28.04.2019

Madrid no son sus atascos nocturnos sino sus librerías

Menéalo
Una imagen de la librería Cervantes y compañía en Madrid.

Escaparate de la librería Cervantes y compañía en Madrid.

En contra de lo que dice algún candidato a dirigir la Comunidad de Madrid, las señas de identidad de la ciudad no son sus atascos nocturnos (ni diurnos, que tienen más en común con El Cairo que con Estocolmo), sino la hospitalidad y apertura de sus habitantes, su vida callejera, los museos, los parques y, sobre todo, sus librerías. Las librerías son pulmones que oxigenan el denso aire de los males que nos aquejan, un lugar para resguardarte del tráfico y olvidar el estrés en compañía de los libros.

Me reúno con Marina Sanmartín y Raquel Vicedo, dos de los cuatro socios de la librería Cervantes y Compañía (los otros dos son Christopher Halloway y Alessandra Gatti) en un café del centro; uno de los pocos cafés que sobreviven a la presión de las cadenas y malbaratan la identidad de las ciudades. Cervantes y Compañía es una librería de barrio, de un barrio cosmopolita, Malasaña, en el que convive la gente de toda la vida con hipsters y modernos, amenazado desde hace años, como todo el centro, por la presión de los alquileres turísticos y la uniformidad kitsch.

Ya el nombre de la librería, tan cervantino y castellano, nos da una idea de sus señas de identidad. Toma como modelo la famosa Shakespeare&Co, refugio en su día de escritores e intelectuales. Lo dejan claro en el manifiesto que puede leerse en su página web: “Queremos ser una librería cargada de futuro: una librería como las de antes. 
Hubo un tiempo en que los escritores y los artistas eran auténticas estrellas capaces de influir en el espíritu de su época y que no se contentaban con pedir limosna a la actualidad; un tiempo en el que las librerías eran santuarios a los que se acudía buscando mucho más de lo que se puede encontrar en un almacén”.

Podríamos decir que tanto Marina Sanmartín como Raquel Vicedo son algo así como “mujeres libro”, sus vidas giran en torno a estos objetos tan necesarios e imprescindibles para muchos como inútiles para algunos. Novelista, crítica literaria (tiene una columna en ABC Cultural donde disecciona el género negro) y periodista, no es la primera vez que Sanmartín ejerce de librera. Vicedo es filóloga, traductora y editora. De hecho, acaba de llegar de Logroño, donde está la sede de Pepitas de Calabaza, una de las editoriales más originales del panorama actual, y donde trabaja después de su paso por Sexto Piso. Por si fuera poco, desde hace un tiempo estas amigas y compañeras de andanzas escriben a cuatro manos un libro de podcasts, un género que les apasiona.

La manera en que Raquel, Marina y el resto de socios adquirieron Cervantes y Compañía  hace menos de un año es fruto de uno de esos azares maravillosos que ocurren a veces en nuestra vida. “En la primavera del año pasado, los dueños anteriores me contaron su intención de traspasarla y dio la casualidad de que los cuatro, buenos amigos y conectados por Raquel, teníamos ganas de lo mismo: quedárnosla. En cuanto la vimos, supimos que, aunque fuera difícil, no íbamos a renunciar a nuestro sueño”, relata Sanmartín.

Un sueño que sin duda es una aventura. Las librerías, como otros sectores de la cultura, han sufrido durante todos estos años una doble crisis. Por un lado, la crisis económica global, y por otro, la piratería y la transición del libro de papel al digital. Frente a los malos augurios de algunos gurús, que pronosticaban el fin del libro de papel, la tecnología Gutenberg resiste y en algunos países como Estados Unidos o Gran Bretaña parece que el libro electrónico ha alcanzado ya su techo.

En todo caso, ¿cómo embarcarse en un proyecto así, con la que está cayendo?, les pregunto.

“Una de las cosas más importantes en este negocio», señala Sanmartín, «es la gestión. Con frecuencia le damos más peso a la parte romántica de ser libreras y, sin embargo, hay que tener siempre muy presente la parte contable. Mantener una librería hoy en día es difícil tanto por el régimen legal y administrativo en el que se enmarca (ayudas, ley del libro, libro de texto, etc…), como por las propias reglas del sector editorial, que dejan al librero unos márgenes muy pequeños. Aun así, la aventura nos mereció la pena y, a día de hoy, casi un año después de hacernos cargo de Cervantes y compañía, no nos arrepentimos”.

“En efecto», añade Vicedo, «no es fácil vivir de la venta de libros. Los márgenes son pequeños. De ahí que tengamos que diseñar actividades paralelas que de algún modo estén relacionadas con la literatura. Por ejemplo, los cursos que impartimos en nuestra escuela, La Cervantina, las catas literarias, los conciertos literarios, las lecturas dramatizadas, las representaciones teatrales, los recitales poéticos… Toda esta programación complementa la venta de libros y además nos ofrece la posibilidad de dar a conocer nuestro espacio, de establecer nuevos contactos y, de paso, divertirnos”.

Sin dejar de ser prescriptoras de libros, las nuevas librerías han tenido que buscar nuevas fórmulas para sobrevivir. “Las librerías tienen que ser (y son) un lugar de intercambio cultural. En ese aspecto, creo que nuestras librerías, en los últimos años, han ampliado muchísimo sus horizontes. Cervantes y Compañía sólo es una muestra más de todo lo que se puede hacer alrededor del mundo del libro”, señala Sanmartín. “El librero ahora es también un dinamizador cultural y la librería, un espacio de encuentro”, apostilla Vicedo, quien es optimista respecto al futuro del libro. “Queremos pensar que siempre habrá un público para los libros. Es posible que haya que cambiar las reglas del juego, pero igual que ocurre en otros muchos sectores. Se trata de adaptarse o morir, ¿no?”.

