18.04.2019

Las sobrecogedoras mariposas aplastadas y ‘últimas cenas’ de Mat Collishaw

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A la izquierda, imagen de la obra Insecticide 15, 2009. Courtesy the artist and Blain Southern

A la izquierda, imagen de la obra ‘Insecticide 15’, 2009. Cortesía de el artista y  Blain Southern. A la derecha, Mat Collishaw. Fotografía: Trevor Good.

Al esplendor de los tulipanes del Real Jardín Botánico de Madrid se han unido esta primavera las inquietantes emociones que provoca la exposición ‘Dialogues’, de Mat Collishaw, que ha llegado al Paseo del Arte de la mano de la Fundación Sorigué. Una muestra que remueve entrañas y encoge estómagos con sus reflexiones sobre el arte, la historia y la naturaleza, y sobre la angustia que puede provocar el impasible paso del tiempo y lo efímero de la belleza. Ahí están esas hermosas flores ardiendo, las llamas que se apagan por una ráfaga repentina de viento o ese canario que nos mira perplejo atrapado en una campana de cristal. O esa bacanal de figuritas en una lámpara o los bodegones de ‘últimas cenas’ que pidieron presos condenados a muerte. Vivamos y disfrutemos, que mañana…

Los Diálogos de Mat Collishaw se plantean en dos apartados, que corresponden a las dos alas del Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico; diálogos con dos grandes puntos de partida o referentes de su obra: la naturaleza y la historia del arte, mirándose en los espejos de lienzos del Museo del Prado. En ambos ámbitos, refleja un juego de dualidades, como explica Ana Vallés, presidenta de Sorigué: “belleza y crueldad, poética y provocación, luz y oscuridad”.

Aparte de las emociones que despierta, la muestra tiene varios puntos colaterales de interés: es la primera exposición individual del británico Mat Collishaw en España, y es la primera que organiza en Madrid la Fundación Sorigué, nacida del grupo empresarial Sorigué, con especial dedicación al arte y el medioambiente, y cuyo proyecto creativo, Planta, en los alrededores de Lleida, cuenta con obras de artistas tan grandes como Juan Muñoz, Antonio López, Wim Wenders y Bill Viola.

Estos diálogos de Collishaw ofrecen una completa visión de su mundo oscuro y cautivador. “A través de esculturas, fotografías, películas e instalaciones de sus últimos 20 años de carrera, la muestra presenta obras que envuelven al público en un mundo crepuscular entre lo seductor y lo repugnante, lo familiar y lo impactante, lo poético y lo morboso. La belleza de la obra de Collishaw es convincente, seductora, cautivadora e hipnótica, pero también repulsiva en la medida que incita al espectador a percibir las fantasías más oscuras de su interior”. (Los entrecomillados son apuntes extraídos de las notas explicativas sobre Dialogues, facilitados por el Jardín Botánico y la Fundación Sorigué).

Mariposas aplastadas, pétalos que parecen carne con llagas

Collishaw se presenta como un genio en moldear su sensibilidad casi enfermiza hacia la belleza con muy diversos formatos y nuevas tecnologías para captar tanto el poder evocador como la fragilidad de la naturaleza. En su serie Insecticide, las mariposas son aplastadas y luego agrandadas a una escala exagerada. “La obra atrapa sus cuerpos sin vida, suspendidos en la oscuridad y, sin embargo, iluminados por los tonos vibrantes de sus alas desgarradas, hermosas y trágicas a la vez”. En otra de las instalaciones, Retrospectre, inspirada en las películas de Sergei Parajanov, “inicialmente se percibe un santuario improvisado, del que emergen luego escenas de sacrificios de animales y paisajes tempestuosos y apocalípticos”. La obra se transforma en un oscuro gabinete de curiosidades, en un altar fantasmagórico de sensaciones e incertidumbres.

En Columbine, la pieza más inocentemente poética, Collishaw anima la acuarela de igual nombre pintada en 1526 por Durero (que actualmente forma parte de la colección de la Albertina de Viena). “El artista utiliza corrientes de viento virtuales para provocar el suave balanceo de tallos y hojas de la planta, introduciendo así el elemento del tiempo y haciendo referencia al tema de la vanitatis, o fugacidad de la vida”.

