Marta Sanz y Sonia Fides: fascinación por Catherine Deneuve

Marta Sanz y Sonia Fides: fascinación por Catherine Deneuve y Amparo Muñoz

Las escritoras Marta Sanz, a la izquierda, y Sonia Fides.

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‘El Asombrario’ organiza un encuentro entre las escritoras Marta Sanz, que sacó recientemente la novela ‘Pequeñas mujeres rojas’, y Sonia Fides, que nos presenta aquí su segunda novela, ‘Los tigres no pueden esperar eternamente’. Hablan de su fascinación por las palabras, por la memoria histórica y por actrices como Catherine Deneuve –co-protagonista de la novela de Sonia–, Amparo Muñoz, Ava Gardner y Katherine Hepburn.

Rafa Ruiz: Es ya casi obligado preguntarlo. Marta, Sonia, ¿cómo estáis de ánimo y salud? Porque tú, Marta, en tu libro ‘Clavícula’, publicado en 2017, ya hablabas del dolor físico, social y anímico que produce vivir en la incertidumbre, y ahora hemos llegado a la incertidumbre plena.

Marta Sanz: Yo te diría que anímicamente estoy mejor que cuando escribí Clavícula. Puede sonar un poco egoísta, pero como la salida de mi último libro, Pequeñas mujeres rojas, se produjo justo unos días antes del confinamiento por esta horrible pandemia, en esas condiciones ultraadversas, yo lo que hice fue poner toda la carne en el asador. Decidí que me tenía que mantener mentalmente activa, abrí cuenta en Instagram y empecé a escribir un post cada día, que para mí ha sido como un diario de pandemia, ha sido una salida, una salida para poder comunicarte con la gente, para que tu libro no se muera, para hacer memoria y utilizar la literatura, como hice en Clavícula, como una herramienta de conocimiento y, al mismo tiempo, como una herramienta paliativa. Así que, para lo que yo soy, te puedo decir que no estoy mal, que podría estar mucho peor. También es cierto que en estas circunstancias yo lo que tenía muy presente ha sido a mis padres; el bienestar de mis padres ha sido algo absolutamente prioritario, así que dejé de escuchar mi propio cuerpo para escuchar los cuerpos de los demás.

Rafa: Algo parecido te ha pasado a ti, Sonia, que has tenido que estar muy pendiente del cuidado de tu madre, ¿no?

Sonia Fides: Totalmente. Además yo he pasado la covid, me aplastó de una manera brutal, aunque, gracias a dios, no sufrí ninguna insuficiencia respiratoria. Llegué a los 39,9 de fiebre. Perdí 11 kilos. Un horror. Es complicado. Mi madre es de mucho riesgo y estamos muy juntas… Ha sido duro, porque ha tenido roturas de vértebras y ha sido complicado, con el inconveniente de la saturación de los hospitales, aplazamientos de las operaciones… Pero, bueno, aquí estamos.

Rafa: Hemos concretado y puesto en valor la conjugación del verbo cuidar…

Marta: Creo que lo poco que podemos aprender de esta pandemia tiene que ver con los cuidados. Porque antes se hablaba de ellos en plan abstracto, se nos llenaba la boca hablando de los cuidados, pero ahora se han concretado para hacerlos absolutamente fundamentales, tanto desde el punto de vista íntimo y personal, del ámbito familiar, como desde el punto de vista público y estatal. Ahí está lo que está pasando en Madrid por el deterioro de la sanidad pública al que la ha sometido el PP durante décadas y décadas y la desatención a los cuidados en nombre de una política neoliberal que nos tiene como nos tiene. Esto es consecuencia de muchísimos, muchísimos años de desatención de lo que es de todos. Yo creo que con la pandemia sí nos hemos dado cuenta de la joya que teníamos, la sanidad pública, de cómo la han deteriorado y de lo imprescindible que es.

