08.04.2014

María Sánchez, la intimidad hacia la revolución

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La artistas María Sánchez. ©Roberto Villalón.

La artista María Sánchez. ©Roberto Villalón.

La fotógrafa María Sánchez (Ávila, 1977) busca las distancias cortas. Por eso no hace una presentación pública de su fotolibro mieldeabeja, fruto de la exposición que se desarrolla en La Kursala, sino que lo enseña en persona, uno a uno, a quien esté interesado en él. En los tiempos en los que la intimidad se exhibe en las redes, ella reflexiona sobre lo revolucionario que resulta intimar frente a frente. Charlamos en su casa, al calor de un café, sobre timidez, fotografía y proporciones humanas.

El fotolibro que nos muestra María, de tapas blancas como las paredes de su casa, es el resultado de varios de sus trabajos en los que ella forma parte de la obra, bien como cordero esquilado, como mesa en el que unos comensales anónimos conversan y comen sushi o como elemento de un bodegón. 

¿Qué es ‘mieldeabeja’?

Como palabra, la oí por primera vez a un médico en Cuba. Me dijo que tomase mucha mieldeabeja, todo junto, y me hizo mucha gracia y desde entonces la repito en mi cabeza.

¿Y como proyecto fotográfico, qué significa?

Como proyecto es el resumen de mis pensamientos en imagen. O el resumen de mis preguntas, de mis preocupaciones.

¿Cuáles son?

En general, lo que me preocupa es la existencia. Pero es que dicho así… se me baja todo.

No te preocupes, yo lo edito si queda denso.

Bueno, mis preocupaciones son las pasiones, el amor, los factores humanos…

En realidad te estás haciendo las grandes preguntas de la vida. Pero tu respuesta no es filosófica o religiosa, sino artística. ¿Por qué?

Porque no tengo respuesta. Yo realizo una búsqueda. Investigo. Leo, miro, estoy atenta. Todo el mundo se hace las mismas preguntas, pero hay gente que ha explorado mucho más que yo, que se ha acercado tanto a las respuestas… Creo que puedo acercarme a ellas ligeramente con la fotografía, con mis acciones. Pero estoy en una búsqueda. Y es lo más jodido, porque estar en una búsqueda sabiendo que no vas a tener respuestas, es lo peor, o lo mejor.

¿Pero nunca obtienes respuestas?

No, tengo acercamientos, caminos que se abren a otros caminos, pero no respuestas concretas.

¿Qué papel juega la fotografía en todo esto?

Te estás dando cuenta de mi imposibilidad verbal.

Ja, ja, ja, para nada.

Creo que con las imágenes encuentro momentos que pueden aproximarse más a ideas en mi cabeza, más que frases concretas. La manera de plantearme preguntas es a través de lo fotográfico. Curiosamente yo soy irónica, pero no se ve en mi trabajo porque  mis temas tienen algo muy dramático. Y me cuesta muchísimo que la gente me entienda.

A mí me parece que tienes mucho sentido del humor. Estoy pensando en tus vídeos de facebook en los que depositas pelos en los pasajeros del metro para que viajen con ellos y vivan su propia vida. La vida sigue aunque nosotros no estemos. Creo que es una forma divertida de contar algo tan profundo.

Bueno, me interesa muchísimo la gente, y me interesa muchísimo hablar con la gente para que me cuenten cosas personales, para ponerme en relación con los demás. Creo que es la manera en la que voy aprendiendo. Es como leer mucho, como entrar en muchas historias. Y creo que tengo una capacidad de escuchar muy potente y de ponerme en el lugar de los demás y eso me hace estar muy cercana a los otros. También pensar o imaginar cosas de los demás. Lo que realmente me gustaría sería acompañar a gente y que me dejasen saber. Yo soy de La Horcajada, un pueblito de Ávila, y allí entras muy fácilmente en las casas de los demás. Cualquier excusa es buena, la gente entra y conoce la vida de los demás. Y según te vas conociendo, se va haciendo más grande esa curiosidad.

