02.10.2013

Madrid se queda sin festival de jazz ¿Y qué?

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El autor asegura que en España los festivales son una de las muchas burbujas que todavía no han terminado de pinchar. Y cuanto antes pinchen y pasemos a repensar la cultura, mejor.

CARLOS PÉREZ CRUZ

Puedes seguir el blog del autor: El club de jazz

Se suspende la celebración del Festival de Jazz de Madrid. No alcanzará su trigésima edición, al menos este año. ¿Y qué?

¿A quién le importa? Que Madrid no tenga este año festival o que Barcelona lo tenga o que Vitoria no lo hubiera tenido este verano no iba a cambiar mucho las cosas. No nos engañemos. Los festivales ni redundan en beneficio del colectivo de músicos del país ni abren mundos al público que no hayan sido visitados miles de veces. No al menos en España donde, salvo contadísimas excepciones, la apuesta va a piñón fijo. Los festivales son una de las muchas burbujas que este país todavía no ha terminado de pinchar. Y cuanto antes pinchen y pasemos a repensar la cultura, mejor.

Clamo desde hace años por una continuidad en la inversión cultural. Y cuando hablo de inversión no hablo de economía sino de cifras de redundancia, constancia, insistencia y permanencia de las programaciones de ciclo, esas que crean sana costumbre. El resto, el estallido pirotécnico y puntual de los festivales, queda en mero espejismo para que algunos hagan caja y los Ayuntamientos luzcan palmito, hasta que deja de resultarles útil. Nada más. Si eso tiene algo que ver con el jazz, que baje Coltrane y lo vea.

El Festival de Jazz de Madrid ha vivido muy diversas vicisitudes a lo largo del tiempo. Por distancia geográfica y por edad, no tengo memoria suficiente ni casi experiencia directa. Recuerdo que hace diez años los miembros de la fallida plataforma ‘Nuestro Jazz’ llevaron con su queja ante la dirección una evidencia: los músicos nacionales no cuentan. Y no lo hacen por motivos muy diversos pero, entre ellos, porque los programadores, públicos y privados, siempre han pensado que el atractivo viene de fuera y que, además, ya estaban los locales de costumbre para escucharlos durante el año. Se ha esgrimido tanto esa idea que incluso el público se lo ha creído, aunque después no haya encontrado dónde escuchar a esos músicos o, de hacerlo, lo haya hecho en condiciones de pura informalidad (presupuestaria y ambiental). Eso sí, vienen muy bien para rellenar huecos de programación y para que las promotoras opten a subvenciones por participación de músicos locales o nacionales, aunque sus condiciones sean francamente desiguales frente a sus colegas foráneos -especialmente USAmericanos-, que aprovechan la coyuntura para hacer la caja que no hacen en sus respectivos países de origen. Esa sí que es una gran burbuja: la diferencia entre lo que cuesta contratar en origen a las grandes (aquí vendidas como tal) “estrellas” USAmericanas y lo que cuesta hacerlo por estos lares. Injustificable.

Desde el momento en que la cultura entró por la puerta de las leyes del mercado, la amplitud de la misma se estrechó para dejar paso sólo a aquello que se considera rentable. Dicho de otra manera: cualquier propuesta que no sea fácilmente vendible se descarta o queda relegada a esporádicas, coyunturales y milagrosas apariciones. Y hablamos de jazz, claro. Y de España, por supuesto, un país donde la cultura jazzística está a niveles subterráneos. ¿Qué exigencia puede haber? Las programaciones han sido tan redundantes que se ha terminado por crear un circuito español para determinados músicos (como si el jazz fueran ellos y nada ni nadie más) y, lo que es peor, se han ido abriendo a estilos tan ajenos al jazz que la propia idea de un festival de jazz se ha desnaturalizado hasta abrazar lo que sea que tenga tirón en taquilla y asegure una mínima cobertura mediática. ¿Por qué invertir entonces en un festival de jazz? Siempre ha sido un misterio para mí. Quizá mola llamarlo así.

La suspensión de la trigésima edición del Festival de Jazz de Madrid ha agitado los pequeños círculos jazzísticos, que lo veían venir. Aficionados, músicos y la propia promotora del Festival descargan sus iras contra el Ayuntamiento de la capital. Razones no faltan. El consistorio se ha ido desentendiendo del festival hasta el punto de no poner un euro o de, este año, no asegurar ni la propia disponibilidad de espacios. Razones, insisto, no faltan. Madrid carece de una planificación cultural coherente y atractiva y plantea además la privatización de espacios culturales y la aplicación de criterios mercantilistas a la cultura. Es decir, planea acabar con aquello que no resulte rentable en términos económicos. Terrible para la cultura. Con criterios de superávit, la cultura siempre tenderá al gris uniforme. Precisamente para eso están (o deberían) las instituciones públicas, para compensar los desequilibrios del mercado (aunque éstas se hayan dedicado a ahondar en el desequilibrio). Pero habiendo motivos más que de sobra para exigir responsabilidades al Ayuntamiento y para atizarle con críticas bien fundamentadas, creo que aquí desviamos el tiro principal. ¿De verdad queremos este modelo de festival? ¿Es moralmente aceptable que el pago a los músicos dependa de la recaudación en taquilla en vez de que éstos sean pagados por los servicios por los que han sido contratados? ¿Son sus carteles relevantes, estimulantes y enriquecedores?

La suspensión del Festival de Jazz de Madrid es sólo uno más de los síntomas del enfermo panorama cultural español. Su propia dinámica de funcionamiento era enfermiza. Pero no menos enfermas están la profesión y sus profesionales, incapaces de consensuar nunca una posición colectiva que les defienda frente al abuso. Llorar se llora mucho en este país, casi tanto como se traga. Pero quien llora siempre tiene a mano una justificación para explicar la aceptación de lo inaceptable. Y es que la endeblez de los pilares de la coherencia se cementa en los agujeros de la cartera. Con esa precariedad, la unidad se bate de un soplo.

No habrá Festival de Jazz de Madrid en 2013. So What?

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Sobre el autor

Carlos Pérez Cruz
Carlos Pérez Cruz, músico y periodista. Desde 2001 dirige el programa ‘Club de Jazz’, dedicado al jazz y músicas improvisadas. Colabora con el programa ‘Carne Cruda’ de Javier Gallego (antes en RNE3 y la Cadena SER), donde dirige la sección 'Bienvenidos al club'; con Radio Vitoria (EiTB) y la revista ‘Cuadernos de Jazz’. Desde 2012 mantiene el blog/podcast ‘Todos los caminos están cerrados’, dedicado a los Territorios Ocupados de Palestina.

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2 comentarios

  • El 03.10.2013 , Ángel ha comentado:

    En términos generales firmaría prácticamente línea por línea lo afirmado en el artículo. Conozco profesionalmente el patio y suscribo lo dicho respecto de las administraciones: paletas hasta la náusea, embrutecidas, incultas, adictas al fuego artificial y al despilfarro (cachés inmorales, por excesivos, a los músicos foráneos), desprecio por los músicos españoles o establecidos en España, desconocimiento absoluto de cómo funciona el negocio de la música en directo, y carencia de voluntad por propiciar un buen nivel formativo en los profesionales del sector. Y hago otro tanto respecto de los músicos, acostumbrados a la “protesta a la española”: mucho comentario por detrás, pero nula capacidad organizativa, poca propuesta consistente y menos alternativas. Pero no quiero dejar de lado el comportamiento del público, al que solo se puede calificar de acrítico, inculto, seguidista, aborregado. Un auténtico retrato del país en general. Es de pena, de absoluta pena.

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