05.06.2014

Lucía Martínez: “Mi única limitación es que el día tenga 24 horas”

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Lucía Martínez. Foto de Carlos Pérez Cruz.

Lucía Martínez. Foto de Carlos Pérez Cruz.

Nació en Vigo en 1982 y reside en Berlín desde hace casi ya siete años. En la capital germana, epicentro de la Europa cultural más abierta, acabó su formación jazzística y se abrió a otros mundos creativos. La baterista Lucía Martínez (también percusionista y zanfonista) presenta ‘De viento y de sal’, su tercer trabajo discográfico, segundo en cuarteto junto a músicos portugueses (parte de su formación la realizó en Oporto). Composiciones llenas de vida, sensibilidad y evocadora nostalgia que hacen música con las notas de un viaje a Colombia.

Han transcurrido seis años desde tu primer disco, ‘Soños e delirios’. ¿Qué sueños y delirios se han hecho realidad desde entonces y qué realidad se ha impuesto?

La estabilidad de poder tocar, de poder estar en el circuito, ya sea español o internacional. Mi sueño hace seis años era presentarme y decir aquí estoy, escribo música, tengo mi proyecto. Ahora se trata de estabilizar un poco esa rutina. Aunque todo sea súper difícil, tengo la necesidad de seguir editando, de seguir estando en activo y de decir que estoy aquí, de seguir tocando.

¿Más difícil de lo que pensabas entonces o confirmación de lo que ya intuías?

Desde que empecé con esto del jazz y con el primer disco ya se venía abajo toda la economía. Uno se acostumbra, lamentablemente se convierte en la normalidad. Es difícil, pero no más difícil de lo que había imaginado.

¿Se rompe algo esa inocencia de los ‘Soños e delirio’s o se mantienen intactos? Si es que la había.

Seguramente la había, claro. Sigo siendo un poco inocente, porque, si dejase de serlo, a lo mejor no me atrevía a sacar otro disco. Esto es una prueba de fondo. Espero no perder en un tiempo ese punto de inocencia.

¿Sigue mereciendo la pena? Ya sé que es una pregunta un tanto estúpida.

Merece la pena hasta el final, ¡claro que sí! A mí me da mucha satisfacción, me hace ser una persona feliz, positiva. La satisfacción de salir y tocar y viajar con músicos… ¡Ese es el mejor trabajo del mundo!

La nostalgia, motor de la creación musical. Tu segundo disco, ‘AzulCielo’, ya era un ejercicio de nostalgia de tu tierra gallega, nostalgia que parece confirmar ‘De viento y de sal’. ¿Es la nostalgia fuente y motivación de tu faceta como compositora?

Me decía un amigo que hay palabras imposibles de traducir a ningún idioma, como morriña. Esas palabras son las que califican a un pueblo y a mí a lo mejor me califica esa parte melancólica, esa morriña gallega, aunque soy súper positiva y alegre. Pero es verdad que a lo mejor se acentúa también por estar fuera. No sé, si estuviese en Galicia… ¡Yo creo que sería igual!

No sólo existe la nostalgia de lo conocido, sino de lo que nunca jamás se conoció. La nostalgia puede ser también tramposa, un engaño (o un autoengaño), consciente o inconsciente. ¿Mejor Galicia desde la nostalgia que Galicia desde la constancia?

[Suspira]

¡Ahí te ha salido la morriña! [Risas]

¡Ahí me ha salido la morriña! La verdad es que no lo sé. La distancia es dolorosa, claro, y cuando una está allá es desesperante. Adoro estar en Galicia, pero realmente hoy en día puede que sea mejor que me quede aquí una temporadita más y que desde la distancia me alimente también el espíritu. No sé, no sé.

DE VIENTO Y DE SAL’, nuevo CD de Lucía Martínez Cuarteto from Lucía Martínez Alonso on Vimeo.

La música de ‘De viento y de sal’ “es de viajes, una música de nostalgia, de aventuras, que sale de Vigo, atraviesa el Atlántico, llega a Colombia, conoce la selva, conoce el Pacífico y de todos estos destinos, personas y experiencias sale la música”. ¿Es una inspiración consciente con la que te sientas a escribir o es una percepción que sientes a posteriori, una vez tocada la música?

