23.01.2020

‘Las putas no tenemos paz”: el debate sobre la prostitución sube a escena

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Carolina Yuste, Carmen Machi y Nathalie Poza en una escena de ‘Prostitución’.

Andrés Lima estrena ‘Prostitución’ en el Teatro Español de Madrid, una obra que plantea, desde la voz de las mujeres prostituidas, el debate sobre la abolición. Un texto basado en testimonios reales que cuenta que lo indigno es no hacer nada por ellas.

España, capital europea de la prostitución. España, ese lugar donde se recaudan gracias a las mujeres prostituidas cinco millones de euros al día, un monto que al final del año supone un 3,35% del Producto Interior Bruto, según el Ministerio de Interior, que también registra que un tercio de ellas, unas 300.000, son víctimas de la trata de personas. Hay más datos, las dos primeras actrices (Carmen Machi y Nathalie Poza) que aparecen sobre el Teatro Español para poner en pie Prostitución recuerdan más cifras, cifras de un negocio que pagan con su piel las mujeres prostituidas. Porque de ellas, lo asevera Cáritas y lo gritan las actrices, un 70% sufre violencia de género.

En escena entra pronto una tercera mujer prostituida, la actriz Carolina Yuste. Entre ellas plantean si abolir o no la prostitución, en un auténtico ejercicio de teatro documental que lleva al escenario uno de los debates más candentes dentro del feminismo hoy. Las tres protagonistas son la voz de la calle, la de ellas, un espejo real de unas ciudadanas de segunda inmersas en un mega-negocio de dinero negro que las utiliza de carne mientras sirven. Porque por cada mujer prostituida que se retira, aparecen otras tres nuevas, revelan. “Se fabrican a escala mundial”. “Las putas no tenemos paz”. Dicho eso poco importa que las tres actrices, que interpretan a varias mujeres, quieran explicar que se metieron putas “porque odiaban ganar poco” o no encuentren diferencias entre el sexo pagado y el interesado. El debate queda diluido por la realidad que cuentan.

Conmueve la dureza, calidad y ritmo del texto porque, aunque el director Andrés Lima ha querido que sus actrices trasladen al espectador las repetidas preguntas sobre la libertad de elección y la moral sobre el sexo, las tres mujeres (cuyos diálogos están basados en testimonios reales) espetan que “lo inmoral es que las mujeres sean industria”. Recuerdan también que “nadie nace puta”, que ellas lloran por dentro, que a nadie le gusta ser violada (como lo son), y que viven en campos de concentración rodeadas de miedo, silencio y el desamparo por parte del Estado proxeneta. ¿Que cómo acabar con tan duro oficio (si aceptamos el término)? “Con empleo”, responden las intérpretes tras escuchar a las mujeres entrevistadas. ¿Y con la trata? “Modificando la ley de extranjería”, dicen de parte de ellas.

Laia Vallés, la pianista que acompaña a las actrices en el escenario, tiene también culpa de parte del ritmo de la obra. Porque la música va dando paso a una y otra actuación y penetra en el espectador con violencia. La violencia social, económica, verbal y física que está en sus vidas.

¿Y ellos, los hombres, los consumidores? Andrés Lima reserva dos momentos para ellos. Lejos del macho, el director los retrata en una sola frase como decrépitos y frágiles en su aparente fuerza y poder (el del dinero). El segundo es más crudo, y si se piensa, podría estar menos justificado. Carolina Yuste se sale de repente del papel de prostituida para representar a una joven adolescente violada por tres hombres (que no están en escena; ni falta que hace). Un lujo poderse salir del tema y un lujo hacerlo tan bien para denunciar que la fantasía de la violación existe, dentro y fuera de la prostitución.

Y hay más historias. Y música y alguna canción…, teatro en mayúsculas, como “teatro es la prostitución”, cuentan. Una gran historia, un gran director y tres magníficas actrices que recuerdan que ante la violencia que sufren las prostituidas “lo indigno es no hacer nada por ellas”.

‘Prostitución’. Teatro Español, Madrid. Hasta el 23 de febrero.

Nota: Escribo prostituidas y no prostitutas de forma consciente. Como dicen ellas, “ninguna mujer nace puta” y acaban prostituidas por el sistema.

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4 comentarios

  • El 23.01.2020 , Paco ha comentado:

    Otra vez Prostitución abarca casi todo, el placer que se vende, la Trata y sólo a las mujeres. No hay hombres, transexuales, gays en la prostitución. Hay que separar la Cizaña (de la Trata) del Trigo del PLACER.
    El Placer no es pecado y se puede vender. Y el placer lo venden hombres, mujeres y todo tipo de personas. Prostituirse lo hacen muchas más, ya que Prostitución significa: «Exhibir para la venta», entonces, un comerciante que le cuelga un vestido a un maniquí en el escaparate lo está prostituyendo. Capitalismo = Prostitución.

  • El 23.01.2020 , Gataparda ha comentado:

    A las voces de los prostituidores (puteros y proxenetas) se puede acceder en el documental de Mabel Lozano «El proxeneta. Paso corto, mala leche» o en los foros en los que los puteros se pasan información de sus «hazañas».
    Gracias, Lula, por emplear el término «prostituida». Efectivamente, toda mujer que se prostituye ha sufrido violencia machista en mayor o menor grado. Incluso las que afirman estar ahí porque quieren. Recordemos a las mujeres maltratadas que, hasta no hace tanto se decían aquello de «me pega porque me quiere». El patriarcado lleva a las propias mujeres a normalizar y justificar la violencia. Y la prostitución es el negocio de la violación.

  • El 23.01.2020 , Sebastian Cardozo ha comentado:

    Aunque no las conozca, larga vida a la Putas que son MUJERES con todas las letras y el sentido de la palabra.Mis respetos a ellas; el mundo tiene alegria gracias a ellas y reitero,aunque no las conozca.

  • El 24.01.2020 , kyky ha comentado:

    El “oficio” más viejo del mundo, la prostitución ha existido desde que el mundo es mundo. La prostitución se combate con el empleo y si no lo hay la mujer busca su sustento para ella y los suyos prostituyéndose. Se debería legalizar, como en Alemania, tendrían todos sus derechos como cualquier trabajadora y al final de sus días su pensión por los años cotizados, aflorando a la sociedad ese dinero negro que le vendría muy bien.

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