Sonia: Hasta en mi barrio, un barrio obrero, Vallecas, el neoliberalismo del PP ha traído su burbuja inmobiliaria y el hacinamiento de personas inmigrantes. Yo conozco pisos en los que viven 14 personas.

Rafa: Tú, Marta, además, estás muy sensibilizada con las injusticias sociales con ‘Pequeñas mujeres rojas’.

Marta: Yo llevo muchos años escribiendo novelas que, de una manera u otra, hablan de las cosas que me duelen, desde diversas perspectivas. Desde que en 2003 escribí Animales domésticos, una novela que hablaba de la precarización de las clases medias y cómo se iba agrandando la brecha de la desigualdad, he estado muy sensibilizada con todo esto. En Pequeñas mujeres rojas hay dos asuntos relacionados con la violencia sistémica que a mí me preocupan especialmente: uno es cómo se malversa la memoria de los vencidos y vencidas en la Guerra civil y otro, los modos de representación de la violencia contra el cuerpo de las mujeres que consiguen que esa violencia se normalice, y se usan los eufemismos, el morbo, estrategias de seducción, y eso lleva a que lo normalicemos y a que incluso las mujeres terminemos incorporando en el territorio de nuestros deseos esas formas de violencia física y erótica.

Ese es el detonante de Pequeñas mujeres rojas, que no es una novela histórica, ni negra ni de terror, pero a la vez lo es todo junto y mezclado. Y que coincide con el apogeo de Vox y el miedo de que ese discurso cale precisamente en las clases más desfavorecidas, que de alguna manera entienden el discurso de Vox como un discurso antisistema, olvidando la historia y malversando la historia.

Nos están robando la historia, nos están robando las palabras. Como si no hubiera habido represión franquista. Ya no es que en Pequeñas mujeres rojas se hable de las fosas y las cunetas, y el derecho de las familias a recuperar los restos de las personas a las que han querido, no por venganza, sino por justicia y reparación; es que ese pasado reverbera continuamente en nuestro presente, estigmatizando a los más débiles, y, sin embargo, haciéndoles creer que hablas por su boca, estigmatizando lo que ellos llaman ideología de las mujeres, criminalizando a las mujeres, llamándonos “lesbo-terroristas” a las personas que mantenemos un discurso feminista en la esfera pública.

Por cierto, Sonia hizo una lectura preciosa y ultra poética en su reseña en El Asombrario. De esa reseña me gustó mucho, y eso se lo quiero decir, que sintonizó muy bien con el estilo poético del libro. Un libro que es político y poético, porque en los tiempos de las prisas propone un discurso para hacer un esfuerzo para desarrollar la conciencia crítica, vincular el presente con el pasado, no entender el pasado como un lugar exótico, juntar las voces para construir una conciencia colectiva. Y Sonia lo leyó de maravilla… y lo enunció de maravilla.

Sonia: Es que ese libro es un regalo enorme, es un libro muy duro, pero encierra tanto lirismo… Esa gente hace involucionar a las generaciones nuevas, porque ellos no evolucionan. Debería ser una lectura obligatoria para todas las nuevas generaciones, las que tienen que aprender a no repetir. Debería ser su catecismo. Debería estar en los colegios. Te lo digo yo que tuve un novio falangista, muy guapo, era como Alain Delon, pero muy falangista… Y yo veo ahora a muchos jóvenes que tienen la misma falta que tenía Mauro entonces, tan arrogantes, tan gallitos… Yo pienso: ¿para qué hemos vivido todo lo que hemos vivido?, para que al final… Tu novela tiene un lirismo que habilita un futuro siendo muy consciente del pasado. Y ese es su gran valor.

Marta: Se trata también de no clausurar la idea de utopía, de recuperar la confianza en la palabra y en la cultura. Y yo creo que eso está en los libros de las dos. Porque en la novela de Sonia hay algo con lo que yo empatizo mucho. Ella habla de una mujer que escribe. Y en Pequeñas mujeres rojas también hay una mujer que escribe. En ese punto, los dos libros se encuentran, y se encuentran en esa mirada optimista sobre lo que podemos hacer con las palabras.