Este disco nació de viajes. El año pasado estuve en Colombia, tocando con músicos colombianos y en diez días tuve que escribir allí la música para tocar con ellos. Realmente en esta música hay mucho de ellos, de robar cositas de los diferentes destinos. Esta vez no fue a posteriori sino que realmente está basado en esas imágenes. Yo soy muy visual, me dejo inspirar mucho por los viajes, sobre todo por las imágenes, la gente, las experiencias, y en este disco todos los temas tienen algo de algún lado. Por ejemplo, Agua es un tema basado en un ritmo colombiano de la costa del Pacífico y está escrito realmente para marimba de chontas, que es un instrumento tradicional, y lo tocamos con un marimbero de allá.

Imagino que el resultado tocando allá con los músicos colombianos, al resultado aquí con los músicos portugueses, tiene que ser completamente diferente.

Es completamente diferente, sí. De hecho me encantaría poder grabar ese tema con músicos tradicionales colombianos y tener los dos, porque en sí nació para ellos. El agua allí, y en cualquier parte del mundo, es una riqueza, y los marimberos dicen que, por su pureza, la marimba es el sonido del agua. Le dediqué el tema a un marimbero. Es genial que uno pueda tocar temas en el otro lado del Atlántico y aquí y que sea casi otro tema.

Las emociones se expresan en música de formas muy diversas, pero parece que la morriña tiende al lirismo, a la melodía. Hay muchas Lucías pero la Lucía que lidera sus proyectos es marcadamente melódica. ¿Por qué?

Yo soy fan de la melodía, por lo menos con el cuarteto y con el quinteto. Después tengo otros proyectos donde escribo otro tipo de cosas, con otro tipo de reglas, con otros instrumentos…  Pero con estos músicos tengo algo en común que es esa parte emocional y ellos funcionan muy bien con las melodías, son muy melódicos. Escribo muchas melodías, cada día escribo alguna, y me identifico mucho con ellas.

¿Cada día escribes una melodía?

Sí, tengo mi libreta de melodías. Tengo varias y una de ellas es la de las melodías. Empezó como un ejercicio hace cosa de quince años y tengo miles de melodías que están ahí en la libreta. Cuando me hace falta hacer rápido un tema voy, escojo alguna y la trabajo.

¿Te vienen sentada en la batería o en cualquier momento y circunstancia?

En la libreta hay servilletas pegadas con melodías, hay billetes de tren, boarding pass de aviones… Hay de todo ahí pegado. [Risas]

Lucía y el mar. Ya escribiste en su momento un tema titulado ‘El mar y yo’. El mar baña tu música y las imágenes que ilustran tus discos. Haces versión de ‘Alfonsina y el mar’. Parecía inevitable.

Sí, era inevitable. Llevábamos tiempo tocándola con el cuarteto, pero nunca me había sentido con la fuerza de grabarla, porque esa canción es muy fuerte y posiblemente de las más versionadas en cualquier estilo. Me sentía demasiado inocente para hacerla, pero era ahora.

Además, en dos versiones, una con voz.

Sí, invité al cantante que quería. La primera opción de la lista de cantantes era él, Pável Urquiza. Tuve la suerte de conocerlo el año pasado en Berlín, nos hicimos amigos, tenemos un montón de cosas en común, estuvimos comiendo en casa, cantando y cuando se pudo grabar lo llamé y le envié su vuelo a Madrid y se vino a Oporto felicísimo a grabar.

¿Cómo has hecho, si es que es posible, para abstraerte de las múltiples versiones que hay de este tema? Porque imagino que sobrevuelan tu cabeza algunas muy concretas.

La verdad es que me sentí con la capacidad de hacer mi versión. Antes sí que me daba miedo estar imitando a alguien. Pero ahora mismo no, la verdad. Sabía que iba a ser nuestra versión y creo que el resultado es la versión del cuarteto. Pável es trovador, cantautor cubano, en realidad él no canta jazz pero su manera de cantar, de invocar a los dioses, las palabras que dice… Fue muy emocionante, sabía que esta versión de Alfonsina y el mar era única.

Una de las falsas dicotomías de nuestro tiempo es la que considera que libertad y seguridad deben contrapesarse, que más de una es menos de la otra. En el libreto escribes un verso libre en el que dices sentirte “libremente atada”. ¿El precio de tu libertad creativa ha sido atarte a Berlín?

