Los Rodríguez, siete años del mítico grupo en ‘Sol y Sombra’

Los Rodríguez, siete años del mítico grupo en ‘Sol y Sombra’

Los Rodríguez fotografiados por Javier Salas. Foto: Cortesía de Warner Music España.

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Nuestros colaboradores musicales Kike Babas y Kike Turrón sacan nuevo libro: ‘Sol y Sombra. Biografía oral de Los Rodríguez’. Os ofrecemos un extracto de uno de sus capítulos más interesantes, en el que protagonistas y gente cercana al mítico grupo, desde Ariel Rot y Andrés Calamaro a sus mánager y road mánager, hablan del bombazo que supuso ‘Sin documentos’, ‘canción del verano’ del 93. 

Sol y sombra (Bao Bilbao Ediciones) cuenta, en forma oral, la historia de Los Rodríguez, la esencial banda de rock hispano formada por Andrés Calamaro, Ariel Rot, Germán Vilella y el desaparecido Julián Infante, que funcionó entre 1989 y 1996, firmó tres discos históricos e imprescindibles –Buena suerte, Sin documentos y Palabras más, palabras menos–, trazó un puente aéreo entre Baires y Madrid y se separó en el momento más álgido de su breve e intensa carrera. Una biografía contada por sus protagonistas y otros artistas y profesionales que lo vivieron de primera mano.  

EL SINGLE ‘SIN DOCUMENTOS’: DISCO ROJO. VERANO DEL 93

Alfonso Pérez (director artístico de Dro/Warner Spain): Decidieron ellos tanto la portada como el single, que fue Sin documentos. Recuerdo que fui personalmente a Los 40 Principales para presentar la canción. Había unas reuniones de locutores y de gente de las compañías. Solía estar el director de Los 40 y locutores de diferentes ciudades. Los 40 Principales recibían a todos los sellos, otra cosa es que te hiciesen caso. Normalmente, a esas reuniones iban los directores de producto o jefes de promoción. Nunca iba el director de un sello discográfico. Esta vez decidí ir personalmente, me la jugué porque tenía total confianza en que eso iba a ser un éxito en todo el país. Entré y no me anduve con rodeos. Simplemente les dije: “La verdad es que no tengo que venderos nada, solo vengo a que escuchéis esta canción”. La escucharon y fue número 1 en todos los lados. Antes, no obstante, era todo mucho más sencillo que ahora. Las radios funcionaban, y una canción como la que habían sacado Los Rodríguez estaba claro que iba a ser radiada y querida por todo el público.

Germán Vilella: La canción Sin documentos era la que menos me gustaba. A mí me iba el rock. Me encantan el flamenco, los palos jondos, pero la rumba… En esta época estaba mucho, además de con Antonio Flores, con los Navajita Plateá, los Ketama… y tocaba el cajón en las fiestas y todo eso. La rumbita fácil no me gustaba nada. Entonces llegaron con esta canción y lo que hice fue meterle un ritmo de rockabilly a esa rumba. Fue la fórmula que funcionó. Fue una casualidad, estaba harto de rumbitas y me dio por hacer ese ritmo.

Ariel Rot: Sí es verdad que hubo un antes y un después. Nosotros estábamos en el underground antes de este disco y no sonábamos en las radios mainstream. Y, de repente, empezamos a sonar y a vender discos. El incremento semanal en las ventas no paraba de crecer y las reservas para la contratación de conciertos también crecían exponencialmente. Y estábamos mejor pagados.

Andrés Calamaro: El éxito de Sin documentos lo vivimos con entusiasmo. Un éxito así multiplica las cosas. Le suma dos ceros a la vida. Todos habíamos celebrado éxitos personales con anterioridad, pero Sin documentos renueva el romance con el oficio, te permite tocar en mejores sitios y llevar siempre el mismo sistema de monitoreo en el escenario, técnicamente hablando. Personalmente, sentí alivio más que sorpresa. No había celebrado un éxito semejante en diez años, después de aquel Mil horas con Los Abuelos de la Nada. Fue como ganarse la lotería por segunda vez, con 20 años es una gran cosa, pero con 30 es incluso más necesario. Tampoco ocurrió de un día para el otro, pero los discos se vendían de mil en mil. Los discos no se venden si no existe la voluntad de comprarlos.