Rafa: Esa poética la encuentro en ‘Los tigres no pueden esperar eternamente’, que, como en la primera novela de Sonia, y es algo que a mí me atrapa, destaca lo sinuoso del ritmo, cómo discurre la trama deteniéndose en los detalles, los recovecos, los gestos y movimientos de la protagonista.

Marta: Y lo retorcida que es; lo bien que juega con los espejos, cómo unos discursos rebotan en otros discursos, cómo es capaz de contar una historia a través de otra historia absolutamente imprevisible, cómo maneja las claves cinéfilas. Ahí está su adoración por Catherine Deneuve. Esa frialdad y antipatía de la Deneuve, que al mismo tiempo resulta tan fascinante como modelo de mujer fuerte. Cada vez que quedan Odile y Deneuve estoy viendo ya cómo se rodaría, incluso veo dónde se pondría la cámara para captarlo todo.

Rafa: Esos encuentros entre mujeres son además auténticas partidas de ajedrez, de confrontación de estrategias.

Sonia: La novela nace a raíz de la muerte del campeón del mundo de ajedrez Bobby Fischer y de una de sus partidas memorables en la que una jugada era calificada como la de un tigre que no puede esperar eternamente en el acecho a una tortuga.

Rafa: Marta, tú que tienes una docena de libros de ficción, ¿qué le dirías a Sonia ante su segunda novela y lo que significa una carrera literaria? 

Marta: Sonia es una lectora compulsiva y reflexiva, una lectora tremendamente experimentada, con lo cual yo creo que tiene recorrido más del 50% del camino. Además, yo no soy muy de dar consejos, pero yo lo único que le diría es que persista, y que persista encontrando un punto de equilibrio, a veces tan dificilísimo, entre la fidelidad y confianza en tu propio proyecto y las voces que te irán llegando de fuera. Algunas de esas voces serán críticas constructivas y de ellas puedes aprender mucho, no puedes ser impermeable a ellas; otras serán sencillamente malignas, y te van a hacer daño, pero tienes que intentar de alguna manera evacuarlas de tu metabolismo lo antes posible. Encontrar ese punto perfecto entre la vanidad, la ambición y la soberbia que debe tener un proyecto literario, y la capacidad de escuchar a quienes tienen cosas interesantes que decirte es fundamental.

Rafa: ¿Tú lo has encontrado?

Marta: Yo me coloco ahí todos los días, y hay veces en que encuentro el lugar, y veces en que me cuesta más trabajo.

Rafa: Tú, Sonia, de tu primera novela, ‘La inequívoca fragilidad de los mosquitos’, ¿que ‘feedback’ tuviste?, ¿algo que te destruyó?

Sonia: La verdad es que no, aunque la gente que no me conoce cree que soy arrogante y engreída.

Rafa: Un poquito sí, ¿no? (Risas) ¿O es timidez?

Sonia: Soy hipertímida. Me muero por todo. Me da todo mucho pudor. Por eso mis personajes, que se parecen un poco a mí, bueno, a lo que yo proyecto de mí, son arrogantes. Pero lo que sí me gusta mucho es escuchar, y soy muy agradecida. Si a mí Marta, que me parece un coloso literario, con la que yo estaba muy perdida durante muchos años, hasta que me reencontré con su universo literario, si ella me dice que quite algo, yo lo quito sin ningún reparo. Sin ningún problema. Hay gente que sabe más que tú, y debes hacerles caso.