No necesariamente. Ese texto es casi un texto adolescente que encontré en una de mis libretas de viaje y pertenece a otra época mía, curiosamente a cuando estaba estudiando clásico. Me pareció muy actual, aunque sea un texto adolescente me sentí identificada. Al final digo que estoy libremente atada, que uno decide dónde quiere estar y yo tomé la decisión de estar en Berlín, y estoy libremente aquí. En el fondo estoy atada aquí porque a nivel emocional lo estoy, porque a nivel musical estoy muy satisfecha.

Así que Berlín te ha correspondido en tu amor a la música.

Sí, totalmente. Cien por cien.

¿Y Vigo?

Vigo no. Vigo podría haber sido, pero por ahora no. No cierro las puertas. Vigo me dio mucho cuando estudié clásico, no todo fue bueno y no todo fue malo, pero ahora mismo no me veo allí.

¿De qué forma ama Berlín la música que no lo hace Vigo ni cualquier otra ciudad española?

Berlín es una ciudad muy abierta. Por un lado cabe todo, y eso es bueno y es malo, porque a veces hay cosas que no son tan buenas ni tan maravillosas. Pero, por otro lado, como cabe todo hay espacio para todo y para todos. Hay posibilidad de hacer proyectos, sobre todo de experimentar. Hay muchos conciertos, mucha gente que en gira pasa por Berlín. Es una gran ciudad y uno puede ir a la Filarmonía, a los museos… Y es que el músico no sólo se alimenta de música y para mí es importante la parte del teatro, poder ir al cine y no tener que ver necesariamente Hollywood, poder ir a la Filarmonía y no tener que escuchar necesariamente Mozart, poder escuchar otras cosas y poder participar también de la ciudad. Hay muchos artistas, es muy inspirador. Si quieres y tienes energía para estar activo, tienes mucho para recibir.

Ahora Berlín es epicentro cultural europeo, pero ¿está en riesgo por cambios políticos u otros?

Sí, se percibe que hay un cambio, pero aún así está muy viva. Veo que desde arriba pretenden que haya cambio, pero desde abajo la gente no lo permite. Para mí eso es un ejemplo de democracia y de cómo tienen que ser las cosas. Al final los de arriba conseguirán cambiar las cosas, porque el poder y el dinero ganan, pero el espíritu de la gente es totalmente contrario y eso a mí me emociona. Hace unos días hubo una votación por el antiguo aeropuerto de Tempelhof, porque es un aeropuerto al que hoy en día la gente va a andar en bicicleta, a jugar a fútbol, se hacen conciertos, no hay edificios, y quieren construir ahí, quieren especular, vamos. Hubo una votación y el pueblo dijo que no. Y ese aeropuerto, en el centro de la ciudad de Berlín, se va a quedar para ir a pasear, para hacer picnic y jugar al fútbol. Eso no me lo imagino en España. Con la música y el arte es lo mismo. Al final los de arriba conseguirán construir algo, pero el pueblo por ahora dice que no y ahí no se construye nada.

En la vida las decisiones pueden atar, incluso aunque sean decisiones libres. En música la libertad del creador se enfrenta muchas veces con las expectativas ajenas, las opiniones o los condicionantes ajenos. ¿Dónde están los límites, si es que los sientes, a tu libertad como músico? Al menos en este momento de tu vida y desde la perspectiva actual.

Es cierto que a veces hay [suspira] comentarios que te hacen ir por un lado o por el otro. Yo, la verdad, pongo un poco una pantalla y hago lo que creo que está bien. Por ejemplo, con la parte melódica, hay quien dice que a lo mejor es comercial. Bueno, está bien, a mí me gusta y yo estoy convencida de que está bien. Y cuando toco free me dicen: “Ah, es que esto es tan raro”. Y yo lo hago. ¿Por qué no? Es mi libertad y yo me arriesgo a que a los que les guste el free me digan que el otro proyecto no les gusta, y que a los que les guste éste me digan que soy una mujer rara porque toco free.

Tú te tomas tu libertad, pero ¿hay límites conscientes en este momento de tu vida entre lo que te gustaría hacer y lo que permiten las circunstancias?