Germán Vilella: Nunca fuimos grupo de solo una canción. Eso me pasó con Jaime Urrutia, cuando sacó su primer disco que contenía esa canción titulada Qué barbaridad. Tocábamos en Madrid y nunca en mi vida había visto algo así. Todo el público de espaldas, hablando, tomando algo en la barra, y, de pronto, cuando suena esa, como si fuésemos los Beatles. Al terminar, lo mismo, pasando de nosotros, increíble. Con Los Rodríguez no, nunca, la gente venía a ver al grupo. Nos conocía y venía a ver un show en el que sucedían cosas, y en el que había muchos singles. Todo el mundo coincide en que Los Rodríguez se hicieron grandes al separarse. ¿Quién nos hizo grandes? El público, es así, lo mejor que han tenido Los Rodríguez ha sido su público, gente fiel que conocía los temas, las anécdotas. A mí me venían los fans y me preguntaban qué calibre de baqueta usaba, o cómo ejecutaba tal o cual parte. No me venían a preguntar cuántas tías me había follado o cuántas drogas tomaba, no, era gente que sabía de música y que venía a hablarnos de música. Los Rodríguez siempre teníamos galas, en esta época y antes. No faltaban. Cambiaba, seguramente, el caché, no lo recuerdo. Cobraríamos más.

José Luis Rupérez (entonces manager de Los Rodríguez): Ese verano del 93 Sin documentos es casi canción del verano. Tena estaba con Sangre española. Cuando Sin documentos empieza a funcionar, mi oficina ya es muy grande. Tenía a Tena, Rosario y bastantes más artistas. Víctor García era su road manager. Yo mismo contrato a Víctor, le conocía de haberlo visto funcionar y pegaba con el grupo. A Miguel Ríos lo dejé en el año 92 porque me entró la avalancha de Rosario y Tena. Fueron cientos de conciertos en muy poco tiempo, en la oficina había más de 14 personas. Cada artista requería su personal y su atención, claro, es cuando sacábamos una revista de la propia oficina, con nuestros artistas, que se distribuía por todos los ayuntamientos.

Víctor García (entonces road manager de Los Rodríguez): Sin documentos lo cambió todo, se hicieron más populares y demandados, y eso lógicamente mejoró sus condiciones de trabajo. Comenzaban a tener habitaciones individuales, furgonetas que no se quedaban en las cuestas arriba, más personal técnico que mejoraba las condiciones en el escenario, más luces, más sonido, más de todo en general. Fue un salto hacia la profesionalización del grupo, pero eso traía consigo más responsabilidad porque los aforos ya comenzaban a ser importantes. Pero daba igual, ¡eran muy buenos!

Víctor Abundancia (cantante de Los Coyotes): De Los Rodríguez me gustaba, por ejemplo, Sin Documentos. Era un poco una rumba con rock and roll, y eso era algo en lo que habíamos trabajado Los Coyotes hacía años. No exactamente eso, pero sí un rock arrumbao. Esta onda me gustaba, yo era de este lado más que de su lado rollingstoniano, me brillaba más ese lado suyo que el otro, aunque eran muy buenos en todo lo que hacían.