Marta: Me parece una barbaridad que alguien pueda pensar que tú eres arrogante… La escritura es para mí un aprendizaje constante. Yo llevo una docena de libros de ficción y como lectora me siguen gustando los libros que me hacen sentir insegura. Como esta novela de Sonia, que te hace sentir insegura porque te lleva a formularte preguntas, que no es lo que esperas, porque te coloca en disparaderos estilísticos y de estructura para que tú, como lector o lectora, vayas recogiendo el hilo. Los libros que me gustan son los libros que me sacan de mis casillas. Los libros en los que no sé qué va a pasar en cinco minutos, los que no sé encajar en un género concreto, los libros que me colocan en un sitio en el que yo no había pensado.

Además, de Los tigres no pueden esperar eternamente, me gusta cómo trabaja Sonia con las referencias culturales, algo que no es solo una voluta dórico-jónica; las referencias culturales está ahí por algo. Catherine Deneuve está ahí por algo. No nos serviría que fuera Isabelle Adjani. No.

Sonia: Ni siquiera nos serviría Isabelle Huppert, que es muy hermética también. No. Tiene que ser ella.

Rafa: Tú, Marta, ¿también tienes algún mito como tiene Sonia con Catherine Deneuve?

Marta: Ay, yo soy muy mitómana. Toda la librería de mi casa está llena de fotos de actrices que me va enviando el escritor Óscar Esquivias, que un día me contó que Manuel Puig, autor de El beso de la mujer araña, decía que nuestro horóscopo no es cáncer, libra, leo, escorpio o tauro, sino que somos del signo de la actriz que ha ganado el óscar el año de nuestro nacimiento.

Rafa: Anda, ¿bajo qué estrella estás?

Marta: Yo estoy bajo la estrella de Katherine Hepburn, aquí donde me ves.

Sonia: Toma ya.

Marta: A partir de ahí, Óscar empezó a enviarme postales, y tengo toda la librería llena de Katherine Hepburn, de Catherine Deneuve, Joan Collins, Joan Crawford, Elizabeth Taylor…

Rafa: ¿Ninguna española? 

Marta: ¡Sí! Tengo a Sara Montiel… Incluso a Amparo Muñoz. Yo de pequeña quería ser Amparo Muñoz.

Sonia: Y yo quería ser Ava Gardner.

Marta: Qué lista…

Sonia: Y le decía a mi madre que quería beber Martini, porque Ava Gardner tenía los ojos así porque bebía mucho Martini. Luego ya me di cuenta de que no me iban a cambiar los ojos y me iba a destrozar el hígado. Pero estaba obsesionada con ser Ava Gardner, la Ava Gardner de Mogambo. Mi madre era Grace Kelly, pura elegancia.

Rafa: Ya sé entonces de dónde viene tu arrogancia… (Risas)… Sonia, ¿y eso de que todos tus personajes en la primera y segunda novela sean mujeres?

Sonia: Salen los que tienen que salir. Espera a la próxima.

Rafa: Podría pensarse que no sabes o no te interesa construir personajes masculinos…

Marta: Yo aquí me voy a poner maligna contigo, Rafa. Son prejuicios. Tú eso no se lo dirías a un hombre. Tú no le dirías a un autor, por ejemplo, de una película bélica: ¿por qué todos tus personajes son masculinos?

Rafa: También veo ahí prejuicios en aventurar lo que yo le preguntaría o no a un hombre… Anda que no le han cuestionado esto mismo a Almodóvar, por ejemplo, sobre su poca capacidad para construir personajes masculinos interesantes…

Sonia: Espera, Rafa, a mi siguiente novela. Martín te va a encantar. La verdad es que los hombres de mi vida han sido muy sositos; muy guapos, pero no valían para nada. Quitando a mi abuelo, que era un coloso, los demás hombres que me han rodeado han sido para no contarlos. La presencia que han tenido las mujeres en mi vida no la va a tener nunca ningún hombre. Yo no he admirado nunca a un actor como admiro a una actriz. Ahí está mi columna de El Asombrario, Espejos y Espejismos, sobre mujeres a las que admiro, desde Elvira Mínguez a Nathalie Poza y Pepa Flores. Y, claro, Catherine Deneuve, que para mí es perfecta. Y los personajes masculinos que ha tenido alrededor han sido botarates, porque a Mastroianni le tiró las maletas por la ventana de su casa y le dijo: aquí no vuelvas más.

