12.01.2014

Lista de lo que realmente importa en 3, 5 o 10 pasos

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Obra de Matauri. Foto: ©Manuel Cuéllar

Obra de Atauri. Foto: © Manuel Cuéllar

Hacer listas es tan antiguo como ser humanos. Abundan en los medios de comunicación en cada cambio de año. Repasamos nuestra forma de hacerlas y las trampas que encierran. Ordenamos el mundo de manera diferente en cada momento vital o histórico. Lo hacemos a nuestra medida. Elegimos una información, la catalogamos, y difundimos una manera de ser. Umberto Eco nos da algunas pistas sobre todas las listas de nuestra cultura. Nosotros desvelamos una guía para otear horizontes diferentes.

Cuando optamos por una información, eso implica un proceso que podría simplificarse en tres pasos. Nunca somos conscientes de ellos. Además todo se resuelve en cuestión de segundos. Primero hay una información. Luego, en segundo lugar, esos datos buscan un espacio que les sea familiar en nuestro cerebro. Para dar con ese hueco buscan dónde agarrarse, alguna información anterior que sirva de gancho o referente. En tercer lugar, la información nueva finalmente se acopla. Interviene un factor de familiaridad. Puede deberse a una información similar u opuesta, incluso tangencial. Pero a veces no hay nada familiar. Eso sucede, por ejemplo, en el aprendizaje de idiomas. En castellano contamos con maneras de expresar el pasado que llevan a voluntariosos estudiantes del idioma por caminos de perdición lingüística. Y ni que hablar del subjuntivo, el gran quebradero de cabeza. El concepto de tiempo y la manera de expresarlo cambia de cultura a cultura. Con el espacio, más de lo mismo. Y no es cuestión de ponerse a traducir. A veces no hay traducción posible, sino que se trata de deglutir un nuevo concepto, una nueva forma de relacionarse con la realidad, como una peladilla que nos tragamos entera. Aunque el placer de morderla siempre esté presente. No hay escapatoria, una nueva información y una nueva visión pueden implicar un viaje a otro planeta. Si nos resistimos y rechazamos cambiar de planeta y abandonar  lo que conocemos, hay que tragar saliva y hacer lo mejor que se pueda. Si eres un aventurero planetario, la actitud ayudará, aunque una crisis en el curso de adaptación a la nueva inercia se verificará antes o después.

Una de las maneras más extendidas de asimilar información es mediante listas. Ordenar linealmente algo es un proceso muchas veces necesario. A veces pensamos caminando, eso responde al mismo tipo de proceso lineal y a la necesidad de poner las cosas en un cierto orden. Lo mismo sucede con quienes cambian los muebles de sitio o limpian para pensar mejor. Lo lineal parece aportar sentido. Cada final y principio de año las listas realizan su acto de reivindicación. Están por todas partes. Se manifiestan, gritan consignas, nuestra cultura occidental quiere dejar patente su importancia. En lo que a libros se refiere, los titulares no varían mucho: los mejores libros, las mejores portadas, los mejores autores, los mejores personajes, los 100 libros que deberíamos leer, los más vendidos durante el año, los más premiados, los más ignorados, los más sexys, los 13 del 2013, etc, etc…

No se puede negar que un titular con un número suele seducir prometiendo una información clara y acotada. Los cinco libros que deberías leer. Facilita la organización de la información y nos presenta un espacio finito que podremos domesticar. Los 10 autores que debes conocer. La realidad se vuelve dominable. Las 13 portadas imprescindibles del 2013. La experiencia lectora promete ser agradable, fácil. Se nos quita el peso de tener que lidiar con conceptos, categorías, analizar, pensar, en definitiva, que nuestro cerebro tenga  que buscar el espacio familiar , el riesgo de no lograrlo y el largo camino que podría conllevar hasta el agotamiento neuronal. Hay 1.800 novedades de ficción al mes (según los últimos datos disponibles). Pero aquí conocerás aquellos 10 que te permitirán navegar feliz. No hay nada malo en que nos sirvan el zumo de frutas tropicales en lugar de que nos toque reconocerlas, pelarlas, cortarlas y exprimirlas. A todos los cerebros, en unos campos o en  otros, no hay nada que les guste más que asimilar información con el menor esfuerzo.