Germán Vilella: El éxito no llegó de repente. Sin documentos salió y empezó su recorrido. Cuando salió estaba viviendo en una casa alquilada con otro batería, Pablo Guadalupe. Este batería había estado a punto de sustituirme en Los Rodríguez. Había sido al concluir la grabación, incluso antes. Yo estaba tonteando con algunas cosas más de la cuenta y estos andaban cansados y mosqueados conmigo. No me afectaba a la vida de grupo, creo que no, quizá les daba envidia porque ellos ya no podían seguir ese ritmo. Ellos estaban en una recesión, digamos que es como quien está dejando de fumar y no quiere que nadie a su alrededor lo haga. A mí no me afectaba al tocar, es más, paulatinamente he ido abandonando sustancias en cuanto he notado que me afectaban en mi interpretación. Desde el mismo momento que he notado eso, he abandonado lo que fuese. El caso es que, viviendo con este batería, llegaba emocionado a casa diciendo: “¡Mira, el Sin documentos sigue disco rojo en la Ser!”. Era el batería de un grupo que se llamaba Lions in Love, y me decía: “No te lo creas, tío, yo he tenido un trabajo como disco rojo y no ha pasado nada con el grupo”. Aquello no me lo tomaba a mal, más bien como un consejo de amigo en plan: no te lo creas demasiado, que luego el hostiazo es más grande. No me ilusioné en exceso, pero el disco fue subiendo poco a poco. Antes de Sin documentos tuve incluso que trabajar de portero en el Ya’sta. Creo que, hasta muchos años después de haberse separado Los Rodríguez, no vi las verdaderas dimensiones que con el tiempo ha tomado el disco Sin documentos.

Andrés Calamaro: No lo recuerdo, pero yo nunca pensé en Pablo como suplente de Germán. No me enteré. Me gustaba mucho Lions In Love, pero no sabía que alguien había pensado en suplir a Germán. Éramos muy amigos con los Lions, pero no recuerdo esa secuencia.

Germán Vilella: Lo de mi sustitución lo sé por el propio Pablo Guadalupe, los demás no me comentaron nada. Creo que incluso le hicieron una prueba, lo que pasa es que, claro, yo ya les había dado miel. Entonces el tema de sustituirme no era una cosa fácil de decidir.

Ariel Rot: No recuerdo haber tocado con Pablo de Lions in Love, sí que estábamos muy cercanos a ellos. No sé, igual si Germán estaba así de disparado con el tema entró en paranoia.

LOS RODRÍGUEZ: 46 GALAS EN EL VERANO DEL 93

José Luis Rupérez: Los conciertos variaban, eran un grupo de 2.000 personas pagando, no de 5.000. Entonces funcionábamos en esas salas, hicimos Aqualung en Madrid (24/06/1993). Y tirábamos mucho de la contratación en ayuntamientos. Gustaban mucho, hicimos muchos conciertos.

Pablo Carrero (crítico musical de ‘ABC’): Seguro hice reseña del disco y de algún directo en el 93 en que los ponía bien. El disco entero me gusta mucho, sobre todo Mi rock perdido, una canción que me ponía una y otra vez. Los vi muchas veces en directo y seguía muy de cerca sus discos, pero no recuerdo entrevistas con ellos en esa época. En directo siempre eran buenos. Tocaban como dios (las cosas habían mejorado mucho, pero no todo el mundo sonaba tan bien en aquellos tiempos) y eran muy resultones. Tenían un montón de canciones muy buenas y pegadizas y una presencia muy potente encima del escenario. Les vi bastantes veces, por ejemplo, el concierto con Sabina en Las Ventas en el 96, y no fue precisamente el mejor que los vi.

Antonio González (entonces runner de Los Rodríguez): Eran de tocar en salas medianas y luego en fiestas, las de los ayuntamientos, fiestas patronales grandes, con mucho público. Un bolo muy bonito y especial fue en el cumpleaños de Calamaro (22 de agosto), donde le regalaron un libro con la historia de Bob Dylan, del que era muy fan, y un capote, de los de torear de verdad, de los de coger con las dos manos porque pesa. A Andrés ya le gustaban los toros, se le hizo ese regalo sabiendo que le encantaban de siempre. Durante esa gira fue donde se grabó un chascarrillo de Julián, que nos partíamos todos, ya que imitaba muy bien los gestos y el habla de Josema de Martes y 13.

Germán Vilella: La gente no venía a los conciertos para escuchar solo el tema Sin documentos. Recuerdo haber tocado sobre todo en sitios la mayoría más bien cerrados. Nos solía contratar una asociación local que quería a Los Rodríguez en concreto, que tenían afinidad por este tipo de música, por el rock. No éramos el plato fuerte de la fiesta y pocas veces nos contrataba directamente el ayuntamiento.

