25.02.2016

“Masturbación con asfixia, sólo si hace avanzar la trama”

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Michelle Jenner y Hugo Silva en 'Tenemos que hablar". Foto: Julio Vergne.

Michelle Jenner y Hugo Silva en ‘Tenemos que hablar’. Foto: Julio Vergne.

Entrevistamos a dos guionistas de reconocida solvencia: David Serrano (‘El otro lado de la cama’, ‘Más de cien mentiras’, ‘Hoy no me puedo levantar’) y Diego San José (‘Ocho apellidos vascos’, ‘Ocho apellidos catalanes’, ‘Pagafantas’). Juntos firman uno de los estrenos cinematográficos de esta semana, la comedia ‘Tenemos que hablar’, sobre las consecuencias de la crisis en las relaciones de pareja y de familia; protagonizada por Michelle Jenner -el personaje femenino es el eje de todos los malentendidos- y dirigida por el propio David. Escucharles contestar a dúo, hablar de comedias clásicas, de desnudos en el cine y de la masturbación con asfixia de Hugo Silva, no tiene precio.

¿Es la primera vez que trabajáis juntos en cine?

Diego: Es la primera vez que estrenamos algo que firmamos juntos, pero llevamos cinco años trabajando juntos; en 2010 comenzamos a plantearnos juntos una comedia, pero luego, entre medias, fueron surgiendo diferentes proyectos. Pero sí, éste es el primero que se estrena con la firma de los dos. Está también El pregón, una película protagonizada por Andreu Buenafuente y Berto Romero que surgió también en esa búsqueda de esos cinco años [El pregón tiene previsto su estreno para mediados de marzo].

David, llevabas seis años sin hacer cine, desde ‘Una hora más en Canarias’…

David: Cuando terminé en 2009 el rodaje de Una hora más en Canarias, ya quedé con Diego ese otoño en hacer algo juntos; entre medias, surgió el musical de Sabina, Más de Cien Mentiras, que se estrenó en otoño de 2011, y al que ya sumé a Diego al libreto. Luego me fui unos meses a dirigir una adaptación de este musical en Argentina. Y luego he hecho mucho teatro… He dirigido cuatro obras en este tiempo, y también he producido. Desde que empecé en cine, ya lo compatibilizaba con el teatro, trabajando con Andrés Lima. Dirigí, por ejemplo, la sala pequeña del Teatro Alcalá, pero fue un fracaso estrepitoso lo primero y lo último que estrenamos, Copito de Nieve, de Animalario, una obra de Mayorga; vendimos 1.300 entradas y tuvimos 1.400 invitaciones. En la liquidación final, se perdió un dineral, y la obra era maravillosa.

Diego: Parece que hacemos muchas cosas a la vez, parece que tenemos un ánimo de contar muchas historias, pero nada más lejos de la realidad; lo que realmente ocurre es que nadie te paga lo suficiente por tener solo un proyecto, que sería lo ideal, o dos. Así que acabas haciendo muchas cosas no porque tengas mil historias en la cabeza que necesites contar; no, no, no es tan romántico, es más una cuestión de supervivencia.

Pero a ti ahora, Diego, con el éxito de ‘Ocho apellidos vascos’ y ‘Ocho apellidos catalanes’, junto a Borja Cobeaga, me imagino que te irá de perlas, ¿no?

Diego: Sí que se nota algo más de trabajo. Las cosas funcionan así de bien y de mal al mismo tiempo, porque parece que, si tienes un éxito, te piden que lo reproduzcas, que le vayas a hacer ganar 50 millones de euros al productor que te llama. Ojalá fuera así, pero obviamente no es así. Pero, bueno, ellos creen que sí, y te llaman más. Gente que no te llamaba desde películas como No controles, de 2010, que para mí son tan buenas o mejores… Al fin y al cabo, la cifra de taquilla es la que determina si una película ha ido bien o mal, independientemente de otros valores.

Pensarán que tienes ya la receta mágica de la comedia de éxito.

Diego: Yo les dejo que lo piensen, tampoco me incomoda. (Risas). También te planteas diferentes éxitos, no puedo escribir todas las comedias pensando que vaya un público tan amplio como el de Ocho apellidos… Nos han metido que el éxito del cine es el éxito de taquilla, y ese para mí es solo uno de los éxitos; hay otros, como el de recuperar a un sector del público para el cine, por ejemplo.