He leído que dices que ‘mieldeabeja’ no es un proyecto.

Yo doy clase de fotografía. Y en mis clases ayudo a que la gente concrete. A los alumnos les digo que busquen solo una idea. Cuando trabajan en una idea, elegir esa idea es lo más difícil, pero luego evita que se pierdan. Trabajan por proyectos: haces una investigación, la que más te interese, y esa investigación la cierras. Porque si tienes un campo muy abierto, no sabes por dónde empezar. Al principio yo trabajaba así porque con un proyecto cerrado es mucho más fácil saber hacia dónde vas. Hago un proyecto, lo titulo, lo acoto en unos márgenes. Pero si lo cierro y lo dejo ahí archivado no vale para nada. En cambio, ahora lo que yo me planteo sobre un proyecto es qué ha quedado por resolver. Por eso yo no creo que tenga proyectos cerrados.

El interés de Jesús Micó, el comisario de la exposición de La Kursala que da pie al fotolibro, era por uno de mis trabajos, Esperando un diluvio o algo parecido. Pero a mí me quedaba muy lejos, no tanto en el tiempo como conceptualmente, porque en ese trabajo hice un esfuerzo por acercarme lo máximo posible a imágenes muy estéticas y muy cuidadas visualmente. Tenía los enigmas fotográficos, las relaciones visuales, las metáforas…, pero mi desarrollo actual a nivel estético no es así. Cuando coloco un pelo, no me preocupa la estética de la imagen. Estoy en otra cosa. Pero esa metáfora es la misma cuando coloco un pintauñas rosa al lado de un pajarito.

Micó me propuso la exposición en junio. Por entonces yo ya estaba metida en acciones. Para mí, recuperar un trabajo solamente fotográfico era retroceder. Entonces le propuse enlazar varios de mis trabajos y buscar un lugar de encuentro. En la exposición, lo que he hecho es relacionar mis proyectos Sushi’, Esquila’,Bocetos’ y ‘Esperando un diluvio’. Así se establecen contradicciones en torno a metáforas visuales y aparecen imágenes planas, acciones y vídeo. El libro relaciona las tres cosas.

© María Sánchez

© María Sánchez

En tus acciones muestras la preocupación por el otro, pero para ello tú te conviertes en elemento central. En ‘Sushi’, te conviertes en una mesa donde se sirve la comida y te permite estar en las conversaciones íntimas de los demás, que son unos desconocidos.

Me coloco en el sitio más frágil y a la vez más poderoso. Ocurre cuando tienes capacidad de estar en el lugar del otro. Cuando haces eso, la fragilidad es extrema, pero a la vez tienes cierto poder sobre el otro, y te vuelves invisible, que es algo que me pasa con frecuencia.

Pero estás muy presente.

La situación es una metáfora o un límite. Cuando entras en un restaurante y hay una chica con la comida encima, se convierte en lo más importante y a la vez en lo más irrelevante. Tú vas a comer y ella no dice nada, no interviene.

Has repetido intervenciones similares en más ocasiones. Estar presente en un espectáculo, pasear en una exposición y dejar tus huellas… ¿Qué respuestas has obtenido o qué preguntas has abierto gracias a eso?

Si he obtenido alguna respuesta, no he sido consciente de ello. La pregunta más potente en la que estoy ahora es el lugar de la intimidad y la fragilidad. Cuando todo se vuelve masivo, en el arte, en las relaciones, parece que golpea con fuerza. Mi pregunta es si lo íntimo y lo pequeño puede llegar a impactar, si es más subversivo o reaccionario.

¿En qué se refleja ese interés?

