16.04.2013

Las leyes de la naturaleza del maestro Paul Klee

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Paul Klee

Paul Klee se inspiraba en las plantas, en su crecimiento a partir de las semillas, para componer, para crear su obra y para dar clases de configuración pictórica en la Bauhaus. Una exposición en la Fundación Juan March de Madrid nos da las claves de su pasión por la naturaleza.

VENTANA VERDE

RAFA RUIZ

Siento una especial admiración por dos pintores y la escuela donde dieron clase en el periodo de entreguerras en Europa: Paul Klee y Vasili Kandinski, y la Bauhaus, ese apasionante proyecto alemán de unir a artesanos, artistas y arquitectos para trabajar juntos buscando una sociedad más justa, igualitaria y solidaria. Dice una parte del Manifiesto de la Escuela de Weimar: “¡Formemos, pues, un nuevo gremio de artesanos sin la pretensión clasista de erigir una arrogante barrera entre artesanos y artistas! Deseemos, proyectemos, creemos todos juntos una nueva arquitectura del futuro, en la que todo se integra, arquitectura, artes plásticas y pintura, que un día, de las manos de millones de artífices, se elevarán hacia el cielo como símbolo cristalino de una nueva fe”.

Pero como pasa a menudo con la búsqueda de paraísos en la Tierra, los maestros de la Bauhaus se toparon con un infierno, con el del peor de los totalitarismos, el nazismo; que calificó de “degenerado” el arte de Klee y se incautó de 102 obras suyas en museos alemanes.

Recientemente se ha montado una exposición en la Fundación Juan March (abierta hasta el 30 de junio) que puede calificarse como una de las joyas de la temporada cultural de Madrid: ‘Paul Klee. Maestro de la Bauhaus’, comisariada por Fabienne Eggelhöfer y Marianne Keller, y que presenta 137 obras. Viene aquí a esta sección porque nos descubre al genial artista alemán nacido en Suiza, uno de los pintores que más influyó en el desarrollo de las artes gráficas a lo largo del siglo XX, como un verdadero amante y analista de la naturaleza. Se ha escrito mucho sobre su descubrimiento del color a raíz del viaje que realizó a Túnez en 1914. Klee, con 34 años, anotó en su diario: “El color me ha poseído. Color y yo somos uno. Soy un pintor”. Había nacido una estrella. Pero nos hemos detenido mucho menos en su identificación con la naturaleza. El día siguiente a su llegada a Túnez, escribió: “Mi cabeza está llena de las impresiones del paseo de la pasada noche. Arte-naturaleza-yo mismo”.

La primera parte de la muestra de la March, dedicada a esta vertiente, es, de hecho, la más emocionante de todas, y en ella comprobamos cómo Klee convirtió muy pronto las leyes de la naturaleza en el fundamento de su quehacer artístico. En la Bauhaus enseñó las leyes generales de la configuración a partir de ejemplos tomados de la naturaleza, de las plantas, del crecimiento de las plantas a partir de las semillas. Desarrolló así todo un corpus teórico. La música -sus padres y su mujer se dedicaban a ella, y él mismo era un excelente violinista- y la naturaleza le dieron las pautas rítmicas a sus trabajos, en los que compone hipnóticas sinfonías de color a partir de la repetición regular de sencillos motivos lineales. “Lo esencial no es tanto la forma definitiva de las cosas, sino el proceso que conduce a ellas”, apuntaba en sus notas de clase. “Una cosa no es, sino que deviene”, por lo que el artista animaba a sus alumnos a observar la transformación como un proceso intrínseco de la naturaleza.

Tenemos la posibilidad de contemplar delicados dibujos y bocetos de paisajes y rododendros; óleos de flores y árboles; toda una sorpresa: sus herbarios, plantas secas sobre papel. Hay maravillosas tintas sobre papel de pelargonios, ciudades-jardín, grupos de árboles y estrellas de mar. Pero, sobre todo, merece la pena detenerse en cuatro maravillas: ‘Crecimiento de las plantas’ (óleo de 1921); ‘Flores al viento’ (tinta y acuarela sobre papel, de 1922), ‘Pequeñas casas en la ciudad jardín’ (acuarela de 1928) y ‘Flor tropical’ (óleo y lápiz sobre papel, de 1920). Como remarca el catálogo de la exposición, “mientras que en las clases, la naturaleza sirve como ejemplo ilustrativo de una configuración viva; en su actividad creadora, a Klee le interesa también como motivo”.

Hay una obra última con la que se cierra la muestra, que enternece e impresiona, que nos atrapa poderosamente: un estupendo grafito sobre papel que realizó en 1939, con 60 años, solo un año antes de morir; una cautivadora última declaración de principios -humilde, frágil, en concordancia con la genialidad de un maestro que no se veía por encima de ningún artesano-, que resume el entendimiento deseable entre naturaleza y humanidad que propugnaba la Bauhaus. Se titula ‘Diálogo entre árbol y hombre’. Parece que uno y otro se estén contando sus secretos.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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2 comentarios

  • El 17.05.2013 , carmengg ha comentado:

    He encontrado la exposición de Klee perfecta y resuelta en este último grafito que comentas y que he copiado alli, sobre la marcha….y ahora busco en Internet sin éxito una reproducción.
    El sentido del color y su capacidad de visualizar textura, sin haberlas me emociona tambien en las obras de Klee.

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