A veces la información, como decíamos al principio, es tan diferente que no encuentra un espacio familiar donde acoplarse en nuestro cerebro y eso requiere tiempo. En ciertas ocasiones hay que detenerse y ponderar. Pero cuanto más fácil se presenta una información, menos diferencias, no hace ni falta detenerse. Hoy en día no hay tiempo. Cada elemento de una lista es un titular. Los titulares ayudan mucho a discriminar lo que nos interesa de lo que no. Y se han vuelto parte integrante del día a día. Los hay en publicidad. Están presentes en los medios. Un título de un libro, sin lugar a dudas es algo fundamental. Y se comprimen en 140 efectivos caracteres. Pensemos en todos esos mensajes en Twitter o FB con una única palabra. Viva la síntesis. No hay tiempo.

Detengámonos en los 5 libros más importantes de 2013. Maravilloso es poder reducir 365 días y 21.000 novedades editoriales de un año a cinco. Un número y una lista son muy prometedores, contienen el perfume de una intriga y la esencia de una resolución. Las 10 novelas que te emocionarán. Nuestro subconsciente es feliz con las listas, dicen muchos expertos, especialmente los que aparecen más en los medios que se prodigan en titulares, listas y números seguros. Una lista con sus puntos ordenados delimita el universo vasto, gélido e incógnito. Necesitamos coordenadas. En nuestra cultura está mayoritariamente aceptada la necesidad de establecer categorías y etiquetas. Orden y concierto. Guerra al caos. Todo se resume en un concepto: la fluidez. Se aplica a cómo hablamos un idioma, a cómo ejecutamos una actividad y a cómo valoramos la facilidad de una actividad mentalDesde ese punto de vista, parece que las listas son lo que nos hacen sentir mejor. No hace mucho, en 2011, las universidades de Basilea y Berna concluyeron sendos estudios que certificaban nuestra necesidad de simplicidad. El trabajo era un encargo para el Institute of Marketing and Management de la ciudad suiza de Berna. La conclusión determina que los consumidores se sienten más satisfechos cuando se elige de manera sencilla, cuando las opciones son escasas. Mucha información disminuye la satisfacción. ¿Resulta ahora que los compradores en las tiendas de la antigua URSS eran felices? Los estudios insisten en que una escasa información aumenta la satisfacción. Es simple y básico. Es tan sencillo que aceptarlo produce cierta felicidad. La gran ecuación respondería a que a menor cantidad de opciones, menos que elegir, el resultado arroja que todo es mucho menos complicado y somos más felices. ¡Sí!

Las universidades suizas hicieron pruebas con un praliné. Los participantes no estaban tan contentos cuando tenían que pensar qué tipo de praliné elegir entre muchos. Luego los distrajeron, no les dieron tiempo de pensar antes de seleccionar un tipo. Y la satisfacción por el praliné escogido fue mayor. El praliné y el libre albedrío. Y hay más. Parece que cuanto más sabemos de antemano sobre una cuestión, más impulsados nos sentimos a experimentarla. Eso dicen. Si contamos con mucha información sobre cómo nos matará el praliné, no podremos evitar probarlo. Supongo que algo similar habrá sucedido con las 50 sombras de la literatura.

Si un título de una cuestión nos resulta positivo, nos tiraremos a esa piscina que se promete con aguas seguras. Y, ojo, que tal enunciado no ha de ser esencialmente positivo en sí mismo. Su percepción es lo que importa. Pensemos en los artículos sobre desastres, que suelen ser los de mayor éxito. Un titular positivo es aquel que nos da una sensación de poder atrapar algo con facilidad. Se trata de la sensación externa no el contenido. En la universidad de Shangai también se ocupan de estos temas. Han llegado a conclusiones similares a los suizos y sin praliné (www.pacis-net.org/file/2010/S31-01.pdf). En verdad, lo que suizos, chinos y muchos otros investigadores buscan es la manera en que hacemos clic. Cuanto menos tengamos que pensar al comprar online, más fácil. Fast food y fast information. Y un poco de estrés también.

