02.09.2019

María Hervás: “No debes dejarte captar por ninguna idea»

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La actriz María Hervás da vida en ‘Jauría’ a la víctima de la violación colectiva de ‘La manada’.

Hablamos con María Hervás (Madrid, 1987). Premios Max 2019 a la mejor actriz y mejor espectáculo revelación por ‘Ifigenia en Vallecas’. Premio Ercilla 2019, junto a José Luis Gómez. Y últimamente impactante protagonista de ‘Jauría’, la obra dirigida por Miguel del Arco para Teatro Kamikaze, a partir de la transcripción del mediático juicio a La manada, y de las declaraciones de acusados y denunciante. En otoño, ´Jauría’ emprende una larga gira por A Coruña, Bilbao, Vitoria, Logroño, Pamplona… María nos habla de sus dudas, su intensidad, su liquidez.  

Me permito sugerirles que si ven su nombre en la cartelera de algún teatro de la geografía española, no lo duden. Saquen una entrada y vuelen a verla. Su trabajo en Jauría –dirigida por Miguel del Arco y coprotagonizada por Martiño Rivas, Alex García, Raúl Prieto, Fran Cantos e Ignacio Mateos– es sobrecogedor. Destila humanidad. Una humanidad que trasciende los límites del espacio físico del teatro. Y una honestidad hecha herida que te sacude en cuanto su personaje aparece en escena. En su retrato de esta heroína trágica de la España postmoderna, hecha de precariedad y realities, cuya historia conocemos todos, no hay espacio para la autocompasión. O para manipular al espectador mediante un mero ejercicio de pornografía emocional. No. Hay un descaro en su fragilidad que te desarma. Y que hace que no puedas dejar de escucharla. No ocurre muchas veces eso. No en un teatro. Puede que tampoco en la vida.

Después de ver ‘Jauría’, en tus redes sociales colgaste algo parecido a “prometo cuidarme mucho”. Imagino que por lo delicado del tema… ¿Cómo ha sido ese proceso de cuidarse?

Pues no ha existido, Bruno. (Risas). Todos mis planes, que además fueron públicos, no se han dado. Bueno, no se han dado como yo los tenía previstos en mi cabeza. Yo soy una persona que suelo organizar todo mucho, soy muy voluntariosa, muy alemana, todo lo tengo muy estructurado, aunque no lo parezca. Hubo mucha preocupación, y eso me gustó mucho, por parte de la profesión ­–actrices, actores, amigos–, “oye, tía, cuidate mucho, que esto es muy bestia…”. Y efectivamente lo es. Pero yo tenía pensado ser samurai durante los meses que durase la función: dormir como un bebé, hacer mi ashtanga, que es el yoga que practico diariamente, comer súper saludable, no beber, no tal… Y luego ha sido todo lo contrario. Excepto el yoga, que lo he mantenido, ha sido un desorden de todo tipo. Pero creo que…, me doy cuenta…, con este pelín de retrospectiva con el que puedo mirarlo, que era lo que necesitaba para soltar. Porque si encima de hacer todo eso, termino la función y me voy a mi casa como hago habitualmente en el resto de trabajos, y me encierro, y me pongo alemana, como yo digo, habría sido mi perdición.

Es muy interesante lo que dices porque no creo que se deba sujetar el caos. Cuidarse a nivel emocional, sí. Pero toda esa tensión tienes que dejar que salga por algún lado.

Por eso te he empezado diciendo que al final no me cuidé, o tal vez sí me cuidé. Porque a veces cuidarse no tiene que ver con la idea que uno tiene de lo que le va a venir bien, o de lo que le va a hacer bien. Igual cuidarse es obedecer, o dar lugar a la expansión de ese instinto, esa necesidad primaria de muchas cosas. Igual eso es más cuidarse, escucharse… Y eso sí que lo he podido hacer. Y además, gracias fundamentalmente, en un porcentaje altísimo, a mis compañeros, que ellos sí son muy expansivos. Y cuando yo quería retrotraerme, o como se diga, ellos me decían “no, no, no, Mary, tú ahora mismo no te puedes ir al hotel”, o “no te puedes ir a casa, te tienes que tomar una caña”, y se han convertido en… He pasado de ser hija única a tener, de verdad, cinco hermanos.