Ricardo Ruipérez (guitarrista de M-Clan): Antes de sacar el disco Sin documentos hicieron un bolo en un garito de Torrepacheco, un pueblo de Murcia, tocaron todo el álbum más otros temas de lo que tenían ya publicado. Era la época bonita para la banda, esa de los grupos en la que todavía no están en salas, están de garito, pero que ya son un grupazo. En el escenario casi no cabían. Germán estaba esquinado, incómodo, tocando con mala cara, pero cantaban los cuatro unos corazos desde el minuto uno. Fue el mejor concierto que los he visto. Seríamos 200 personas, a reventar. Abrían con No estoy borracho, todos afinando desde la primera. Calamaro brillantísimo, tenía toda la juventud, la irreverencia. También estaban con su lío particular con el tema, menos Ariel, que ya había pasado lo suyo con 18 años. En Tequila se metían caballo, y él venía de eso. Otra vez los vimos en Calasparra. Nosotros ya nos dejábamos ver en los camerinos, para saludarlos como buenos fans. Calamaro nos decía: “Ya están aquí los amigos del Murcia Clan”. En Lorca los vi con un equipo verde, o naranja fluorescente, creo que era de Los Brincos, algo demencial. Habría 100 personas, fue en la semifinal del concurso Murcia Joven, con tres grupos locales y Los Rodríguez. Yo estaba allí en los camerinos, esperando en la puerta. Hace unos años fuimos M Clan a Buenafuente con Ariel e hicimos Me estás atrapando otra vez. Fue una jornada de televisión de seis horas de camerino y nos quedamos allí con cervezas y guitarras, y empezamos a tocar temas de Los Rodríguez. Ariel se sorprendía de que las recordásemos aún mejor que él. Cada vez que he tocado con Ariel pienso: “Tío, no sabes lo que te admiro”.

Carlos Tarque (cantante de M-Clan): Tal era el rollo fan que aún hasta hace muy poco iba al camerino y no sabía cómo actuar frente a ellos, rollo subnormal. Yo venía más del hard-rock, pero Ricardo me pasó A los ojos y alguna más. ¡Hostias!, eran la conexión con Tequila, lo que nos gustaba. Me gusta más su parte más stoniana, y la parte más pop, con punto Byrds, esa del primer disco que dice: cuando me di cuenta ya no estabas, yo solo buscaba la mirada… Parece un tema de Los Brincos, de los 60, muy pop, con muchas voces. No los vimos tantas veces como nos hubiese gustado, cuatro o cinco veces quizá, siempre en sitios muy frikis. La primera vez fue en Murcia en un sitio que habían hecho con un lago alrededor de una zona de garitos, una puta mierda de la época del ladrillo de los noventa. Por lo visto, unos garrulos montaron en medio del campo una especie de centro de ocio y allí programaron a Los Rodríguez. Tocaban delante de un lago, donde debía estar el público había agua. Ariel decía: “No pasa nada, es el sitio más surrealista en el que hemos tocado, pero ya sabemos que somos el 90% agua”. También los vimos en la localidad de Calasparra. Y también recuerdo el concierto en Lorca. La última vez que los pude ver fue en la Fiesta de la Primavera de Murcia, en la explanada del Carrefour, a lo grande, pero ya con Palabras más, palabras menos.

Xavier Mercadé (fotógrafo y crítico musical entonces en la revista ‘Neón’): Además de las de Cornellá y Cerdanyola, los vi en la sala Estándar de Barcelona el 11 de junio de 1993, donde apareció como invitado especial Sergio Makaroff, otro ilustre olvidado del rock argentino afincado en Barcelona. Les entrevisté para la revista Neón y digamos que metí la pata cuando decidí invitar a hacer la entrevista a un par de chicas que conocí el fin de semana anterior en un bar de mala muerte. Pensaba que eran fans y resulta que las niñas no tenían ni la más puñetera idea de quién tenían delante. La entrevista fue en un restaurante y al primer comentario taurino de Andrés Calamaro me montaron un buen pitote. Mal sistema para ligar. En la conversación estaban Andrés y Julián. Para mí era un sueño poder estar hablando de música con un ex Tequila. Pude hablar con él del final del grupo, de su etapa oscura y de cómo llegó a trabajar incluso de camarero en Nerja, o de cómo tuvo que ceder los derechos de Tequila para conseguir la carta de libertad para poder formar Los Rodríguez.