David hablaba de ‘Copito de Nieve’, que lo consideraba de gran calidad, pero resultó un fracaso de taquilla. Dime un trabajo tuyo, Diego, que lo consideres muy bueno y no haya sido recompensado con ese éxito de público…

Diego: Lo mejor que yo he escrito, para mí, es un piloto de una serie para ETB, que nadie conoce, para hablar del conflicto vasco en clave de comedia, Aupa, Josu, de 2014; no lo conoce nadie y para mí es lo mejor que yo he hecho nunca. Se emitió una noche en ETB. Y ahí quedó todo. No tuvo éxito de audiencia. Creo que pocas veces se corresponde tu mayor esfuerzo, o tu mayor brillantez, con el éxito. A veces haces un guión tirando de lugares comunes y atajos, y da el petardazo…

¿Cómo es lo de trabajar a cuatro manos?

Diego: Yo es que nunca he escrito solo, no puedo comparar.

David: Es mejor, es mejor…. ¡Es que es mejor! Dos cerebros trabajando. Si te pones de acuerdo en qué tipo de película quieres hacer, y, sobre todo, si eres capaz de ver que las ideas del otro son mejores -y eso a mí me pasa mucho-, si puedes acceder a que, sin pelear, lo tuyo se tire a la basura… Sobre todo lo que se hace es hablar mucho previamente sobre qué película queremos; luego se realiza una especie de tratamiento o escaleta, y luego ya te pones a dialogar.

Diego: A la hora de escribir a cuatro manos, no te lo puedes plantear como: nos sentamos y escribimos una comedia. No. Hay un trabajo previo de conocer al otro y ver qué tipo de humor, qué puntos de vista, qué película queremos escribir juntos. Es casi como una relación de pareja, y vas buscando puntos de convergencia, referentes….

¿En el caso de ‘Tenemos que hablar’ teníais muy claro qué tipo de película queríais? ¿Referentes?

David: A mí lo que me ha pasado con Diego es que me ha abierto hacia otro tipo de comedia, yo estaba mucho más anticuado en referencias y gustos. Diego me hizo ver otras comedias y me hizo ver que las que a mí me gustan tanto… ya están hechas. Intentar hacer ahora una comedia como las de Howard Hawks (Los caballeros las prefieren rubias, La fiera de mi niña…) o Rafael Azcona pues…. es que ya están hechas. Hay que hacer algo más moderno, y ese paso lo he dado gracias a Diego.

Diego: A mí lo que me pasa es que creo que la comedia es el género que peor envejece, el que peor viaja en el tiempo, sobre todo la comedia romántica, porque la relación de pareja, socialmente, no tiene nada que ver con la de décadas atrás. De hecho, aquí la protagonista es femenina. Yo hice Pagafantas hace nueve años, y noto que yo no hubiese hecho en aquel momento una protagonista femenina, torpe con el amor; eso siempre se lo asignábamos a los chicos… El drama habla de estos mismos temas de una manera más abstracta; pero la comedia los concreta más, se refiere a cosas más pequeñitas, y entonces esas sí que pasan de moda, la gente las supera. Por eso creo que envejece peor… Volviendo a los referentes, los míos son más las comedias de Richard Curtis (Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill, Love Actually…). Comedias que no son revolucionarias, pero que sí responden éticamente a lo que sucede en esos momentos; David tenía referentes más clásicos, pero La fiera de mi niña hoy día ya no tiene sentido..

David, ¿entonces ‘El otro lado de la cama’ ya no tendría sentido hoy?

David: (Silencio)… Yo la veo un poco vieja ya.

Diego: Yo tampoco haría ahora un Pagafantas.

David: En El otro lado de la cama están todos muy salidos, tienen todo el rato la obsesión del sexo; y ahora mismo hablar de sexo en las pelis me parece ya un poco antiguo.

Diego: Sobre todo porque la gente ya habla de sexo en el día a día con una apertura que tú en la ficción no puedes echarle un pulso a eso. Es que te pueden decir: ¿pero tú de qué me estás hablando, chaval?…

David: A mí sacar secuencias de sexo, como en El otro lado de la cama, me parece ya… muy antiguo.

Ni siquiera desnudáis a Hugo Silva…

David: Porque es antiguo desnudar a la gente ahora mismo…

Cuidado, que eso es un titular, eh… No me lo pongas tan fácil…

David: Te lo digo así. En 2016 sacar desnudos a actores y actrices es antiguo.

Diego: Sí, sí lo es; desnudar a alguien respondía a una época, antes era casi como imprescindible, y ahora ya… Aparte de que en las series de televisión ya tienes a los mismos actores desnudos, así que hagamos otra cosa.

David: De todas formas, en El otro lado de la cama, a las secuencias eróticas Emilio [Emilio Martínez Lázaro, el director, el mismo de Ocho apellidos…] les dio una pátina más de erotismo de lo que había en el guión, porque en el papel eran más paródicas que otra cosa.

A ti, Diego, ¿también te ha pasado eso con Emilio en ‘Ocho apellidos’?