Me doy cuenta de que voy tomando decisiones para con lo íntimo. De los 500 ejemplares de mieldeabeja, 425 son para La Kursala. Yo he invertido el dinero en hacer 75 e intervenirlos. Había hablado antes con gente que había expuesto en La Kursala, y todos me recomendaban que hiciera cosas expansivas. Y te recomiendan que, ya que inviertes dinero, hagas más ejemplares. Lo pensé y decidí hacer solo aquellos a los que me obligaba la sala. Hablas con la gente y todo este mundo va hacia lo expansivo y hacia la capacidad de llegar más, incluso a gente que no tiene ninguna relación contigo. Si hago 500 ejemplares, necesito un intermediario y ese intermediario nunca estará en relación conmigo, sino que va a hacer lo que él quiera en función de sus intereses. Yo he ido hacia lo íntimo, lo pequeño, hacia adentro. Hasta el punto de que no voy a hacer presentación del libro y voy a quedar con quien quiera y se lo explico directamente. Creo que la intimidad puede ser uno de los lugares más reaccionarios si cada uno de nosotros fuéramos hacia lo íntimo. No hacia el yo, ego, lo de los selfies, sino a lo cercano, lo tangible, lo que está a tu alrededor. Eso es lo más reaccionario que hay ahora.

¿Cuando dices reaccionario a qué te refieres?

Por reaccionario me refiero a la capacidad de mover algo, de reaccionar, porque ahora está todo como una balsa de aceite que igual explota, pero parece que se mantiene.

© María Sánchez

© María Sánchez

Pero curiosamente ahora vivimos la exposición de lo íntimo, desde los realities a las redes sociales donde contamos nuestras anécdotas vitales. ¿Tu visión es que lo íntimo tiene que ser reservado?

Lo íntimo tiene que ser reservado y seleccionado para que tenga una dimensión humana. La dimensión humana no es de esas dimensiones en las que ni siquiera eres consciente. Si no eres consciente, no es humano. Igual no me expreso bien, pero me parece que poder tener a alguien delante, hablar con él, tener sensaciones… eso es humano. Rafa Doctor editó el año pasado un libro y lo distribuyó él y te hacía una portada personal y tenía un momento contigo. Eso es para mí lo racional.

¿Utilizas el arte, la fotografía, como una excusa para hacer aquello que no te atreves?

En las ciudades, llamas a la casa de la vecina y lo primero que hay es un susto cuando suena el timbre, y si le pides algo a la vecina, nunca pasas de la puerta. Hay un trabajo de Nuria Carrasco, que me encanta, donde ella toca en casas de extraños y sin decir nada los graba en vídeo. La situación se vuelve irónica, violenta… El límite de la puerta es brutal. Esos límites son los que a mí me interesan, cuando conoces a alguien, cuando vas al súper, cuando estás en el metro… Siempre le puedes preguntar a un desconocido algo personal, pero nadie se atreve. Y a mí me apetece. Me encantaría sentarme en el metro y preguntarle a alguien: ¿tiene usted hijos? o ¿qué ha comido hoy? Pero, ¿cómo lo cuentas fotográficamente? Yo voy por ahí. Y a la vez, yo me expongo totalmente en mi fragilidad. Por eso me dicen que no soy tímida. Pero soy supertímida. Pero como lo que hago es más poderoso que yo, al final acabo haciéndolo.

¿Entonces la fotografía sí te sirve de coartada para vencer tu timidez?

No lo sé. Creo que es más como un sentimiento de curiosidad, que puede más que los límites de la timidez.

¿Y a la hora de plasmar estas inquietudes fotográficamente, cómo te lo planteas?

Durante un tiempo, la apariencia estética y la belleza me atrapaban mucho, pero ahora cada vez menos. Me interesa mucho más acercarme a la idea que la apariencia final de la foto, que casi no me interesa. De hecho casi solo hago fotos y vídeos con el móvil o con una compacta. Es que en la fotografía la técnica es tan poderosa, que si caes ahí puede ser un laberinto sin fin. Haberme desligado de lo estético me ha dado mucha libertad. Durante mucho tiempo he trabajado en un laboratorio fotográfico que dirigía Javier Valhonrat. Entras en el bucle de lo técnico, de la perfección formal… Eso a mí me dio muchas tablas, tengo muchas armas para diferenciar técnicamente lo que puede estar bien y lo que puede estar mal, pero también me ató a una concepción formal que he tardado mucho en quitarme.