Rafa: Sonia, en la página 25 de tu novela has incluido la frase de Coetzee: “Cree en ti mismo y tu oponente te respetará”. Ahí yo veo condensada una sensación: la búsqueda de la verdad sobre una misma como esencia de tu novela. Sin embargo, tanto la protagonista, Odile, como el personaje que inventa, ese policía a punto de retirarse, están llenos de dudas sobre sí mismos, y muy pendientes del azar y de las casualidades. Veo una contradicción entre ese intentar la afirmación en uno mismo, y que, a la vez, dependan tanto del azar, que les maniates su independencia para decidir sobre su futuro.

Sonia: Es que, como los hombres en la literatura, la verdad está sobrevalorada. La verdad no es redonda y unívoca. La verdad se construye sobre la confluencia de pequeñas verdades y pequeñas mentiras en nuestra vida. La verdad no es algo absoluto y construido de forma perfecta.

Rafa: Dudan mucho, y la arrogancia quizá sirva para ocultar esas dudas. Y la obsesión por la elegancia. Dice la protagonista que detesta la vulgaridad. Y yo ahí veo a Sonia…

Sonia: Yo me arropo con eso. Pero lo que valoro sobre todo es la elegancia emocional, algo que Marta sin duda tiene.

Marta: Esos valores de Sonia sobre la elegancia y el equilibrio se reflejan en su manera de escribir, no solo desde el punto de vista temático, sino en la manera de estructurar la novela, de organizar las escenas de la novela, en la manera que ella tiene de marcar los equilibrios y las relaciones de poder y fuerza entre los personajes; todo eso se proyecta en su libro. Los escritores y escritoras tenemos la posibilidad de provocar inquietud y suscitar preguntas en quien nos está leyendo, no solo por la trama, sino por cómo está escrito un libro, en la manera en que manejamos nuestros recursos retóricos, nuestro lenguaje, nuestras palabras.

Rafa: Tú, Marta, tienes tres novelas negras con el inspector Arturo Zarco de protagonista, ¿qué piensas de la parte negra de la novela de Sonia?

Marta: Yo creo que es donde ella da el do de pecho estilístico; en la parte del policía me parece que construye magníficamente la atmósfera y el personaje, y la…, cómo diría…, la decadencia, ese tono melancólico…

Rafa: Consigue construir un personaje complejo y desmesurado en muy pocas páginas.

Marta: Y cómo sabe utilizar voces y narradores diferentes… Eso tiene mucho que ver con el conocimiento del oficio de escribir. Sonia tiene dos novelas, pero lo conoce bien, y ella con su arrogancia, sus cosas, su manera de ver el mundo, sabe impostar distintas voces. Porque la literatura también es un arte de ventriloquía, y eso ella lo tiene más que de sobra.

Rafa: Construir esos personajes con tantas dudas y tan solos…

Sonia: La gente no sabe estar sola. Carmen Martín Gaite lo decía: hay que habitar la soledad… Es que la soledad no está tan mal. Te hace crecer un montón. Yo, que siempre he sido muy solitaria, creo que de la soledad salen grandes cosas.

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Comentarios

  • Virginia Carelli

    Por Virginia Carelli, el 05 octubre 2020

    Interesante encuentro.
    Nos ha enriquecido .

    Qué pena que no lo hayan grabado!!!!
    Queríamos escucharlos en este provocativo intercambio!

  • luci

    Por luci, el 14 octubre 2020

    Sonia arrogante? BAstaba q confiases para q reapareciera tu timida timidez…. Bastaba con mirarte a los ojos. sigo recordandote y leyendoté.

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