Recordemos que hay muchas maneras de narrar. Lo hemos tratado aquí en más de una ocasión. Por más que la visión lineal de la humanidad parezca fácil, fluida y cómoda, simplemente no es la única opción. Recordemos que toda información, toda lista está realizada por alguien con un punto de vista. Puede que sea alguien a quien le otorgamos cierto gravitas o cierta autoritas. O no, que simplemente lo aparente. Y detrás de más de una visión hay un concepto del mundo y, en más de una ocasión, un ángulo del poder. A veces ni eso, si no un sueño sobre el poder. Y no solamente eso. Hay visiones que se han colado para determinar qué comemos, qué talla es la correcta, qué artículos necesitamos, qué nos da la felicidad, etc, etc…

Frente a la cultura del titular se presentan alternativas. Por ejemplo, los párrafos. Y las tramas de los libros. También lo orgánico que crece en diferentes direcciones e incluso de forma contradictoria. Hay muchas maneras de elegir. La realidad es que elegimos de formas variadas dependiendo de la experiencia, nuestras ideas, visiones, el día que tengamos, con quién estemos. Una vez más las circunstancias y el yo interaccionan. Quizá seas de las personas que prefiere las listas. Lo que te cuento a continuación puede que te sorprenda.

Hay acciones concretas que cada uno emplea para hacer que un proceso sea más fácil, más rápido, más eficaz, más agradable y más transferible a otras situaciones. Se llaman estrategias. Una estrategia no es más que una forma de alcanzar un objetivo. A veces es consciente, pero en la mayoría de los casos no lo es. Cada persona hace uso de las estrategias de una manera diferente y diversas maneras a lo largo de su vida. Igual que la personalidad sufre y goza de cambios, las estrategias se modifican a medida que nuestras experiencias nos van moldeando. El que se rechace un determinado tipo de estrategia en un momento de la vida, no implica que meses o años más tarde sigamos rechazándola. Si finalmente la aceptamos o la adoptamos por un breve periodo de tiempo, puede ser solo eso, un breve periodo de tiempo. Se puede cambiar de camino o de estrategia. Le recordaba a alguien que quiere dejar de fumar que cambiar un hábito es un proceso que requiere al menos 66 días, desde el punto de vista neurológico. Ser conscientes de nuestras maneras de elegir puede ser altamente beneficioso. No requiere mucho tiempo. Solo podemos usar algo en su máximo potencial si lo conocemos.

Podemos utilizar una información después de pensar sobre ella o recordarla o sentir la necesidad de compensarnos. También cuentan nuestras emociones, los afectos, las relaciones sociales e incluso cómo creemos que elegimos y pensamos. Compensamos cuando pedimos ayuda o cuando leemos más sobre una cuestión. Por ejemplo, si una marca de praliné está elaborada en una fábrica en Bangladesh que sub-emplea a menores y los explota, mientras que otra se realiza con productos ecológicos y en una fábrica donde cada empleado puede ejercer sus derechos o en una pequeña confitería artesanal, la elección se perfila mejor. Hemos tenido opciones y elegimos más. Y no aceptaremos que nos distraigan ni nos simplifiquen la vida cuando podemos compensar y completar las bases de una elección. Si una de las empleadas que elabora el praliné es nuestra madre, la decisión está más que clara desde la emoción. Si las almendras provienen de la región donde vivimos y que sufre de un importante desempleo, esa consideración también inclina la balanza. A un suizo le pasaría lo mismo, podemos estar seguros. La memoria también se activa de muchas maneras. Puede que hayamos visto hace un rato cómo en nuestra serie preferida alguien tomaba el praliné. En mi caso sería Will con Alicia en The good wife. Si Will le da praliné a Alicia, yo también quiero. Puede que mi madre comiera praliné para rebelarse contra la dieta impuesta por el médico, y, así, el praliné se convierta en mi recuerdo de dulce rebeldía (y mi madre tan campante, por cierto). Puede que la canción que he escuchado esta mañana habla de praliné y la haya estado tarareando. O puede que haga frío y el olorcillo se haya colado por mi ventana en plenos Alpes, mientras el abuelo tostaba pan y queso en la chimenea y Niebla roncaba. Es posible que uno de mis autores preferidos sienta debilidad por el praliné. O que un personaje literario de quien me he enamorado coma praliné cada vez que resuelve un dilema universal. Praliné y libre albedrío. Ni tan simple ni tan lineal ni tan rápido.