A veces la frivolidad es mejor que el prozac…

Claro, creo que lo importante es eso… Este es el segundo año que estudio Filosofía, este año casi no he podido tocarlo porque ha sido una hecatombe de acontecimientos, pero yo tiendo, con bastante facilidad, a la solemnidad. Creo que, como has dicho, lo maravilloso ha sido encontrar ese equilibrio. Si eres frívolo solamente, tus cimientos no son sólidos, no se basan en una concepción profunda de la realidad, entonces la realidad es una mierda, para mi gusto. Pero si está lo otro, creo que necesariamente tenemos que dar la lugar a esa frivolidad, porque si no…

¿La frivolidad como herramienta?

Sí, eso es, como herramienta. Que tú utilizas de manera decidida, que no te lleva ella, sino que tú la manejas.

Me impactó mucho en ‘Jauría’ cuando tú interpretas también a la fiscal, y los chicos, dentro de sus limitaciones, admiten que a lo mejor se les ha ido un poco la mano…

A ver, no dejan de ser unos personajes que Miguel está dirigiendo y aunque, por supuesto, está basado en una trascripción literal de palabras que fueron dichas, están reordenadas, y también hay una visión que es la de Miguel….

En mí se produjo una especie de catarsis al oír eso…

Sí, y seguramente en los personajes tal y como los ha dirigido Miguel también. De lo que no estoy tan segura, pero porque no lo sé, es si en ellos, en la realidad, se produjo. O si fueron contestaciones mucho más objetivas de lo que luego nosotros les estamos dotando, de unas emociones, de unas cosas que no sabemos si fueron aquellas. En cualquier caso, lo que siempre digo respecto a Jauría, es que la moral efectivamente es un código, está establecido, está impuesto por el ser humano. Y además cada uno tiene su código, dentro de que hay una moral más o menos establecida para funcionar en comunidad, pero cada uno tiene el suyo internamente. Yo creo que en ellos su universo no concibió que aquello pudiera ser, en el momento, aparentemente, una violación. De lo que me he dado cuenta luego, porque yo entré con mis dudas al proceso de Jauría sobre si eso había sido o no una violación, fíjate lo que te digo. ¡Qué barbaridad! ¡Las tenía! Porque hay muchos componentes muy complejos en esta historia. Entonces, yo entraba con estas dudas. Lo que me ha clarificado formar parte de este proceso maravilloso es que, más allá de lo que queramos luego categorizar, o catalogar dentro de las leyes, con las leyes en la mano, esto se llama tal o eso se llama cual, hay una cosa que es la humanidad. Y esa no está reglada ni formalizada. Es inherente a tu propia existencia.

Es una catástrofe. Normalizar la brutalidad.

Efectivamente. Lo que estas personas hacen conlleva una carencia de humanidad que es una catástrofe. Así es. Entonces a mí ya no me vale que tú me digas que en el artículo tal… Ya no te hablo de leyes ni de configuraciones racionales. Te hablo de la bondad. La bondad es la bondad, la humanidad es la humanidad y a mí me la sopla cómo la queramos llamar en tal o cual artículo. Esa criatura, que fue penetrada por todos lados, y simultáneamente, y de todo… Que la dejas allí desnuda y te piras. Y además se van uno por uno. O sea, se corren y se van pirando uno por uno. Y no se les ocurre siquiera preguntarle: “oye, ¿tú estás bien?, ¿necesitas algo?, ¿vamos contigo a algún sitio? ¿te lo has pasado bien?”. Aunque hayas sido megabruto en ese momento, porque, bueno, la sexualidad también es una cosa de la que se podría hablar mucho, hay mucho misterio…

