15.03.2018

Libertad para la monarquía borbónica

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Ilustración de Liliana Peligro.

Ilustración de Liliana Peligro.

La monarquía parece un ‘reality show’, unos niños burbuja a los que hemos visto crecer y reproducirse a través de pantallas, periódicos y papel cuché (son los protagonistas de los libros de Historia), pero de los que no sabemos absolutamente nada. Pobres… El autor, en una nueva y arriesgadísima entrega de sus serie ‘Solo ante el peligro’, reclama menos dosis carbónicas –por el efecto del cambio climático- y borbónicas –por el efecto del cambio democrático.

El Rey de España es muy guapo y muy sexy, tenemos suerte, sobre todo ahora que está en esa etapa de madurez en la que empieza a lucir esas canas en la barba que demuestran que ya no es aquel niño rubio y angelical que vimos crecer por la tele y que ya está preparado para reinar, porque el Rey reina pero no gobierna. ¿Qué decir de la Reina? Pues que es aún más guapa y más sexy, y que tiene una poderosa dicción grave y confiable, como la periodista televisiva que fue y que en algunos discursos parece seguir siendo.

El pueblo monárquico les adora, y cuando van a mezclarse con las masas las señoras, detrás del cordón de seguridad, les gritan guapos y sexys, y vivan los Reyes, y viva España. En eso tenemos suerte, porque imaginen que los Reyes, en vez de aspecto regio y apuesto, tuvieran aspecto tosco, en plan Torrente o Paquirrín (que, aun así, lo suple todo con simpatía, me cae bien Paquirrín, también debería ser rey). Se parecerían más a España, pero España les amaría menos porque España ama esa Idea platónica de sí misma que quiere ser y no llega: España necesita alzas en las suelas, idiomas y una inversión decente en investigación científica, que es el progreso. Esta es la neurosis española, y por eso a España le parece tan mal que la gente quiera independizarse, porque en el fondo se siente culpable. Ahora ha salido un libro de un ejecutivo holandés, Vincent R. Werner, que viene a decir que este país es un desastre. Divertido, sí, pero un desastre que puede hundir a toda la Unión Europea.

La monarquía en tiempos hipermediáticos más que a una institución anacrónica y antidemocrática, que es lo que es, parece un reality show, unos niños burbuja a los que hemos visto crecer y reproducirse a través de pantallas, periódicos y papel cuché (son los protagonistas de los libros de Historia), pero de los que no sabemos absolutamente nada. Son personajes que leen discursos preparados y que van por ahí representándonos muy estilizadamente, dando la Marca España comme il faut. Pero, ¿qué piensan en realidad los reyes, qué sienten, qué les emociona, dónde les duele el alma más allá de la víctimas de catástrofes y terroristas, más allá de la grieta separatista que amenaza la unidad de la patria?

De la reina Letizia sabemos que tiene ramalazos hipster, que le gustan Los Planetas y Blackie Books; del rey Felipe, en cambio, desconocemos cualquier tipo de detalle personal: es un action man nacional y rojigualdo, perfectamente preparado desde niño para cumplir su destino con la mayor eficacia. Joder, habla inglés correctamente, como si en vez de español fuera un político catalán. El otro día, con el fin de humanizarlos, les sacaron un vídeo comiendo una sopa rara con las crías, pero la cosa no coló: cómo van a dejar los reyes de comportarse institucionalmente si son pura institución. Yo les hubiera puesto tomando gin tonics, en plan más relajao.

Los sábados por la mañana veo, sin querer pero queriendo, un programa en la tele pública que se llama Audiencia Abierta y que, a mitad de camino entre el servicio público y la pura propaganda, nos cuenta el día a día de la monarquía. Se piensa que los Borbones no curran y se pasan la vida mirándose el ombligo y comiendo zancas de jabalí con las manos grasientas entretenidos por sus bailarinas y bufones, pero es falso: los reyes trabajan y mucho, todo el santo día visitando cadenas de montaje, presidiendo actos solidarios con las víctimas de enfermedades raras, o desfiles militares, o premios culturales de alto nivel o foros empresariales en el extranjero. Visitando pueblos bonitos o recibiendo a niños que dicen que les admiran y que son superhéroes. Los Reyes dan la mano a millones de personas, y eso es arriesgado, porque pueden pillar millones de gripes raras, porque el pueblo tiende a enfermar. A veces, los Reyes visitando cosas me recuerdan a una web que recogía imágenes de Kim Jong-il mirando cosas: misiles nucleares, industrias pesadas o desfiles de niños mecánicos imbuidos fuertemente del espíritu juche norcoreano.

Por eso yo reivindico lo que llamo Republicanismo Compasivo, el republicanismo de los cuidados, de la empatía y el rostro amable. La III República ha de llegar no por algunas de las cuestiones políticas antes señaladas (que también), sino porque es profundamente injusto y cruel que estas personas, solo por el mero hecho de haber nacido donde nacieron, tengan que llevar una vida planificada, organizada, expuesta constantemente a los medios de comunicación, sin libre albedrío y bajo el peso constante del más intruso escrutinio público, como hormigas en un terrario. Luego salen díscolos como Harry en Inglaterra o Froilán por aquí, pero es que son chavales, solo que con una cámara pegada al cogote. Tendrán que emborracharse y hacer el canelo, digo yo. A Juan Carlos I dicen que le gustaba coger la moto para viajar por ahí con el casco sin ser identificado, sentirse libre, remar al viento; eso le une a su antagonista Pablo Iglesias, según él mismo ha contado alguna vez (yo una vez en Atocha vi a un motorista de casco y poblada coleta y estoy seguro de que era el querido líder podemita). Y eso no puede ser: libertad, sí, pero también para los Reyes. Todos ganaríamos, la nación ilustrada y la propia Familia Real, que por fin sería una familia real. Lo que llaman un win-win.

Luego uno hace una canción metiéndose con ellos, como el rapero Valtonyc, y le meten tres años en el talego, pero eso no sale en el programa Audiencia Abierta.

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Sobre el autor

Sergio C. Fanjul
Sergio C. Fanjul a.k.a. Txe Peligro (Oviedo, 1980) es periodista y poeta. Licenciado en Astrofísica por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por El País/UAM. Actualmente trabaja como periodista, escribiendo sobre cultura y ciencia en el diario El País y sus suplementos, además de en otras publicaciones con PlayGround, Vice, BuenSalvaje o Atlántica XXII. Es autor de los poemarios Otros Demonios (KRK ediciones, Premio Asturias Joven de Poesía), Inventario de Invertebrados (Premio Pablo García Baena) y La Crisis. Econopoemas (Ya lo dijo Casimiro Parker). También del libro de relatos Genio de Extrarradio (La Hoja del Monte). Además redacta libros de no-ficción por encargo para varias editoriales. Desde 2004 mantiene el blog PlanetaImaginario.

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2 comentarios

  • El 15.03.2018 , c ha comentado:

    pues es verda que tienen a la ciudadania en la miseria para adorar una vida que nunca les daran a la mayoria y que está personificada en unos ppicaros que dan mal ejemplo como en una a MONArkiabananera

    Republica compasiva…me gusta

  • El 17.03.2018 , Juan ha comentado:

    “Joder, habla inglés correctamente, como si en vez de español fuera un político catalán”. Sólo los catalanes hablan inglés? No lo sabía. En cuanto a lo de “luego uno hace una canción metiéndose con ellos, como el rapero Valtonyc, y le meten tres años en el talego”, pues no, le han metido 3 años por varios delitos. Habría que leerse la letra de sus canciones, que son llamadas al asesinato y amenazas de cometerlos.

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