¿Cómo te sitúas dentro de la fotografía?

Con mucha libertad. Con la libertad de hacer lo que me apetece. No tengo ninguna barrera. Solo tengo las barreras que me marca mi propia timidez.

Aunque dices que te has liberado de la parte estética de la fotografía, muchas de tus acciones, de tus fotos, tienen un valor estético, como por ejemplo ‘Cenefa’‘Interiorismo’.

Igual he llegado a un punto en el que, aunque me he desligado, sigo llevando muy dentro lo estético. Saber colocarme, saber posicionar, lo tengo fijado.

¿Venir del mundo de Bellas Artes te ha influido en tu visión de la fotografía?

Yo hice pintura, y me fui de Erasmus. Y me planteé que si producía cuadros gigantes no iba a poder traerlos. Por eso empecé a hacer vídeo y alguna foto.Luego llegué a Madrid y encontré trabajo en el laboratorio fotográfico. Esa ha sido mi gran influencia. Sobre todo para concretar cuáles eran mis estrategias para contar mis preocupaciones. Me ayudó estar rodeada de fotógrafos. Pero yo nunca me he considerado fotógrafa. Cuando los oía hablar, veía que nunca había estado en el lugar del fotógrafo.

¿Eso qué significa?

Pues en las preocupaciones por el momento decisivo, la luz, acercarte al retratado… en todo eso, yo nunca me encontraba. Pero lo he intentado, de verdad que lo he intentado en serio. Mis trabajos actuales están en el límite de lo fotográfico, pero mis primeros trabajos eran muy fotográficos. Tuve una serie sobre tiendas de campaña cerradas en la que me ceñí al proyecto. Y hacía solamente eso, tiendas de campaña cerradas, porque la gente en los cámping guarda todos sus utensilios en el interior de la tienda. Esa preocupación me tuvo muy obsesionada durante mucho tiempo. Era muy fotográfica.

¿En qué momento te liberas y decides que tu manera de contar es otra?

Fue una evolución. Mi situación personal, tras separarme de mi pareja, me ha llevado a una vida similar a cuando era universitaria, en la que está todo por hacer y hay que empezar otra vez de cero. Yo he hecho ilustración, grabado, foto, escultura, he pintado… y de repente en mi vida solo hacía fotos, pero además fotos con las que no me identificaba. Hasta que hace dos años me dieron una beca en EFTI, hice el máster, me compuse otra vez y busqué hacia dónde ir.

© María Sánchez

© María Sánchez

¿Qué destacarías de la época del máster?

A mí me gusta la mezcla de diferentes profesores, recuerdo con entusiasmo las clases de Ciuco, y poder acceder a gente que está dentro del circuito haciendo cosas, como Santi OlmoJavier Duero… BeatrizAmaya… Otra vez volvía a estar con el pulso de lo que se está haciendo, porque yo estaba obsesionadísima con la técnica.

¿Cómo ves el mundo de la fotografía en España?

Creo que se han conseguido muchos éxitos en la fotografía española gracias al fotolibro. Se ha luchado mucho y gente como Juan ValbuenaGonzalo GolpeJaime Narváez… y muchos otros han hecho mucho. O La Kursala, estar allí es un privilegio. Pero la historia de la fotografía en España es de locos. En la dictadura estaba justificado que solo hubiera el núcleo de Almería. Pero después… no hay nada organizado. Luego surge Blankpaper con el fotolibro y Micó con La Kursala que han logrado situarnos, pero ha pasado poco más.

Pero el fotolibro no es la solución para todo tipo de fotografía.

No, pero es la solución para llegar a más gente con poco dinero. Producirte una exposición para mucha gente es inviable. Y si es una exposición en Cádiz, ¿quién va a verla?

¿Y dónde están las chicas en fotografía?

Cuando trabajaba en el laboratorio fotográfico me di cuenta de que todos eran hombres y altos. Y me decía: ¿qué voy a hacer yo, si soy bajita y chica? Hay un lastre, hay muchos más fotógrafos que fotógrafas.