La sexualidad es muy compleja…

Por eso. Pero al menos en el después, en el momento en que se ha terminado, porque todos hemos tenido orgasmos y todos nos hemos corrido y vuelves como a caer en la realidad, ¿no? Toda esa cosa que ya pueda ser oscura o menos oscura, como que se apaga y vuelves al planeta Tierra. Ese después habla de una masculinidad tóxica en la que estos tíos estaban aprovechándose de una mujer/objeto para su propio placer sin importarles una mierda que tenían un ser humano delante.

La bondad es lo más revolucionario hoy en día.

Totalmente, vamos.

Me acordaba estos días, preparando la entrevista, de una frase que decía tu personaje en ‘Confesiones de Alá’: “La miseria huele a culo”.

Sí… Guau… Se me acaba de pasar un escalofrío. En Jauría también hay un asunto con el culo de uno de los prendas… Que se hace una foto con la cara de ella mientras ella le está chupando el culo. Se hace un selfie

¿Tuviste algún contacto con la chica real de ‘Jauría’?

Yo no de manera directa, pero Miguel cada semana se intercambia mails con la mamá de ella. ¿Qué tal ha ido la función y tal? Unos mails que luego Miguel nos reenvía con permiso de ella. Están totalmente a favor de nosotros. La propia chica nos ha enviado también un mail contándonos la experiencia. No ha visto todavía el espectáculo, porque no se siente todavía con fuerzas, pero nos sigue, nos apoya. A mí me han escrito unas diez mujeres por Instagram y un hombre hablándome de sus casos concretos y personales de abusos. En su infancia o hace no tanto. E incluso me han esperado en la puerta del teatro para contármelo. Pero, mira, también para romperte los esquemas un poco en esa cosa mía de escurrirme, yo no me hago cargo de esos testimonios, ¿eh? Yo les contesto de manera educadísima. Espero que ellos lo reciban de manera afectuosa. Porque yo no he elegido ser psicóloga. Ni tengo una ONG a día de hoy. A lo mejor el día de mañana sí. Pero con lo mega sensible que soy, si yo me meto a bucear ese mundo, mañana me tenéis que estar metiendo en… Me tenéis que encerrar en… No, no, no. Entonces hago así, pongo el escudo y les digo: “Gracias por compartir esto, ojalá puedas sanar, si yo he podido contribuir a ello me doy por satisfecha, y toda mi energía y mi corazón para que eso pueda curar bien”. Y ya.

Leí que decías en una entrevista: “Ser actriz es una militancia”. Últimamente intento poner el énfasis en lo que yo llamo el compromiso con lo cotidiano. Más que con las grandes causas, todas muy legítimas, con lo que está más a mano. En nuestro caso, el espectador que ha pagado su entrada, por ejemplo. Ahí es donde está mi militancia. Observo a veces cierta confusión con el término compromiso. Me gustaría saber qué piensas al respecto.

Soy más bien de esa manera de pensar, o al menos de actuar, porque pensar no sé muy bien ni lo que pienso. Si te metes en mis redes sociales, por ejemplo, raramente me verás haciendo apología de grandes movimientos, por mucho que luego los siga en mi intimidad, pero no lo hago. Ni me adscribo públicamente a demasiadas cosas. Cuando hablo de una militancia, para mí tiene que ver más con el día a día. Con el hacer cotidiano, como tú has dicho. Para mí no hay opción en la que el arte no se mezcle con lo político. Cada día lo voy entendiendo mejor, cuanto más mayor me hago. Cada acción, aunque sea tomarnos esta botella de agua en este sitio, es una acción política, todo el rato. Somos ciudadanos de una polis en la que vamos conviviendo y cada cosa que hacemos modifica el funcionamiento del sistema. No solamente hacer Jauría, porque tenga que ver con un caso de rabiosa actualidad; es que me da igual, hagas lo que hagas, hagas Shakespeare, hagas Pinter, hagas lo que hagas, estás generando un acto político siempre. Aunque hagas una revista. Es un acto político porque está dentro de la polis. Está modificando el curso de lo que podría ser la historia de esta ciudad. A eso me refiero con que es una militancia, con que tengo suma conciencia de que todo lo que hago modifica…

Para mí el teatro es un acto de amor. De entrega.

