Más de dos millones de puntos para retratar a un don nadie

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ESTA ES LA HISTORIA DE UN ARTISTA DE MIAMI CONMOVIDO POR EL CASO DE UN HOMBRE SIN NOMBRE NI MEMORIA NI IDENTIDAD, HALLADO EN UN CALLEJÓN. UN ARTISTA QUE DECIDIÓ, TRAS VER UN DOCUMENTAL SOBRE SU CASO, HACERLE UN RETRATO CON MÁS DE DOS MILLONES DE PUNTOS DE ROTRING. LA HISTORIA DE UN PINTOR Y UN FANTASMA. 

Se despertó como si acabara de nacer. Eran las seis de la mañana. Lo primero que vio fueron los contenedores de basura. Estaba tirado en el callejón trasero de un restaurante Burger King, encerrado entre las tres paredes del cubículo destinado a tirar la basura a diario. Una zona visible solo desde una esquina del aparcamiento. No recordaba nada. Supo que estaba desnudo por el roce de la piel contra la rugosidad del pavimento: un 24 de agosto de 2004 en Richmond Hill (Georgia) el sol puede pegar muy duro. Muchos clientes, con la frialdad de quien reconoce a un sin hogar más, no quisieron darse cuenta de que estaba allí tirado. Pasaron horas hasta que alguien se decidió a actuar.

La policía llegó al establecimiento situado entre la interestatal 95 y la Autopista 17 y pese a una búsqueda concienzuda, no encontraron nada en el lugar ni en los alrededores. Ninguna prenda, ni cartera, ningún documento, tampoco armas con las que alguien hubiera podido atacar a aquel hombre. Nada que hiciera comprender qué le podía haber pasado y lo que era más importante, nada que pudiera identificar a aquella persona quemada por el sol que aparentaba tener entre 55 y 60 años.

Allí, por no haber, no había ni memoria. No recordaba cómo había llegado hasta aquel sucio callejón, qué le había ocurrido, cuánto tiempo llevaba allí tirado. No recordaba ni su nombre. En ocho años sólo logró que volvieran a su memoria vagos recuerdos, como un día en el que paseaba alrededor del restaurante Top of the rockies y desde el que podía ver entre otros los tejados del teatro de Denver. Poco más. La ausencia de pasado fue tan persistente que decidió bautizarse a sí mismo con el nombre de Benjaman Kyle (utilizando las dos iniciales de Burger King) y comenzó una lucha desesperada por recuperarse a sí mismo. Apareció en programas de televisión, se realizó una campaña en Internet para intentar que alguien lo reconociera. Nada. Ni una pista. Ni siquiera aparecían sus huellas dactilares en los registros de la policía. Era definitivamente un fantasma. Tanto que él mismo acudió a inscribirse en el registro de personas desaparecidas. Una paradoja trágica y terrible. Benjaman no puede encontrar trabajo, pues carece de número de la seguridad social, lo que le impide también refugiarse en albergues públicos. Ha vivido, desde que despertó en la trasera de restaurante de hamburguesas, de la solidaridad de personas conmovidas por su caso.

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El año pasado, los festivales de cine de Tribeca y Cannes proyectaron un documental sobre la increíble historia de Kyle. Un intento más de ayudar a un hombre solo con futuro y vivo sin identidad. El artista Miguel Endara vio aquella cinta y decidió hacer algo. El Asombrario & Co. decidió ponerse en contacto con el pintor que ayudó a reconstruir para esta revista lo sucedido a Benjaman Kyle. «Este es un retrato de un hombre que se bautizó a sí mismo. Que fue atacado y abandonado inconsciente hace ocho años. Contacté con el director del documental en el Festival de Tribeca. Decidí viajar hasta el lugar en el que se encontraba y proponerle un proyecto que pudiera amplificar su caso en medios de comunicación y dentro de la comunidad del arte y los artistas. Quería poner mi granito de arena para devolver toda la atención posible a su caso», cuenta Endara.

Una iniciativa que llegaba en un momento importante pues el gobierno de los Estados Unidos había tirado la toalla y decidió desentenderse de aquella persona a la que nadie reclamaba. Todavía continúa en marcha una campaña para pedirle a la Casa Blanca que haga una excepción con él y le otorgue un carné. Una identidad para que pueda rehacer su vida.

¿Qué es lo que más te emocionó de él? le preguntamos a Endara. «Que todavía no sepa cuál es su nombre real después de ocho años», contesta el artista, que invirtió 138 horas de trabajo para realizar el retrato de Kyle.

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