14.04.2015

Long, Schlosser y Ackling: esculturas desde y para la tierra

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Richard Long. Münsterland Stones, 2008.

Richard Long. ‘Münsterland Stones’, 2008.

Mientras el gobierno municipal del PP decide una dramática tala masiva en el eje monumental Prado-Recoletos, hay rincones de Madrid, dotados de una sensibilidad que es de agradecer, que nos reconcilian con el mundo vegetal, haciendo arte de la conexión con la naturaleza. Es el caso de la actual exposición en la galería Elvira González, con obras de Richard Long, Adolfo Schlosser y Roger Ackling, tres de los artistas contemporáneos con más proyección a partir de las raíces con la tierra.

Entramos y nos encontramos con madera, ramas y papel, piedras, cera y resina, hilo y piel de cabra, algas y palmeras. Estamos en una de las galerías más importantes de Madrid, la de Elvira González, que, junto a Juana de Aizpuru y Helga de Alvear, mantienen la tribuna de las grandes damas del arte, una vez que Soledad Lorenzo y Oliva Arauna se han retirado en el último año de la escena. Traspasamos el umbral del noble local situado junto a la plaza de la Villa de París y nos reciben la delicadeza extrema y el mayor respeto por los componentes de la naturaleza.

Richard Long (Bristol, UK, 1945), uno de los principales representantes del land art junto a Robert Smithson, Walter de Maria y Christo, nos ofrece en esta exposición la obra Münsterland Stones (2008), una acumulación de piedras que rememoran sus largas caminatas por el campo, que simbolizan la ruta seguida, metáfora de nuestros caminos y trayectorias. Él mismo ha explicado cómo hace del camino y del caminar un proceso de trabajo y una obra en sí: “La naturaleza siempre ha sido un tema del arte, desde las primeras pinturas en cuevas a la fotografía de paisaje del siglo XX. Quería utilizar el paisaje como un artista de nuevas maneras. Primero empecé a hacer obra fuera usando materiales naturales como la hierba y el agua, y esto me llevó a la idea de hacer una escultura al caminar. Una línea recta en un campo de hierba, que era también mi propio camino, yendo a ‘ninguna parte’. En las posteriores obras-mapa primeras, registrando paseos muy sencillos pero precisos sobre Exmoor y Dartmoor, mi intención era hacer un nuevo arte que era también una nueva forma de caminar: caminar como arte”. De las piedras también ha extraído pensamientos que son oro: “Me gusta el hecho de que cada piedra es diferente, una de otra, igual que las huellas digitales o los copos de nieve (o los lugares) son únicos”.

Roger Ackling. Voewood, 2012.

Roger Ackling. ‘Voewood’, 2012.

Del recientemente fallecido Roger Ackling (Londres 1947- Norfolk 2014), gran amigo de Richard Long, podemos contemplar 18 piezas -la mayoría fechadas en 2012, aunque también hay obras de bastante tiempo atrás, incluso de 1996, como Japan- en cuya ficha técnica de materiales podemos leer “luz solar sobre madera”. Sí, el británico comenzó en 1979 a emplear trozos de madera encontrada en sus solitarios paseos, muchos en la playa cercana a la casa de campo en Norfolk donde vivía, y a quemarla con la luz del sol utilizando una lente que tuesta la madera y con la que realiza dibujos geométricos, con cierto sabor tribal. Una relación casi de eremita con el paisaje, de humilde trascendencia. Material reciclado y el poder del sol: más ecológico, imposible. Hasta el día de su fallecimiento, el 5 de junio, tiene un significado especial: es el Día Mundial del Medio Ambiente.

Dos vistas de la exposición Ackling, Long, Schlosser en la galería

Parte de la exposición ‘Ackling, Long, Schlosser’ en la galería Elvira González.

De Adolfo Schlosser (Leitersdorf, 1939 – Bustarviejo, Madrid, 2004), artista austriaco afincado en España desde su juventud, representado por Elvira González, y de cuya antológica en el Museo Reina Sofía en 2006 aún recuerdo el impacto que me causó por su compromiso con lo que nos rodea y es todo y nos hace todos, podemos admirar 17 maravillas construidas a partir de ramas de abedul y piel de cabra, y, sobre todo, de piedras, cera de abejas y resinas, y, delicadas y frágiles hasta lo emocionante, algas y ramas de palmeras convertidas en esculturas. De él, que era hijo de ceramista, escribió el crítico de arte Francisco Calvo Serraller: “Un  peregrino artístico que marcha a su aire y se refugia siempre en lugares agrestes, cuevas, cabañas… Es en la cabaña-taller donde Schlosser encuentra la forma de relacionarse con la naturaleza, de concentrarse en ella a través de ella”. “Creo que tenía una relación espiritual y donde veía que estaban los auténticos materiales del arte, con un sentido ecológico y económico, que eran las extensiones del artista, un regreso a los elementos naturales y a lo primario de la naturaleza”. Y otro crítico, Javier Maderuelo, ha escrito sobre él: “Ciertamente Schlosser no fue un científico, sino más bien un poeta, pero había en su mirada un interés por la abstracción geométrica que le indujo a buscar en la naturaleza la simetría, la progresión, el equilibrio, la secuencia; es decir, a contemplar con mirada analítica los fenómenos más inmediatos de una experiencia vital con el medio físico que comenzó trabajando en un barco ballenero en los mares de Islandia y concluyó explorando la sierra pobre de Madrid, en Bustarviejo. En sus paseos por el campo recogía ramas, piedras, cera, paja, cortezas, piñas, pieles o barro, ‘objetos encontrados’ con los que construía formas cuadradas, círculos, espirales, líneas sinuosas, superficies alabeadas y redes tridimensionales, formas primarias que responden a secuencias con las que hace evidente la armonía geométrica. Schlosser tuvo ocasión de transmitir, en la desabrida España de los años setenta, la mirada sobre la naturaleza en unos momentos de tanta euforia como desorientación”.

En fin, si la gran ciudad os parece selva agresiva, detened el tiempo de una tarde con estos tres artistas que han traído a la sofisticación del espacio de una galería importante la sencillez concentrada de su proceso creativo: caminar largo y despacio por el campo o las playas, y recoger los materiales que la naturaleza nos da.

Si no soportáis la violencia agazapada en cada capa del día a día, entrad un momento en comunión artística con la naturaleza a través de esta enternecedora exposición, que lleva el título de los tres artistas. Tan sencillo y contundente como ellos: Roger Ackling, Richard Long, Adolfo Schlosser. Hasta el 16 de mayo.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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Un comentario

  • El 15.04.2015 , Paloma Ctrl ha comentado:

    Buen momento para revisar “Rios y mareas” (2001).

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