, con esas cosas blancas se forma una vida. De la sábana blanca al pañal y del pañal al talco, del talco a la tiza, de la tiza a las nubes, de las nubes al deslumbre del teclado de ordenador más blanco, y de ahí a la realidad de una mesa de mármol claro y a las manchas de un mantel que era blanco y ya no lo es, y hay que lavarlo y ahí está, en la cuerda, al vaivén del calor.

El detergente, los productos antimanchas, los dentífricos, los medicamentos, las nubes y su lluvia, las gomas de borrar… Ellos son los detectives del color más blanco; la sonrisa más blanca, el cuaderno más limpio; el más blanco resplandor.

Las farmacias forman parte de ese entorno blanco. Cajones que se abren y cajitas de cartón que se ofrecen a ti para calmar un dolor o para cubrir una pena. En el fondo, un medicamento y un libro son la misma cosa, porque te ofrecen por igual unos brazos de papel que te animan a optar a estar mejor. Y “Si tiene alguna duda consulte con su farmacéutico” dice después el prospecto, y esto lo humaniza todo. Las farmacias son, como las cocinas, ese lugar donde se tienen las mejores conversaciones… (En los salones, con sus alfombras y las fotos de las ceremonias, se habla peor) Las personas con dolor, o falso dolor, preguntan en la farmacia a ese que también tiene el blanco a lo largo de toda su bata, y escucha, y después dispensa, que es un verbo que no se usa… y que, en cualquier caso, no significa sólo vender, sino recomendar, prescribir, aconsejar…  Podría significar incluso, no vender, si algo no fuera recomendable.

Hay leyes que se presentan ante este sector como una amenaza; pretender liberalizar la titularidad de las oficinas de farmacia en España es decir, que cualquiera pueda venderte un medicamento, es tratar a las farmacias (sólo) como un pequeño comercio más; uno de esos comercios minoristas que sucumben cada día frente a las grandes superficies.

-“Si no lo hay ahí es que no lo hay” –decían los dependientes de El Corte Inglés, cuando había dependientes en El Corte Inglés…

Y esa maldita frase se escuchaba, daba igual que preguntaras por un zapato, o un champú, unas cortezas de cerdo o la talla de un pantalón.

– “Si no lo hay ahí es que no lo hay”… Que era como decirte “búscate la vida, colega”, mientras los dependientes, sin inmutarse, continuaban las conversaciones con los compañeros de planta.

Yo quiero acudir a la farmacia a escuchar la opinión del experto, ése que estudió cómo narices la química y todas sus expresiones, pueden llegar a convertirse -como un libro- en un remedio. Cómo un medicamento, llegada la necesidad, te puede ayudar a sentir mejor en esa travesía que va del dolor al no dolor, del malestar al bienestar. Esto pudiera parecer algo obvio, tan obvio como ese mantel blanco que escurre humedad colgado en una cuerda, pero muchas veces las  leyes se pasan por alto el conocimiento y achatan lo que ven como si fueran un rodillo sobre la masa de pan.

No es lo mismo una chuletilla adobada, que un dilatador pulmonar, tampoco es comparable un queso parmesano o unos  panties de lycra marrón con un remedio para curar esa infección que se colocó ahora, justo ahora, en la uña del dedo gordo del pie.  Menos mal que llega el remedio que alguien entendido me dispensó; la pomada, el ungüento final. Lo demás es gasa -también de color blanco- gasa que abraza mi pie como si fuera un pequeño mantel.

Feliz semana. Te espero, hasta el próximo jueves.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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