Yo hago teatro para que me quieran. Es lo más honesto que puedo decir a día de hoy. No sé hacer discursos más elaborados. Yo hago teatro para que me quieran, yo hago teatro para tener la excusa de estar reunida con un grupo de gente un rato y no estar sola. Hago teatro para intentar entender un poco más, desde un lugar, creo, más hermoso que otros muchos que podría haber escogido…, intentar entender un poco más la existencia. Pero no te creas que luego yo en el día a día vivo el acto teatral, ni el acto de la actuación con mucha profundidad, ¿eh? Soy bastante…, ¿cómo se diría? Operativa. De oficio. No me hago jaris en mi cabeza, ni voy al teatro pensando “y ahora otra vez, otra función entregándome…”. No. Y muchos días no me apetece actuar nada. Lo que pasa es que lo que sí que es verdad es que como intento estar en un modo muy intensivo, en una temporalidad muy intensiva, que decían los griegos, del presente más absoluto, creo que eso es lo que luego genera la magia en el escenario. Que no escapo tampoco de la responsabilidad que tengo, a cada instante, de contar eso que tengo que contar.

¿Cómo vives todos estos premios que te están dando?

Con mucha más normalidad de lo que nadie pueda imaginarse. Mira, la verdad, lo más bonito que he vivido en estos meses en los que, efectivamente, me han dado bastantes premios, siempre es observar la alegría de mis seres más cercanos, de mis padres, por ejemplo, que además no se dedican para nada a esto y vengo de una familia bastante humilde, y que creo que tampoco se podían imaginar que llegara a pasar esto.

¿Tienes más hermanos?

No, soy hija única. Y además a mi madre siempre le dijeron cuando era muy jovencita que no iba a poder ser madre. Y luego llegué yo. Así que todo siempre en mi vida es con esa sensación de que todo es fruto de un milagro constante. Que a veces también te pone demasiada exigencia.

¿Te exiges tú mucho?

Muchísimo. Estoy intentando relajar todo esto. Pero yo muchísimo, sí.

Qué bueno que te hayas animado a producir también. ¿Desde dónde lo haces? ¿Es una necesidad de controlar más? ¿De hacer las cosas más como a uno le gustaría que fuesen?

En parte si Ifigenia se ha podido desarrollar como proyecto tengo mucho que agradecer a Antonio Castro Guijosa, que es la persona que lo dirige y el coproductor, porque mucha de la parte administrativa que a mí me parece tediosa la hace él, y yo me encargo de otras cosas, de la producción que tiene que ver con la gestión de las redes sociales, con qué teatro vamos a hacer la función, con encontrar la distribuidora, con todos los jefes de prensa… Pero sí es verdad que lo de producir tenía que ver con una intención de control sobre mi carrera y sobre mi vida. Para poder ir quitándome la sensación esta que tenemos casi todos los actores de que todos los demás controlan nuestro sino, todos menos nosotros, pero también hasta donde tú permitas, porque también nosotros tenemos un amplio margen de movimiento que generalmente no solemos desarrollar por miedo o porque nos llevan inyectando en la cabeza, a los actores y a todos, que no somos lo suficiente para poder hacer eso, que eso es demasiado grande… Lo que sea. Y hay que vencer esa resistencia, que al principio parece como el muro de Juego de Tronos, y luego cuando te metes es una vallita. No es para tanto.