FURGONETAS Y GUARDIA CIVIL

Germán Vilella: Había rock and roll, hasta poco después de Sin documentos. La piña la formábamos en Madrid, cuando salíamos nos dejábamos guiar por los autóctonos y entonces unos iban con unos, otros nos marchábamos con otros. Andrés no era tan de salir a saco como el resto. Julián y yo solíamos ir por nuestro lado, yo qué sé, éramos mucho de meternos en líos y siempre estábamos atentos por si alguno necesitaba la ayuda del otro. Bromeábamos con eso, nos decíamos: “Tú, si ves que grito tu nombre en alto varias veces, ven enseguida y pones tu espalda contra la mía”. Je je, je, código de honor. El road manager es el que conducía, aunque en alguna actuación lejana sí que llevábamos a un chófer. Aviones no solíamos pillar, a no ser que los pagase la organización. Víctor García se encargaba de todo. Éramos un poco duros con las exigencias. Si tenía que haber unas condiciones pactadas y no estaban, nos lo tomábamos muy mal. No llegábamos a suspender, pero sí éramos duros.

Víctor García: Fueron muchos bolos y muy divertidos. Quizás me acuerdo más de los largos viajes que hacíamos, especialmente hacia el sur, en los que siempre nos pillaban caravanas de magrebíes de viaje a Marruecos y era un infierno llegar hasta el destino. No había las carreteras que hay ahora. En carretera la guardia civil nos paraba mucho, era una furgoneta pintoresca con personajes muy especiales. Pero no nos hacían nada, todo bien con ellos. Solo había que guardar algunas cosas por si entraban a registrar la furgo.

Germán Vilella: La guardia civil nos paraba, claro, pero nunca encontraron nada, ni nos tuvieron que esposar. En la furgoneta cada uno iba a su asunto, era una cosa libertaria y democrática. El único problema podía surgir por la música, por ver quién ponía su mix tape, su selección. Llevábamos casetes grabados en casa con los descubrimientos que habíamos hecho en esa semana. Era muy interesante ese intercambio cultural potentísimo que teníamos. Todos teníamos una cultura y variedad musical importante, pero para Andrés, el Pato y yo aquello era importante. Conocíamos mil artistas y, de ellos, toda su obra. Era mucha información y súper interesante. Y con esto no digo que Julián y Ariel no disfrutasen o no tuviesen esa cultura, que sí la tenían, pero los tres vivíamos esto intensamente. Era una manera también de intentar dirigir el sonido del grupo, enriquecerlo, darle mayor variedad.

Alfonso Pérez: Fui a bastantes conciertos de esa gira y allí no había en absoluto drogas, no había un halo de drogadicción, es más, ni el mínimo atisbo. Su directo era una apisonadora. En el tema de las drogas creo que se hizo un paréntesis total, es decir, que cada uno aparcó lo que tenía entre manos y, de un modo, no sé si consensuado, no sé si consciente, abrieron un sano paréntesis.

Andrés Calamaro: Hay que reconocer que eran buenos tiempos en muchas cosas, habíamos empezado a ganar algo de dinero. Por aquel entonces yo era de la izquierda cínica (o ácrata), supongo. Quizás estaba medianamente involucrado en opiniones políticas porque leía el periódico todos los días. En aquella década no existía el permanente debate que existe ahora, probablemente porque había más trabajo y más dinero. Era otra realidad.

‘Sol y sombra. Biografía oral de Los Rodríguez’ sale a la venta en tienda el 6 de diciembre. La venta on line está ya disponible en este enlace.

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