Diego: Pues sí, yo creo que hay un componente sexual que a Borja [Cobeaga] y a mí se nos escapaba, yo creo que por ser vascos… (Risas). En serio, yo siempre he sentido mucho pudor al escribir de sexo. Yo creo que por la educación de allí. Borja todavía más, porque iba a colegio de curas. Pero yo…, el hecho mismo de ser de Irún pesa…, escamoteo eso.

David: Yo creo que en mi vida sacaré a una chica desnuda en una película mía.

Diego: Yo no he escrito una escena de sexo, ni he detallado un morreo.

Entonces, ¿la masturbación con asfixia de ‘Tenemos que hablar’ de quién es, de dónde sale?

David: Es que eso es darle la vuelta. Aquí en 2016 ya no se puede hacer chistes sobre sexo y ya está. Hay que darle una vueltecita más, para que ese chiste aporte algo diferente. Y eso se nos ocurrió por noticias que salen en la prensa…

Sobre todo por los políticos británicos, ¿no?

David: Sí, tienen como una tendencia… Yo creo que les hacen un máster sobre masturbación con estrangulamiento.

Diego: Además, es que ese episodio hacía avanzar la historia, no era un chiste por el chiste. Encajaba. Aportaba cierta sordidez y provocaba una carcajada, un enredo, un impulso en el enredo, fundamental para la tramas. Yo nunca haría una escena de masturbación con asfixia si no da información sobre el personaje y hace avanzar la trama. Lo que más cuesta escribir de una comedia de este estilo es que cada chiste haga avanzar la trama, que no sea solo la carcajada por la carcajada, un chiste más.

David: Hemos renunciado a muchos chistes muy buenos, porque no nos hacían avanzar la trama, en eso creo que hemos sido muy serios. Aunque suene absurdo, hemos intentado ser muy serios escribiendo esta comedia, que cada secuencia hiciera evolucionar la trama, y que no hubiera frases ingeniosas y chistes con el vocabulario, que ahora los hacen en todas las series de televisión, solo porque sí… Yo tengo tendencia al chiste mas facilón y Diego ha sido como un martillo pilón en mi cabeza: no, no, no…

Diego: A mí es que enseguida me salta una alarma que me dice: se nota que estamos haciendo comedia.

David: ¡Eso es!, se nota que estamos buscando la carcajada, que te rías…

Diego: Y a mí lo que me pasa es que, si noto que alguien está interesado en provocarme algo, me defiendo… Me pongo la coraza y entonces no me río. Pero si me estás hablando en serio, entonces me pillas desprevenido y es más fácil que me ría.

Los guionistas

Los guionistas Diego San José y David Serrano, a la derecha. Foto: Rafa Ruiz.

La presencia de Verónica Forqué y Óscar Ladoire le puede trasladar a mucha gente a la comedia española de los ochenta…

Diego: A mí eso me fascina. Me parece lo más que haya dos protagonistas muy del presente, como Hugo Silva y Michelle Jenner; otros dos con mucho futuro, como son Ernesto Sevilla y Belén Cuesta, que están llegando y se van a quedar, y que luego en ese contexto vengan dos personas de la comedia madrileña de atrás, que ya triunfaron en los ochenta y noventa, una etapa de la que soy muy fan. Aunque la comedia envejezca, los actores no; y el hecho de que la nueva comedia española no tenga que renegar de factores del pasado me fascina.

Verónica está estupenda.

Diego: Estupenda.

David: Yo había trabajado con ella en teatro el año pasado, en Buena gente, y es que me fascinó, me parece una actriz descomunal; lo que pasa es que este país es muy injusto con sus cómicos. En Argentina, cuando llegas a ser un actor como Verónica -que tiene cuatro goyas, no lo olvidemos; sólo hay dos actrices con cuatro goyas: Carmen Maura y Verónica Forqué- se convierten en gente a la que no dejan de llamar nunca, que no dejan de hacer series, películas… Pero aquí no, aquí somos más de: Baaah, ésta ya ha hecho muchas cosas… Hay como una obsesión siempre por buscar lo nuevo…

La fórmula de la pareja joven y la pareja talludita parece que funciona, ¿no?, por la experiencia de ‘Ocho apellidos’… ¡Ya tenemos la receta de la comedia infalible!

Diego: Me sorprende que en los despachos de los ejecutivos siga habiendo esa especie de ruido de que la comedia tiene que ser con gente joven, que la comedia es un género que va de la mano de caras jóvenes, y que la gente mayor tiene que tener 45 años; pero que gente de 60 años en la comedia como que da pereza… Y yo creo que lo que pasó con Ocho apellidos es que llevó a gente mayor al cine, gente que ya no iba, y de repente se vieron representados en Karra Elejalde y Carmen Machi, personajes con los que podían conectar. Yo nunca he dudado de que la gente mayor en comedia tiene un valor fundamental. Muchos siguen pensando que la comedia son cosas que les suceden a los adolescentes; y por más que haya éxitos que demuestran lo contrario, cuesta que en los despachos se den cuenta. En esto los franceses son mucho más listos que nosotros, y suelen tener personajes mayores en las comedias.