A todo esto, más de uno se preguntará si hay una manera mejor de elegir una información. La respuesta es categórica: no. A todo lo anterior hay que sumar el hecho de que algunas personas se inclinan más por el pensamiento deductivo, y otros, hacia el inductivo. Lo interesante es aventurarse en terrenos diferentes una vez que sabemos cuál es el nuestro. Podemos salir de nuestros confines, darnos un paseíto y volver a la seguridad que nos resulta más familiar. Puede que a veces los resultados sean interesantes; otras, simplemente, que nos gusten, y otras, que no nos gusten. Pero nos aseguraremos el asombro, la capacidad de darnos sorpresas y descubrir informaciones insospechadas. Los caminos de la información son inescrutables, como la vida misma. Desarrollamos nuestras competencias de muy variadas maneras hasta ser autónomos. Nuestra cultura nos determina en las elecciones tanto como nuestras experiencias; ambas nos pertenecen de manera directa, sin intermediarios. Podemos cuestionarlas y elegirlas en cierta medida. Podemos elegir a quienes nos facilitan estos procesos, no basta con aceptar  lo que nos indican y cada día basta menos.

Y todo esto viene a cuento de las listas de libros. Los que se supone que deberíamos leer. Muchos grandes autores comparten el hecho de que en su niñez leían de todo y de forma absolutamente intuitiva. Las listas de autores más vendidos varían mucho dependiendo de quién las elabore. Casi no hay listas donde la mayoría de libros pertenezcan a editoriales independientes, que son una amplia mayoría. La lista de libros más vendidos en la historia están elaboradas con datos del mundo anglosajón. Para Susan Sontag, el hecho de hacer listas garantiza la existencia. Los surrealistas le dieron la vuelta a las listas y crearon muchas maneras alternativas de elaborarlas empezando por la simple asociación de ideas en cadena. Umberto Eco pone el dedo en la llaga: “Las listas representan el origen de nuestra cultura”. En 2009, Lumen publicaba su libro El vértigo de las listas. Forma parte de una trilogía, junto con La historia de la belleza y La historia de la fealdad; cada libro responde a una ordenación matemática; cada capítulo comienza con la reflexión teórica, seguida de ejemplos  literarios, y acaba con  ilustraciones que muestran lo desarrollado a través del arte. Gracias a Eco, recobramos una de las primeras listas de nuestra cultura grecolatina. Se encuentra en la Ilíada de Homero. Aquiles ha perdido sus armas y Hefesto, dios del fuego, fabrica un nuevo escudo. A fuego se blande la primera lista. Nada de puntos de presentación de powerpoint. Aparecen en el escudo la tierra, el mar, el cielo, las estrellas y dos ciudades; en una de ellas se observa una fiesta nupcial con los novios y los invitados, y una plaza donde se desarrolla un juicio. En la otra ciudad, se aprecia un castillo en el momento de ser atacado. Se ven los  pastores asaltados y asesinados por ladrones. Hefesto graba para el resto de la eternidad algo fundamental para un héroe: la lista de lo que importa. Los  personajes, los paisajes y cada cosa que sucede. La lista escrita por Homero sobre todo cuanto se observa en este mágico escudo que defiende el cuerpo y el alma y la sociedad de Aquiles es larga. Pero esa primera lista cumple con muchos objetivos además de acotar un espacio, tiene una forma muy concreta, es bella y se vuelve infinita porque sugiere mucho más de  lo que muestra. Y hay más tipos de listas. Están las voraces. Suelen inclinarse por la geografía. Charles Dickens, James Joyce, Proust, Italo Calvino y Walt Whitman. Eco pone de ejemplo a Joyce con sus cientos  de nombres de ríos en boca de su personaje Finnegas Wake. Eco repasa autores y artistas hasta llegar al Aleph de Borges. Parece querer demostrarnos que una lista es también una epifanía.

Hay infinitas maneras de enumerar y otras más de no hacerlo. El qué y el cómo deberían ir en paralelo. Una vez que ya conocemos de forma bastante consciente nuestro comportamiento respecto a nuestras maneras de elegir, que ya nos hemos arriesgado con nuevas formas, pues entonces, y solo entonces y después de cierta práctica, llegará el momento en que de manera implícita ya habremos incorporado algo nuevo a nuestro quehacer. Cambiar es bastante posible. Requiere práctica y muchos errores. Hoy es el praliné. Hoy es un libro. Mañana es tentación y promesa.

Feliz enumeración, sonoras epifanías y mágicas dosis de caos.

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