Yo había salido muy escaldada de mi relación en Confesiones a Alá con el director. Me maltrató como intérprete y casi como elemento de la producción, puesto que eso era una cooperativa. Aunque luego en la práctica nunca lo fue, era cooperativa para lo que él quería y para lo que no, no. Entonces me vi, en profunda depresión no, pero me vi triste, desesperanzada con la profesión. No creía en nada, ni en nadie, ni en esto. Y fue ahí cuando dije: “No. Lo siguiente lo voy a montar yo. Y lo voy a producir, o coproducir, o lo que sea”. Para demostrarme que puedo hacerlo. Y que, además, no voy a permitir que nadie me vuelva a tratar así.

Hace poco leí una entrevista tuya en la que la entrevistadora te llamó intensa…

Luego resultó ser una entrevista muy divertida. Pero sí es verdad que la primera vez que lo dijo, cuando me lo dijo, en persona, es verdad que lo sentí como una agresión, en parte. Como me salgo de la norma, me salgo del canon, debería estar hablándote de Instagram, de… Que además es la única red social que mantengo para intentar entrar dentro del formato que se nos exige. Hoy justo me lo iba a quitar. He terminado mi práctica de yoga, y he dicho: “¡A la mierda, tía!”. Si ya te has demostrado a ti misma y al mundo que no trabajas por…

No es incompatible tener una red social con eso.

No, no, no lo es… Pero ayer, por ejemplo, mensaje privado de alguien que no conozco: “Tienes las tetas bastante grandes. ¿Tienes novio?”.

¿Qué dices?

Sí, todo es así. Entonces digo: esta mierda… Hay un punto en el que si yo no echo el ancla, ¿sabes?, esta locura en la que estamos de información desinformada… Si yo no echo el ancla, ese mare magnum te lleva, te arrastra, te lapida. Entonces para mí el ancla es la profundidad. Atarte bien a la tierra. Creo que la sociedad de la información rápida, el tener que catalogar de una manera inmediata a una persona… No me ha pasado solo en esa entrevista, me ha pasado en otras. Otra periodista me dijo: “Tengo que reconocerte que mirando tu Instagram para poder hacerte la entrevista jamás imaginé que fueras una persona tan profunda”.

Aquí la movida es que este lugar esté un poco más bonito cuando nos hayamos ido. Lo hilo a cuento de que al final todo el rato va de intentar encontrar darle un vestido, o un corsé, a cada persona que tenemos delante. El otro día me decía Elejalde: “María, tú tienes una cosa y es que jamás he oído a nadie hablar mal de ti”. Cosa que dudo, porque yo sí que tengo la sensación, pero como todo el mundo, de que hay gente a la que le gusto y gente a la que no. Pero me decía: “Lo que me han dicho mucho es ¿qué onda María?, ¿qué pasa con esta tía?”. Creo que es lo mejor que me han dicho desde hace un montón de tiempo. Que no saben dónde ubicarme. Pero porque yo no sé donde ubicarme, Bruno. Yo me levanto cada día, y un día me levanto más frívola, y otro día más romántica, y otro día más intensa… Pero no puedo alzar la bandera de prácticamente nada a día de hoy. Soy muy líquida. Y a la vez tengo claras cosas porque, si no, no puedes ni dar un pasito. Pero soy muy líquida. Y creo que está bien. Y en concreto para sobrevivir en nuestra profesión aun mejor. Ser muy líquido. Que no te capten. No dejarte atrapar por ninguna idea, por ningún catálogo, ningún titular.

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Sobre el autor

Bruno Lastra
Bruno Lastra. Actor de trayectoria internacional, músico, productor, humanista autodidacta. poeta Diplomado en Interpretación por el Laboratorio de William Layton, en Madrid, y post-grado en Interpretación Clásica por L.A.M.D.A. (London Academy of Music and Dramatic Art). Estudios en Grado de Estudios Ingleses y Filosofía, ambos por la U.N.E.D.

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