Como en cualquier empresa, al ser cuatro socios siempre existe el peligro de que surjan roces, aun cuando haya una amistad de por medio, o precisamente por eso. Pero en Cervantes y Compañía lo han resuelto con una división muy clara de la funciones que tiene cada uno. Marina Sanmartín y Raquel Vicedo son las encargadas de la parte literaria –la selección de libros, por ejemplo–, Christopher Halloway lleva las cuentas y la gestión y Alessandra Gatti la organización de eventos.

De la apertura a la sociedad de Cervantes y Compañía no solo dan fe algunos vecinos y clientes habituales con los que he hablado sino el propio Taller de Escritura de Clara Obligado; gran parte de nuestras presentaciones las hemos hecho cobijados en este lugar pensado para que habiten los libros: techos altos, una decoración exquisita y cálida, una biodiversidad de títulos y editoriales envidiable, espacio y libertad para moverse como si uno estuviera en su casa, y una bodega donde se puede tomar un vino o una cerveza.

Como lector habitual, uno echa en falta en algunas de las librerías actuales la función prescriptora que tenían antaño. En Cervantes y Compañía han querido, por un lado, adaptarse al nuevo contexto y ofrecer actividades culturales que antes se daban en otros lugares, y al mismo tiempo recuperar esa función prescriptora.

¿Qué cualidades debería tener un buen librero? “Ser un buen gestor, un extraordinario lector, dejarse los prejuicios en la puerta de la librería y tener  muchísima paciencia”, explica Sanmartín. “A pesar de la idea romántica que se tiene de los libreros, es importante no olvidar que buena parte del trabajo del librero tiene que ver con la gestión cotidiana (recepción de mercancía, actualización de stock, preciado, colocación, devoluciones, programación de actividades, contabilidad, etc…). Por eso es fundamental ser organizado y tener ciertas nociones de administración. Además, es fundamental saber tratar con los clientes, ser paciente e intuitivo. Y, por supuesto, amar la literatura y conocer el producto”, coincide Vicedo.

Después de estos meses, Vicedo se muestra entusiasmada con la experiencia. “Estar aquí me ha ofrecido la posibilidad de comprender mejor qué busca el público lector. Yo trabajo como editora y traductora y estar al otro lado me ha brindado una oportunidad inmejorable para testar mis libros. También valoro especialmente la dimensión social y física del trabajo. ¡Tantas horas de ordenador en soledad al final acaban pasando factura! Y, por supuesto, la bendición de trabajar con personas que, además de ser amigos, son unos profesionales magníficos de los que no dejo de aprender. Todo son ventajas”.

También Sanmartín se muestra agradecida. De hecho, es la única de los cuatro que trabaja a diario en la librería. “Soy la más afortunada porque me dedico casi al 100% a la librería, es mi segunda casa y vivo el proceso de verla crecer día a día. En ese aspecto, el estímulo es enorme. Luchar por algo que es tuyo, en lo que crees y que te gusta es una de los regalos más grandes del mundo. Por eso me siento tan afortunada de tener buenos amigos. Sin ellos, habría sido imposible”.

Como nos cuenta Penelope Fittzgerald en La librería (Impedimenta), llevada al cine por Isabel Coixet, una librería puede convertirse en el corazón de una pequeña ciudad, de un barrio, un lugar donde se tejen miles de historias y donde uno encuentra siempre la compañía de los libros. Historias que a veces son felices (como señala Eloy Tizón no siempre los relatos tienen por qué tener finales infelices), como la de Cervantes y Compañía.

***

¿Quieres escribir?

Taller de Escritura de Clara Obligado

Nuestro taller literario acompaña de manera personalizada los procesos de escritura creativa, tomando en cuenta tus intereses, tu poética, tus posibilidades. Te ofrecemos una puerta de entrada al mundo de la literatura, con talleres de escritura creativa en distintos niveles, desde la iniciación total hasta la profesionalización, para los más jóvenes y para los más maduros, talleres de lectura, opciones online y en directo, un cuidado servicio de corrección literaria con distintas opciones de trabajo, charlas con autores, editores y profesionales del libro y, sobre todo, un equipo con muchísima experiencia en la formación de escritores y ganas de seguir aprendiendo contigo.

Si estás interesado, escríbenos.

Menéalo

Sobre el autor

Javier Morales
"Soy escritor, periodista y profesor de escritura creativa. He publicado el relato autobiográfico "El día que dejé de comer animales", las novelas “Trabajar cansa” y “Pequeñas biografías por encargo” y los libros de relato “Ocho cuentos y medio”, “Lisboa” y “La despedida”. Imparto clases de escritura creativa en el taller de Clara Obligado y en la Escuela de Escritores. En Área de Descanso hablo de los libros que me gustan. Puedes seguirme o escribirme en: escrituracreativajaviermorales@gmail.com Puedes seguirme en:

Facebook: www.facebook.com/javier.moralesortiz

Twitter:https://twitter.com/javiermoralesor www.javiermoralesortiz.com

¿Quieres leer más artículos de este autor?

Aún no hay comentarios

Deja tu comentario

He leído y acepto la política de privacidad de elasombrario.com
Consiento que se publique mi comentario con los datos que he facilitado (a excepción del email)

¿Qué hacemos con tus datos?
En elasombrario.com te solicitamos tu nombre y email (el email no lo publicamos) para identificarte entre el resto de personas que comentan en el blog

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.