David: Es que es absurdo no hacer películas para los de más de 50 años. Los actores de distintas generaciones lo enriquecen todo.

Creo que es una película que va a funcionar mejor entre el público femenino.

David: Yo también lo pienso.

Diego: A mí eso me encanta… Casi siempre les hemos reservado a los roles masculinos la posibilidad de hacer el payaso, y las chicas solían ser el contrapunto serio o de sentido común, y a mí me encanta que en esta película todo el enredo sale de que una chica se ve superada por la situación y acaba metiendo la pata en todos los contextos. Además, la generación de actrices jóvenes en España capaces de protagonizar una comedia femenina es espectacular. Hay tal abanico de actrices capaces de levantar un chiste que hay que darles protagonismo… Incluso creo que ahora son más capaces que los chicos.

Quizá sí haya más donde elegir…

Diego: Sí, sí, ahora mismo se da esto; hay más chicas… Hay otra cosa maravillosa: el intercambio de roles. Tampoco hemos sido visionarios, la comedia norteamericana reciente está colocando a las chicas como eje; y hemos descubierto que pueden ser más divertidas que los chicos, así que a tope con ello.

Arrancáis con episodios muy divertidos sobre disparates que nos llevaron a la burbuja y la terrible crisis en España, pero insistís en que ‘Tenemos que hablar’ no es una comedia sobre la crisis.

David: Es una comedia romántica que transcurre en Madrid en 2015/2016, donde mucha gente vive así por las consecuencias de la crisis, donde mucha gente tiene que realquilar su habitación en Airbnb para poder pagar su alquiler, y se obsesionan con sacar un 4,3 en la nota en vez de un 4,2…

Diego: Yo es que por debajo de un 4,4 ya ni miro las fotos… (Risas).

David: Pero no, no es una comedia sobre la crisis.

Diego: A mí lo que me ponía cachondo era intentar que la gente empatizase con alguien que había vendido preferentes. No me apetecía nada hacer chistes obvios; colocar al vendedor de preferentes como villano, creo que eso la gente ya lo tiene en la cabeza, moralmente ya hemos llegado a ese consenso; en cambio, colocar a Hugo Silva como vendedor de preferentes y que luego te preocupe cómo reactiva su vida emocional, ahí ya sí que llevas a la gente a terrenos más incómodos; el hecho de que te importe alguien que ha vendido preferentes… Son pequeños retos para un guionista, y no hacer la lectura que ya todos hemos hecho.

Veo paralelismo muy claros en las relaciones personales de la película con lo que ha sucedido en España: que todo viene de la mentira, del farol, de echar un órdago cada vez más gordo… Y al final no hay nada, todo es una burbuja, un decorado. Y tanto esas parejas como lo que le ha pasado a España, que acaba en un sinsentido en el que todo es mentira.

David: Sí, sí, es un continuo huir hacia delante. Somos así. Hugo es el prototipo del cuñao, el cuñao que lo sabe todo y te quiere ayudar, pero no tiene ni idea de nada y te puede destrozar la vida.

Diego: Pero sin maldad ninguna. Creo que la película habla mucho de algo que es muy mediterráneo, muy de nuestra cultura, la importancia de la familia, que es casi más importante que la economía y que el amor.

A pesar de todo, lo que no hay que perder es el humor. Y hay mucho personaje optimista en esta película. ¿Es eso muy español también?

Diego: Totalmente, es lo que nos hace diferentes a otros países; la capacidad de reinventar el drama en motivo de risa. En pocos lugares del mundo se traduce la actualidad tan inmediatamente en humor. Y yo de esa parte estoy muy orgulloso. En eso somos envidiables. Aquí se toca todo con una inmediatez tremenda, a veces con mal gusto, pero, mira, prefiero que a veces metamos la pata en el chiste de bar y de tasca, del que soy muy fan, a que no se haga. Creo que una manera de estar sobreviviendo a este dramático contexto económico es la capacidad de la gente de reírse, de buscar el escape cómico…

‘Tenemos que hablar’ se abre con cuatro episodios icónicos de la crisis, y termina brindando por el fin de la crisis.

David: Bueno, cuidado, el que brinda por el fin de la crisis es el mismo que dice al principio que hay una cosa con la que nos vamos a forrar, que son las preferentes. Y dice además, y eso tampoco parece de catedrático de Economía, que esto ya no son brotes verdes, sino que es el troncho de la lechuga. Es nuevamente el cuñao… No sé yo si hay que hacerle mucho caso.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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