04.01.2019

Las mil razones de un editor de libros infantiles para seguir con entusiasmo

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Jesús Ortiz, responsable de la editorial Mil razones.

Jesús Ortiz, responsable de la editorial Milrazones.

Necesitamos buenas razones para leer, ¿me reiré, me entusiasmaré o terminaré aburrido? Enfrentarnos a una nueva lectura nunca deja de ser una aventura. Hay libros buenos, libros del montón y libros vulgares. A veces nos fiamos de nuestro instinto, de las recomendaciones de un amigo o del librero o de algún artículo de prensa, o de los criterios de selección de nuestras editoriales de referencia. Hoy hablamos de una de ellas, de Milrazones, que desde hace años nos ofrece un menú de cuidados libros ilustrados para ser leídos con placer.

A Jesús Ortiz le conocí hace algunos años en esos momentos de respiro que hay a veces en la Feria del Libro de Madrid, y como le gusta hablar y sabe de lo que habla, te va llevando de un libro a otro, de un autor a otro, y así hasta que terminas acudiendo a las notas de tu teléfono, donde apuntas todo lo que te ha dicho para que no se te olviden los deberes que te está mandando. Es un entusiasta de lo que hace, dispuesto y despistado (muy despistado) y puede venir a Madrid desde Santander y volverse en el día para presentar un libro con un equipaje compuesto por tan solo un lápiz Mongol Paper Mate, una libreta y un libro. Ha llegado del mundo del diseño gráfico, ha leído mucho y como quería leer en las horas de trabajo, a Jesús Ortiz no le quedó más remedio que hacerse editor.

Jesús Ortiz creó hace ya algunos años Milrazones, una editorial que publica libros de los que ayudan a pensar al lector. Inició su andadura con el ensayo no académico y se ha especializado en el álbum ilustrado infantil. Libros arriesgados, delicados, cuidados, con el fin de disfrutarlos, sin doctrinas ni moralejas. Libros tan bien hechos que rozan la categoría del libro-objeto. Este año Milrazones se ha sumado, como editorial invitada, a Mad un pequeño gran planeta, la exposición que la galería madrileña de arte emergente Mad is Mad dedica cada Navidad al público más menudo.

¿Quién es Jesús Ortiz? ¿Cómo ha terminado rodeado de libros?

Pues un tipo bastante normal, excepto por lo exageradamente distraído. Y curioso: he metido las narices en todos los sitios donde me han dejado y en alguno donde no estaba permitido meterlas. Y me las han metido a la fuerza en otros donde no hubiera querido de ninguna manera. Entre unas cosas y otras, iba leyendo. Al final, soy un tipo normal con la cabeza llena de cosas inútiles y desordenadas; intento como puedo darles alguna utilidad y sentido. Y lo hago mediante libros, porque aprendí de muy pequeño que en ellos había mucho de las dos cosas.

En los tiempos que corren, ¿un editor es un romántico o un loco?

No soy romántico y espero no estar loco. Al menos, no más de lo necesario para salirse de lo trillado. Meterse a publicar libros hoy es jugársela, desde luego. Empresas diminutas, como la mía, no son viables. Pero solo se vive una vez y tenía que intentarlo…

¿Cuáles son algunas de las mil razones para seguir trabajando en el mundo del libro?

Lees en horas de trabajo. Conoces a mucha gente interesante, alguna deslumbrante. Encuentras ideas que no sabías que existían. Tienes que estar al plato y a la tajá. Y esto no se acaba nunca. Cada vez que publicas uno, eres feliz, pero tienes otros seis o siete en marcha. Ayudas a gente que merece la pena. Viajas a ciudades que se interesan por los libros, que es lo que te gusta. Cuando estás tirado en el sofá y te riñen por vago, puedes contestar que estás trabajando, elaborando un contenido. Pasas desapercibido, porque lo interesante es lo que haces, no tú. No estás todo el día en una oficina: hay que ir a Correos a llevar libros. Estás convencido de que lo que haces le da diversión y alegría a otros, y recibes confirmaciones de que es así.

¿Cuáles son las razones de una editorial de ensayo para que se decida a abrir un sello infantil?

El deseo de abrir la línea infantil estaba desde el principio. Por un lado, porque mis primeras lecturas fueron infantiles, claro, y quiero dar a otros el placer y la esperanza que recibí de ellas. Por otro, porque tenía una hija pequeña con la que leía libros cada noche, y quería hacer algunos para ella.

¿Criterios de selección a la hora de formar el catálogo de libros para niñas y niños?

Si fuera una persona ordenada, podría darte una respuesta inteligente a esta pregunta. Por desgracia, solo puedo decirte cómo trabajo yo: me baso sobre todo en el instinto lector, eso que se desarrolla habiendo pasado por miles de libros. Además, cuando valoro originales, llamo en mi ayuda a mi niño interior, y me fijo en cómo reacciona a la lectura: si se ríe, se entusiasma o se aburre.

¿Qué ingredientes componen los libros de vuestra editorial?