¿A qué se debe?

A la colocación que la historia ha hecho, y también el mercado. Pero creo que cada vez se da menos. Soy bastante optimista

¿Crees que os interesan diferentes cosas?

Sí, creo que hay otros intereses. Creo que la posibilidad de la maternidad y otras implicaciones biológicas hacen que los intereses sean diferentes. No sé si hay otra forma de contarlo.

De hecho, la intimidad se suele atribuir al lado femenino.

Es cierto. Pero no quiero que se me encasille: intimidad, fotografía, chica…, se nos corta por el mismo patrón.

¿Aunque tocas la intimidad, no aparece el sexo?

El sexo como tema no me interesa. Me interesa el deseo. Me preocupa el amor, el deseo…, pero no el sexo. Yo creo que en mi obra aparece el deseo.

Respecto a la situación política, ¿cuál es tu posición como artista? ¿O tu obra va al margen?

Todo acto es político y soy tan política, tan reaccionaria o tan revolucionaria como otra gente con un trabajo a priori más explícito. Con lo que hago me sitúo en el mundo y tengo una opinión propia. Que mis opiniones estén más veladas no significa que no sea muy política. Mucha gente me dice que no hacer una presentación es una decisión personal, y todo lo personal es político. Yo estoy defendiendo con mis armas una posición.

¿Pagas algún peaje?

Económicamente mi situación es catastrófica, pero artísticamente estoy donde me apetece. Y tengo que hacer más cosas para vivir, tengo que hacer piruetas.

Además, eres la creadora de El Fantástico Hombre número F que sirve de encuentro a nuevos fotógrafos. ¿Cómo surge esa iniciativa?

Cuando yo estaba buscando una evolución, empecé a compartir estudio en Mediodia Chica. Tenía un espacio muy grande y se me ocurrió relacionar a gente para hablar sobre fotografía. Y la primera edición seleccionamos diez trabajos. Funcionó muy bien. Conocí en los visionados a Hernesto  Conhache y juntos organizamos nuevas convocatorias. Por ahí han pasado Juan SantosEva SalaRafa DoctorYolanda DomínguezJosé Otero, Gonzalo Golpe… Se han convertido en un encuentro fotográfico que se espera cada año. Con El Fantástico, lo que esperamos es llevar un ritmo aleatorio, no tenemos sede fija, es gratuito y tratamos de pasarlo bien. Lo bueno es que se junta gente de todo tipo de escuelas, ciudades… ¡Es genial! Yo me tiro al abismo con facilidad. La lucha está en la capacidad de hacer cosas con lo que tenemos a mano. Ya estamos preparando la próxima edición. También queremos cambiar la web, que es un gran escaparate. Pero es que para todo necesitas tiempo. Estamos intentando conseguir alguna ayuda. Pero en el momento en que entras en un espacio gestionado como El Matadero, imponen sus normas y todo se institucionaliza.

© María Sánchez

© María Sánchez

¿Cuáles son tus artistas de referencia?

Me encanta Sophie Calle. Me interesa Francis AlÿsErwin WurnFina Miralles… Me interesa mucha gente muy diferente. Me interesa la fotografía en el punto en el que se relaciona la performance, la acción y la fotografía. La foto de Ana Mendieta

Y me relaciono también con el trabajo de gente como Richard Lond

¿Y qué artista emergente te interesa?

No los calificaría de emergentes, más bien son de mi generación, pero me interesa Pablo Serret de EnaFlorencia Rojas, Arantxa BoyeroIñaki DomingoDavid Crespo

¿Hacia dónde van tus próximos pasos?

Sigo con mi trabajo de los pelos y sigo explorando con las performances.

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Sobre el autor

Un comentario

  • El 09.04.2014 , Olga ha comentado:

    ¿Es eso un pelícano blanco? ¿O una garza?
    Me encanta su foto de ave pensativa mirando por la ventana.

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