En The Venal Muse, “una serie de flores exóticas que toman su nombre de un poema de Baudelaire están encerradas en vitrinas, conservadas y expuestas como ejemplares raros. A primera vista parecen atractivas, pero observándolas de cerca, sus finos pétalos tienen una apariencia similar a la carne humanan con cicatrices y llagas”.

Mat Collishaw. 'All Things Fall', 2014. Cortesía del artista y Blain Southern

Mat Collishaw. ‘All Things Fall’, 2014. Cortesía del artista y Blain Southern.

Mat Collishaw. 'Expiration Painting Talons'. Imagen cortesía del artista y BlainSouthern.

Mat Collishaw. ‘Expiration Painting Talons’. Imagen cortesía del artista y BlainSouthern.

Contemplamos flores que recuerdan a bellos bodegones de pinturas clásicas pero que están ardiendo, y vemos un canario en confinamiento en un fanal, que nos provoca angustia por sus intentos frustrados de huir y la perplejidad con que se mueve y gira la cabeza hacia uno y otro lado (Tranquilos, es una recreación virtual; Collishaw no ha caído en la degradación comercial de un compañero suyo de generación, Damien Hirst).

Recordatorios del desvanecimiento de la belleza y la inevitabilidad de la muerte, memento mori.

La masacre de los inocentes, la última cena de los condenados a muerte

En la segunda parte de la exposición, Collishaw nos remite a mitos de la historia del arte para explorar el lado oscuro de la humanidad. Sus complejas obras parten de imágenes icónicas de la historia del arte, referentes culturales que el artista exprime hasta convertirlos en metáforas de la sociedad contemporánea. En esta línea, la muestra establece un interesante diálogo con obras del vecino Museo del Prado.

All Things Fall se basa en la historia bíblica de la masacre de los inocentes, combinando la tecnología antigua del zoótropo con la impresión 3D moderna. “A medida que el zoótropo gira, la ilusión óptica compromete y seduce al público antes de que se percate de que es cómplice de una escena de genocidio”. Collishaw aborda a menudo temas moral y políticamente comprometidos. En su serie fotográfica Last Meal on Death Row (Texas, 2011), presenta fotografías a la manera de la pintura de bodegones flamencos del siglo XVII para retratar las últimas comidas solicitadas por los reclusos condenados a muerte. Estremece ver como última cena una hamburguesa o un sándwich de jamón y queso.

Aquí están Tiziano y Zurbarán, Caravaggio y Rubens. Y Velázquez y Bacon, precisamente en la obra The end of Innocence, adquirida en 2009 por la Fundación Sorigué. En ella, el retrato del Papa Inocencio X de Velázquez y la interpretación que de él hizo Francis Bacon aparecen y desaparecen tras una cortina de lluvia digital. Así, “el artista nos traslada la inquietud por lo que amenaza en convertirse en la nueva omnipresente divinidad: el éter de la tecnología digital”.

Mat Collishaw (Notthingham, 1966), vive y trabaja en Londres. Completó sus estudios de Bellas Artes en el Goldsmith’s College en 1889, formando así parte de la importante generación de jóvenes artistas británicos que empezaron su trayectoria en el mismo centro, como Damien Hirst o Tracey Emin. Especialmente relevante fue su participación en 1997 en la muestra Sensation: Young British Artists de la colección Saatchi, en la Royal Academy de Londres. En esa muestra presentó Bullet Hole, una obra fotográfica de grandes dimensiones que mostraba un primer plano de una herida sangrando. “Esta imagen hoy icónica estableció la inclinación de Collishaw por el uso de imágenes que a la vez son visceralmente impactantes y extrañamente bellas”.

De esas cajas mágicas negras que ha montado Collishaw en la primavera madrileña salimos a la belleza orgánica del Jardín Botánico en pleno abril, a la explosión de vida de los rododendros, la fecundidad del arrayán y el arrullo de las fuentecillas de los paseos lineales. Colores en plena vitalidad, pero que durarán tan poco…

Tempus fugit.

Vivamos y disfrutemos, que mañana…

‘Dialogues’, de Mat Collishaw, puede verse en el Real Jardín Botánico de Madrid. hasta el 24 de mayo.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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