Nos interesa sobre todo que cada libro sea un territorio para la exploración del lector. Que permita un paseo rápido e invite a un segundo recorrido más moroso. En general, no intentamos trasmitir valores ni conocimientos concretos, sino el placer de leer. Leer, para un niño del siglo XXI, es extraer significado tanto de las palabras como de las imágenes, pero aparte de eso sigue siendo lo de siempre: una exploración activa. Más trabaja el lector, más significado encuentra, más recompensa por tanto.

Acabas de publicar un libro que lleva por título ‘Migue hace un libro’, que en realidad son casi dos y en el que cuentas cómo se hace un libro. ¿De dónde viene esta idea?

Son dos libros, sí. Un álbum que incluye un manual. El manual enseña a hacer libros, nació de una actividad que hice para la clase de mi hija de seis años. La escuela nos había pedido a los padres que nos implicáramos en actividades. La he estado llevando a escuelas y colegios durante casi una década, y siempre los chavales se entusiasmaban de acabar un libro hecho por ellos en una hora. Mientras, he leído todo lo que he podido de lo publicado sobre el mismo tema, cómo enseñar a los niños a hacer libros, y he visto cosas muy buenas, pero ninguna con el enfoque de mi actividad. Al final me decidí a escribirlo.
Y, como sé para qué sirve un editor, antes de escribir una palabra contraté a uno: Gema Sirvent, que lo es de Libre albedrío. La primera duda, si hacer el manual independiente o integrarlo en el álbum, la resolvió ella. Luego metimos a Kike Ibáñez, que ha hecho un trabajo espectacular, desarrollando tres estilos distintos de ilustración: la historia propiamente dicha, el manual de instrucciones y lo que crea Migue, el protagonista de la historia.

¿Y la historia de Migue es solamente un envoltorio para el manual?

No. El manual sirve para hacer libros rápidamente, pero con él Migue hace mucho más: descubre cómo afrontar la adversidad, cómo abrirse a posibilidades desconocidas, cómo superar las limitaciones del entorno. La historia de Migue es, así, un canto a la lectura; muestra que un libro puede ser una puerta al mundo que no conocíamos, una invitación feliz a explorar y crecer. Eso fueron los libros para mí, y eso he querido mostrar.

¿Qué libro te gustaría publicar?

Me gustaría poder publicar más títulos, pero básicamente hacer lo que estoy haciendo. Se publican demasiados libros, y la mayoría son vulgares. Pero incluso si pensamos nada más en los excelentes, ¡se publican muchísimos! Hay muchos colegas haciendo cosas magníficas, lo cual es muy bueno para todos. Y tiene un punto liberador: hay libros necesarios que ya se están haciendo, no hace falta que los haga yo.

Y para terminar, dinos cinco libros del Milrazones que te gusten especialmente y por qué.

La vaca Victoria: Este fue nuestro primer White Raven. En algunos libros el editor tiene que emplearse a fondo, pero esta propuesta de Nono Granero vino perfectamente acabada, no hubo que hacer nada. Es uno de los relativamente pocos casos de éxito en que el texto no es propiamente una historia, un relato, sino algo parecido a un catálogo (en este caso, de géneros literarios).

Lagarto Bosu y las plantas que no mueren nunca. Este libro toca un tema que me es familiar por una antigua afición a la antropología. Hubo que limar algunos extremos del relato, una narración africana transmitida por un misionero, pero fue muy agradable trabajar con Miguel Ángel Pérez Arteaga, un autor e ilustrador francamente original.

Jasón y los argonautas. Kike Ibáñez y Paloma Corral cometieron muchos aciertos sucesivos con este álbum. Ambos mostraron una madurez notable en la propuesta y en el trabajo posterior. El resultado es un librazo que todavía no ha obtenido el reconocimiento que merece, pero que no ha dejado de llamar la atención desde que lo publicamos y está destinado a convertirse en un clásico, como el tema original.

El ratón y la montaña. Nuestro White Raven de este año partió de una propuesta de la periodista Ester Catoira, una carta de Antonio Gramsci a su mujer, desde la cárcel donde lo metió Mussolini. Ahora no se nota, pero nos costó mucho trabajo articular un relato que incluye una promesa que un ratón hace en nombre de un niño, que debía cumplirse cuando este creciera. Recurrimos a Laia Domènech, que había publicado con nosotros La zanahoria, y el resultado ha sido excelente: antes del White Raven ya habíamos vendido derechos en Alemania, Brasil, Turquía, China…

Imagodonte. Este es un relato muy personal de Gracia Iglesias, referido a su propia infancia… y a lo que tiene en común con la de todos. Como es una autora experta, dejó abundante lugar para el ilustrador. Nos pareció difícil, así que apostamos por alguien curtido en cien batallas: Nono Granero. Es una alabanza de la imaginación infantil, universal y por tanto abstracta, a la que conseguimos así darle una visualización concreta, hermosa y divertida.

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Sobre el autor

Javier Pizarro
Maestro de Educación Infantil, desde hace más de 15 años en la escuela pública. Acompaño a los niños/as así como a sus familias en el proceso de aprender. Apasionado por la literatura infantil y juvenil, que vista desde un punto desde la aproximación adulta, resulta llena de ironía, sentido común y nos ayuda a reflexionar sobre la educación, la vida y nuestras fantasías.
Decía José Saramago en su cuento para niños La flor más grande del mundo: “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?”
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