No, el único límite es que me gustaría que el día tuviese 40 horas y no 24, es mi único límite. Si tuviese más horas haría todavía más. No tengo límite estético porque siempre fui muy inquieta, porque cada vez que conozco algo quiero aprenderlo. Por ahora, mientras tenga ese espíritu de no limitarme… Cierto es que hay opiniones y hay cosas que le influyen a una. Una no es de piedra, claro, y si hay mucha gente que te dice que con esto o lo otro no llegas a ningún lado, o que vayas para aquí o para allá, al final acabas yendo más por un camino u otro. Pero vamos, que por temporadas. Yo regreso siempre a lo que a mí me apetece.

Todas son Lucía pero hay muchas Lucías en tu actividad musical. ¿Dónde encontramos a una Lucía Martínez más funcional como músico y dónde a una Lucía Martínez más vocacional y más personal?

Funcional a lo mejor más en la música de cine, porque en realidad es música funcional, tiene que funcionar para la imagen, ir exactamente al punto, es por necesidad de un determinado sonido para una determinada imagen. En el resto de mis proyectos no soy funcional, hago lo que en ese momento creo que tengo que hacer, sea free, música moderna o jazz.

Te vas a Hong Kong a grabar una banda sonora.

Se va a grabar la película allá y yo me voy al rodaje. La película se llama At the end of the world y es una coproducción alemana con un director chino-alemán. Iré al trabajo de rodaje y cuando vuelva a Berlín me tocará grabar la orquesta.

Me consta que has estado buscando músicos para tocar allí durante tu estancia. Decía el pianista Agustí Fernández que la libre improvisación es la que le había permitido tocar con cualquier músico con independencia de que pudiera o no comunicarse verbalmente. ¿Ese es el método para poder tocar, por ejemplo, con un músico tradicional chino?

Sí, al final la libre improvisación es el lenguaje de cada día. Hay que saber y poder utilizarlo y escuchar y reaccionar a lo que pasa. Por ejemplo, al inicio hacíamos en Berlín sesiones de libre improvisación para conocer a gente. Todavía las sigo haciendo con regularidad en mi casa y es maravilloso. De esas sesiones salen muchas veces proyectos que a lo mejor no acaban tocando libre improvisación pero que parten de ahí. Al hablar de una manera, al improvisar, se conoce muy bien a la gente, es muy personal, te desnudas con la otra persona tocando. No hay más reglas que las que tú pones. Es muy emocionante.

Mencionaba a Agustí Fernández, tienes pendiente de publicar una grabación con él. Imagino que habrá un contraste radical con respecto a la música de este ‘De viento y de sal’.

Contraste total. Para el que no le gusten las melodías, también va a poder tener su disco. [Risas]. Grabamos a dúo en febrero en Madrid y estamos viendo a ver quién lo edita. Yo estoy felicísima con él. Tocar con Agustí es un placer, es una delicia.

¿Hubo algún concierto previo o fuisteis directos al estudio?

Directos al estudio. El concierto previo fueron los cafés, las conversaciones, los encuentros…

Has tocado con otros músicos ya consolidados y veteranos como el propio Agustí, legendarios como Alexander von Schlippenbach. Cuando tocas con músicos tan curtidos, ¿buscas aprobación de ellos después de tocar o el hecho de que toquen contigo ya es una aprobación?

La aprobación se percibe en la música pero… Por ejemplo, los alemanes no son muy expresivos y, al acabar el concierto [que hice con von Schlippenbach] íbamos a saludar, se acercó y me dio un abrazo. Eso para mí es una aprobación total. Que alguien se acerque, y más un alemán, y te dé un abrazo… ¡Casi lloro allí mismo! Estaba súper emocionada. A una le gusta también esa aprobación, una es humana. Tocando siempre hay miradas, pero esa aprobación posterior… Como yo le puedo dar a él las gracias. Yo no me voy de un concierto sin darles las gracias a mis músicos. Creo que usar la palabra para eso es bonito, es agradecido.

Escucha la música del disco y la entrevista completa en ‘Club de Jazz’

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Sobre el autor

Carlos Pérez Cruz
Carlos Pérez Cruz, músico y periodista. Desde 2001 dirige el programa ‘Club de Jazz’, dedicado al jazz y músicas improvisadas. Colabora con el programa ‘Carne Cruda’ de Javier Gallego (antes en RNE3 y la Cadena SER), donde dirige la sección 'Bienvenidos al club'; con Radio Vitoria (EiTB) y la revista ‘Cuadernos de Jazz’. Desde 2012 mantiene el blog/podcast ‘Todos los caminos están cerrados’, dedicado a los Territorios Ocupados de Palestina.

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